Los Alumbrados: la realidad frente a la ambigüedad histórica (I)

Auto de Fe (Plaza San Francisco, Sevilla) S.XVII.Cuando se habla de los Alumbrados, el nombre se carga de significados ambiguos, no solo por lo tratado por la historiografía sino por las diversas corrientes que han emanado por parte de los investigadores, al igual que sobre su origen y la difusión de las doctrinas en el ámbito peninsular como posteriormente en las colonias españolas del Nuevo Mundo. En síntesis, a pesar de ser un tema fascinante con su propio ente, se ha visto malinterpretado en el devenir como en la época por parte de sus detractores. No podemos olvidar del poder que las instituciones ejercen sobre el pueblo llano para explicar el porqué de sus métodos como de las escisiones posteriores de la doctrina para no ser consideradas heréticas o al menos como un espíritu renovador conforme al Cristianismo Primitivo. Así como de los distintos personajes colectivos o individuales como el caso Fray Luis de Granada, Santa Teresa de Jesús, Bartolomé de Medina o el de Iñigo de Loyola.

Antes de profundizar en el tema a tratar, debemos de analizar varios aspectos para entender el Alumbrismo, siendo estos el marco geográfico, político, socioeconómicoo y  religioso.

Nuestro escenario de inicio es la España de los Austrias, concretamente con Carlos I de España y V de Alemania. El contexto a destacar es el de las guerras imperiales con Francia y posteriormente con los príncipes luteranos que amenazaban la  unidad imperial de todos los territorios. A nivel interno,  el descontento de los burgueses y de algunos nobles sobre las prebendas del monarca hacia los flamencos de su séquito, la falta de aceptación de los castellanos que se veían en un segundo plano por parte del monarca, además del malestar político por ser gobernados por un rey extranjero, las luchas contra los nobles… todo ello llevaría a que los burgueses de algunas ciudades dieran lugar a los comuneros y las germanías. En el aspecto socioeconómico se dio un crecimiento continuo debido al aumento de la población y al desarrollo comercial gracias a los territorios de las Indias.

En el plano religioso, existían diversas órdenes como movimientos (la mayor parte de estos últimos serian considerados heréticos por el Papado). A lo largo de la Edad Media, parte del clero regular veía que el verdadero mensaje de Dios se había desvirtuado no solo entre el pueblo llano sino entre el propio clero secular. La espiritualidad había perdido todo significado y rigorismo, es decir, lo que se propugnaba no era asumido por los propios veladores de la fe. Por ello, ciertamente algunos personajes vieron su oportunidad en el catastrofismo de sacar ventaja ante el desconocimiento del pueblo, convirtiéndose en falsos profetas. En el lado opuesto nos encontramos con los regulares, como es el caso de los dominicos y franciscanos siendo ambos los veladores de la religiosidad. En el caso de estos últimos, pasaron de ser los celadores de la Regla al inicio del siglo XIV a asumir doctrinas como ideas apocalípticas y  rebelándose contra las autoridades franciscanas y contra las normas dictadas por el Sumo Pontífice. Defendían que se debía de volver a los inicios del Cristianismo en la imitación de la forma de vida de Cristo y de sus discípulos, como es el caso de las directrices propuestas por Pedro Juan Olivi, el cual es considerado como el fundador de la secta de los beguinos.

En la segunda mitad del siglo XIII, el nombre de beguino/a se iría propagando y designaría a aquellos hombres y mujeres que vivían en conventos, beaterios y a los que llevaban una vida religiosa.  Con el cambio de siglo, el término se ampliaría bajo la denominación de herejes para referirse a los franciscanos espirituales, a los beguinos como a las gentes que vivían ajenas al mundo y se dedicaban a la predicación y a la mendicidad.

Dichos orígenes se remontan a los anteriores movimientos surgidos en Europa Occidental a partir del siglo X a tenor del cambio de milenio y el vaticinio de la llegada del Juicio Final, o como respuesta social por el descontento del pueblo en situaciones de miseria, epidemias…

En 1903 Miguel Mir dijo: “La secta de los Alumbrados fue una secta esencialmente española; brotó en nuestra tierra por sí e independientemente de cualquier influencia extranjera”. A pesar de ello esta premisa no puede dejar de ser refutada ya que se carece de pruebas que la puedan sustentar.

Marcel Bataillon plasma la asimilación de parte de la élite intelectual de los escritos de Erasmo en los que se propugnaba una religiosidad más interior y de menor apego ritual, además de tener como fuente principal la Biblia y la vida ejemplarizante  de los Santos Padres, olvidados por la escolástica. Además proponían una postura irenista (pacifismo entre los cristianos) y una reforma clerical basada en la moralización de las costumbres y la instrucción religiosa.

