Las características principales de las villas romanas

En este artículo trataremos de analizar la importancia y las características principales de las villas en el mundo romano. Con el término “villa” se podía hacer referencia no solamente a las lujosas casas de campo sino también a las modestas construcciones que estaban al servicio de las labores agrícolas.

Las características de cada villa dependían de la situación económica de su propietario, habiendo una gran variedad de tipos en relación a su tamaño, distribución o situación geográfica. La villa comprendía no solamente la vivienda de su propietario, sino que también incluía todas aquellas instalaciones destinadas a la explotación de la propiedad y los lugares para almacenar su producción.

Reconstrucción de una villa (Fuente)

Reconstrucción de una villa (Fuente)

En muchas ocasiones, estas villas eran los lugares de descanso y recreo de la élite romana. En sus propiedades rurales solían establecerse ciertas temporadas al año y así huir de la vida urbana. La red de calzadas favoreció la proliferación de estas casas de campo a lo largo de toda la campiña romana. Estos caminos facilitarían la comunicación y el transporte de los productos agrícolas que eran destinados a los mercados de las ciudades. Algunas de ellas se convirtieron en auténticas casas de recreo que se ubicaban en las montañas pero también hay ejemplos de villas que se  situaban en la costa con vistas al mar. Muchas de las villas más impresionantes se localizaban en torno a la Campania y al golfo de Nápoles. Sabemos de la existencia de lujosas residencias, ricamente decoradas, a las que se retiraron algunos emperadores, intelectuales y personajes destacados de la aristocracia romana huyendo de la vida pública y de las incomodidades de las ciudades. En los Epigramas, Marcial quejándose de los ruidos de Roma nos cuenta:

Me despierta la risa de la turba que pasa y Roma entera está en mi cama. Cuando quiero dormir, hastiado de disgusto, me voy a mi villa” (XII, 57, 26-28).

Normalmente, las villas estaban orientadas a la comercialización de su producción por lo que, como una explotación agraria que era, tuvieron una enorme difusión en el mundo romano. La mano de obra podía ser esclava pero también había individuos libres o colonos que se encargaron de la explotación de pequeñas parcelas en las que solían estar divididas estas explotaciones. A menudo, los productos cultivados eran los cereales, el vino o el aceite. A su vez, se constata el cultivo de verduras, hortalizas y árboles frutales. La cantidad de las cosechas recogidas en estas villas dependerían de diferentes factores como la fertilidad del suelo, el tamaño de la explotación, las condiciones meteorológicas, etc. Al mismo tiempo, se criaban animales domésticos como las gallinas, los pavos, las palomas o los gansos entre otros. Junto a ello, se sacaba el máximo rendimiento al ganado ovino, equino, bovino y porcino. Algunas de estas explotaciones agrarias se convirtieron en verdaderos centros económicos autosuficientes y, tras satisfacer las necesidades de los individuos que vivían en ellas, se comercializaría con el excedente de la producción.

Los tratados de los agrónomos latinos (Catón, Varrón y Columela) son una fuente escrita de gran valor para entender las características de este sistema de explotación. En sus obras se recogen muchos consejos sobre cómo debía ser su organización, ubicación o explotación. Entre los consejos de estos agrónomos destacan los relativos a la situación geográfica de la villa:

Búsquese, pues, un aire templado, que no sea muy caliente ni muy frío, como ocurre comúnmente en el medio de las colinas, porque, como este paraje no está muy bajo, no se hiela en invierno con las escarchas ni se abrasa en el estío con los calores” (Columela, I, 4, 10)

Además, una vivienda en la que todo el día da el sol es la más sana y en ella no hay que temer la invasión de los insectos, pues si nacen, se los lleva el viento, y si vienen de otras partes, la sequedad los mata” (Varrón, I, 12, 3).

Según Columela (I, 6, 1), las villas se dividían en varias partes en relación a sus funciones residenciales o productivas (urbana, rústica y fructuaria). La vivienda del propietario (pars urbana) era considerada la parte noble de la propiedad. Solía ubicarse en un lugar saludable, seguro y útil. Prueba de ello tenemos el siguiente testimonio escrito:

Los que habitan en lugares bajos y estrechos corren el peligro de las inundaciones y de los desbordamientos de los ríos y hasta los ladrones pueden asaltarles de improviso. De este doble riesgo se hallan libres los que se resguardan en lugares elevados” (Varrón, I, 12, 4).

Desde allí el propietario dirigía y supervisaba personalmente la explotación agraria en los periodos en los que se retiraba al campo. Como hemos podido ver, la casa se encontraba en un lugar elevado y contaba con una fuente de aprovisionamiento de agua. Estas casas de campo reproducían el esquema básico de la domus aunque con algunas diferencias adecuándose a los condicionamientos rústicos. Así, esta vivienda rural estará organizada también en torno a un atrio y un peristilo, aunque con variantes:

En la ciudad los atrios suelen estar junto a las puertas, pero en el campo, entre los hechos a imitación de la ciudad, primero están los peristilos y sólo después unos atrios rodeados de pórticos pavimentados que dan a las palestras y a los paseos” (Vitruvio, VI, 5, 3).

