Historia de la Vacuna y la erradicación de enfermedades

 Estos últimos meses, con las trágicas noticias que nos llegan desde África Occidental, es frecuente escuchar de nuevo en la calle(tal como pasó en su tiempo con el virus del SIDA o mas recientemente la gripe “porcina” o la “aviar”), y por desgracia, en muchos medios “serios” que les hacen las veces de altavoz, la misma cantinela de siempre. “Eso es un virus hecho en laboratorio”, que cuando no se ha fugado, ha sido inoculado, intencionadamente, en la población mas indefensa, por unos malvados científicos(de bata blanca y gatos en el regazo…). Lo que nunca(o casi nunca) escucharemos en estos “ágoras” son las verdaderas gestas de la medicina, que no pasan por inventar enfermedades(que ni nosotros mismos seríamos capaces de controlar),  si no de cómo, el ser humano, de la mano de la ciencia, fue capaz(y sigue siéndolo) de erradicar de la faz de la tierra una espantosa enfermedad, gracias a un arma secreta:“La Vacuna”.

Hoy en día, cuando escuchamos hablar de “la viruela”, todos sabemos que se trata de una enfermedad, pero poco mas… la mayoría de nosotros, a diferencia de lo que sucede con otras enfermedades mas comunes(gripe, sarampión, herpes…), no sabríamos decir cuales son sus síntomas, mucho menos sus causas, su apariencia, incluso me atrevería a decir que nunca hemos visto un caso, ya que por suerte, desde la muerte de Janet Parke(última enferma de Viruela) el 11 de Septiembre de 1978, no hemos vuelto a tener otro caso en todo el mundoPero aún habiendo desaparecido, no hay duda de que la Viruela fue una enfermedad que dejó una huella imborrable en la historia del mundo.

Se cree que se originó una vez el hombre se asentó y comenzaron las primeras actividades agrícolas, hacia el 10.000 AEC en alguna región de Egipto o la India. Las primeras referencias a la enfermedad aparecen en numerosos manuscritos procedentes de Asia, datados en el S. XI. Pero la primera evidencia nos llega conservadas en la momia del faraón Ramsés V(del S.XII AEC), al que la enfermedad le costó la vida. Como veremos,la viruela ha sido una ficha muy activa en el tablero a lo largo de la historia y esta no será la única vez que la Viruela adelanta la salida de un trono, altera la sucesión dinástica, o en peores casos, elimina del juego a civilizaciones enteras. En sus “garras” cayeron desde emperadores de Japón, como el emperador Er Go-Kōmyō; reyes hititas, como el famoso Shubiluliuma I; o ya en Europa la reina Maria II de Inglaterrao el rey español Luís I de Borbón(a quien la enfermedad sólo le permitió uno de los reinados más efímeros de España con sólo 229 días).

 

Momia de Ramsés V en la que se pueden observar las lesiones propias de la viruela sobre su cara. Fuente.

Momia de Ramsés V en la que se pueden observar las lesiones propias de la viruela sobre su cara. Fuente.

Es innegable, que uno de los momentos en los que la Viruela tuvo una importancia capital en el desarrollo de la historia, fue durante el descubrimiento de América. Cuando llegaron los españoles, además de sus armas de acero y fuego, portaban un arma mucho mas letal para los indígenas americanos, la Viruela.Podríamos considerarlo el primer ataque biológico a gran escala, aunque este fue fortuito. Causó el colapso de pueblos enteros, que además del ataque extranjero, se vieron inmersos en guerras civiles tras la muerte de sus líderes a consecuencia de la enfermedad, como sucedió en los pueblos Incas tras la muerte del monarcaHuayna Capac.Por otro lado debilitaron las fuerzas defensivas de otros pueblos indígenas y diezmaron a su población llevando a estas civilizaciones a una situación de catástrofe demográfica.

En Europa, la enfermedad también fue devastadora, aunque no a tal escala. El peor momento de la enfermedad en Europa se produce durante el S. XVIIIdebido al aumento desmesurado de la población, lo que contribuyó sin duda a su propagación. Sólo en Europa a causa de esta epidemia, llegaron a morir aproximadamente medio millón de personas. Pero por suerte, cómo os he mencionado antes, la irrupción de la vacuna consiguió cambiar por completo esta situación.

La vacuna tiene también su historia, que merece la pena repasar rápidamente. No se conoce a ciencia cierta cual fue la cuna de la conocida por entonces como “Variolización”(el antepasado de la Vacuna) pero se sabe que fue en algún punto de la India o China, desde donde se expandió al resto del mundo. Las primeras referencias históricas que conocemos son del S. XI EC, procedentes de China, y recogidas en los libros “El tratamiento adecuado de la viruela”, escrito por una monja budista que practicaba la variolización; y “El espejo dorado de la medicina”, en el que se describían las distintas formas de realizar la “inoculación antivariólica”( inoculación de pus de enfermos de viruela en cortes realizados a sujetos sanos; el uso del polvo de costras de otros enfermos de viruela que se administraba por vía nasal o simplemente vestir las ropas de los enfermos.

