Historia de los gitanos (I). La llegada de los gitanos a los reinos hispánicos

Iconografía más antigua de los gitanos en España, perteneciente a la Comedia 'Aurelia', publicada en 1564 por Juan de Timoneda en Valencia. Fuente.

Iconografía más antigua de los gitanos en España, perteneciente a la Comedia ‘Aurelia’, publicada en 1564 por Juan de Timoneda en Valencia. Fuente

Introducción

En las siguientes líneas trataremos de arrojar luz sobre la problemática de la llegada de los gitanos a los reinos hispánicos. Antes que nada, hemos de tener en cuenta que la consideración y la definición de los gitanos no han sido siempre las mismas ni han permanecido estáticas a lo largo del tiempo; de hecho, las protestas protagonizadas por diversas asociaciones Rroma en 2015 obligaron a matizar la voz ‘gitano‘ en el DRAE actual. Esta cuestión nos pone sobre la pista de un hecho insalvable a la hora de afrontar esta tarea, a saber, que la historia de los gitanos ha de reconstruirse a base de fuentes primarias exógenas a este colectivo. Podrán ser cartas de seguro, documentos legislativos, actas de las Cortes, correspondencia privada… pero siempre escritos por manos de gachés. En esta línea, encontramos la primera definición oficial en España del gitano  en el Tomo IV del Diccionario de Autoridades (1734):

“GITANO, NA. s. m. y f. Cierta classe de gentes, que afectando ser de Egipto, en ninguna parte tienen domicilio, y andan siempre vagueando. Engañan a los incautos, diciéndoles la buena ventura por las rayas de las manos y la phisonomía del rostro, haciéndoles creer mil patrañas y embustes. Su trato es vender y trocar borricos y otras bestias, y a vueltas de todo esto hurtar con grande arte y sutileza. Latín. Cingarus. CERV. Nov. 1. pl. 1. Los Gitanos y Gitanas parece que solamente nacieron en el mundo para ser ladrones.”

Ya habrá ocasión de hablar sobre cuestiones de identidad y centrar el foco en este colectivo. Por el momento, veremos diversos aspectos que tienen que ver con la llegada de los rroma a los reinos hispánicos y con la suerte que estos vinieron a correr. Para ello, utilizaremos tanto los trabajos que diferentes autores han realizado sobre el tema como diversas fuentes primarias de carácter legal fundamentalmente.

La llegada de los gitanos a España

Si tenemos en cuenta los estudios filológicos realizados, podemos aceptar la hipótesis referente al origen primigenio de los gitanos situado al norte de la India, desde donde partirían hacia el siglo X. Sus primeras huellas en Europa se dejaron ver en el siglo XIV; a lo largo de la siguiente centuria siguieron avanzando en cuadrillas a cuya cabeza se situaba un vaivoda, un patriarca o un conde o duque de la Pequeña Egipto[1].

Salvoconductos y Cartas de Seguro

La presencia de los grupos gitanos en la Península Ibérica se constata por vez primera en tierras del Reino de Aragón, a través de una Carta de Seguro entregada por Alfonso El Magnánimo al conde Tomás de la Pequeña Egipto en el año de 1425, en la que el egipciano y su séquito son considerados penitentes, honrada gente que se ha visto obligada a huir por la causa turca y que se dirigían, para redimirse, en romería camino de Santiago de Compostela[2]. Es probable que poco después pasaran a territorios castellanos donde, gracias a los salvoconductos que obtendrían de las diferentes autoridades de las ciudades y poblaciones, irían errando de aquí a allá. Sabemos que en la segunda mitad del s. XV algunas familias habían llegado ya a Andalucía y que para entonces aún eran recibidos con toda clase de honores. Así aparece narrada la llegada y recibimiento de los gitanos por parte del duque de Iranzo en Jaén el año de 1462:

A veynte e dos días del mes de noviembre deste año llegaron a la dicha çibdat de Jahén dos condes de la pequeña Egipto, que se llamaban el uno don Tomás e el otro don Martín, con fasta cient personas de onbres e mujeres e niños, sus naturales e vasallos, los quales los avían seydo conquistados e destruidos por el Grant Turco. E porque después de ser conquistados paresçe ser que negaron nuestra Santa fe, avía buenos días que, por mandado de nuestro muy Santo Padre, andavan por todos los reynos e provincias de la cristiandad faciendo penitencia. E como llegaron a la ciudad de Jahén, el señor Condestable los recibió muy honorablemente, los mandó aposentar e facer grandes corras. E quince o veynte días que estuvieron con él, continuamente les mandó dar a todos las cosas que ovieron menester, a ellos e a toda su gente, de pan e de vino e carne e aves e pescados e frutas e paja e cevada abundantemente. E muchos días los dichos condes comieron con él e con la señora condesa su muger. E al tienpo que se quisieron partir, mandóles dar de su cámara muchas sedas e paños de que vistiesen, e buena copia de enrriques para su camino. E salió con ellos quanto media legua fuera de la dicha çibdad de Jahén, por manera que los dichos condes partieron dél muy contentos y pagados, loándose e maravillados mucho de su grant liberalidad e franqueza”[3].

