La muerte del guerrero: estelas y espadas en Tarteso

Probablemente sepa ya a estas alturas que El Señor de los Anillos, la obra más famosa de J. R. R. Tolkien, está plagada de referencias a los mitos indoeuropeos y de tradición nórdica. Lo que quizás no sepa es que esta filiación no sólo tiene claros vínculos con la literatura medieval, sino con toda una serie de prácticas que han dejado huella arqueológica hasta nuestro días. Un claro ejemplo de ello sería el improvisado ritual que recibe Boromir en la primera de las entregas al ser montado sobre un pequeño bote acompañado de su panoplia bélica y dejado ir río abajo. Esta escena guarda claras similitudes con hallazgos como el de Ardnamurchan, en Escocia, donde un equipo de investigadores halló hace escasos años a un individuo yaciendo sobre una barca acompañado de una espada, una lanza y un escudo. Sin embargo, esta práctica no arranca en época nórdica, ni tampoco es ajena a otras zonas más allá del área de acción de las poblaciones vikingas. Por numerosos ríos de la fachada atlántica europea se han venido hallando espadas y escudos cuyas cronologías oscilan entre mediados del IV milenio antes del presente (AP) y comienzos del III milenio AP, incluida Tarteso. Pero vayamos por partes.

Recreación del estado original del enterramiento vikingo hallado en Ardnamurchan (Escocia). Fuente

Recreación del estado original del enterramiento vikingo hallado en Ardnamurchan (Escocia). Fuente

Todo amante de la arqueología tartésica seguro que ha oído hablar de sus estelas. Monolitos de variado tamaño que tienen grabadas sobre sus superficies una panoplia de armas las más de las veces acompañada de un guerrero representado de manera esquemática. En otras ocasiones, las estelas muestran figuras femeninas con un gran tocado que se han interpretado como pareja de aquéllos. Tan sólo en una ocasión ambas figuras aparecen sobre el mismo soporte. Se trata de la ya famosa estela de Almadén de la Plata (Sevilla). Sin lugar a dudas, este tipo de piezas se ha convertido en un auténtico fetiche dentro de la protohistoria del suroeste peninsular. De una parte por lo evocador de sus representaciones, de otra por la dificultad que plantea atribuirles un contexto claro. Sin embargo, el número de las que se conocen no es el principal problema, ya que son más de cien las que se han publicado hasta la fecha repartidas principalmente entre Extremadura y Andalucía. Gracias a que se ha podido identificar, no sin dudas en varias ocasiones, qué tipo de objetos aparecen grabados en su superficie, se han podido realizar dataciones tomando como paralelos esos mismos elementos en contextos estratigráficos cerrados. Así, se ha venido barajando una cronología amplia que oscilaría entre el 3200 y el 2600 AP. Estas dataciones han servido, entre otras cosas, para barajar que las estelas sin representaciones humanas serían más antiguas al entroncarlas con las estelas alentejanas fechadas en torno al 3500 AP y que de igual manera presentan una panoplia armamentística datable en la Edad del Bronce. Por su parte, los grabados con figuras antropomorfas podrían ser periodizados en época colonial, una vez que los fenicios habían empezado a establecer sus factorías en la Península Ibérica.

Ahora bien, si no hay un claro acuerdo sobre sus dataciones, tampoco lo hay sobre qué representan. Las más antiguas estelas, caracterizadas por ausencia de figuras humanas, tienen dispuestas las armas del mismo modo que si el propio monolito fuese el cuerpo de un guerrero, al estilo de las estelas alentejanas de anterior cronología. Por su parte, en un tiempo posterior, el antropomorfo se hace explícito en la escena, acompañándose de una panoplia alrededor de su cuerpo. En otras ocasiones, las representaciones son especialmente complejas, apareciendo más de un individuo de diferentes tamaños, lo que en ocasiones trae de cabeza a los investigadores al dificultar el poder dar una interpretación coherente para todas las estelas más allá de lo que parece que representan en sus escenas unas y otras. De igual modo, buena parte de los arqueólogos asume que la sociedad de finales del IV milenio AP presenta características propias de una incipiente jefatura en contacto con poblaciones del Atlántico y del Mediterráneo oriental en una suerte de comercio precolonial. De estar estos autores en lo cierto, los objetos representados en las estelas, tanto de tradición atlántica como mediterránea, podrían estar engalanando y, por tanto, haciendo marcar las diferencias, a personajes de alto rango de la sociedad tartésica. En otras ocasiones, otro grupo de investigadores considera que dichos personajes no son sino divinidades cuyos nombres se nos escapan.

