La erupción del Vesubio. Crónica de una catástrofe.

En el año 79 d.C., el monte Vesubio entró en erupción. Una inmensa columna de ceniza volcánica cubrió gran parte del golfo de Nápoles, impidiendo que la luz llegara a la zona circundante al volcán. Cuando pasaron tres días, que más bien parecieron tres largas noches, y al fin se pudo observar la zona afectada, el resultado fue desolador: Las ciudades de Pompeya y Herculano fueron sepultadas, y Estabia, arrasada. Pero, ¿cómo fue realmente la erupción del Vesubio?

Por suerte para nosotros, ha llegado hasta nuestros días el testimonio de los hechos de Plinio el Joven, que se encontraba en Miseno junto a su madre y su tío, Plinio el Viejo. Durante el transcurso de los hechos, Plinio el Viejo, impulsado primero por el interés científico que suscitaba la extraña columna de ceniza, y después por la necesidad de prestar auxilio a los afectados, se dispuso a cruzar el golfo hacia la ciudad de Estabia. El destino quiso que Plinio el Viejo muriera durante la erupción y que su sobrino fuera testigo de ella desde una posición relativamente segura, pudiendo contar posteriormente lo ocurrido en varias cartas al historiador Tácito.

Siguiendo las cartas que Plinio el Joven escribió sobre aquellos tres días, vamos a intentar conocer cómo fue realmente la erupción del monte Vesubio.

Para empezar, deberíamos explicar qué es una erupción volcánica. Podemos entender la erupción volcánica como el proceso por el cual el magma sale al exterior de la corteza terrestre por un lugar o estructura, conocida como volcán. El principal factor por el cual un volcán acaba entrando en erupción es el aumento de la presión dentro de su cámara magmática. Esta fuerza generada por el incremento de presión puede originar, entre otras cosas, fracturas en las paredes de la cámara. Si aun así la presión no se equilibra, las fracturas pueden continuar hasta la superficie y expulsar el material del interior de la cámara hasta estabilizar la presión, dando como resultado una erupción volcánica.

Estos ajustes de presión pueden prolongarse durante mucho tiempo, hasta que se produzca una erupción, pudiendo tener sismicidad asociada. Curiosamente en el año 62 d.C., un terremoto afectó a la zona del Vesubio, dañando las ciudades de Pompeya y Herculano.

Hay distintos tipos de erupciones volcánicas. Entre ellas encontramos la erupción Pliniana, llamada así en honor a la primera persona en describirla, Plinio el Joven. Estas erupciones son del tipo explosivas, caracterizadas más por la expulsión continua de gases y fragmentos de magma sobreenfriado, conocidos como piroclastos, que por las archiconocidas coladas de lava.

La erupción comenzó el noveno día antes de las Kalendas de septiembre (24 de agosto [1]), con la formación de una gran columna de material volcánico:

…casi a hora séptima, mi madre le indicó la aparición de una nube de una grandeza y forma inusitada.”

Pino Piñonero (Pinus pinea). Fuente.

Pino Piñonero (Pinus pinea). Fuente.

A continuación, Plinio describe la “nube” de forma peculiar.

La nube tenía un aspecto y una forma que recordaba a un pino, más que a ningún otro árbol, porque se elevaba como si se tratara de un tronco muy largo y se diversificaba en ramas.”

Si observamos la foto del pino piñonero (Pinus pinea), especie arbórea común en la cuenca del mediterráneo, es fácil imaginar la forma que hubiera tenido la columna de ceniza expulsada por el volcán.

Erupción del vesubio en el año 79 d. C.. Grabado de 1822. Fuente.

Erupción del vesubio en el año 79 d. C.. Grabado de 1822. Fuente.

Las erupciones de tipo explosivo se producen, entre otros factores, por la viscosidad del magma. Cuando el magma alcanza cierto de grado de viscosidad, no deja escapar los gases que se encuentran en el interior del volcán, que se acaban acumulando en multitud de burbujas dentro del magma, a mucha presión.

Podemos imaginar cómo reaccionaría este magma cuando alcanzara la superficie y se redujera bruscamente la presión a la que está sometido.

Se suele utilizar la analogía de la botella de champagne para describir el suceso. Cuando descorchamos una botella, todo el gas contenido a presión en pequeñas burbujas se libera y expande, formando una especie de espuma, que sale disparada de la botella. Algo similar ocurre en el volcán. Cuando laviolenta expansión de los gases confinados fragmenta el magma y forma los piroclastos que definimos con anterioridad. Esta mezcla de gases en expansión y piroclastos es expulsada del volcán a grandes velocidades. En función del tamaño de los mismos, estos serán disparados al exterior, en el caso de las de mayor tamaño, o ascenderán formando una gran columna eruptiva, en el caso de las cenizas.

La columna eruptiva asciende por la expansión de los gases liberados, calentando el aire atmosférico que se incorpora a la misma, reduciendo así su densidad y facilitando su continuo ascenso. A medida que la columna sube, va equiparando su densidad y temperatura con la de la atmósfera, llegando a un punto conocido como “techo”, en el cual se encuentra en total equilibrio. En este punto la columna comienza a expandirse de forma horizontal, asemejándose a la copa del pino que describe Plinio el Joven.

