La falange hoplítica y su repercusión en la sociopolítica griega

Cuando pensamos en los ejércitos griegos a todos nos viene a la mente un grupo compacto de hombres con escudos redondos del que sale un bosque de lanzas, o bien, una imagen de la película 300 que tanto ha popularizado a los espartanos entre los más jóvenes. Pero los soldados helenos tuvieron importancia más allá de los campos de batalla. Los hoplitas trascendieron de simples unidades militares, puesto que con el tiempo terminarían por ser estos mismos guerreros quienes acabaran tomando las riendas de su propio Estado.

Estos soldados griegos, los hoplitas, recibían su nombre de la palabra hopla (ὅπλα), que hacía referencia a todo el armamento que portaban los soldados, tanto ofensivo como defensivo. También es posible que derive del nombre que tenía el escudo que empleaban, el  hoplon (ὅπλο), diferenciándose así del resto de escudos, denominados genéricamente como aspis (ἄσπις). Es posible ver referido el término hoplita como ‹‹hombre acorazado››, usado por ejemplo en los libros de Peter Connolly y, aunque discutible, es algo que sin duda eran. Fernando Echevarría Rey, en su artículo El hoplita y la naturaleza de lo hoplítico analiza estas cuestiones etimológicas señalando las confusiones resultantes de este término, que pese a su ambigüedad, tan usado es por todas las fuentes griegas.

Para comprender la importancia de estos soldados es necesario rastrearlos hasta su origen. La táctica de la falange hoplítica surge a finales del siglo VIII y mediados del VII a.C., durante el paso de la Edad Oscura a la Edad Arcaica. No es una coincidencia la aparición de este nuevo modelo de combate con la finalización del proceso de sinecismo. Este proceso consistió en la unión de todas las aldeas rurales con los pequeños núcleos urbanos en una zona geográfica concreta. Por así decirlo, fue el proceso en el que toda la población de un valle, por ejemplo, se une para formar una sola comunidad. Esto, sumado a la geografía montañosa de Grecia, que contribuía al aislamiento por tierra con el resto de poblaciones, generó ciudades con independencia política y con tradiciones o aspectos culturales muy diferenciados, lo que hoy conocemos como poleis o ciudades Estado. Vemos de este modo como los hoplitas surgen durante la Edad Arcaica, justo al mismo tiempo que surgían las ciudades Estado. Pero, ¿Por qué surge un soldado distinto al héroe tradicional que se describe en las obras de Homero? Esto se debe a que con la caída del mundo micénico se abandonan también los combates propios de la Ilíada, donde una batalla singular entre dos héroes cobraba protagonismo sobre el resto, pudiendo incluso decidir el resultado de la batalla. Pero ahora, con unos Estados más pequeños se da la necesidad de integrar en la defensa a la mayor cantidad de gente posible, siempre y cuando, claro está, estos fueran ciudadanos de pleno derecho y pudieran costearse por ellos mismos el equipamiento necesario. Serán de este modo los propios ciudadanos quienes, llegado el momento, tomen las armas y se preparen para la guerra. Curiosamente en griego el verbo hoplízô (οπλίζω), con la misma raíz que la palabra hoplita, significaba aprestar o preparar.

Hoplita griego entorno al año 600 a.C.  Fuente: Peter Connolly: Los ejercitos griegos.

Hoplita griego entorno al año 600 a.C.
Fuente: CONNOLLY, P.: Los ejércitos griegos. Madrid: Espasa-Calpe, 1981.

Para poder luchar por tu polis y usando como ejemplo a partir de ahora a la ciudad de Atenas, ya que es la mejor la mejor descrita por las fuentes, debías de ser ciudadano y tener una renta mínima. Aunque se sigue debatiendo dónde se pondría el umbral de separación, en un primer momento serían solo los aristócratas y los más pudientes quienes formaran la falange, pero se iría ampliando con el paso del tiempo hasta involucrar al medio campesinado propietario de tierras. Podemos hacernos una idea de que tampoco cualquier ciudadano podía formar parte de la falange viendo la cantidad de equipo, la hopla, que tendrían que costearse y siendo este de un material tan costoso como el bronce. Como mínimo, como piezas defensivas necesitabas tener un escudo, sin duda la parte más importante del armamento, además de un casco, unas grebas o espinilleras y una coraza, que bien podía ser una rígida de bronce, como de lino con refuerzo de placas de bronce. Podrían añadirse otras protecciones en los brazos, muslos o empeines, pero eran menos usuales. Vemos como estas protecciones hacían del hoplita un hombre totalmente revestido de bronce que contaría principalmente para atacar con una lanza (dory), la cual tendría entre dos o tres metros, y como arma secundaria una pequeña espada (xiphos), la cual únicamente se usaría en caso de que la lanza se rompiera o para rematar a algún enemigo.

