La figura femenina en el Paleolítico Superior

En este primer artículo pretendo dar una nueva visión sobre las conocidas popularmente como «Venus paleolíticas», representaciones exentas de mujeres que han suscitado el interés de la arqueología desde los albores del siglo XIX, dando pie a numerosas teorías que han ido variando y avanzando gracias a la introducción de la arqueología de género de la mano del feminismo.

Visualización 3D de la Venus de Willendorf. FUENTE

Visualización 3D de la Venus de Willendorf. FUENTE.

Todas estas figuras exentas, aunque también existen bajorrelieves como la Dame à la Corne de Laussel, pertenecen a un periodo de tiempo conocido como Paleolítico Superior (35.000 B.P. – 10.000 B.P.). Es el tercer y último periodo en el que se divide el Paleolítico, que a su vez se fragmenta en distintas etapas dependiendo de la industria lítica del momento, y del lugar concreto dentro de Europa. Las etapas que se consideran más genéricas son, en orden cronológico: Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense, aunque se pueden considerar otras etapas, como ya he mencionado, por ejemplo el Perigordiense en algunas zonas de Francia o el Pavloviense en Europa oriental. Fue en este periodo cuando aparece el Homo Sapiens sapiens, quedando como única especie de hominino.

Entrando ya en la materia que nos ocupa, se conoce más de un centenar de figurillas femeninas, la mayoría de ellas elaboradas entre el 28.000 B.P. y el 23.000 B.P. (Gravetiense),  abarcando una zona de unos 3.000 kilómetros en línea recta, desde los Pirineos hasta las planicies Rusia. Los países donde se han documentado son Francia, Rusia, República Checa, Austria, Rumania, Polonia e Italia.

Son talladas en hueso, asta, marfil o piedra y su tamaño oscila entre los 4 cm. y los 25 cm. Representan, generalmente, a mujeres desnudas y con ninguno o pocos adornos que, con el paso del tiempo su figura se va estilizando. Se enfatizan zonas del cuerpo como los senos, muslos, abdomen y caderas, obviando otros como los rasgos de la cara o los pies. El hecho de que sus extremidades inferiores acaben en punta, generó la teoría de que estas figuras servían para ser clavadas en el suelo o en otra superficie. Por otra parte el hecho de que no tengan representados los rasgos de la cara puede significar que no representen a una mujer en concreto, sino a un modelo.

Sabemos que estas figuras eran decoradas con pigmentos, como muestra la ya más que conocida Venus de Willendorf, que aún conserva restos de ocre. En general la imagen que tradicionalmente ha persistido es la de mujeres obesas. El primero en esgrimir esta teoría fue el abate Breuil, basándose en la etnoarqueología que las asemeja con las mujeres hotentotes que sufren de esteatopigia o acumulación de grasa en el vientre y en las caderas, imagen que se vincula con la fertilidad.

La primera figura que fue denominada «Venus» fue la Venus impúdica de Laugerie-Basse, descubierta en 1864 por el Marqués de Vibraye. Personalmente, y siguiendo a la arqueóloga Cristina Masvidal, me inclino a no usar dicho nombre popular por dos razones principales: la idea de que las figuras encarnen a una diosa, y por tanto la existencia de religión en el Paleolítico, teoría ampliamente defendida como veremos posteriormente, y la implicación de Venus como símbolo de belleza y feminidad, siguiendo un canon que no tenía por qué ser el del momento histórico.

Venus impúdica de Laugerie-Basse. FUENTE.

Venus impúdica de Laugerie-Basse. FUENTE.

La primera de las teorías clásicas aceptadas fue que estas estatuillas eran representaciones de la Gran Diosa Madre. A partir de la segunda mitad del siglo XIX se pone de manifiesto la idea del matriarcado primigenio, identificándolo con estas figurillas femeninas. Johann Jakob Bachofen en 1861 hace un análisis de un pasado en el que las mujeres detentarían el poder, siendo apartadas de él por las consecuencias negativas que se sucedieron. Razón para justificar el patriarcado y su razón natural de ser.

