Los Comuneros: la insurrección de clases (I)

Antes de comenzar a tratar sobre el conflicto comunero en Castilla, es necesario hacer una mención a la situación en este reino para poder entender el contexto en el que tuvo que actuar Carlos V.

El reinado de Carlos V se inicia en España por una crisis muy grave, las Comunidades, que constituyeron la culminación de una serie de dificultades de tipo económico, social y político; con las cuales se enfrentó Castilla después de la muerte de la reina Isabel y que amenazan con destruir el ordenamiento realizado en 1474.

Carlos I en 1516, retratado por Bernard Van Orley

Carlos I en 1516, retratado por Bernard Van Orley. Fuente

La unión de Fernando de Aragón y de Isabel de Castilla no tuvo como consecuencia la unidad nacional de España, sino que se trató en realidad de una unión personal entre dos soberanos, pero por la que cada grupo de territorios conserva su autonomía, su administración y sus leyes.

Castilla presenta una posición dominante frente a Aragón por ser la mas extensa y la de mayor demografía (4,5 millones frente a un un millón de Aragón), y por la ganadería trashumante castellana. Esta serie de características ponen particularmente la preponderancia de los valores castellanos. Desde el punto de vista económico, todos los historiadores están de acuerdo en admitir el desarrollo de la economía castellana a partir de la segunda mitad del siglo XV y, muy especialmente, durante el reinado de los RRCC, que aprovecharon una coyuntura favorable. El hecho más destacado fue el crecimiento del centro en contraste de la periferia, crecimiento que comenzó a partir del XV y se prolongo hasta el ultimo tercio del XVI. Esto da a la revolución comunera de 1520 una dimensión y un interés muy particular.

Pero la pregunta sobre hasta que punto esa revolución, esencialmente urbana, manifiesta una vitalidad y un dinamismo propios de los centros con mayor densidad demográfica y pujanza económica, es de gran relevancia. Las divisiones en el seno del movimiento comunero a las pocas semanas de estallar obligan a plantearse un problema: estas divergencias se explican por oposiciones fundamentales de orden económico. Concretamente la protección a la Mesta por los Reyes Católicos y la política de exportación de lanas no era compatible con el deseado desarrollo de la industria textil y originaron conflictos de intereses entre exportadores e industriales. Esto hace que la población a la vez aumenta durante el S.XV y continúa en el siglo XVI; Vilar sugiere que había unos 6, 3 millones de personas, produciéndose un movimiento migratorio desde las tierras pobres del norte hacia la Meseta Central y Andalucía.

Un movimiento hacia las ciudades, sobre todo entorno a Valladolid, Palencia y Segovia, donde las densidades y el número de habitantes son más elevados. En esta zona además es donde se sitúa en 1520 el foco de la revuelta de los comuneros.

La vida económica se concentra en tres polos principales:

1) Burgos. Esta ciudad debe su fortuna al establecimiento de relaciones comerciales con Flandes y  Europa del Norte.

2) Valladolid. Es la zona más poblada y dinámica, destacando  Medina del Campo, Segovia y Toledo.

3) Sevilla. Su territorio produce el  trigo, vino y aceit, además de su enclave como puerto comercial y epicentro de las rutas comerciales con Italia y Europa del Norte.

Con respecto a la sociedad, el reinado de los RRCC no aportó ningún cambio en este apartado, pues seguía manteniéndose la jerarquía social. Los cambios más duraderos y espectaculares los experimentó el clero, ya que los obispos eran nombrados por los reyes debido a que los RRCC exigieron al Papa en Derecho de Supervisión. También se excluyeron a los extranjeros de los beneficios eclesiásticos. A menudo se rechazaron a los candidatos de la alta nobleza. Desde entonces los obispos vinieron a ser en la mayoría letrados elegidos de los colegios mayores.

Con respecto a la nobleza, los RRCC no pusieron en práctica una política coherente. Ciertas medidas se aprobaron como la de que la nobleza restituyera parte de sus rentas que había usurpado sobre todo desde 1466, pero esto no afectó a la situación de clases preponderante. La Leyes de Toro (1505)  aprobaron que se establecieran mayorazgos, consolidando la concentración de propiedades y la formación de feudos, que no se podían enajenar. A cambio, la nobleza perdió parte de su influencia ya que se reorganizó el Consejo Real. Los RRCC favorecieron más a los rangos inferiores de la nobleza (caballeros e hidalgos). Hubo también un intento de ascensión de una clase media que intentaba fundirse con la nobleza, y en ocasiones estuvo a punto de constituirse una auténtica burguesía. Además, el desarrollo económico permitió la ascensión social de quienes habían sido sus impulsores o sus beneficiarios, los mercaderes.