Estos ciudadanos no se dedicaban profesionalmente a la guerra, desempeñando oficios comunes como medio de subsistencia; a excepción de Esparta, puesto que los espartanos sí consiguieron hacer de la guerra un medio de vida. Por esta razón, las campañas debían de llevarse a cabo durante un corto espacio de tiempo, normalmente en primavera o principios de verano, siempre antes de las cosechas para así no bloquear la economía del Estado. Esto produjo que los enfrentamientos fueran, en su mayoría, en campo abierto, evitando las largas campañas y los asedios, decidiéndose las guerras en batallas que ganaba aquel que conseguía mantener su formación sin huir ni retroceder, y rompía la falange enemiga exterminando al enemigo principalmente en la huida.

Como bien resumía el poeta espartano Tirteo, todo lo que se le pedía a un buen hoplita durante el combate era:

Que todo el mundo se afiance en sus pies, y se hinque en el suelo, mordiendo con los dientes el labio, cubriéndose los muslos, el pecho y los hombros con el vientre anchuroso del escudo redondo. Y en la mano derecha agite su lanza tremenda, y mueva su fiero penacho en lo alto del casco (…) Id todos cuerpo a cuerpo, con la larga lanza o la espada herid y acabad con el fiero enemigo. Poniendo pie junto a pie, apretando escudo contra escudo, penacho junto a penacho y casco contra casco, acercad pecho a pecho y luchad contra el contrario, manejando el puño de la espada o la larga lanza.

Este modo de combate, falange contra falange, descartaba cualquier episodio de heroísmo individual, puesto que sin la protección que te ofrecían tus compañeros serias fácilmente abatible por el contingente enemigo. Aunque esto pueda parecer algo obvio y carente de fundamento, las consecuencias fueron tremendas para las poleis. Eliminando los combates singulares y actos de heroísmo, como los que se desarrollaban en la Ilíada, se fortalecía una mentalidad de grupo, ganando cada vez más relevancia el papel que desempeñaba el ciudadano, que junto con sus iguales, defendía al Estado a riesgo de perder su vida. Esto fomentaba la solidaridad, compartiendo como grupo los actos de valor y las victorias, que a partir de ahora serán celebradas por el Estado y no por los generales.

Además, dentro de la falange los soldados se ponían junto a sus amigos y familiares, aumentando la unión del individuo con el grupo y forzándole a no abandonar la formación para no poner en riesgo a sus seres queridos. Esta tradición podría tener su máximo exponente en el Batallón Sagrado de Tebas, que formado por 150 parejas combatían junto a sus amantes, según nos cuenta Plutarco (Pelópidas, XVIII).

Ejemplo de combate entre falanges en una cerámica datada en el 640 a.C. encontrada en el yacimiento de Veio (Italia) Fuente.

Ejemplo de combate entre falanges en una cerámica datada en el 640 a.C. encontrada en el yacimiento de Veio (Italia).
Fuente.

Esto rápidamente tendrá repercusiones en la política de las ciudades estado, puesto que la empresa de defender el Estado se convierte en una empresa colectiva, la cual no tardará con el paso del tiempo en integrar a un mayor número de ciudadanos, incluyendo a los propietarios de pequeñas tierras como parte de la falange. Era cuestión de tiempo que estos ciudadanos pidieran o buscaran cierta relevancia en la toma de decisiones. Tenemos que tener en cuenta que los hoplitas no cobraban ni sueldo ni remuneración alguna, salvo algo de botín si vencían, por lo que es lógico que terminaran por querer ganar algo para compensar el riesgo que corrían.

Es por ello que las pocas familias que formaban la aristocracia y que controlaban el gobierno no tardaran en ceder parte de los asuntos de Estado a los ciudadanos que formaban el ejército de la polis. Por supuesto, este cambio fue lento y paulatino, pero durante una etapa de crisis surgirán personajes como Solón, quien tras llegar al arcontado (594 a.C.)  realizará una serie de reformas para aliviar la situación económica de las clases bajas, como la exoneración de deudas o el rescate de aquellos deudores que terminaron como esclavos por impagos. Además, Solón sería quien terminaría por hacer partícipes de la defensa de Atenas a todos sus ciudadanos, fuera cual fuera su nivel económico. A partir de esta reforma se dividieron en cuatro grupos sociales, los pentacosiomedimnos, que eran el grupo más pudiente, siendo de este grupo del que salían los generales o strategos (στρατηγός); los hippeis, que formarían la caballería; y los zeugitas que serían el grueso de la falange. Por último tendríamos a los thetes, quienes solo eran llamados a filas en caso de necesidad y formaban bien como infantería ligera o como marineros y remeros en la flota.

