La ¿tierna? niñez en la Edad Moderna (II): La infancia europea a través de la cultura

En nuestro artículo sobre la infancia en el mundo hispánico expusimos en términos generales qué suponía ser niño o niña en el ámbito ibérico, qué consecuencias tenía pertenecer a este grupo de edad y qué consideración daban los adultos a los infantes. Es importante recordar a este respecto que en general la infancia, tal y como sostuvo el historiador Phillipe Ariès, es un concepto propio de nuestros tiempos, en absoluto extrapolable a momentos anteriores a la contemporaneidad. Así pues en general no existía la idea de proteger a los niños y darles medios para “buscarse la vida” más allá, claro está, de introducirles en el mundo del trabajo desde muy tempranas edades.

Pues bien, en este artículo hablaremos ahora del tratamiento que sufrieron las niñas y niños del resto de Europa, procedentes de los grandes países no ibéricos. Aunque es cierto que en el continente los distintos estados -Francia, el Imperio, Inglaterra, etc.- presentaban importantes diferencias en términos de sociedad, política y estructura económica, también lo es que en ellos encontramos no pocas manifestaciones culturales sobre la vida de los niños y su condición. Ámbitos como la pintura y la literatura, por citar dos ejemplos, nos ofrecen una visión muy particular sobre este tema. Nos centraremos en este caso en una imagen y un relato de la Europa del momento para conocer mejor qué significaba ser niño o niña en el Antiguo Régimen.

"El juego de niños", de Pieter Brueghel "el Viejo" (1525-1569)

“El juego de niños”, de Pieter Brueghel “el Viejo” (1525-1569). Fuente

Empecemos por el noble arte de la pintura. Por todos son conocidas las bondades de la pintura del área de Flandes y los Países Bajos. La sola cita de genios como Rembrandt, Rubens, Hieronymus Bosch, “el Bosco” o Vermeer ya nos da una idea de la pujanza artística de estas tierras en los siglos modernos. Pero detengámonos por un momento en un pintor quizás no tan conocido, pero también de enorme importancia en la Europa del siglo XVI: Pieter Brueghel. Apodado “el Viejo”, Brueghel desarrolló su obra en el siglo XVI y aunque en España sus trabajos no fueron tan conocidos como los de otros pintores -por ejemplo Rubens-, posee obras de indudable calidad. Una de ellas, sin duda, es el gran cuadro llamado Los juegos de niños, de 1560. En él vemos lo que podría definirse como una gran fiesta en la que varias personas corren, bailan, saltan y juegan en un ambiente que a todas luces se antoja festivo y lúdico. Se trata de una escena de indudable riqueza cromática, con colores alegres y un dinamismo evidente. Los investigadores Irene Andújar y Jordi Blasó nos invitan en uno de sus trabajos a mirar esta obra en clave sociológica, yendo más allá de lo puramente artístico.

Si nos fijamos bien en el cuadro, apreciaremos que lo que en un primer momento parecían adultos se tornan niños, lo que parecen piruetas y saltos no son más que juegos infantiles. Los niños y niñas, que son los protagonistas de la escena, apenas se diferencian de los adultos, pues portan los mismos atuendos que éstos y el mismo pintor representa casi con la misma estatura tanto a niños como a hombres, a niñas como a mujeres.  Los pequeños, por tanto, parecen estar en el mismo mundo que los adultos, no se diferencian de ellos en prácticamente nada. Sus gestos, conductas y hasta actitudes son casi idénticos. En la Europa del siglo XVI en la que nuestro pintor vivió no existía, como hemos dicho, idea alguna de la infancia tal y como la conocemos actualmente, o sea, como una etapa de la vida específica. Quizás por ello, algunos historiadores han defendido que en esta época los niños eran considerados “adultos en miniatura”, lo cual no es un rasgo privativo de un país o grupo de países del momento, sino que esta era una concepción ampliamente aceptada en la Europa Moderna.

Pasemos ahora a la literatura. Todo el mundo conoce la importancia de los cuentos en la infancia. Esos relatos cortos, normalmente con una moraleja, que las madres y padres acostumbran a leer a sus pequeños se encuentran totalmente ligados al concepto de infancia que todos tenemos en la cabeza. En el siglo XIX dos estudiosos alemanes, conocidos como “los hermanos Grimm”, recopilaron una serie de cuentos muy antiguos que databan de varios siglos atrás, pero que se contaban de generación en generación. Los Grimm, sin embargo, se preocuparon de recoger por escrito estos antiguos relatos y de crear además otros nuevos. A su labor debemos el conocimiento de historias como Blancanieves, la Cenicienta o incluso Rapunzel, de reciente adaptación cinematográfica. Pero una vez más pasemos de lo anecdótico a lo simbólico.

