La ganadería neolítica de Andalucía occidental: conclusiones de un estudio económico

En el presente artículo expondremos brevemente algunas conclusiones a las que hemos llegado tras estudiar los restos faunísticos hallados en los yacimientos arqueológicos de Cueva de la Dehesilla (Jerez de la Frontera, Cádiz), Cueva Chica de Santiago (Cazalla de la Sierra, Sevilla), Cabezo del Castillo (Lebrija, Sevilla), y Papa Uvas (Aljaraque, Huelva). Yacimientos todos ellos situados en Andalucía occidental y que nos han permitido estudiar la secuencia cronológica completa del Neolítico de la zona.

Atendiendo a los datos numéricos (los cuales obviamos para no extendernos en demasía) que nos aportan los restos faunísticos de los yacimientos citados, tenemos que durante el Neolítico Antiguo existen dos especies claramente dominantes: cerdo y vaca, ambas indicadoras ya de un hábitat sedentario, al menos estacionalmente. Seguidas en importancia por los caprinos (incluso por encima de los bóvidos en la Cueva de la Dehesilla), siempre con mayoría de oveja allí donde ha podido diferenciarse. Pero existe aún una clara preeminencia de la actividad cinegética frente a la productora, explotando todo lo posible el medio que rodea a cada asentamiento, incluso los recursos marinos en el caso de Lebrija (en plena costa del denominado Golfo Tartésico), donde los moluscos son base de la alimentación. Esta cacería viene marcada básicamente por dos especies: conejo y ciervo, dos especies «comodín», puesto que poseen una gran voracidad por las gramíneas, lo que las hace muy destructivas para las cosechas humanas, entrando así en una relación de competencia con el hombre, lo cual justifica su caza. Además, esa apetencia por las cosechas hace que se acerquen a los poblados, por lo que el darles muerte se hace altamente rentable atendiendo a la relación entre las proteínas que aportan a la alimentación y al gasto energético necesario para cazarlas, por lo que la relación de estas especies con el hombre sería de competencia y coevolución positiva mutua.

El Neolítico Medio trae consigo algunos cambios, pues, aunque el cerdo sigue dominando la dieta en la Cueva de la Dehesilla, los caprinos, especialmente la oveja, se van imponiendo, incluso colocándose por encima en la Cueva Chica de Santiago. Ahora la práctica cinegética va perdiendo importancia, a excepción de la Cueva Chica de Santiago, donde quizás por su entorno rico en fauna silvestre, sigue superando a la actividad ganadera durante todo el Neolítico. Especialmente importante puede ser el hallazgo de un más que posible fragmento óseo de perro, precisamente cuando la fauna doméstica se impone, lo que nos lleva a pensar en que esta especie durante el Neolítico tuviese una función de pastor más que de cazador, aunque es posible que un mismo individuo ejerciese ambas funciones (entre otras).

Por último, tenemos un Neolítico Reciente nuevamente diversificado en cuanto a la ganadería de cada yacimiento, pues por un lado tenemos al cerdo imponiéndose definitivamente como dieta en la Cueva de la Dehesilla, los caprinos destacando de forma clara en la Cueva Chica de Santiago y el ganado vacuno dominando en Papa Uvas. Pero aun así, a excepción de Chica de Santiago donde no tenemos datos de existencia de reses para este período, las vacas tienden a aumentar en biomasa representada en el registro arqueológico, haciéndose muy evidente en Papa Uvas.

La caza, aunque sin desaparecer nunca, es ya ínfima en comparación con los datos de animales domesticados, lo que coincide nuevamente con la aparición de numerosos ejemplares de perros, y ahora claramente definidos y en conexión anatómica (lo que descarta también el uso alimenticio de esta especie), apoyando nuestra hipótesis del perro como pastor más que cazador.

