Lo pornográfico: erotismo obsceno y comercialización

A partir de la documentación histórica disponible y ahondando en la naturaleza de las diversas sociedades humanas conocidas, es posible entender y analizar el sexo no solo como una realidad biológica e instintiva que a la vez compartimos con el resto de seres vivos, sino también como una parte fundamental de nuestra organización social, bajo la cual se articulan muchas de nuestras nociones más básicas: el pudor y la intimidad, las atribuciones de género o las pautas que nos dictan cómo y cuándo debemos hacer exhibición y uso de nuestra sexualidad. Así pues, y bajo la cuestión de los cambios que tienen lugar debido al contexto histórico y social al que nos refiramos, podemos apreciar la aceptación o rechazo que se genera frente a fenómenos de índole sexual, comprendiendo y asimilando los imaginarios que acompañan a la existencia de estos mismos.

Fotografía de Barbara Nitke, fotógrafa en la industria del porno entre 1982 y 1991. Fuente

Fotografía de Barbara Nitke, fotógrafa en la industria del porno entre 1982 y 1991. Fuente

Una vez introducidas las anteriores nociones básicas para comprender el enfoque desde el cual abordaremos este artículo, pasamos a profundizar en un fenómeno que si bien puede resultar propio de una revolución sexual contemporánea sin precedentes, encuentra sus raíces en sociedades anteriores a la nuestra, saliéndose de la propia dimensión sexual y siendo a su vez un producto de consumo por su contenido, que se vende y se compra.

Nos referimos a la pornografía, sin saber exactamente si esta nace justo donde acaba lo erótico y preguntándonos cual es verdaderamente la distinción. La pornografía siempre despierta sensaciones fuertes, ya se trate de la excitación sexual de quien la consume o del rechazo de aquel que piensa en los efectos negativos que puede provocar. A continuación veremos algunas definiciones de lo pornográfico, teniendo en cuenta que pertenecen a intereses e ideologías muy diferentes, por lo que suelen ignorarse y excluirse mutuamente.

Para comenzar debemos definir cuáles son los condicionantes que convierten a un objeto, una imagen o un conjunto de representaciones en un producto pornográfico, siendo para muchos algo patológico y perjudicial. De forma generalizada y ambigua, los colectivos más conservadores han definido la pornografía como un conjunto de representaciones obscenas, que hieren la dignidad de quien lo produce y materializa, a la vez que daña la naturaleza sexual de la persona que las contempla de forma regular.

Diferentes corrientes de pensamiento y escuelas cientificistas han prevenido de los riesgos que pueden correr aquellos que consumen pornografía, ya que en la actualidad se acepta casi de forma unánime la existencia de los trastornos conductuales y comportamientos viciados que desarrollan quienes consumen compulsivamente productos que provienen de la industria pornográfica. A su vez, algunos colectivos denuncian la violencia de género que promociona la pornografía, olvidando a veces que esta característica puede encontrarse también en una porción considerable  de la publicidad y en una parte alarmante de las relaciones humanas, ya sean relaciones conyugales o de cualquier otro tipo.

Revista erótica "Pen", Nº 31 (años 70 y 80). Fuente

Revista erótica “Pen”, Nº 31 (años 70 y 80). Fuente

Sin duda, la pornografía podría definirse como la comercialización de imágenes de carácter sexual. La distribución y el consumo de productos provenientes de la industria pornográfica ha crecido de forma rápida, llegando en las últimas cuatro décadas a estar presente en la vida de millones de personas gracias a la difusión que ofrecen los nuevos medios tecnológicos. Este crecimiento progresivo ya fue llamativo a lo largo de los años 70, llegando a aumentar los puntos de venta de material pornográfico de 18 a 400 establecimientos tan solo en la ciudad de Los Ángeles. Por otra parte, debemos resaltar que esta industria, como casi cualquiera que se precie, ha sabido adaptarse a todas las transformaciones y formatos audiovisuales que han surgidos desde el principio de la década de los 90, aprovechándose de innovaciones consecutivas como la foto en color, luego el vídeo y más recientemente de la fibra óptica.

¿La naturaleza pornográfica es un fenómeno exclusivo de las sociedades post-modernas o podemos encontrar manifestaciones sexuales parecidas en otros momentos históricos?

