La sed del imperio Acadio

El metal mordió la tierra, levantando una nube de polvo que se aferró al sudor de su frente. Ríos marrones surcaban su cara y, al gotear, eran absorbidos con ansia por la arena. Volvió a golpear con fuerza, ahondando en la desesperación. Todo seco. Unos dedos ansiosos desmenuzaban los terrones de arena y piedra buscando algún indicio de frío o humedad. Ninguna señal. El calor reinaba con mano de hierro, convirtiendo los ríos en costras de arcilla, las verdes plantas en fantasmas marrones y los animales en momias. Débiles, solos, no había dioses que escucharan su clamor. El metal morderá la carne y de sus nombres sólo quedará un susurro.

Alrededor del año 2600 a.C., las orillas del río Djarrah, al norte de la actual Siria, vieron florecer la ciudad de Shekhna. Sus habitantes eran agricultores y ganaderos que mantuvieron su independencia hasta la llegada del imperio Acadio, hacia el año 2300 a.C., pasando a formar parte del primer imperio mesopotámico. Sin embargo, un siglo después, la ciudad quedó abandonada y habitada sólo por el polvo. No fue un hecho aislado, su nueva “nación” había sucumbido.

Mapa con la extensión aproximada del Imperio Acadio durante el reinado de Narâm-Sîn (2254-2218 a.C.) Las flechas amarillas indican las campañas militares. Fuente.

Mapa con la extensión aproximada del Imperio Acadio durante el reinado de Narâm-Sîn (2254-2218 a.C.) Las flechas amarillas indican las campañas militares. Fuente.

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En el año 1993, el arqueólogo Harvey Weis y sus colaboradores publicaron un artículo en Science que rastreaba el destino de los habitantes de Shekhna. La actualmente conocida como Tell Leilan había sido abandonada después de un largo periodo de sequía durante el inicio de la edad del bronce. Fue la primera evidencia de que el imperio Acadio murió de sed. Desde entonces se han acumulado las pruebas que nos hablan de una sequía que parece concebida por la ira de los dioses: de 200 a 300 años de polvo. Según un estudio centrado en Tell Leilan, el 74 % de los asentamientos fueron abandonados y el área poblada se redujo un 93 %.

Un reciente estudio, publicado en Journal of Archaeological Science, analizó los efectos en la región mediante el estudio de herramientas de obsidiana encontradas en Tell Mozan. Esta antigua ciudad era conocida como Urkesh y se encontraba también al norte de Siria. El vidrio volcánico de obsidiana resulta ser un material perfecto para construir herramientas. De hecho, después de entrar en escena los metales, se seguía usando. Urkesh no contaba con un yacimiento de obsidiana, así que debían comerciar para ello. Generalmente, en los yacimientos arqueológicos se suele encontrar obsidiana que proviene de dos o tres regiones volcánicas. En Urkesh la riqueza era mayor: tenían por origen el ardiente vientre de seis volcanes. A juicio de los investigadores esto significa que la ciudad era inusualmente cosmopolita. Esto fue así hasta que colapsó el comercio. Tuvieron que pasar de dos a tres siglos para que la obsidiana volviera a circular por la ciudad.

Se marchitan las plantas, los animales mueren de sed, el comercio se paraliza. Los cimientos de la civilización son golpeados, y podemos imaginarnos a un pueblo que busca respuestas en aquellos que los gobiernan y que dicen entender el sentido del mundo. Pero los dioses no responden y las nubes pasan de largo. Era irremediable el colapso, y con esta situación de nada servían los muros contra las invasiones. Hacia el año 2150 a.C., el pueblo guti marchó desde los montes Zagros y derrotó a un resentido ejército acadio. El imperio se desmoronó y las ciudades quedaron en manos de nuevos gobernantes. De aquel esplendor sobrevivió un rumor: la antigua lengua sumeria, que se mantuvo como lengua muerta en la región. Algo así como el latín en la Europa medieval. ¿Se imagina, lector, tal catástrofe de la que sólo se salven susurros de las palabras que nos decimos? A mi me da cierto escalofrío.