Desde Asia oriental, esta práctica se expandió a través de los años y de las rutas de comercio a otras regiones del mundo. Existe gran documentación que demuestra su empleo habitual desde el S. XVII EC en el Imperio Turco, donde el médico de origen griego Emanuel Timoni escribió el primer texto médico europeo sobre el tema de la variolización. Gracias a Timoni, y a otros médicos como Giacomo Pilarino la variolización fue tomando fuerza en las puertas de Europa. Lo único que faltaba era su entrada oficial. Para ello entra en acción lady Mary Wortley, la esposa del embajador británico en Estambul(lord Montagu). Lady Montagu, quien ya había padecido la enfermedad, observó cómo sus amigas turcas se inoculaban intencionadamente con la pus de enfermos de viruela(a sí mismas y a sus hijos) y cómo al hacer esto evitaban la enfermedad. Por ello decidió inocular a sus hijos e inició una de las primeras campañas de promoción de la vacunación en Europa con intención de expandir esta práctica, consiguiendo introducirla en la Corte inglesa(no sin antes probar sus efectos en 6 presos).

Finalmente en el S.XVIII(1796-98), Edward Jenner, médico rural inglés, tras observar como las granjeras que ordeñaban a sus vacas, padecían en sus manos unas lesiones similares a las de la viruela(por la viruela bovina, de menor intensidad) y que además, en ellas la enfermedad no prendía cuando se exponían a la viruela humana.Comenzó a experimentar un tiempo con la variolización, pero decidió sustituirla por la inoculación de la “linfa” presente en las pústulas de alguien que padeciera la Viruela Vacuna. Tras la primera experiencia con un niño, comprobó como la defensa frente al contagio de la viruela humana había aumentado hasta el punto que,incluso inyectando suero de un enfermo de viruela humana en la piel, el niño no desarrollaba la enfermedad. Al cabo de dos años y muchas pruebas, publicó sus experiencias en su libro “An Inquiry into the Causes and Effects of the Variolae Vaccinae”(1798), que como es inevitable, estuvo rodeada de polémica y ya aparecieron los primeros detractores y negacionistas.

Primera vacunación de Edward Jenner en James Phipps, un niño de 8 años. Fuente.

Primera vacunación de Edward Jenner en James Phipps, un niño de 8 años. Fuente.

Una de las “gestas sanitarias” mas grandes jamás emprendida por el hombre, por su consecuencia, fue la de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (o Expedición Balmis), la primera expedición sanitaria internacional de la historia y en la que España(eran otros tiempos) fue su promotora. Un año después de la publicación de Jenner, la Vacuna llega a España, y aconsejado por su médico personal, Francisco Javier Balmis, el entonces Rey de España, Carlos IVapoyó y financió una expedición para llevar la vacuna a todos los rincones del que fuera Imperio Español en 1803. Para evitar los problemas de logística en cuanto a la conservación de la vacuna, se llevó a cabo una genial idea. Se tomaron a 22 niños de un orfanato de La Coruña, a los que embarcaron y, de dos en dos y empleando la linfa de los dos anteriormente vacunados, se les inoculaba la vacuna. De esta forma pudieron llevar la vacuna a las Antillas, México, América Central y del Sur, Filipinas, Macao, Cantón… Dando inicio a lo que finalizaría con la completa erradicación de la enfermedad 175 años mas tarde. Una historia para sentirnos orgullosos como nación, pero que sin embargo, y como no es de extrañar, parece olvidada. El propio creador de la vacuna contra la viruela, Edward Jenner, escribió sobre esta expedición:

 “No puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de de filantropía más noble y más amplio que este”

Merece la pena destacar que, aunque nos lo parezca, ni la variolización,ni la vacuna de Jenner difieren mucho de las vacunas que conocemos hoy en día. Para comprenderlo un poco mejor debemos saber que todas las células de nuestro organismo comparten la misma información genética(ADN), al que podemos considerar nuestro DNI natural, personal e intransferible(a menos que seáis hermanos gemelos monocigóticos que tendríais el mismo “DNI”). Pues bien, todas nuestras células presentan en la superficie de su membrana una región denominada “epítopo” (a modo de código de barras) donde llevan expuestas una serie proteínas y glucoproteínas siguiendo un patrón exclusivo que viene determinado por nuestro ADN (todo codificado en los “Genes del Complejo Mayor de Histocompatibilidad”). El llevarlos expuestos de esta manera, permiten que los encargados de mantener el orden en nuestro organismo(las células de nuestro sistema inmune) puedan identificarlas fácilmente, reconocerlas como propias y en consecuencia, no atacarlas. Pero no sólo las células de nuestro organismo presentan este “código de barras”, los agentes patógenos(bacterias, virus, parásitos…) también disponen de ellos, aunque en estos casos, se conocen bajo el nombre de “Antígenos”(capaces de activar al sistema inmune y desencadenar una respuesta de defensa).

