Las urbes latinoamericanas: crecimiento y segregación

No podemos comprender la actualidad de América Latina sin profundizar en los procesos urbanos y dinámicas migratorias que han tenido lugar a lo largo del siglo pasado. Junto con el crecimiento de las ciudades en un contexto de diversidad étnica, asistimos a fenómenos de fragmentación y segregación que, si bien pueden parecer una tendencia, deben ser tomados desde un punto de vista más analítico en cuanto a las diferencias de cada centro urbano concreto. La diversidad de las ciudades latinoamericanas no solo se basa en el aspecto cultural tradicional, sino también en otros factores, como son sus procesos históricos, las características de su fundación o su inserción en las redes económicas globales.

Aunque las ciudades latinoamericanas son consideradas de manera errónea como una categoría uniforme, basándose su clasificación mayoritariamente en las similitudes que presentan, es necesario incorporar conocimientos de otras disciplinas si queremos ampliar nuestra mirada. Por ello para este artículo intentaremos interrelacionar disciplinas como el urbanismo, la antropología, la historia y la economía, buscando dar un sentido a la naturaleza de las urbes latinoamericanas.

La ciudad colonial como síntesis cultural:

En cuanto a la síntesis cultural dada en las ciudades fundadas en un periodo de ocupación colonial, vemos como las ciudades latinoamericanas se vieron muy influenciadas por las migraciones de poblaciones ajenas a la nativa. Por este motivo, un factor muy importante fue el sincretismo cultural (o mestizaje de diferentes culturas) entre culturas europeas, culturas precolombinas y las propias de los esclavos africanos, que se sumarían posteriormente. La cultura europea que se instaló en el nuevo mundo debe ser comprendida en el contexto de pensamiento de la edad media: hombres conquistadores con una moral  cargada de un fuerte contenido religioso.

A diferencia de la siguientes ocupaciones anglosajonas, la motivación de los españoles no era simplemente económica, sino también evangelizadora. Las diferencias culturales entre la diversidad de pueblos sometidos y la élite colonizadora dominante, tuvo que tener lugar mediante algún tipo de comunicación. La teoría con más peso acerca de esta comunicación y consenso, mantiene que hubo una capacidad de ambas culturas para crear una estructura compartida de significados. Dicha estructura de significados habría sido posible gracias a que la ritualidad católica pudo ser incorporada dentro de los rituales indígenas, aunque no mantuviese el mismo plano simbólico sobre las prácticas rituales. Esta idea justificaría que hasta el S.XX, pese a mantenerse en el imaginario colectivo de cada etnia una visión distinta de la organización social y la económica básica, diferentes cosmovisiones pudiesen coexistir.

El crecimiento urbano durante el S.XX:

Calle del centro de la Ciudad de México en 1925. Fuente

Calle del centro de la Ciudad de México en 1925. Fuente

Quizás el proceso de migraciones internas más importante del S.XX  latinoamericano fue el que tuvo lugar entre los años 1920 y 1930. Aunque hasta el momento las migraciones se habían producido de la ciudad al campo, la nueva política económica establecía la sustitución de las importaciones extranjeras por la construcción de un tejido industrial controlado por el estado y asentado en las ciudades. Este modelo conocido como “desarrollo hacia dentro” trajo como consecuencia la necesidad de abundante mano de obra y por consiguiente, un éxodo rural que propició el crecimiento de la población urbana. Las relaciones en el campo se modernizaron por el uso de nuevas tecnologías y la concentración de tierras en pocas manos. La ciudad se volvió un foco de atracción para poblaciones rurales que sentían ser expulsadas del que hasta ahora había sido su entorno.