Esta suerte de maldición resulta impensable si tenemos en cuenta que Mesopotamia forma parte del conocido Creciente Fértil. Cuna de la revolución neolítica de occidente, en sus campos se domesticó el trigo, la cebada, el garbanzo, la lenteja o el guisante, entre otras plantas. La vaca, la cabra, la oveja y el cerdo también se unieron a nosotros en esta región. ¿Cómo un lugar que lleva el apelativo de fértil te puede matar de sed? Las ciudades estado que precedieron al imperio Acadio florecieron en las llanuras aluviales que eran regadas por los ríos Eúfrates y Tigris. Estas aguas iban cargadas de limo, que enriquecen los suelos. Las sociedades que vivieron en la región aprendieron a encauzar las aguas y desarrollaron la agricultura hasta crear un imperio. El problema es que, lejos del rumor de los ríos, las condiciones no eran tan amables. Gran parte de Siria e Irak se consideran bajo la influencia de un clima árido o desértico. Para el malogrado pueblo acadio su tierra debía ser una bendición blindada por el abrazo de los ríos. Pero no podían comprender la trampa climática en la que se encontraban. Ahora la ciencia nos ofrece algunas respuestas, desenmascarando a los dioses y mostrando una realidad: la circulación atmosférica.

El río Eúfrates a su paso cerca de Halabiyeh (Siria). Fuente.

El río Eúfrates a su paso cerca de Halabiyeh (Siria). Fuente.

Para entrar en materia, veamos primero la diferencia entre anticiclón y borrasca. Cuando la mujer del tiempo nos dice que sobre nuestra ciudad se ha establecido un anticiclón, quiere decir que la presión atmosférica sobre nuestras cabezas ha aumentado. Esto hace que el aire de las capas superiores baje y se dirija hacia el exterior del anticiclón, lo que se traduce en que ese día no vas a necesitar el paraguas. “Tiempo estable” que dirá la del tiempo. A la semana siguiente, el hombre del tiempo nos puede decir que se acerca una borrasca. Esto quiere decir que la cosa cambia de tercio. Ahora la presión atmosférica sobre tu peinado es menor, el aire sube, se enfría, se crean nubes y el día en la peluquería no ha valido para nada. Este juego de movimientos de aire es importante para saber si hacemos algún plan, ya que determinará si hay o no precipitaciones.

Fotografía por satélite de un anticiclón (en el centro de la imagen) rodeado de nubes. Fuente.

Fotografía por satélite de un anticiclón (en el centro de la imagen) rodeado de nubes. Fuente.

Volvamos de nuevo a Mesopotamia. Decíamos que el clima de la región es árido. Este tipo de clima se puede originar por la presencia de altas montañas (que bloquean la llegada de humedad) o por el reinado de un anticiclón. En el caso que nos ocupa, anticiclones tropicales. Esto se agrava por las altas temperaturas, que alcanzan los 40-45 ºC en verano. Este calor roba el agua mediante la evapotranspiración, que es la suma del agua que se pierde a través de las plantas y la que se evapora directamente del suelo. Toda esa humedad que se evapora no volverá a la tierra por el anticiclón. El efecto se podría paliar con la presencia de cubierta vegetal que ayudara a retener la humedad. Sin embargo, las condiciones hacen que crezcan pocas plantas. Cuando por fin el anticiclón se despista y llueve, lo hace de golpe y el agua se queda poco tiempo debido al ciclo comentado.

De este ciclo de aridez, los acadios estaban a salvo gracias a las crecidas del Tigris y el Eúfrates. El problema es que la meteorología del lugar está a disposición de los caprichos de las ondas de Rossby, que pueden acabar con esa frontera fluvial. Subamos un peldaño atmosférico más para saber de qué va esto de las ondas. Cuando la luz solar llega a la Tierra, incide más sobre el ecuador que sobre los polos. Entonces el aire del ecuador se calienta, asciende, se desplaza hacia los polos y, al enfriarse, vuelve a bajar. Esto se traduce en que por cada hemisferio se crean tres células de circulación: la de Hadley (cercana al ecuador), la de Ferrel (en latitudes medias) y la polar. Entre los límites de estas células se crean la corriente en chorro subtropical y la corriente en chorro polar.

Mapa con una representación idealizada de la circulación atmosférica y las distintas células existentes. Fuente.