Lo siguiente que debemos conocer, es a los encargados de la seguridad de nuestro organismo (los policías de aquella fantástica serie “Erase una vez… El Cuerpo Humano”), que en general lo conocemos como “Sistema Inmune”, el cual, está formado por varios tipos celulares, y cada uno de ellos cuentan con una función específica en el campo de batalla. Nos centraremos en las que mas nos interesan ahora. Estas son:

  • Célula Presentadora de Antígeno: Se trata de un grupo diverso de células (Células Dentríticas; Macrófagos; Linfocitos B; Células Endoteliales…) que se pueden considerar la “avanzadilla de nuestro ejército inmune”. Su función es la de reconocer el terreno en busca de enemigos, una vez identifica un “epítopo extraño”(antígeno), procede a tragárselos(fagocitarlos) digerirlos, e incorporar dicho antígeno en su superficie, en una región cuya función, podríamos decir, es similar a la un tablón de anuncios donde exponen un cartel con la información del enemigo, una foto y un gigantesco “SE BUSCA” sobre él, permitiendo que los soldados de nuestro “ejército inmune” recnozca a su enemigo y se prepare para batallarlo en cuanto se lo encuentre.
  • Macrófagos: Las células encargadas de fagocitar(comer) a todos los cuerpos extraños, agentes patógenos, restos de la batalla inmune y los desechos nuestro metabolismo.
  • Linfocitos T: Encargados de la defensa celular. Podemos decir que estas células son nuestros soldados. Inicialmente su base de datos de enemigos está en blanco(linfocito naive), pero una vez reconocido el antígeno que exponen nuestras células presentadoras de antígeno, su única función será la de destruir a ese enemigo en concreto. Dentro de estos linfocitos T, diferenciamos dos tipos:
    • -Linfocitos T Colaboradores: Su función, una vez ha reconocido el antígeno, es la de dar la voz de alarma, reclutar a todos los efectivos posibles (macrófagos, linocitos T Citotóxicos, Linfocitos B) y dirigirlos en un ataque exclusivamente contra el enemigo identificado, mediante el envío de señales químicas.
    • -Linfocitos T Citotóxicos: Son células con capacidad de ataque, que una vez activadas por los Linfocitos T Colaboradores pueden sintetizar sustancias tóxicas dirigidas exclusivamente contra un determinado enemigo, neutralizando a los agentes patógenos, o a las células infectadas que sirven de “guarderías” a estos patógenos, donde se multiplican y perpetúan la infección.
    • Linfocitos B: Estas células, encargadas de la defensa humoral, se activan tras reconocer el antígeno expuesto en las células presentadoras de antígeno, tras lo cual producen los anticuerpos(inmunoglobulinas), unas proteínas producidas específicamente contra el antígeno presentado al que se pueden unir rodeando y neutralizando al agente patógeno.

Dentro de los Linfocitos encontramos unas células que son esenciales para comprender los fundamentos en los que se basa la vacuna. Tanto dentro de los linfocitos T como en los B, encontramos un tipo celular especial, conocido como “Linfocitos de Memoria”. Estos Linfocitos de Memoria, se activan de forma específica al entrar en contacto con el antígeno presentado, pero a diferencia de los otros tipos celulares, su función principal no es la de atacar, si no la de, tras haber mantenido el primer contacto con el antígeno, permanecer en el organismo como un “veterano de guerra” o “testigo” de lo sucedido, para que en el futuro, en próximos ataques por el mismo patógeno, no sea necesario procesar de cero toda la información, si no que, una vez una célula de memoria reconoce a su enemigo, esta pueda reclutar de nuevo a todo el ejército inmune y coordinar un ataque específicamente dirigido contra este patógeno.

Gráfico donde observamos una primera reacción inmune ante la vacuna, y la reacción aumentada tras su inmunización. [OC]

Gráfico donde observamos una primera reacción inmune ante la vacuna, y la reacción aumentada tras su inmunización. [OC]

 

Y ¿por qué los Linfocitos de Memoria son fundamentales para la “vacunación”?. Muy sencillo. Nos basamos en su capacidad de permanecer latentes en nuestro organismo, conservando la información específica de los distintos enemigos a los que se enfrentan, esperando a su momento para, en caso de ser necesario, coordinar un nuevo ataque contra su enemigo preestablecido.

