La huella templaria: La Orden del Temple en la Península Ibérica

Las órdenes militares surgen, como ya se ha visto en el caso de la Orden de Santiago, para garantizar la peregrinación a los Santos Lugares, tanto proporcionando seguridad a los peregrinos como conquistando dichos Lugares para la Cristiandad.

Iglesia del Santo Sepulcro (Jerusalén). Fuente.

Iglesia del Santo Sepulcro (Jerusalén). Fuente.

De entre estos lugares, el más significativo era y es Jerusalén. Allí se encuentra nada menos que el Santo Sepulcro, entre otros importantes monumentos. Sin embargo, esta ciudad ha estado siempre disputada por diferentes cultos y pueblos que han visto en ella un símbolo. Por ello, las órdenes militares ganan su razón de ser cuando la Europa cristiana decide recuperar sus Santos Lugares de manos de, principalmente, los turcos selyúcidas, y de paso focalizar sus ansias expansivas. Así surgieron las Cruzadas, organizándose hasta ocho —cuatro de mayor importancia —entre los siglos XI y XIII. Durante este proceso se crearon diversos Estados en territorio asiático, destacando el reino de Jerusalén, finalmente perdido a manos árabes en el siglo XIII.

Pintura que representa a Hugo de Payns. Fuente.

Pintura que representa a Hugo de Payns. Fuente.

La Orden del Temple es fundada en 1119 en Jerusalén por Hugo de Payns (aprox. 1070-1136) bajo el nombre de los Pobres Caballeros de Cristo. Fueron nueve caballeros los que fundaron la Orden, centrada en aspectos militares (en contraste con el Hospital de San Juan —función hospitalaria— y la Orden del Santo Sepulcro, de función litúrgica).  Sin embargo, no fue hasta diez años más tarde que fue reconocida por la Santa Sede, recibiendo también su primera Regla. Con Payns como primer maestre, comenzaron una intensa y exitosa labor de búsqueda de caballeros en Europa Occidental.

La organización templaria comenzó entonces a crecer rápidamente, recibiendo toda clase de donaciones y privilegios en Occidente. Sus territorios se organizaron en encomiendas, unidades de producción cuyo objetivo era autoabastecerse y mantener la lucha en Tierra Santa. Contaron, además, con exenciones fiscales, derechos exclusivos y bulas papales que les aventajaron enormemente. Sus principales actividades económicas fueron el comercio y la banca. En cuanto al comercio, poseían una flota de barcos en el Mediterráneo que no sólo transportaban sus excedentes a Tierra Santa, sino que los comercializaban. En el aspecto financiero, aunque no fueron la mayor red de ‹‹bancos›› de la época, fueron de gran importancia, realizando préstamos y sirviendo de depósito para riquezas de nobles y reyes.

Grabado que representa la ejecución de  Jacques de Molay. Fuente.

Grabado que representa la ejecución de Jacques de Molay. Fuente.

Los hechos que condujeron a la caída definitiva de Jerusalén en 1291 deterioraron la fama del Temple (y también del Hospital), y dejó a los templarios aislados en Chipre. En este clima de crisis, Felipe IV de Francia (1285-1314) asestó un golpe que destruyó definitivamente la Orden y sus caballeros. Ordenó en secreto la detención de los templarios y la ocupación de sus propiedades para el mismo día a la misma hora. El 13 de octubre de 1307 los templarios de Francia fueron apresados junto con su Gran Maestre, Jacques de Molay. Oficialmente, las razones de la condena fueron las herejías cometidas por los caballeros y su Gran Maestre. Sin embargo, las razones tras la disolución del Temple son, principalmente, económicas.

Por una parte, la crisis económica en Francia en este momento hacía muy deseables las riquezas de la Orden. Por otra, la debilidad del Papa en este conflicto hizo que capitulara y acatara la decisión del rey sin oponerse, otorgando incluso una bula ordenando a los reyes la disolución; y por último, la oportunidad que vieron los monarcas europeos de apropiarse de las riquezas y propiedades de la Orden. Las detenciones, los interrogatorios y torturas se sucedieron hasta conseguir algunas confesiones, y en Francia, donde la persecución del Temple fue más violenta, Jacques de Molay, entre otros, fue quemado en la hoguera, sellando así el destino de la Orden del Temple.