Dicha pregunta resulta difícil de contestar si pensamos en la facilidad de cambio que posee cualquier fenómeno social. Además, para añadir más dificultad al asunto, lo que hace algunas décadas podía despertar la vergüenza y el rechazo mayoritario de la sociedad, hoy pasa desapercibido hasta el punto de no reconocerse los cambios y variaciones que experimenta un fenómeno a lo largo del tiempo. Por supuesto, si buscamos entender lo pornográfico como arte en sí mismo, existen claras evidencias históricas donde encontramos escenas y representaciones de naturaleza sexual que, en el momento y el contexto social en el que vieron la luz, fueron consideradas inmorales, malas para el espíritu y censuradas de inmediato, fuese cual fuese el formato o soporte de estas producciones artísticas: pinturas, esculturas, fotografías, obras teatrales, musicales o literarias.

Eadweard Muybridge: mujer caminando con una caña de pescar (1887). Fuente

Eadweard Muybridge: mujer caminando con una caña de pescar (1887). Fuente

Un ejemplo de la obscenidad sexual en el arte es el de las revistas eróticas que surgieron en Francia a partir del año 1880 gracias a la invención de la impresión a medio tono. Dichas revistas incluían fotografías de modelos desnudas, tanto en la portada como en las páginas interiores. Aunque actualmente este tipo de publicaciones no serían consideradas impactantes, fueron bastante escandalosas para la época, por lo que tuvieron que hacerse pasar por revistas de arte que reivindicaban el culto al naturalismo. La invención de este formato contribuyó a la creación de la pornografía del siglo XX, permitiendo que la difusión de dichas imágenes eróticas se convirtiesen en un fenómeno de masas, ya que eran fácilmente accesibles.

En este sentido, la consideración de lo que debe ser definido como pornográfico no se limita tan solo al hecho de que estemos tratando un producto creado para venderse y comprarse, sino que también tiene mucho que ver con la propia historia de la censura y de lo que se consideró y se considera insultante. De igual manera, el examen de lo que es sancionable jurídicamente tampoco resulta crucial para hacer una definición justa de lo que es llamado pornografía, pues en numerosos países ya no es un crimen, consiguiéndose así la legitimidad dada por los poderes con capacidad de censurar, pero sin liberarse de las sanciones sociales que pueden ejercer numerosas mentalidades.

En conclusión, el objetivo de la pornografía es mostrar la sexualidad con todo lujo de detalles, haciendo deseable al gran público todo un conjunto de prácticas sexuales atrayentes y comercializando un producto sin añadir cualquier otra referencia: no suele abordarse ninguna intención pedagógica, ni de enseñanza médica. A diferencia de lo que ocurría en otros momentos históricos, el erotismo que contiene la pornografía tampoco suele relacionarse con otras disciplinas, como podrían ser las Bellas Artes.

Durante casi todo el s. XX, la desnudez y el placer carnal ajeno a las relaciones formales de pareja han sido a veces poco aceptadas e incluso castigadas. mientras que en los últimos tiempos, el acto sexual desprovisto de amor se presenta como una alternativa atractiva, alcanzable e incluso más compatible con el mundo actual, en el cual las relaciones personales suelen ser efímeras y poco duraderas. A menudo la industria pornográfica potencia la representación del sexo sin otro motivo que no sea la propia estimulación sexual y sensorial que desea el consumidor, quien disfruta con la visualización de contextos algo artificiales pero cada vez más deseados y admitidos socialmente.

Bibliografía|

ARCAND, BERNARD., “El jaguar y el oso hormiguero: Antropología de la pornografía”, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1993

KRONHAUSEN, PHYLLIS y EBERHARD, “Pornography and the Law. The Psychology, Erotic Realism and Pornography”, New York, Ballantine Books, 1959

SONTAG, SUSAN., “The Pornographic Imagination”, Partisan Review, XXXIV, Nº 2, 1967

“The Sociology of the Pornography Debate”, Philosophy of the Social Sciences, Nº 17, 1987

 

 

Redactor: Adrían Caballero Escobar

Graduado en Antropología Social y Cultural. Redactor habitual en Témpora Magazine y The Social Science Post. Colaborador del grupo de investigación HUM – 411. Ámbito de interés: Antropología del Territorio y Desarrollo e Intervención Social.

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