Reconstrucción de la pars urbana de una villa (Fuente)

Reconstrucción de la pars urbana de una villa (Fuente)

Alrededor de estos patios se distribuyen las diferentes estancias: los dormitorios (cubicula), el comedor (triclinium), el despacho (tablinium), etc. Poco a poco, estas villas van adoptando algunos aspectos del confort urbano y se construirán habitaciones para el invierno y otras para el verano. Junto a ello, será frecuente la construcción de termas y paseos porticados adornados con bellas esculturas o fuentes, terrazas con vistas panorámicas, pabellones, jardines florales y estanques con peces. Como ya hemos indicado, la complejidad de estas viviendas dependerá de la riqueza de su dueño. En sus cartas, Plinio el Joven realiza varias descripciones de villas:

Su pórtico es ancho y relativamente largo, y dan a él muchas habitaciones, al lado de los antiguos atrios. Delante del pórtico se extiende una terraza…” (Epist., V, 6, 15-16).

En un extremo del pórtico una amplísima habitación da al comedor; unas ventanas miran a la terraza, otras a la pradera; delante de las ventanas, justo debajo, se abre un estanque, regalo para la vista y el oído, pues el agua, al caer desde lo alto y golpear el mármol, se pone blanca” (Epist. V, 6, 23-25).

Dime, ¿cómo se encuentra Como (en la Galia Traspadana), tu delicia y la mía? ¿Cómo esa deliciosísima villa en las afueras de la ciudad, y esos pórticos donde reina siempre la primavera, y ese platanal tan frondoso, y ese canal de aguas verdes y cristalinas, y ese lago que se extiende a sus pies contribuyendo a su encanto, y esos caminos para pasear en litera sobre ese terreno suave y al mismo tiempo firme, y esos baños inundados por un abundante sol en el interior y bañados por él en el exterior, y esos comedores para uso general o privado, y esos dormitorios para la siesta o el descanso nocturno?” (Epist. I, 3, 1-2).

La pars rustica estaba formada por todos aquellos edificios destinados a ser el lugar de vivienda de la mano de obra esclava junto con los establos o cuadras para los animales. Al mismo tiempo, allí se guardaban todas las herramientas e instrumentos de trabajo utilizados en las labores agrícolas. En esta parte de la villa solían residir tanto el capataz (uilicus) como el administrador de la propiedad (procurador). Las instalaciones que comprendían esta pars estaban organizadas en torno a un patio central. Entre ellas estarían los dormitorios de los esclavos y trabajadores, las cocinas, comedores, hornos, etc.

En la pars frumentaria se realizaban todas aquellas tareas vinculadas con la elaboración, conservación y almacenaje de la producción agrícola. Las bodegas, almacenes y graneros para guardar la producción se encontraban en este lugar. También habría que añadir aquí a las prensas y los lagares. Muy cercanos a estos edificios solían estar los huertos de hortalizas y frutales, y más alejados se encontrarían los cultivos de la viña, del olivo, los campos frumentarios y los prados.

Ejemplos de villas los podemos encontrar en la región que rodea a Pompeya. Una de ellas es la conocida como “Villa Regina”, cercana a Boscoreale, excavada a finales de los setenta del siglo pasado. Las estancias se encuentran distribuidas alrededor de un patio cuyo centro está ocupado por 18 dolia utilizados para la fermentación del vino. También hay un almacén y una prensa. Todo apunta a que esta villa estaba especializada en el cultivo de la vid. En cuanto a las estancias domésticas, algunas de ellas están decoradas con pinturas murales.

Patio interior de la "Villa Regina" (Fuente)

Patio interior de la “Villa Regina” (Fuente)

En Boscoreale se localizaría la “Villa Pisanella” que no se ha conservado hasta nuestros días. Según la descripción de sus excavadores, comprendía una parte en la que se situarían las estancias domésticas y una granja agrícola. Entre estas estancias destacan unos baños decorados con mosaicos. En el patio central contaría con 72 dolia que pueden haber contenido vino, aceite o grano. A su vez, la villa contaba con una prensa de aceite, una sala para pisar uva, un establo y habitaciones para el servicio. Como prueba de la riqueza de su propietario, en ella encontró una fabulosa vajilla de plata con 109 objetos que, actualmente, se conservan en el Museo del Louvre.

Vajilla de plata procedente de la "Villa Pisanella" (Fuente)

Vajilla de plata procedente de la “Villa Pisanella” (Fuente)

En conclusión, los ricos propietarios buscaban en estas residencias campestres un remanso de paz que les permitiese huir de sus obligaciones públicas, del calor y de los ruidos de la ciudad. Vemos como la confortabilidad de algunas de estas villas hacía bastante agradable las estancias de sus dueños en el campo. Por este motivo, algunas se construyeron con todo tipo de detalles aunque también hay que indicar que otras eran bastante modestas y todo dependía de posibilidades económicas de sus propietarios. Además, no solamente tenían la funcionalidad de residencia campestre sino que las villas eran grandes centros de explotación agrícola muy importantes para la economía romana.

Bibliografía:

CUENCA CABEZA, M.; SEGURA MUNGUÍA, S., El ocio en la Roma antigua, Publicaciones Universidad de Deusto, Bilbao, 2008.

BERRY, J., Pompeya, Ed. Akal, Madrid, 2009.

FERNÁNDEZ CASTRO, M. C., Villas romanas en España, Ministerio de Cultura, Dirección General de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas, Madrid, 1982.

FORNELL MUÑOZ, A., Las villae romanas en la Andalucía mediterránea y del Estrecho, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Jaén, Jaén, 2005.

Redactor: Francisco Cidoncha Redondo

Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla, especialidad Historia Antigua y Arqueología. Actualmente realizando el Doctorado en Historia Antigua tras haber cursado el Máster de Estudios Históricos Comparados. Interesado en todo lo relacionado con la política, la economía y la sociedad romana.

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