La llegada del Temple a la Península Ibérica

Aunque la razón de ser de los templarios fue la conservación y expansión de los territorios cristianos en Tierra Santa, se vieron también atraídos por la particular cruzada de los reinos cristianos de la Península Ibérica contra los musulmanes. Esta atracción, por supuesto, no era puramente espiritual: los monarcas hispanos proporcionaron tierras y castillos a la Orden para así atraer a sus caballeros. La primera donación que se produjo en la Península fue en Portugal en 1128 (castillo del Soure), y el registro del asentamiento de la Orden en los demás reinos es desigual debido a la presencia o ausencia de documentación.

A pesar de las donaciones y las intenciones de los monarcas de atraerse a la Orden, los templarios no tuvieron una especial prisa en pasar a la acción, y veían los territorios hispánicos más como explotaciones económicas que como campos de batalla. No fue hasta mediados del siglo XII que participaron activamente en la conquista cristiana, aunque de forma desigual: Castilla y León favorecieron a las órdenes nacionales (Santiago, Alcántara y Calatrava) más que a las internacionales, mientras que Aragón y Portugal requirieron más de su presencia.

La Orden en los reinos de Castilla y León

La primera donación al Temple en este territorio es de mediados del siglo XII, durante el reinado de Alfonso VII el Emperador (1126-1157), aunque la mayor data de 1149, cuando Alfonso VII cede a la Orden una fortaleza cerca del camino entre Toledo y Córdoba, con el objetivo de proteger Calatrava. Sin embargo, los templarios devuelven el territorio al monarca aduciendo que carecían de recursos suficientes para defender el lugar con éxito, provocando la creación por parte del monarca de la Orden de Calatrava.

En 1157, al morir el rey, los reinos de Castilla y León se dividen de nuevo entre sus hijos. En el caso de Castilla, el fiasco de Calatrava impidió un mayor desarrollo de la Orden, aunque tuvo una cierta implantación. Participó en la conquista de la Sierra de Gata extremeña, aunque la profundidad de dicha participación es poco clara. Además, el empuje almohade hizo que la Orden abandonara sus territorios en esta zona, recuperándolos más adelante en forma de conventos no militares (ya que la función militar fue desempeñada por las órdenes hispánicas).

Castillo de Montalbán, principal sede templaria del reino de Castilla. Fuente.

Castillo de Montalbán, principal sede templaria del reino de Castilla. Fuente.

La mala situación de la Orden en Castilla mejoró con la llegada del siglo XIII, ya que participó junto a Alfonso VIII (1158-1214) en la famosa batalla de las Navas de Tolosa (1212), y participó también en la conquista del reino de Toledo. Su base de operaciones fue Montalbán, que se convirtió en la mayor fortaleza templaria en el reino castellano, no pudieron progresar hacia el Sur por el avance de las órdenes hispánicas. Esta situación cambiará durante el siglo XIII, ya que Alfonso X utilizó los servicios de la Orden en sus conquistas, llegando sus territorios hasta Murcia.

En el reino de León las circunstancias fueron más favorables que en Castilla, principalmente porque el fracaso de Calatrava no pesaba sobre la Orden. En esta línea, el Temple recibió territorios como Ponferrada, y según el Tratado de Tordehumos (1194), se le confirmaron cinco castillos en el reino. La reunificación castellanoleonesa terminó con esta evolución dispar, que dejó una organización templaria más articulada en León que en Castilla.

La Orden en la Corona de Aragón

Castillo de Granyena, primera encomienda templaria de Cataluña. Fuente.

Castillo de Granyena, primera encomienda templaria de Cataluña. Fuente.