Figuritas calcolíticas de marfil de cerdos y bellotas que comparten contexto en el Dolmen de Montelirio (Valencina de la Concepción, Sevilla). Fuente

Figuritas calcolíticas de marfil de cerdos y bellotas que comparten contexto en el Dolmen de Montelirio (Valencina de la Concepción, Sevilla). Fuente

En un sentido global y aunando datos, todo parece apuntar a un Neolítico de Andalucía occidental en el que el ganado se alimentaría en entornos adehesados, como así parece indicarlo la asociación, aunque más tardía, entre cerdos y bellotas que se nos muestra en el Dolmen de Montelirio, donde figuras de marfil de unos y otros comparten contexto, indicando una posible alimentación directa de los animales en encinares. También apunta a favor de este entorno adehesado el tamaño del ganado vacuno detectable al menos para el Neolítico Antiguo y Medio del suroeste peninsular, pues el tamaño de las reses es muy similar al de las actuales vacas marismeñas de Doñana, las cuales pastan en régimen silvestre. Llegado el Neolítico Reciente se hace posible con los denominados fosos en «V» que los animales se recogieran en apriscos, pero esto no elimina la posibilidad de que las cabañas siguieran pastando en espacios abiertos, pues es posible que aquí se protegieran los animales de potenciales depredadores sólo por la noche. En cualquier caso, este uso de los fosos en «V» está por confirmar.

En cuanto a los animales en sí, el cerdo parece que siempre tuvo un uso alimenticio destinado a la carne, habiéndose detectado en Lebrija los restos de un ejemplar subadulto, edad que marca el máximo cárnico de los ungulados, y en Papa Uvas un individuo adulto, aunque de tamaño reducido, de porte esbelto, lo que también apunta en la misma dirección: explotación cárnica de las piaras. Pues mantener vivos a los animales más allá de la edad que marca el óptimo cárnico resulta contraproducente en la balanza energética, ya que se estaría invirtiendo en algo que no sólo no va a dar más rendimiento, sino que incluso puede ir disminuyendo.

Los caprinos del Neolítico de Andalucía occidental también cumplen un patrón de sacrificio por debajo de los cuatro años, tiempo que marca la edad adulta para estas especies, lo que nuevamente nos lleva a pensar en una explotación cárnica de estas especies al menos durante el Neolítico Antiguo y Medio, cuando además se observa una tendencia creciente de las cabras, lo cual indica una potenciación de la musculatura en pro de una mayor explotación cárnica, además de hacer evidente un manejo humano de las mismas, pues la tendencia natural de los herbívoros silvestres ha sido justamente la contraria. Sin embargo, para el Neolítico Reciente esto parece cambiar en lo que respecta a la oveja, en clara mayoría frente a la cabra, puesto que atendiendo a los datos que tenemos para este período, los restos óseos de ovejas pertenecen a ejemplares adultos y muy robustos, es decir, se está potenciando una gran talla, algo que por sí sólo podría hablarnos de una explotación eminentemente cárnica, pero además esto, unido a la proliferación de los llamados «crecientes», unos elementos de barro cocido o secado al sol, de forma arqueada y perforada en sus extremos, nos hace pensar, por su posible uso como pesa de telar, en una explotación de la lana de las ovejas para el Neolítico Reciente de Andalucía occidental.

Ejemplo de «creciente» del Neolítico Final. Fuente

Ejemplo de «creciente» del Neolítico Final. Fuente

Por lo que respecta al ganado vacuno, su explotación durante el Neolítico Antiguo y Medio es predominantemente cárnica, como así lo indica el gran tamaño de las reses, que como ya hemos dicho, son similares a las vacas mostrencas actuales de Doñana. Pero otros datos también apuntan en esta dirección, puesto que en Lebrija los restos estudiados pertenecen a individuos hembra de 3 años de edad, sexo que hace pensar en una explotación cárnica, puesto que para el aprovechamiento lácteo lo ideal es sacrificar a los machos jóvenes, dejando tan sólo algunos destinados a la reproducción, mientras que la edad marca nuevamente un máximo cárnico. Pero esto cambia durante el Neolítico Reciente, cuando comienzan a aparecer en el registro arqueológico reses de tamaño reducido, incluso puede que tratándose de una subespecie desconocida hasta ahora en la Península Ibérica como es el tipo llamado le petit boeuf, o simplemente primando una explotación secundaria que ya no potenciara individuos de gran tamaño. Esta producción secundaria fomentada ahora sería la lechera, pero no disponemos de ningún dato arqueológico que nos avale la existencia de esta producción durante el Neolítico Reciente de Andalucía occidental, puesto que como ya hemos dicho anteriormente, el hecho de que los individuos de pequeño tamaño hallados en Papa Uvas sean hembras adultas simplemente nos está confirmando una obviedad, la necesidad de vacas adultas destinadas a la cría.