Las influencias erasmistas en España tuvieron diferentes etapas según el momento, así en las primeras décadas del reinado de Carlos I hubo un ambiente de relativa tolerancia y fue una etapa de esplendor para la doctrina erasmista, ya que muchos personajes del Consejo de Castilla estaban imbuidos por dichos preceptos.

Con la difusión del protestantismo comenzaría a llevarse a cabo un proceso contra el erasmismo, iniciándose procesos inquisitoriales, caso de Juan de Vergara, y a partir de 1556 en el erasmismo fue prohibido y perseguidos sus seguidores. Las obras fueron prohibidas en los Indices. Aunque dicha actuación era una cuestión religiosa no por ello significó que se vieran afectadas el resto de ramas del Humanismo.

Una cuestión que la historiografía ha tratado de explicar con el surgimiento de movimientos religiosos en los siglos XVI-XVII es si en el origen de los mismos hubo influencia del pensamiento luterano. No cabe duda de que no se puede hablar de que hubiera en España un luteranismo a raíz de las corrientes espirituales que surgieron, caso de los Alumbrados. El estudio llevado a cabo por Huerga, presenta cómo algunos defienden las tesis de la influencia luterana mientras que para el resto no fue así, no quedando margen de duda de que fue perseguida por la Inquisición por la gran número de procesos, caso del más notorio el de la beata Isabel de la Cruz.

Para Agustín Redondo, que realizó un estudio las etapas del conocimiento de Lutero y su doctrina por los españoles, antes de la ruptura con Roma, el luteranismo despertó bastante simpatía en lo recurrente a la necesidad de reforma de la Iglesia, pero posteriormente su discurso se fue endureciendo. Las autoridades eclesiásticas como el Consejo de Castilla promulgaron edictos condenatorios.  Ese germen del que partió Lutero fue absorbido entre la burguesía y en zonas cultas y ricas debido al contacto exterior a través del comercio. Es el caso de la Baja Andalucía y de Castilla la Vieja (Burgos, Valladolid, Salamanca…)

Alumbrado de Extremadura

Alumbrado de Extremadura. Fuente

La doctrina de este movimiento ha sido relacionada con doctrinas franciscanas, en las que se llevaban a cabo el abandono del hombre a la acción de Dios, el desprecio de rituales externos  y el culto a los Santos (de ahí los defensores de la influencia luterana), en síntesis un cristianismo interior. Libertad individual frente a la rigidez de dirigirse a Dios. La doctrina, según Santonja tiene algunas similitudes en común con la de los beguinos, franciscanos espitiruales, fraticelos y begardos, ya que según el Alumbrismo, la fuente de donde emana todo son las Sagradas Escrituras y el Amor de Dios es el culmen máximo al que poder llegar.

No cabe duda alguna de que los Alumbrados del Reino de Toledo, Extremadura y la Alta Andalucía eran españoles, pero respecto a las instituciones o sectas la influencia no es endémica sino foránea, como es el caso de la Inquisición, ya que a esta no le preocupaba el origen del movimiento sino la gravedad de que fuera herético.

La cronología de este movimiento se inicia a tenor de los historiadores en el siglo XVI, diferenciándose  cincos grupos a tenor tanto de su tipología como de su cronología. La del Reino de Toledo (1510-1530), fue la secta de mayor pureza. La de Extremadura (1570-1580) tenía ideas distintas frente al resto de las sectas. La de la Alta Andalucía (1570-1590), caso de Úbeda, Baeza, Jaén, poseía similitudes con la de Extremadura. En el Nuevo Mundo (1570-1605) se distinguen dos grupos: el angelista y libertador de Perú y el apocalíptico y milenarista de Nueva España. Por último está el de Sevilla (1605-1630), con tintes barrocos. A partir del siglo XVII florecerían otros movimientos de raíz alumbrista en la zona levantina peninsular, más concretamente en Valencia, como es el caso del Molinismo/Quietismo, bajo la figura de Miguel de Molinos.

Respecto al número de seguidores en cada grupo es muy difícil, si no casi imposible, contabilizarlos. De forma general, de los cincos grupos anteriormente mencionados, el que contaba con mayores seguidores era el de Extremadura en detrimento del grupo angelista de Perú. En las últimas décadas del siglo XVII en Sevilla aumentó notablemente el número de seguidores respecto al resto de zonas, donde estos irían disminuyendo. No cabe duda alguna de que por ello, la mayor represión por parte de la Inquisición se realizara en la cuenca del Bajo Guadalquivir.