1131 fue el año en que Ramón Berenguer III, Conde de Barcelona, cede el castillo de Granyena a la Orden del Temple, siendo el primer lugar donado a la Orden en territorio catalano-aragonés. Se sucedieron las donaciones, e incluso recibieron el compromiso por parte de Ramón Berenguer IV de ser bienvenidos en territorio condal, pero la tan ansiada ayuda en la ‹‹reconquista›› por parte de los templarios se hizo esperar. De hecho, sólo fue motivada por la muerte de Alfonso el Batallador (1104-1134), rey de Aragón.

El monarca se encontró en una situación testamentaria complicada, ya que carecía de herederos naturales. Su decisión fue escandalosa para su tiempo, pues donó todo su reino a las órdenes del Santo Sepulcro, el Hospital y el Temple. A pesar de ello, los grandes del reino decidieron nombrar rey al hermano del fallecido, Ramiro I (1035-1063), en aquel momento monje en un convento. Sin embargo, las órdenes no renunciaron así como así a lo que consideraban un testamento perfectamente legal, por lo que Ramón Berenguer IV fue el designado para las negociaciones. En estas, el Temple fue el gran beneficiado, ya que las otras órdenes, representadas por el Hospital, no estaban realmente implicadas en la expansión cristiana.

Castillo de Monzón. Fuente.

Castillo de Monzón. Fuente.

El acuerdo llegó en 1143, y el Temple renunció a su tercio del reino a cambio de importantes territorios (Monzón, Mongay, Chalamera, Remolins, etc.), y de recibir la décima parte de los derechos y censos que el conde recibía, entre otras concesiones económicas. Es por esto que la Orden acumuló una inmensa riqueza en los territorios de la Corona de Aragón, suscitando el temor de la nobleza y los monarcas, si bien también supuso la definitiva implicación de la Orden en la expansión.

La Orden en Portugal

Como ya se ha mencionado, Portugal fue el primer reino en proporcionar donaciones al Temple con la cesión del castillo de Soure en 1128, en un momento de dificultad en la conquista portuguesa. Sin embargo, no fue hasta 1144 que la Orden tuvo una organización como tal en Portugal, participando en la conquista de Santarem y repoblando diversos territorios (Pombar y Tomar, por ejemplo).

Castillo de Soure, primer asentamiento templario de Portugal. Fuente.

Castillo de Soure, primer asentamiento templario de Portugal. Fuente.

La historia del Temple en Portugal es la de una expansión a gran escala, en contraste con su relativa presencia en el resto de la Península Ibérica. Desarrollaron una enorme red comercial, y estaba muy presente en ciudades como Coimbra (capital del reino durante el reinado de Alfonso Enríquez, 1139-1185) y Lisboa. También se dedicaron a la construcción, edificando barrios y casas en los territorios que repoblaron y cobrando censos por su uso. Este gran desarrollo está ligado a la figura de Gualdim Pais (1118-1195), maestre provincial de la Orden en Portugal, fundador de Tomar y un gran constructor. Reconstruyó y construyó diversos castillos y fortalezas, formando un corredor de fortalezas al norte del Tajo (Almourol, Cardiga, Zezere), lo cual fue fundamental para establecer la frontera del reino con respecto a los musulmanes.

A partir de 1172 la irrupción de la Orden del Hospital, de las órdenes propiamente portuguesas (Avis y Évora) y de la Orden de Santiago, frenaron la expansión templaria y perdieron su protagonismo en la conquista del Algarve y del Alentejo.

El fin del Temple en la Península Ibérica

Aunque en Francia la extinción del Temple fue extremadamente violenta, en los reinos de la Península Ibérica la situación fue diferente. En Castilla no fue hasta 1308 que se procedió a la expulsión de los caballeros de sus propiedades, y aún hubo que esperar a 1309 para que se ordenara su paso a manos de la Inquisición, órdenes del Papa mediante. La expansión castellana hizo que Fernando IV no diera demasiada importancia al asunto templario, por lo que incautó sus bienes pero no tomó una decisión rápida con respecto a los miembros de la Orden. En 1310 se convocó en Medina del Campo a todos los templarios de Castilla (que aún eran libres) para interrogarlos antes del concilio que se convocó en Viena poco después, donde se decidiría la suerte de los caballeros. Sin embargo, en un concilio en Salamanca se decidió la absolución de los templarios de la Corona de Castilla.