En lo concerniente al perro, ya hemos apuntado más arriba que los restos de estos siempre aparecen en un contexto arqueológico de clara mayoría de animales domésticos, lo que nos hace sospechar que el uso que los pobladores de Andalucía occidental harían de esta especie sería preferiblemente para el pastoreo. Aunque es de recibo apuntar que el fragmento óseo aparecido en la Cueva de la Dehesilla, aunque acompañado de una mayoría abrumadora de animales domésticos, también aparece en un momento en que el jabalí aumenta como animal cazado, argumento que nos hace pensar también en su participación, aunque en menor medida, en la actividad cinegética. En cuanto a las posibles razas, hasta el día de hoy no contamos con ningún tipo de análisis al respecto, tan solo pudiendo decir que se han hallado en Papa Uvas (donde tenemos ejemplares completos y en conexión anatómica) dos morfotipos, uno de tamaño intermedio y otro de tamaño reducido pero mayor que Canis familiaris palustris o perro de las turberas.

Otro tema interesante a apuntar es que entre los restos óseos de fauna doméstica hallada no tenemos marca alguna claramente relacionable con el sacrificio de los animales, lo que nos lleva a pensar en el degüello como práctica más común para dar muerte a los individuos, pues esta forma de sacrificio rara vez deja huella en las vértebras del cuello, además de que tenemos múltiples ejemplos etnográficos de pueblos «prehistóricos» actuales que así lo demuestran.

Sí que tenemos algunas huellas dejadas por el procesamiento post mortem de los animales domésticos, tanto para el uso de los huesos como herramientas, caso de algunos extremos de diáfisis de metápodo de caprinos que aparecieron afilados en la Cueva Chica de Santiago; como por acción del fuego por exposición directa de la carne sin deshuesar con el objetivo de asarla para un consumo inmediato o para su posterior conservación, caso de algunos fragmentos óseos hallados en la misma cueva; o marcas dejadas por un posible descuartizado y despellejado, como las vistas en Papa Uvas, donde aparecieron cortados una escápula de cerdo, un húmero de caprino, una falange 1ª y dos metatarsos de vacuno.

En cuanto a posibles consecuencias socioeconómicas, vemos cómo de una economía productora basada en la explotación cárnica de los animales y el aprovechamiento del medio para la caza, la pesca y la recolección de moluscos, se va pasando cada vez más a una explotación más intensiva de las cabañas domésticas, en detrimento de la práctica cinegética, hasta llegar en el Neolítico Reciente a lo que para algunos sería una economía diversificada. Además, se hace observable a partir del tamaño de las reses que las sociedades del Neolítico Reciente posiblemente serían ya comunidades más jerarquizadas, en las que la influencia y el poder de cada persona o familia vendrían dados por las cabezas de ganado que poseyese, de ahí la afluencia y potenciación buscada de vacas de pequeño tamaño y reproducción rápida, incluso pudiendo haber introducido una subespecie con esta característica genética como es le petit boeuf.

En definitiva, unas conclusiones que pueden arrojar algo de luz sobre el ambiente socioeconómico de las poblaciones del Neolítico del occidente de Andalucía, aunque sólo sean a modo de hipótesis, pues el trabajo necesario sobre el tema en nuestra zona de estudio es todavía enorme para comprender, en la medida de lo posible, a estas primeras sociedades productoras que habitaron Andalucía occidental.

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Redactor: Alejandro Pastor Villalón

Licenciado en Historia y máster en Arqueología. Arqueólogo en la Comisión de Patrimonio Histórico de la Ciudad de Arahal.

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