Si bien vemos como Solón aumenta la participación en la defensa a todos los ciudadanos, más relevante es que junto con este honor de defender a la polis, también extiende la participación política de la que veníamos hablando. Esto se producirá con la instauración de un nuevo órgano de gobierno, la boulé, que sería constituido por cien miembros de cada una de las clases sociales, cuatrocientos en total. Esta boulé, de la que no se sabe exactamente qué funciones desempeñaba en esta primera etapa, no se dio únicamente en Atenas, sino que también se encuentra en otras poleis griegas, pero pocas fuentes nos hablan de ellas y solo encontramos vestigios arqueológicos del edificio. Este edificio donde se reunía, denominado bouleuterión (βουλευτήριον), se pueden encontrar, por ejemplo, en Delos, Éfeso, Priene, Delfos, o Mileto.

Restos del bouleuterion donde se reunía la asamblea ciudadana de Priene y su reconstrucción. Fuente restos. Fuente reconstrucción.

Restos del bouleuterion donde se reunía la asamblea ciudadana de Priene y su reconstrucción.
Fuente restos.
Fuente reconstrucción.

Junto con la boulé, y también creada por Solón, encontramos la eklessía (ἐκκλησία)cuya traducción sería asamblea, y que estaba abierta a todo ciudadano fuera cual fuera su nivel económico, solo exigiéndole para participar en ella que hubiera realizado dos años de servicio militar. Se premiaba de este modo a todo aquel que hubiera defendido a la polis con la participación en esta asamblea, siendo los encargados de elegir a los magistrados y convirtiendo a partir de ese momento al consejo del aerópago en un consejo electo por los ciudadanos.

Todo este largo proceso, como vemos, tiene su génesis en la llamada a filas de los ciudadanos, quienes con el tiempo tendrían como única remuneración un aumento de su estatus social con el ingreso en estas nuevas instituciones. Hay quien opina que este proceso fue iniciativa de la propia aristocracia para involucrar a los ciudadanos, a la vez que fomentaba el sentimiento de comunidad. No obstante, fue un proceso que se dilató en el tiempo a lo largo de doscientos años, desmontando de este modo la clásica teoría de la revolución hoplítica.

El fin de este largo camino lo encontramos con la reforma de Clístenes en el 508 a.C., quien pondrá la última piedra para la construcción de la democracia, la isonomía (ἰσονομία). Esta isonomía significaba la igualdad jurídica de todo ciudadano ante la ley y la igualdad de derechos civiles. Se universalizaba finalmente la participación en política a todos los ciudadanos varones, concluyendo un proceso que duraba toda la Edad Arcaica y que aportaba unos modos de vida en cada polis que serían propios y característicos, aunque con similitudes, formando finalmente la cultura panhelénica, teniendo el epicentro de todos estos cambios una importancia destacada del individuo como sujeto integrado en un grupo, ya fuera representando a su ciudad en los juegos atléticos, en las asambleas ciudadanas, o empuñando una lanza y un escudo durante el combate.

Bibliografía|

CONNOLLY, P., “Los ejércitos griegos”, Madrid: Espasa-Calpe, 1981.

QUESADA SANZ, F., “Armas de Grecia y Roma”, Madrid: La esfera de los libros, 2008.

ECHEVERRÍA REY, F., “El hoplita y la naturaleza de lo hoplítico: Un caso de terminología militar de la Grecia Clásica”, Revista Studia Historica: Historia Antigua, 2005.

FERNANDEZ NIETO, Javier (Coord). “Historia Antigua de Grecia y Roma”, Valencia: Tirant lo Blanch, 2005.

Redactor: Mikel López Aurrecoechea

Licenciado en Historia por la Universidad de Murcia, especializado en Historia Antigua, y arqueología. Intereses en Historia de Grecia y Roma, arquitectura naval e historia militar.

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4 Comments

  1. Hola..excelente trabajo divulgativo el de vuestra web.
    Me gustaria contar con vuestro asesoramiento para un trabajo que estoy desarrollando sobre nueztra historia reciente y que tiene como finalidad validar la ley de memoria historica.
    Por favor hechadme uba mano.
    Muchas gracias de antemano.

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  2. Hola… muy interesante tu trabajo y realmente comprensible.
    Estoy realizando un trabajo y algo que me cuesta rearmar es la diferencia entre la figura del héroe y el hoplita..
    Me sería de gran ayuda si puedes apuntarme algo!!
    Muchas gracias

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  3. Buen resumen del tema, gracias por compartirlo y sigo el blog.

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