Uno de los cuentos más conocidos de estos ilustres hermanos es el de Hänsel y Gretel. En él, se cuenta la historia de los hermanos que dan nombre al cuento, un niño y una niña que viven con su padre y su madrastra -aunque dependiendo de la versión que se lea puede tratarse de la madre-. Esta última, viendo que en eran demasiados en la familia y que sobraban bocas que alimentar, propone al padre de los chicos salir una mañana con los inocentes niños y, una vez lejos de casa, abandonarlos a su suerte en el bosque para que allí mueran de hambre. Ante esta propuesta, el indolente padre, lloroso, acepta tan cruel proposición. No obstante los niños, no tan inocentes, se enteran de los planes de la malévola madrastra y ya una vez abandonados consiguen volver a casa gracias a un rastro que muy hábilmente fueron dejando desde que salieron de su hogar. La madrastra, sin embargo, intenta abandonarlos de nuevo y finalmente consigue que los pequeños queden desamparados en la inmensidad del bosque. El resto del cuento, con brujas y casas de chocolate incluidas, escapan a nuestro interés para el tema que nos ocupa.

Fijémonos en el detalle del abandono: la madrastra propone, como medida para aliviar la situación de penurias económicas en la casa, deshacerse de dos miembros de la familia: los niños, los más débiles. Es cierto que se trata de un cuento y la madrastra es el personaje malvado, pero esta en apariencia ficticia historia esconde una realidad muy cruda que se dio en la Europa del Antiguo Régimen: la del infanticidio. Precisamente como medida de control demográfico, en muchas ocasiones se daba la triste circunstancia de que los niños y niñas eran eliminados, bien por abandonos, bien por “descuidos voluntarios” de los progenitores, como los que estos cuentos nos relatan.

Fotograma de la última adapatación cinematográfica de Hänsel y Gretel (2013) La película es protagonizada por dos adultos y no por los niños del cuento original, lo cual revela la cierta desaparición del concepto de infancia que vivimos en los tiempos actuales. Fuente

Fotograma de la película Hänsel y Gretel, cazadores de brujas (2013) La última adaptación cinematográfica de esta historia es protagonizada por dos adultos y no por los niños del cuento original. Ello revela la cierta desaparición del concepto de infancia que vivimos en los tiempos actuales, cuando una película basada en una historia infantil se convierte en un film de acción. Fuente

Aunque la realidad es compleja y diversa y es cierto que el arte no siempre responde a la realidad de forma completamente fiel, hay que decir que tanto el cuadro de Brueghel como las historias de los hermanos Grimm -que aunque escribieron en el siglo XIX, se basaron en historias y realidades de siglos anteriores- son en parte reflejos de sus épocas, si bien, claro está, siempre pasadas por el filtro de la fantasía y la ficción.

Por todo ello podemos concluir que tal y como vimos en nuestro anterior artículo para el mundo hispánico, ser niño no era tarea fácil en los siglos modernos. Sobre los pequeños no solo recaían duros trabajos y condiciones de vida en general muy duras, sino que ni siquiera se reparaba en su condición de seres más vulnerables, equiparándose a los adultos en muchos ámbitos. Prácticas infanticidas eran llevadas a cabo a lo largo y ancho del Viejo Continente, apenas denunciadas hasta el siglo XVIII. Para colmo de males, en el caso de Gran Bretaña y los países que con más intensidad desarrollaron la Revolución Industrial, las condiciones de vida de los niños y niñas se volvieron todavía más duras cuando hubieron de entrar a trabajar a las fábricas y minas en el siglo XIX. No fue hasta la segunda mitad del siglo XX cuando en Europa las cosas empezaron a cambiar para niños y adultos, con una mejora de las condiciones de la existencia absolutamente desconocida hasta ese momento. Pero eso, como siempre decimos, es otra historia.

Bibliografía|

ANDÚJAR, I., BRASÓ, J.,”La lógica interna en Los Juegos de niños (1560) de Peter Brueghel”,  RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte, vol. 13, nº 50, 2017.

ARIÈS, P., “El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen”, Madrid: Taurus, 1988.

DELGADO, B., “Historia de la infancia”, Barcelona; Ariel, 2000.

ELSCHENBROICH D., “El juego de los niños. Estudios sobre la génesis de la infancia”, Bilbao: Zero, 1979.

 

Redactor: Rafael Duro Garrido

Graduado en Historia y Máster en Estudios Históricos Avanzados, itinerario de Historia Moderna, pero sobre todo apasionado de la Historia, el saber y el conocimiento en sentido amplio. Editor de la sección Historia Moderna de Témpora Magazine. Para contactar conmigo, estoy en Facebook y Twitter.

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