Estela de Ategua. Fuente

Estela de Ategua.
Fuente

Es dentro de este intrincado puzzle donde cobra especial importancia la estela de Ategua (Córdoba). En su superficie aparece representado un personaje de pie que ocupa la mitad de dicha estela con lanza, espada, peine y espejo junto a su brazo derecho, y a su izquierda un escudo. Bajo él, lo más interesante para nuestro propósito, es que un individuo yace aparentemente fallecido sobre una pira o una esterilla y junto a este, un cortejo fúnebre de posibles plañideras o danzantes, así como un personaje junto a un carro. La escena podría interpretarse perfectamente como un ritual funerario a la luz de los paralelos históricos y antropológicos que conocemos en otras muchas culturas. ¿Podrían interpretarse estas estelas como cipos funerarios que recuerdan el lugar en el que se encontraron algún día las cenizas del difunto? Hasta el momento conocemos escasísimas referencias a marcas cenicientas en torno a estos monumentos que han venido siendo interpretadas como las del personaje en cuestión. No obstante, estudios realizados a los restos de huesos calcinados encontrados en torno a la estela de Cerro Muriano I, también en la provincia de Córdoba, han mostrado que dichos restos pertenecen a animales, que en caso de tener relación directa con las estelas, podrían estar indicando la realización de ofrendas en torno a estos monumentos. ¿Se trata por tanto de verdaderos cipos funerarios o de monumentos memorísticos? La pregunta no parece en absoluto fácil de responder. Sin embargo, en paralelo a estas estelas, otros objetos nos indican posibles prácticas funerarias de estas u otras poblaciones que habrían habitado en el suroeste de la Península Ibérica en la transición del IV al III milenio AP: las espadas.

Conjunto de armas procedentes de la Ría de Huelva. Fuente

Conjunto de armas procedentes de la Ría de Huelva. Fuente

El hallazgo de espadas en los ríos, en especial en sus desembocaduras y sus vados, es una constante en toda la fachada atlántica europea. No obstante, no es el único sitio donde aparecen. Las acumulaciones de armas suelen documentarse también ocultas en tierra. En el primer caso, suelen aparecer en zonas de estuario y en zonas de paso de los ríos, como acabamos de mencionar; mientras que los conjuntos localizados en tierra lo hacen en cruces de caminos o pasos de montaña. Bien podría tratarse no sólo de cruces físicos, sino de cruces simbólicos entre el mundo terrenal y el más allá. Quizás no sea casualidad, por lo tanto, el hecho de que las estelas también aparezcan siempre en cruces de caminos. Espadas y estelas responderían así a una constante a lo largo de la historia, ya que situar necrópolis y monumentos memorísticos en zonas de paso tenía como finalidad conseguir que el recuerdo de los fallecidos perdurase entre los vivos. Todos estos datos se ven además refrendados si tenemos en cuenta que en toda esta franja atlántica no existen datos arqueológicos que expliquen de otro modo cómo pasaban a mejor vida los individuos de las sociedades de finales del IV milenio AP. Idénticas conclusiones podemos aplicar a los hallazgos puntuales o en depósitos de conjunto de armas inutilizadas en origen en las grietas de las rocas. En todos los casos parece que estamos ante amortizaciones de objetos de valor social como símbolo de rango y de la propia esencia de su propietario; de ahí que las espadas se arrojen a las aguas.

Quizás con estos datos pueda entenderse mejor no sólo el porqué de que Arturo, en otra historia de tradición medieval europea, pudiera sacar la espada del yunque en que se encontraba aprisionada; sino el porqué de que tras perder la hoja durante la batalla, consiguiese extraer de las aguas junto a Merlín la famosa Excalibur. La esencia del verdadero merecedor de una espada constreñida en la propia hoja. El destino del guerrero unido a la de su espada. Investigar para creer.

Bibliografía|

BENDALA GALÁN, M., “Notas sobre las estelas decoradas del suroeste y los orígenes de Tartessos”, Habis 8: 177-205. Sevilla.,1977.

GARCÍA SANJUÁN, L.; WHEATLEY, D. W.; FÁBREGA ÁLVAREZ, P.; HERNÁNDEZ ARNEDO, M. J.; POLVORINOS DEL RÍO, A., “Las estelas de guerrero de Almadén de la Plata (Sevilla). Morfología, tecnología y contexto”, Trabajos de Prehistoria 63, 2: 135-152. Madrid, 2006.

MURILLO REDONDO, J. F.; MORENA LÓPEZ, J. A.; RUIZ LARA; D., “Nuevas estelas de guerrero procedentes de las provincias de Córdoba y Ciudad Real”, Romula 4: 7-46. Sevilla, 2005.

RUIZ-GÁLVEZ PRIEGO, M. (ed.), “Ritos de paso y puntos de paso. La Ría de Huelva en el mundo del Bronce Final europeo” (Complutum Extra 5), Madrid: Universidad Complutense de  Madrid, 1995.

RUIZ-GÁLVEZ PRIEGO, M., “La Edad del Bronce en la Europa Atlántica. Un viaje a los orígenes de Europa occidental“, Barcelona: Crítica. 1998.

Redactor: Álvaro Gómez Peña

Licenciado en Historia en la Universidad de Sevilla. Actualmente soy investigador predoctoral del Departamento de Prehistoria y Arqueología de dicha institución. Miembro del Grupo de Investigación 'TELLUS. Prehistoria y Arqueología en el Sur de Iberia (HUM-949)'. En él desarrollo mi trabajo centrado en el conocimiento y divulgación de la religión y la historiografía de la Prehistoria Reciente.

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1 Comentario

  1. Enhorabuena Álvaro, me ha encantado el artículo y la forma en que lo has planteado ;)

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