Seguro que todos habéis oído decir eso de que la vacuna “es el virus que produce la enfermedad, pero debilitadlo”. Esto es cierto, a veces. No siempre se trata del virus/bacteria debilitado. Nos encontramos varios tipos de vacunas: unas están compuestas por el agente patógeno debilitado, otras veces el patógeno está muerto y sólo se presenta su “cadáver” (estructura externa). También podemos encontrar vacunas que lo que presentan son sólo fragmentos de los componentes del patógeno, o incluso vacunas que lo que presentan son los productos tóxicos que generan esos patógenos…Pero eso sí, todas las vacunas tienen algo en común, las proteínas/glucoproteínas(moléculas en general) específicas de cada especie patógena que tienen función antígénica, es decir, ese código de barras del que hablábamos que nos permitía identificar a los agentes patógenos).

Es por esto que ni la antigua Variolización ni la vacuna de Jenner difieren tanto de la actual, ya que la pus que empleaban, además de ese líquido blanquecino y repugnante, son los restos de cadávares de linfocitos que han dado su vida luchando por nuestra salud, restos patógenos desmembrados que intentaron invadir nuestro territorio y de macrófagos que han comido hasta la saciedad. En definitiva,son los restos de la batalla inmuneque se produce en nuestro organismo. Por lo que cumplía su función como vacuna. Al inocular la pus, inoculábamos restos del agente agresor, donde se contenía el antígeno que lo identificaba y permitía a los pacientes sanos mostrar un adelanto del enemigo a su sistema inmune, el cual, casi con toda seguridad, tendría que hacer frente en algún momento de su vida a esta enfermedad.

Una vez conocemos esto, es fácil comprender cómo funciona una vacuna. Imaginémosla como una maniobra de entrenamiento para la guerra. Al inocular en el organismo una dósis de vacuna, estamos presentando ante nuestro sistema inmune la identidad de un posible futuro enemigo. Las “células presentadoras de antígeno” captan el antígeno presente en suero de la vacuna, lo fagocita y expone en su superficie(“¡SE BUSCA!”); los linfocitos y macrófagos reconocen al antígeno, dan la voz de alarma, salen en busca de su enemigo, y se preparan para la batalla(la cual no se llega a producir o se produce a una escala minúscula). Tras este simulacro de ataque, muchos de los linfocitos, macrófagagos y demás células se reabsorben por el organismo. Pero nuestro sistema inmune reservará una selección de células veteranas (los Linfocitos de Memoria) para que cuando llegue el momento de la batalla real, estos tomen el mando, reclutando, coordinando y dirigiendo el ataque contra su enemigo particular, consiguiendo una defensa mucho mas rápida y eficiente al tener un conocimiento previo de cómo es el enemigo y cómo hay que atacarlo. (Esto es así cuando el agente patógeno es estable y su ADN no varía mucho, como sucedió con la viruela, pero cuando la información genética del agente patógeno presenta una alta variabilidad, desarrollar una vacuna efectiva, es mas complicado, como sucede con el virus de la gripe que muta de un año a otro).

Como no podía ser de otra manera, la polémica (¡qué nos gusta!) siempre ha acompañado a la vacuna. Esta siempre ha tenido(y tendrá) a sus detractores, que basan sus argumentos en estudios fraudulentos(como los de Andrew Jeremy Wakefield), en su autoconvencimiento y en el mas irracional negacionismo cuando no hay intereses comerciales por una “vacuna alternativa”… Se aprovecharán del desconocimiento de la gente sobre el funcionamiento de estos (aparentes) complejos procesos para sembrar la peligrosa semilla del miedo que lleva a miles de personas a rechazar las vacunas para sus propios hijos. Espero que con este artículo, haya conseguido que los que hayáis llegado hasta aquí, al menos, seáis un hueso mas duro de roer para estas personas.

Bibliografía|

López Piñero, José María, ”La Medicina en la Historia” Madrid: La Esfera de los Libros, 2002.

Duffin, Jacalyn, ”History of Medicine: A Scandalously Short Introduction”, Toronto: University of Toronto Press, 2010.

Standfield, Cindy L., “Principios de Fisiología Humana”, Ciudad: Addison Wesley Iberoamericana, 2011.

Redactor: Alejandro Mendoza Melero

Estudiante de Grado en Medicina en la Universidad de Sevilla, 25 años, de Barbate, apasionado de la cocina, aficionado a la fotografía y sobre todo, amante de la ciencia en todos sus campos. Ansias de aprender.

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2 Comments

  1. Vacunas quiero saver

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