El documento por sí mismo es muy elocuente y nos pone de relieve un hecho muy significativo, a saber, el sentimiento de hermandad, de parentesco estamental y el peso de la sangre noble, que va más allá de los conceptos de Estado o fronteras nacionales, tan propios de la Edad Moderna, y que se da durante buena parte del siglo XV para con los gitanos, no solo en España sino en todos aquellos lugares donde van dejando huella a lo largo de su éxodo por Europa. Es decir, los nobles y las altas dignidades los trataban como a iguales en este primer momento.

Ocho años más tarde, el duque de Iranzo recibe, ahora en el castillo de Andújar, la visita de una nueva comitiva de gitanos, esta vez “un caballero que se llamava el conde Jacobo de la Pequeña Egipto, con su muger la condesa que llamaban doña Loysa, e con fasta çinquente personas, onbres e mugeres e niños, que traya en su compañía”[4]. El conde Jacobo “traya una carta del dicho señor rey, por la qual su alteza enbiava mandar a todos los grandes e súbditos e naturales destos sus reynos que oviesen recomendado al dicho conde Jacobo, e la hiciesen toda onor e buen acogimiento”, por lo que “el dicho señor Condestable (…) le fizo mucha onra” y, tras cinco o seis días, “el dicho conde e todos los que con él venían se partieron dél muy contentos y alegres, loándose mucho del dicho señor Condestable, de las grandes ayudas y mercedes que dél avían reçebido”[5]. Tal vez, este conde Jacobo fuese el mismo que en 1480 recibió de manos de los Reyes Católico un salvoconducto, nuevamente bajo el fondo de la peregrinación a Santiago, para que él y los suyos “pudiesen ondar seguramente por cada vna de las dichas çibdades e villas”[6] que tuviesen que atravesar, en las que enseñarían dicho salvoconducto a las justicias, beneficiándose con poder, por ejemplo, aplicar su propia jurisdicción dentro de su grupo[7].

De la edad de oro a la leyenda negra: Medina del Campo (1499)

Aunque, en 1491, el rey Fernando entregó tres Cartas de Seguro en las que se declaraba su vigor y duración por quince años a los Condes Jácome, Felipe y Luis de Egipto la Menor, los cuales iban en peregrinación a Santiago de Compostela con sus familiares, criados y compañías[8], estas y todas las demás aún vigentes quedaron suspendidas tras la promulgación de la Pragmática Sanción fechada en 4 de marzo de 1499. Esta impera:

Vosotros e cada uno de vos [los egipcianos] byvays por officios conocidos de que mejor supieredes aprovechar, estando de estada en los lugares donde acordades de assentar o tomedes bivienda de señores a quien sirváys, que vos den lo que ovieredes menester, e no andéys mas juntos vagando por estos nuestros reynos como agora lo hazeys, o dentro de otros sesenta dias después primeros siguientes salgáys de nuestros reynos e no bolváys a ellos en manera alguna”[9]; a los contraventores les esperan duras penas: “cien açotes por la primera vez e le destierren perpetuamente destos nuestros reynos. E por la segunda vez, que vos corten las orejas e esteys sesenta dias en la cadena e torneys a ser desterrados como dicho es. E por la tercera vez seays cativos de los que os tomaren, por toda vuestra vida”[10]. En definitiva, se conmina a los gitanos a tomar oficio y vivienda fija o a servir al señor que los tome bajo su protección, debiendo en caso de disconformidad y desacatamiento de la ley abandonar las tierras castellanas bajo la amenaza de terribles castigos corporales y destierro.

Pragmática Sanción de 1499 promulgada en Medina del Campo. Fuente.

Pragmática Sanción de 1499 promulgada en Medina del Campo. Fuente

Pocos años después, en los Fueros de Aragón encontramos un precepto del propio Fernando el Católico en las Cortes de Monzón (1510) por el que destierra a los “bohemianos” no sedentarios[11]. En Cataluña encontramos la primera disposición de esta naturaleza en la pragmática dictada por Germana de Foix en las Cortes de Monzón (1512)[12]; en 1542, el Emperador recordó en aquella ciudad la Constitución de doña Germana[13]; de la misma forma, en las Cortes de Monzón de 1553 se recapituló todo lo legislado sobre los gitanos para Cataluña, Rosellón y Cerdaña[14]. Será por estas fechas cuando comience el largo andar de la negra historia de los gitanos en los reinos hispánicos, reconstruida, a falta de las necesarias fuentes propiamente rroma, siempre desde la contraria y antitética visión de los gachós.


[1] Varias regiones de Grecia y Asia menor eran denominadas con este nombre. Probablemente se trate de la ciudad turca de Izmit, en la costa del Peloponeso. En LEBLON, B., Los gitanos de España”, Barcelona: Gedisa, 2001, pp. 11-12.