Los asentamientos de la población rural que acababa de llegar del campo, empezaron a aumentar cerca de las vías de trenes y de las nuevas avenidas de comunicación y transporte, dándose  un crecimiento de determinados sectores industriales que se vieron beneficiados por la situación. Conforme las clases bajas ocupaban los lugares más céntricos de la ciudad, las clases medias y altas se alejaban del centro, creándose nuevos núcleos residenciales que pronto adoptaron un carácter de barrios exclusivos al estilo de la “ciudad jardín”. Pronto comenzó a notarse una clara diferenciación territorial entre la parte rica de la ciudad y la otra parte más pobre. Las migraciones del campo a la ciudad se mantuvieron hasta los años 70, poniéndose de manifiesto la relación existente entre la caída demográfica de las poblaciones rurales y el crecimiento de los núcleos urbanos, habitados por un 75% de la población.

La nueva ciudad segregada:

Ya en la década de los 80 y más notablemente durante los años 90, las ciudades de América Latina experimentan importantes cambios a niveles económicos, sociales y también políticos. Todo esto viene motivado por los cambios de tendencias que han tenido lugar en el contexto de un mundo globalizado, en el que se ha transnacionalizado el capital, los servicios y los recursos humanos. Los procesos de producción han pasado a desarticularse dependiendo de los costes de mano de obra, dando lugar a nuevas dinámicas migratorias. A su vez, la marginalización crece en las ciudades a pasos agigantados. El aperturismo económico y la flexibilización del mercado laboral han hecho que, en paralelo, cambie el modelo de migraciones intra-nacionales, dándose a su vez un tipo de migraciones internacionales sin precedentes.

Dentro de los centros urbanos más importantes de América Latina, empiezan a aumentar el número de guetos: sectores sociales que habitan un espacio con un acceso desigual a los recursos y a las oportunidades que la ciudad ofrece. La segregación territorial que afecta a estos guetos no solo puede palparse en la falta de servicios públicos y privados, sino también en la distancia socio-económica respecto a otros territorios. Tiene lugar una concentración de personas semejantes (en cuanto a su capacidad económica) en territorios concretos y localizados, a la vez que se estigmatiza a los pobladores de estos territorios excluidos en el caso de que alguno de ellos decida emigrar hacía otra región, dentro o fuera del ámbito nacional. Existen dos condiciones que se dan simultáneamente cuando hablamos de la existencia de segregación territorial. Una de ellas es una distribución desigual de los servicios y bienes entre diferentes áreas o espacios urbanos. La otra tiene que ver con una ausencia de interacción social entre distintos grupos sociales que habitan la misma ciudad

Vista aérea de Medellín (Colombía), en la actualidad. Fuente

Vista aérea de Medellín (Colombia), en la actualidad. Fuente

El espacio urbano debería convertirnos a todos en iguales. Teniendo en cuenta que la segregación urbana actúa como una limitación para el acceso a los bienes públicos, integración social y crecimiento o desarrollo urbano son dos principios que no pueden excluirse mutuamente si buscamos mejorar las condiciones de todos los colectivos que comparten la ciudad. La segregación urbana afecta incluso a quienes consideren más importante la protección de la propiedad individual que la conquista de los bienes colectivos. La falta de seguridad pública está estrechamente ligada a la existencia de segregación urbana, pues quienes delinquen suelen ser personas que provienen de entornos sociales aislados, donde no se disfruta de los servicios más básicos y necesarios para la subsistencia.

Bibliografía|

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DELGADO, MANUEL, ”El animal público”, Barcelona, Anagrama, 1999.

DUHAU, E. y GIGLIA, A., “Las reglas del desorden: habitar la metrópoli”, UAM, S.XXI Editores, 2008.

GARCÍA, CANCLINI, NESTOR, “Escenas sin territorios; estéticas de las migraciones e identidades en transición”, Revista de Crítica Cultural Nº 18, Santiago, 1999.

MONGIN, O., “La Condición urbana: la ciudad a la hora de la mundialización”, Buenos Aires, Paidós, 2006.

 

Redactor: Adrían Caballero Escobar

Graduado en Antropología Social y Cultural. Redactor habitual en Témpora Magazine y The Social Science Post. Colaborador del grupo de investigación HUM – 411. Ámbito de interés: Antropología del Territorio y Desarrollo e Intervención Social.

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