La Inquisición distinguió tres tipos de Alumbrados, tal  y como recoge la guía práctica escrita en 1640 ad usum inquisitorum. Los tres grupos principales eran los ilusos, los iludentes y los carnales. Los ilusos eran los más puros, ya que vienen a determinar el endiosamiento de soñar de estos. Los iludentes son aquellos sobre los que tenemos una mayor cantidad de referencias debido a los distintos discípulos o seguidores bajo el Alumbrismo. El uso del tecnicismo con el que son tratados es debido a que fingen la santidad o misticismo. Entre ellos destacan los ermitaños,las beatas y las gentes sin moralidad. Por último, está el grupo de los carnales. Respecto a este grupo no se trata de un conjunto sino de una manifestación lacra e inmoral por parte de los Alumbrados, tal y como afirma Huerga.

Tres fueron los edictos más importantes sobre el tema que nos ocupa, el de Toledo de 1525, el de Extremadura, de 1574, y el de Sevilla de 1623. El primero de ellos recoge la doctrina de profesaban los Alumbrados junto con la nota teológica dada por los teólogos para combatir dichas doctrinas. Estaba formado por 48 proposiciones y en él destacan entre los protagonistas la beata Isabel de la Cruz y el predicador laico Pedro Ruiz de Alcaraz. Según las fuentes, estos dos personajes iletrados predicaron ideas teológicas heterodoxas frente a las de la iglesia. No solo destacan ellos sino también los franciscanos a tenor de sus reformas y de su teología, como sería el caso de fray Francisco de Osuna. En su obra Ley de amor santo, capitulo 2 vemos parte su ideario.

“Nota que en nosotros hay muchas maneras de amor, y, por  tanto, amamos con diversidad las cosas diversas; empero, como en Dios no hay sino un amor, así como en el sol no hay sino un calor, síguese que a todos los suyos ama con un amor invariable; empero, así como el sol es participado por diversa manera, siendo uno el calor suyo, así aunque es uno el amor de Dios, no es recebido igualmente, y esto quiso decir Escoto cuando dijo que Dios ama todas las cosas igualmente en cuanto es suyo el acto y obra del amor, ca es un solo infinito acto […]“

“Dicen también algunos que amar Dios a su amigos es traerlos a sí, para los transformar en sí; empero, aunque todos sean atraídos, como no sean todos igualmente transformados a iguales grados de amor, sino cada uno según su legítima, síguese que de parte del que los trujo a sí hallaremos igualdad, porque con una mesma operación fueron traídos por amor al amor, empero, no entraron todos igualmente a gozar del amador Dios; el cual, así como cuando él se amó no se amó envidiosamente, sino que luego buscó quien amase también con él lo que él amaba, que era su bondad[…]. Quien más a la llana declara el punto que venimos platicando es el Maestro de las Sentencias.”

El edicto de 1574, perteneciente al de Extremadura, está en consonancia con el de Toledo. El origen de este es posible que se encuentre con el contacto en el Obispado de Badajoz de Juan de Ávila y de Fray Luis de Granada, los cuales con sus escritos hicieron florecer la vida cristiana que fue favorecida posteriormente por los obispos don Cristóbal de Rojas y el beato Juan de Ribera. Teniendo en cuenta el marco histórico en el que la despoblación masculina emigraba hacia la conquista y poblamiento del Nuevo Mundo, tal era el número de mujeres que por ello aumentaría el número de beatas con cierto tipo de prácticas.  Fray Alonso los divide entre gentes que son ignorantes, los cuales no penetran en el misterio de la herejía, ya que han sido enseñados por sus maestros y luego están los letrados o cultos, que son hombres astutos que conocen la herejía y saben lo que es católico y lo que es herético, viviendo en sumo recato. Y por ultimo están el de aquellos que eran sabios, astutos y malvados, siendo este el más peligroso y más duro de contrarrestar.

Dicha secta estuvo ensalzada por el propio obispo de Badajoz, Juan de Rivera, del cual contamos con algunos documentos sobre su peculiaridad  “En muy breve tiempo fue convertido a la opinión de los Alumbrados, y le hicieron tan de su mano que, fiándose enteramente de ellos, les cometía todo el gobierno de sus iglesias haciéndoles grandes favores.” Las mujeres, a las cuales hacía favores como regalos, iban detrás del él. Acudía a sus casas, donde las visitaba, sobre todo a las que decían que sentían las llagas de Cristo, llegando en algunos de los casos a canonizarlas.

Según el fraile dominico Alonso de la Fuente, el obispo de Badajoz “consideraba solamente cristianos, a los que imitaban esta doctrina y comunicaban los efectos espirituales de ella”.