[2] LEÓN BORJA, I. S.: “Consideraciones sobre las cartas de seguros húngaras e hispanas a favor de los egipcianos”, en La España Medieval, nº28 (2005), pp. 214-216.

[3] He tomado la transcripción documental de MARTÍNEZ DHIER, A., “Los gitanos en Andalucía en el Antiguo Régimen: de peregrinos a marginados”, en GARCÍA CASTAÑO, F.J. y KRESSOVA, N. (coords.), Actas del I Congreso Internacional sobre Migraciones en Andalucía, Granada, 2011, p. 2108.

[4] Capítulo XLII, año de 1470, tomado de MARTÍNEZ DHIER, A., “Los gitanos en Andalucía…”, op.cit., p. 2109.

[5] Idem.

[6] AGS, Registro General del Sello, leg. 1480, nº9, f. 152, tomado en idem.

[7] Señala León Borja que la entrega de este salvoconducto responde, cuando todavía no se duda del verdadero origen noble de estos egipcianos, a una estrategia por parte de Fernando el Católico para atraerse a posibles aliados frente a la guerra contra el Turco. Por otra parte, aunque las Cartas de Seguro no conceden la impunidad ante la ley a sus beneficiarios, desde época de Juan II se elevan quejas ante el hecho de que personas de diferentes nacionalidades se unían a los egipcianos por reconocérseles el derecho de aplicación de la propia jurisdicción a los Condes y Duques de la Pequeña Egipto sobre sus familiares y acompañantes, sirviendo además como escudo protector ante la acción de la Santa Hermandad. En LEÓN BORJA, I. S., “Consideraciones sobre las cartas…”, art. cit., pp. 218-220.

[8] Idem.

[9] Novísima Recopilación de las leyes de España, ley 12, tít. II, libro 8 R, apud. SÁNCHEZ ORTEGA, M. H., “Documentación selecta sobre la situación de los gitanos españoles en el siglo XVIII”, Madrid: Nacional, 1977, p. 30.

[10] Idem.

[11] CASADO, J., “Los gitanos de España bajo Carlos I”, Chronica Nova, nº 4-5, (1969), p. 190.

[12] En la Biblioteca del Palacio Real de Madrid se conserva el libro Constitucions fetes per la molt alta senyora reyna dona Germana, consort e lochtinent general del serenissimo e catholich, princep, lo senyor don Ferrando, rey de Arago, de les dos Sicilies etc., en la sizena cort de Cathalunya celebrada a tots los regnes deça mar en la vila de Montso en lany Mil D e dotze. Para su libre consulta: “De la expulcio dels boemians. [Se declara la expulsión de los gitanos, también llamados ''bohemianos, griegos o egipcios'' del Principado de Cataluña y condados de Rosellón y Cerdaña, por vagabundos y ladrones, en un plazo máximo de dos meses tras la publicación de las constituciones, y si alguna de estas personas es encontrada en el principado y condados, al término de ese plazo, reciba pena de azotes y sea expulsado]. Ca. XVII. Cortes de Monzón de 1512”, en Legislación Histórica de España [base de datos en línea] 4ª ed. Julio 2010, disponible en la WEB http://www.mcu.es/archivos/lhe/servlets/VisorServlet.jsp?cod=028081

[13] CASADO, J.: “Los gitanos…”, op. cit., p. 192.

[14] Idem.

Bibliografía

LEBLON, B., “Los gitanos de España“, Barcelona: Gedisa, 2001.

LEÓN-BORJA, I.S., “Consideraciones sobre las cartas de seguro húngaras e hispanas a favor de los egipcianos”, La España Medieval, nº 28, 2005.

MARTÍNEZ DHIER, A., “Los gitanos en Andalucía en el Antiguo Régimen: de peregrinos a marginados”, en GARCÍA CASTAÑO, F. J., y KRESSOVA, N., (coords.), Actas del I Congreso Internacional sobre Migraciones en Andalucía, Granada: Universidad de Granada, 2011.

MORENO CASADO, J., “Los gitanos de España bajo Carlos I”, Chronica Nova, nº 4-5, 1969.

SÁNCHEZ ORTEGA, M. H., “Documentación selecta sobre la situación de los gitanos españoles en el siglo XVIII”, Madrid: Nacional, 1977.

Webgrafía

Legislación Histórica de España [base de datos en línea], 4ª ed., Julio 2010. En lace web: http://www.mcu.es/archivos/lhe/

Redactor: Daniel Rodas León

Graduado en Historia y titulado en el MAES por la US, aficionado paleógrafo e interesado en la historia de las mentalidades y la social, especialmente de los marginados.

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4 Comments

  1. la figura con texto “Pragmática Sanción de 1499 promulgada en Medina del Campo.” no puede ampliarse

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    • En cualquier caso, es un documento que está digitalizado y que puede encontrarse en la web del Ministerio de Cultura, incluso en google imágenes.

      Un saludo.

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  2. Interesante introducción histórica. Espero la continuación. Si puede contactarme, md gustaría comentarte. Gracias

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    • En diciembre continuamos con el tema. Gracias por tu interés.

      Un saludo.

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