Para terminar, no podemos dejar sin mencionar la política, porque los RRCC se habían preocupado desde el principio en restablecer en todos los sectores la autoridad del Estado, por situar el poder real por encima de todos los grupos de presión. Por ello se llevaron a cabo una serie de medidas:

1)      Reorganización del Consejo Real. Es un órgano supremo de gobierno presidido por un obispo, tres nobles y diez letrados.

2)      Generalización de los Corregidores.  Son los representantes de los municipios elegidos entre caballeros y letrados.

3)      Decadencia de las Cortes. Son la representación del reino y autorizan los impuestos directos (servicios).

El Estado era la expresión política de un equilibrio económico pero en lo social se producía los continuos choques entre la monarquía y la nobleza, ya que la nobleza no se resignaba a su aislamiento político. Además en el seno de la burguesía había disensiones entre los exportadores e industriales; las ciudades adolecían de una administración municipal muy poco representativa; las Cortes, carentes de un contenido representativo, cuyo papel era meramente figurativo; los campesinos formaban una masa silenciosa de víctimas sufrientes.

La crisis que se declaró a la muerte de la reina Isabel, iba a poner en evidencia la fragilidad y los defectos de esta construcción. Todo ello irá cuestionándose seriamente entre 1500 y 1520. Así, el movimiento comunero se sitúa dentro de una doble coyuntura: la económica y la política.

Entorno a los años  1504-1506, la situación en Castilla coincide con una serie de malas cosechas, hambre, epidemias, mortandad y presión fiscal que hacen que se agrave la situación. De ello es representativo una carta de Gonzalo de Ayara al secretario Miguel Pérez de Almazán, fechada en Palencia el 16 de julio de 1507, en la que puede leerse lo siguiente:

“La gente menuda ya no puede contribuir en todas las exacciones fiscales exigidas; el pueblo muestra inmenso descontento contra el rey Fernando; hora es ya de tomar las medidas apropiadas para salir del paso <y que no se dé a diez lo que pertenece a ciento>, de no proceder así, las cosas pueden llegar al derramamiento de sangre.”

A pesar de la tasa de trigo que decide la Corona, los precios se incrementan en exceso, pero posteriormente se produce  una caída de los precios entre 1510 y 1515, seguida posteriormente  por una subida de impuestos de los mismos.

Como bien hemos mencionado anteriormente las tres regiones económicas de la Corona de Castilla: dos periféricas (Burgos y Andalucía) y una central en torno a Valladolid y Toledo. Las tres sufren las consecuencias de la crisis, pero las dos periféricas en menor medida, porque allí el comercio internacional constituye la fuente principal de riqueza. En el centro, en cambio, la situación es mucho más grave: las variaciones en los precios obligan a reducir el consumo y por tanto dificultan la actividad de los pequeños talleres y la artesanía. Se producen protestas, enfrentamientos, conflictos entre los grandes negociantes de Burgos y los genoveses, por una parte, y las pequeñas burguesías del interior, por otra.

El monopolio de hecho ejercía los burgaleses y un núcleo de comerciantes extranjeros en la exportación de lana levantan oleadas de protesta de los comerciantes del interior a partir de 1504. Éstos se consideran en una situación de inferioridad, ya que se tienen que contentar con las lanas que le dejan los burgaleses.

Los grupos sociales y económicos enfrentados (mercaderes del interior contra burguesías periféricas; y los manufactureros contra los exportadores), se vuelven hacia el estado para que sirva de árbitro; pero el Estado pasa por una mala coyuntura política debido a la muerte de Isabel en 1504. Se inauguran entonces una serie de gobiernos transitorios y de regencias: Reinado de Felipe el Hermoso (1504-1506), primera Regencia del Cardenal Cisneros, Regencia de Fernando “El Católico” (1506 -1516), segunda Regencia del Cardenal Cisneros (1516-1517), Gobierno de Carlos I (1517-1556).

Cuando Felipe “El Hermoso” muere a los 6 meses escasos de llegar a España, en 1506. La contienda vuelve a surgir. Castilla está a punto de desgarrarse en una guerra civil. Para evitarlo, el arzobispo de Toledo, el Cardenal Cisneros, propone que se llame al rey Don Fernando para que administre el país en nombre de su hija.

El rey Fernando morirá en 1516. Castilla se encuentra de nuevo con un vacío de poder. Juana sigue siendo la reina, pero el poder efectivo recae sobre su hijo, el príncipe Don Carlos de Gante, el cual reside en Bruselas. Los consejeros flamencos de Carlos no quieren contentarse con el que príncipe Carlos ostente el titulo de regente; piensan en la futura sucesión del Emperador Maximiliano, abuelo paterno de Carlos, y si Carlos recibe el título de Rey de Castilla, tendrá más posibilidades de ser elegido emperador.