Mapa con una representación idealizada de la circulación atmosférica y las distintas células existentes. Fuente.

Las corrientes en chorro no tienen una dirección rectilínea, sino que se desplazan describiendo ondulaciones o meandros que pueden alcanzar 1000 kilómetros de amplitud. Estas son las llamadas ondas de Rossby. Alrededor del globo terráqueo puede haber entre seis y ocho ondas en una de estas corrientes que se mueven en dirección este. Atentos, que ahora viene el meollo de la cuestión. Cuando las ondas se amplían, las masas de aire frío al norte de la corriente en chorro pueden penetrar hacia el sur y crear un clima anormalmente frío con un centro de bajas presiones. A la vez, en la onda contigua, las masas de aire cálido al sur de la corriente en chorro se adentran en el norte, creando un clima cálido con un centro de altas presiones. En condiciones normales, una ondulación tardará de tres a cinco días en cruzar un territorio como Norteamérica. Pero a veces el movimiento se desacelera o se paraliza dejando a los desamparados habitantes con un frío que pela o un calor que agobia.

Representación de la corriente en chorro polar y la subtropical. Fuente.

Representación de la corriente en chorro polar y la subtropical. Fuente.

¿Fue esto lo que llevó al colapso al imperio Acadio? Ampliemos el mapa. Alrededor de esas fechas (2200 a.C. a 2100 a.C.) los acadios no fueron los únicos que estuvieron en apuros. Cerca de ellos, el Antiguo Reino de Egipto se desgajaba en dos cuando el Nilo presentaba unas inundaciones inusualmente bajas. La cultura Liangzhu, que dependía del río Yangtze, también parecía tener los mismo problemas. Y la civilización del valle del Indo sufría una sequía considerable. Algo pasó en aquellas fechas que golpeó a varias civilizaciones en regiones muy alejadas. Los científicos lo han llamado evento 4,2 kiloaño (un kiloaño equivale a mil años, se abrevia como ka) y están intentando buscar su causa.

El geólogo Gerard Bond teorizó que el evento 4,2 ka se enmarca dentro de unos ciclos climáticos de 1500 años, conocidos como Ciclos de Bond. Para su estudio se basó en los restos rocosos transportados por icebergs. Estos eventos irían del 11,1 ka (con el Dryas Reciente) hasta el 0,5 ka (con la Pequeña Edad de Hielo), pasando por el 4,2 ka y otros seis eventos más. Por desgracia, esta teoría se demostró falsa al considerarse un artefacto estadístico. Los eventos existieron, pero parecen responder a caprichos de la caótica circulación atmosférica.

En la actualidad, la comunidad científica debate sobre las causas del evento 4,2 ka y las sequías que golpearon a imperios como el Acadio. Sabemos que la metereología de Mesopotamia está y estaba condicionada por la circulación de las ondas de Rossby. Sin embargo, parece que estas ondas se pueden ver afectadas por fenómenos como el Niño o el monzón asiático, produciéndose su ralentización o estancamiento. En un estudio publicado en Quaternary Research, los investigadores apuntaron a que el monzón de verano asiático parece influir en estas ondas planetarias. Conectándose así dos zonas climáticas que a ojos profanos parecen inconexas. Una conexión atmosférica que hace que mientras un pueblo huye del agua, otro cava para buscarla.

 

Bibliografía:

  • Staubwasser, Michael y Weiss, Harvey, “Holocene climate and cultural evolution in late prehistoric–early historic West Asia”, Quaternary Research 66 (2006) 372–387.

  • Frahma, Ellery y M.Feinberg, Joshua, “Environment and collapse: Eastern Anatolian obsidians at Urkesh (Tell Mozan, Syria) and the third-millennium Mesopotamian urban crisis”, Journal of Archaeological Science Volume 40, Issue 4, April 2013, Pages 1866-1878.

  • Masters, Jeff, “El comportamiento anómalo de la corriente en chorro”, Investigación y Ciencia. Barcelona: Prensa Científica S. A. Febrero 2015.

Redactor: Ángel León

Licenciado en Biología por la Universidad de Sevilla. Máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental por la Universidad Pompeu Fabra. Redactor freelance. Puedes seguirme en Twitter y en Facebook: @Tsalawaly

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