Las críticas a la Diosa Madre surgirían en los años sesenta del siglo XX de la mano de la New Archaeology. Por un lado por la falta de rigor científico y la escasez de pruebas arqueológicas y etnográficas. Por otro lado, desde los postulados feministas, se desechó la teoría porque representaba a una mujer prototipo de hombre, es decir, una mujer excepcional con caracterización masculina. A pesar de sus numerosos detractores,  la prehistoriadora Marija Gimbutas, en 1989 en El lenguaje de la diosa, vuelve a plantear una sociedad gobernada por mujeres, siendo estas figurillas ofrendas a la diosa.

La segunda teoría, la cual tuvo más adeptos, fue que estas figuras representaba a mujeres embarazadas, como símbolo de fertilidad, atribuyéndoles a las mujeres el único papel de madres. Es cierto que cuando pensamos en alguna de estas representaciones, nos asalta el pensamiento de que se tratan de mujeres embarazadas. Como ya hemos mencionado se trataría de una imagen distorsionada, pues la forma de representación varía con el paso del tiempo, incluso existiendo diferentes representaciones en un mismo yacimiento, como el caso de las venus de Avdeevo en Rusia.

Dando respuesta a esta teoría, en 1981, Prudence Rice en Prehistoric Venuses: Symbols of Motherhood or Womanhood?, analizó 132 figuras paleolíticas. Se basó en el análisis del pecho, el estómago, las caderas, las nalgas y la cara, atribuyéndole tres edades: jóvenes pre-reproducción, mujeres en edad de reproducción embarazadas o no y mujeres post-reproducción. El resultado que obtuvo fue el siguiente: un 23% representa a mujeres en edad pre-reproductiva; un 17% representa a mujeres embarazadas; un 38% a mujeres en edad reproductiva pero no embarazadas y un 22% a mujeres ancianas.

Venus de Abdeevo. FUENTE.

Venus de Abdeevo. FUENTE.

Siguiendo los resultados de este análisis podemos concluir que las figurillas no representan la maternidad, sino la feminidad, son representaciones de mujeres, por lo que debemos desechar esa idea impuesta.

Otra cuestión que nos asalta es ¿quién realizó este tipo de figuras? La historiografía tradicional se inclinaba porque estas figuras fueron creadas por hombres para hombres, como objetos pornográficos, juguetes y similares. Estas conclusiones son claramente cuestionables pues parten de la visión  europea actual que se tiene sobre la sexualidad y la mujer, no contando con el registro arqueológico, elemento fundamental pues muchas de estas figurillas fueron halladas en contextos de hábitat.

Existen otras muchas teorías como la que propuso la investigadora S. Nelson, quien afirmaba que estas estatuillas servirían como  «dote» en el matrimonio. O incluso algunos expertos señalan que se tratarían de receptáculos para los espíritus de las enfermedades.

En conclusión, son muchas las teorías que se han esgrimido alrededor de estas representaciones de mujeres, algunas de carácter casi mágico, la mayoría debido al carácter patriarcal dominante en la sociedad que las estudia. Lo cierto es que las representaciones de mujeres cuadruplican en número a las representaciones de hombres, por lo que la importancia de las mujeres en el Paleolítico Superior es más que evidente. Los estudios más recientes, llevados a cabo teniendo en cuenta el registro arqueológico, se asemejan más a lo que podría ser la realidad de estas representaciones, aunque todavía no seamos capaces de otorgarles su auténtica utilidad, persistiendo en la sociedad el mito de que representan a mujeres embarazadas, como amuleto y símbolo para la fertilidad. Para derribar este mito, tal y como lo hizo P. Rice, además de romper barreras ideológicas, necesitamos seguir investigando, generando nuevas teorías de género que le atribuyan a estas representaciones la importancia que seguro que tuvieron en su momento de utilización por las sociedades del Paleolítico Superior.

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Redactor: Cristina Gómez Ríos

Graduada en Historia por la Universidad de Córdoba. Actualmente estudiante del Máster de Antropología Física y Forense en la Universidad de Granada. Apasionada de la Evolución Humana y la Arqueología de Género.

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1 Comentario

  1. Las estatuillas no fueron esculpidas o talladas con intención pornográfica, sino como símbolo de la fertilidad que encarna la mujer, portadora del aparato reproductor femenino que produce un nuevo Ser Humano por cada embarazo. La mujer fue la gobernante idónea antes de la aparición de agricultura industrial o la ganadería, que es cuando el Hombre toma control del trabajo de la tierra. Las venus fueron talladas en Honor a la Madre (mujer) y como ícono de lo que esta representa.

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