En Aragón, por otra parte, los templarios se encontraron con Jaime II, quien tomó la decisión de detener a los caballeros del Temple para que declararan ante la Inquisición, causando la rebelión de algunos de ellos que se atrincheraron en varios castillos (Monzón, Chalamera y Cantavieja, entre otros), siendo derrotados meses después. A pesar de todo, el concilio de Tarragona de 1313 los declaró inocentes.

Tanto en Portugal como en Aragón el Temple tuvo una importancia fundamental en el proceso de la expansión territorial cristiana, pero no así en Castilla y en León, donde —sobre todo en Castilla— vivieron el empuje de las órdenes propias y diversos desencuentros políticos. A pesar de ello, el Temple fue, sin duda, una importante fuerza defensiva, constructora y repobladora que ayudó a fabricar el nuevo mapa peninsular que se gestó durante la expansión. Una huella que aún hoy es visible y espera ser descubierta.

Bibliografía|

FOREY, A. J., “The military orders and the Spanish Reconquest in the twelfth and thirteenth centuries”, Traditio, XL. pp. 197-234.

FUGUET, J.; PLAZA, C., “Los Templarios en la Península Ibérica“, Barcelona: ElCobre, 2005.

LADERO QUESADA, M. A., “La formación medieval de España. Territorios. Regiones. Reinos“, Madrid: Alianza, 2006.

MARTÍNEZ DÍEZ, G., “Los templarios en la Corona de Castilla“, Burgos: La Olmeda, 1993.

MITRE, E., “Introducción a la historia de la Edad Media europea“, Madrid: Istmo, 2004.

Redactor: Manuel Muñoz García

Licenciado en Historia y máster en 'Documentos y libros, archivos y bibliotecas' por la Universidad de Sevilla, y actualmente cursando estudios de doctorado en Paleografía en King's College London. Apasionado de la Edad Media y la escritura.

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2 Comments

  1. Revisar el articulo pues hay errores como por ejemplo el hermano del rey de Aragón fallecido durante la toma de Fraga, victima de las flechas musulmanas, no era Ramiro I ya que este que se nombra fue el primer rey aragonés, el nombre correcto es RAMIRO II “el monje” que era el Obispo de la Diócesis de Roda de Isábena (Huesca() comarca de la Ribagorza y al ser clérigo y cojo y tener que colgar hábitos, aun estando vinculado con las ordenes militares, no tenia conocimientos sobre armas y campañas militares por lo que el propioObispo de Huesca y un sin fin de nobles conspiraron y se mofaron de el y este decidió tras aclara la duda decapitarlos y en una red colgar sus cabezas del campanario de la torree en Huesca y es por todos conocido tal hecho comola campana de Huesca,. Su matrimonio dió como fruto a Petronila que siendo niña y algo mayor el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV para unir los condados catalanes con el reino aragonés se concertó un esponsal en Barbastro entre ambos que años mas tarde las bodas se celebrarian en Lerida, pasando el rey a reservarse el titulo de rey para si pero gobernó Aragón el Conde Ramón Berenguer IV y con éxito. Es en ese tiempo en el que el Temple que se encuentra asentado en puntos de Cataluña muy bien considerado y con el reino aragones en su haber, toma iniciativas en una “cruzada” que ya existia en lampeninsula conra el islam y de la que no se habla mencionando solo la primera de 1095-1099 que decretó el Papa Urbano II en el Concilio de Clermont en 1095 con la llamada a una guerra Santa y conquista de Jerusalen—

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  2. En 1212, la fortaleza de Montalbán, no era propiedad templaria. Aunque Alfonso VII, ya les concedió ese territorio hace unos años, la propiedad definitiva del castillo, no se hará efectiva hasta el año 1221. En 1212, el castillo pertenece a Alfonso Téllez de Meneses, para pasar luego a pertenecer a la Orden de Monsfrag, antes llamada de Montegaudio, estando en su posesión hasta 1221, aunque sus propiedades ya habían pasado al Temple por orden del Papa Celestino III

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