La Corte de Bruselas hace caso omiso de las advertencias de Cisneros y del Consejo Real de Castilla; el 14 de marzo de 1516 Carlos es proclamado Rey de Castilla y de Aragón; esto supone un golpe de estado, pero Cisneros los acepta para evitar la complicación de la situación. Mientras tanto, se establece una dualidad, mientras Carlos continua en Flandes, Cisneros gobierna en ausencia del rey. La Cortes ante la situación pueden desaprobar las decisiones de Cisneros. La situación comienza a escapársele de las manos, ya que la nobleza vuelve a intervenir, debido a la inexistencia de un poder mayor que les pueda mantener a raya. Estas disensiones, se ponen en relieve cuando encontramos el caso de Don Pedro Girón, que intenta ocupar el ducado de Medina Sidonia; otras veces, son los vasallos los que se rebelan contra sus señores.

Las ciudades descontentas piensan en reunir las Cortes de una manera ilegal con el fin de poner remedio a la carencia de autoridad real. Cisneros se opone a ello e insiste al rey que venga cuanto antes a Castilla:

Visto que ninguna cosa es bastante para suplir la falta que en estos reynos haze la presencia de su alteza, a esta çiudad, con mucha deliberación y consejo de muchos letrados y sabios y religiosos de grand conciencia, le paresçió que lo que más convenía para hazer que el rey nuestro señor se determinase en venir a estos reynos es que, en nombre de todos ellos, se enviase a su majestad una envaxada con personas de grand autoridad para que solamente suplicasen a su alteza con mucha instancia por su bien aventurada venida y para que manifestasen a su alteza los grandes y peligrosos inconvenientes que pueden subçeder de su ausencia”

De todas partes del reino se elevan semejantes peticiones al rey: se espera que el reinado personal de Don Carlos acabará con la situación de provisionalidad e inestabilidad. Estas peticiones manifiestan esa situación general de descontento entre la población y de algunas ciudades, cuyo germen provocara el levantamiento comunero.

La crisis se precipitó cuando Carlos I se comprometió con la idea imperial, a pesar del escaso  apoyo dentro de sus súbditos españoles, ya que no tenía cabida dentro de las tradiciones españolas. La pequeña nobleza y las ciudades castellanas se rebelaron contra un régimen que iba en contra de sus intereses y que suponía una amenaza para las aspiraciones castellanas a una política imperial. De ello deriva que el movimiento comunero no se trate solo de un movimiento político sino de una revolución derivada por los intereses opuestos de una sociedad dividida.

En Castilla existía desde hacía tiempo una industria manufacturera artesanal, pero a comienzos del siglo XVI sufrió un estancamiento debido a diversos factores como la carencia de capital, escasez de mano de obra; así como externos con falta de competitividad con los productos extranjeros. Ya que la lana que se exportaba satisfacía a la aristocracia como a los comerciantes que la exportaban, además del gravamen fiscal por parte de la Corona. Por lo que al carecer del apoyo por parte de la Corona de incentivación se vendía hacia Flandes la lana siendo manufacturada gran parte por las manufactureras extranjeras. Las ciudades productoras como aquellas las portuarias se vieron favorecidos por las exportaciones como es el caso de Burgos, Bilbao o Sevilla mientras que las ciudades del interior castellanas se verían marginadas, por lo que estas serian el foco de rebelión.

Héroes de Castilla: Los Comuneros». Historia National Geographic (nº 27): p. 92-103

Héroes de Castilla: Los Comuneros». Historia National Geographic (nº 27): p. 92-103. Fuente

Como hemos dicho anteriormente la rebelión no solo fue de carácter político-económico, sino social. Las tensiones seculares entre las ciudades y la nobleza no habían terminado desde el reinado de los RRCC, ya que en los últimos años del reinado de ellos la nobleza intentó un nuevo asalto al poder, reagrupando sus fuerzas militares, formando parte de los cuerpos de mando del ejército como de la administración. Posteriormente llevarían a cabo la usurpación o apoderamiento de tierras de las ciudades, la usurpación de rentas, de cargos urbanos como la tenencia de vasallos. Los habitantes de los ciudades como los comerciantes y los artesanos fueron las víctimas del crecimiento poder de la aristocracia apoyada por la Corona. La situación continuó tras la muerte de la reina Isabel teniendo su culmen durante el periodo de regencia.

Todos esos factores coyunturales provocaron el levantamiento de los pequeños comerciantes, manufactureros y artesanos contra la aristocracia.

Bibliografía|

GUTIÉRREZ NIETO, J.I., “Las comunidades como movimiento antiseñorial : La formación del bando realista en la guerra civil castellana de 1520-1521″, Barcelona: Planeta, 1973.

MARAVALL, J.A., “Las comunidades de Castilla: una primera revolución moderna”, Madrid: Castilla, 1970.

PÉREZ, J., Los Comuneros”, Madrid: La Esfera de los Libros, 2001.

 

Redactor: Raúl López Ortega

Licenciado en Historia por la Universidad de Granada. Postgraduado del máster de Antropología Física y Forense de la Universidad de Granada. Apasionado por la antropología, arqueología y la historia. Defensor del patrimonio cultural.

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