En el caso de Extremadura, cuando la  Inquisición entra de oficio en  Llerena contra los Alumbrados, dice de ellos:

“Que son grandes hechiceros y que tienen pacto con el demonio, y que con este artificio rinden a las mujeres y hombres haciéndose señores de sus almas y sus haciendas. Contando además de que los hombres se  aprovechan de la magia para atraer a  las mujeres y aprovecharse de sus cuerpos; contando con la  ayuda del demonio, ya que se presenta a las mujeres y las hace encender sus pasiones más íntimas. Siendo satisfechas por estos hombres con el pretexto de que no están cometiendo pecado sino al ser una necesidad  espiritual no se está ofendiendo a  Dios”

Las diferencias entre el edicto de 1525 con el de 1574, lo tenemos en el aspecto de que en el de Extremadura se produce un alumbrismo donde se rige por las pasiones sexuales, como se recoge en la proposición 10: “Y que ciertos ardores, temblores, dolores y desmayos que padecen son indicios del amor de Dios y que por ello se conoce que está en gracia y tienen el Espíritu Santo”.

Auto de Fe (Plaza San Francisco, Sevilla) S.XVII.Auto de Fe (Plaza San Francisco, Sevilla) S.XVII.Auto de Fe (Plaza San Francisco, Sevilla) S.XVII.Auto de Fe (Plaza San Francisco, Sevilla) S.XVII.

Por último, sobre el edicto de 1623 en Sevilla, sus ideólogos fueron los dominicos del monasterio de San Pablo que trabajaban como teólogos a las órdenes del Tribunal. Debido a una indiscreción se destapó dicha noticia y el inquisidor Isidoro de san Vicente acudió al Consejo. A tenor del borrador los autores fueron Juan Moreno, Alonso Zambrano, Baltasar de Verdenosa, Diego de Tovar, Clemente de Toro y Bartolomé de Valverde. Además se dio otra causa y era que en el convento de Regina, un dominico rebatió con argumentos teológicos el privilegio inmaculista, provocando una reacción popular. El sermón tuvo lugar en 1613, y hasta 1617 no se aceptarían los postulados de la Inmaculada. Los dominicos atajaron la religiosidad popular al mismo tiempo en el que destacaría el Alumbrismo bajo la figura de un antiguo ex- carmelita: Juan de Villalpando y la beata Catalina de Jesús, y por otro lado la Congregación de la Granada (sociedad secreta). A partir de 1622 fue cuando la Inquisición comenzó a tomar cartas en el asunto. Tomando los anteriores modelos de los anteriores edictos, los inquisidores vieron que era necesario eliminar aquellas proposiciones que se repetían y encontrar nuevas fórmulas. El esquema del nuevo edicto recogió 70 proposiciones divididas en 17 bloques según la temática: 1) Oración, 2) Obediencia, 3) Confesión, 4) Comunión, 5) Perfección, 6) Amor de dios, 7) Unión, 8) Lujuria, 9) Excomunión, 10) Arrobos, 11) Purgatorio, 12) Agua bendita, 13) Imágenes, 14) Conventículos, 15) Matrimonio, 16) Llagas y 17) Sagrada Escritura.

Se enviaron a Madrid, donde serian retocadas y se añadirían 6 más, por lo que pasó de 70 a 76, con un protocolo inicial y otro final, para posteriormente ser sancionado y promulgado por el arzobispado de Sevilla y Cádiz y leído en la catedral, parroquias y conventos de Sevilla y sus villas.

Sin duda alguna el foco sevillano de los alumbrados fue el más importante por el número de ellos, caso del doctor Egidio o del doctor Constantino. Los monjes jerónimos del Monasterio de San Isidoro del Campo fueron alertados de la persecución por la Inquisición y se trasladaron en grupos huyendo hacia la frontera. En núcleo sevillano fue aniquilado en cuatro autos de fe celebrados en 1559, 1560,1561 y 1562. Murieron 38 personas además de numerosos penitenciados.

Un aspecto muy importante sobre el que aún no hemos hablado en esta primera parte del artículo es el de los protagonistas, me refiero concretamente a las beatas. Sin ellas no tendría la misma repercusión dicho movimiento.

Bibliografía

HUERGA, A. “Historia de los Alumbrados (1570-1630)”, Madrid:  Fundación Universitaria Española, 1978.

KAMEN, H., “La Inquisición Española. Una revisión histórica” , Barcelona: Crítica, 2011.

MÁRQUEZ, A., “Los alumbrados: Orígenes y filosofía (1525-1559)”, Madrid: Taurus, 1980.

PÉREZ DE VALDIVIA, D, “Aviso de gente recogida (Barcelona,1585; Baeza,1596)”. Ed. de A. Huerga, Madrid: Fundación Universitaria Española, 1977.

SANTONJA, P., “Las doctrinas de los alumbrados españoles y sus posibles fuentes medievales”, Cuadernos de Filología Hispánica, 18, Madrid: DICENDA, pp. 353-392, 2000.

 

Redactor: Raúl López Ortega

Licenciado en Historia por la Universidad de Granada. Postgraduado del máster de Antropología Física y Forense de la Universidad de Granada. Apasionado por la antropología, arqueología y la historia. Defensor del patrimonio cultural.

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