Una vez que la columna ha perdido su impulso vertical, empieza a ser susceptible a la influencia de los vientos dominantes, que deciden en gran medida la zona que se verá afectada por la lluvia de ceniza.

Cuanto más se aproximaba, la ceniza caía en las naves cada vez más caliente y más densa, y también pedruscos y piedras ennegrecidas quemadas y rajadas por el fuego, al paso que el mar se abría como un vado y las playas se veían obstaculizadas por los cascotes.”

Mapa de la zona afectada por la columna eruptiva. Fuente.

Mapa de la zona afectada por la columna eruptiva. Fuente.

Cuando Plinio el Joven se refiere a los “pedruscos y piedras ennegrecidas” que caen sobre su tío, está haciendo referencia a piroclastos de un tamaño mayor, el suficiente como para no poder ser transportados por la columna eruptiva. Estos trozos de magma, en lugar de precipitar, describen una trayectoria balística a gran velocidad. Fue tal la cantidad de pumitas (piedra pómez) que expulsó el Vesubio, que acabó por sepultar la ciudad de Pompeya bajo un manto de 5 metros de profundidad.

El patio por el que se llegaba a la habitación empezó a llenarse de tal modo de ceniza y de pedruscos, que si hubiesen permanecido ahí, no hubieran podido salir.”

No es de extrañar que tal cantidad de ceniza en la atmósfera no dejara pasar la luz, ocultando el Sol y sumiendo a los desdichados habitantes de la zona afectada en una prematura noche. Si la intensa lluvia de ceniza, el constante bombardeo de rocas ardientes y la gran “nube” que oculta el Sol no eran suficientes, lo peor estaba aun por llegar.

La noche del 24 de agosto, mientras Plinio el Joven se encontraba en Miseno, a una distancia lo suficientemente alejada del volcán como para no verse afectado por la gran columna de material volcánico, un terremoto de considerable intensidad sacudió toda la zona. Obligado a salir al exterior ante la amenaza de derrumbamiento de los edificios, esperó en el exterior durante toda la noche. A la mañana siguiente y tras decidir junto a su madre abandonar la villa debido al penoso estado en el que habían quedado los edificios tras el terremoto, se vieron sorprendidos por un paisaje desolador:

Además veíamos que el mar se recogía en si mismo, como si temiese los temblores de la tierra. La playa se había ensanchado y muchos animales marinos habían quedado en seco sobre la arena. Por otro lado una negra y horrible nube, rasgada por torcidas y vibrantes sacudidas de fuego, se abría en largas grietas de fuego, que semejaban relámpagos, pero eran mayores.”

Aunque no ocurre con frecuencia, es posible que las explosiones producidas por el volcán durante su erupción, o incluso el derrumbamiento de parte del edificio volcánico, desplace una gran masa de agua, originando un tsunami. Según el testimonio de Plinio el Joven, no cabe duda de que, durante la erupción del Vesubio en el año 79 d.C., hubo un tsunami de origen volcánico o volcanogénico.

La continua expulsión de gases y piroclastos por la boca del volcán somete a las paredes del conducto magmático, generalmente fracturadas, a un gran desgaste y, consecuentemente, estas se ven erosionadas. A medida que la boca del volcán va siendo erosionada, aumenta de tamaño y permite que la presión a la que se encuentra el material volcánico sea cada vez menor y, por lo tanto, la velocidad de expulsión también disminuya. Debido a este proceso, la columna eruptiva puede terminar por colapsar. La densidad de la columna se ve alterada hasta tal punto que el impulso vertical deja de ser suficiente para que se eleve, desplomándose por el efecto de la gravedad.

No tardó mucho tiempo en descender aquella nube hasta la tierra y cubrir el mar; ya había rodeado y escondido a Capri, y, corriéndose hacia el Miseno, lo ocultaba.”

Cuando la mezcla de gases y piroclastos expulsada tiene una mayor densidad y fluye a gran velocidad por la pendiente del volcán, de forma similar a una avalancha, es conocida como colada piroclástica o nube ardiente. Esta colada piroclástica está formada por una mezcla turbulenta de gases y materiales volcánicos (ceniza y piroclastos de mayor tamaño) a gran temperatura. La continua expansión de los gases volcánicos genera una especie de colchón sobre el que se desplazan los materiales, limitando la fricción ejercida por el suelo durante su desplazamiento. Esto hace que las coladas piroclásticas puedan desplazarse a velocidades de hasta 200 Km/h.

Si tenemos en cuenta la altísima velocidad a la que se desplaza, la cantidad de material volcánico transportado y las altas temperaturas que alcanza, la capacidad de la colada piroclástica de destruir todo lo que se encuentra a su paso es total.

Es muy probable que fuera esta nube ardiente la que acabó con la vida de gran cantidad de los habitantes de Pompeya, quedando para siempre enterrados bajo la ceniza volcánica. Cabe añadir que los famosos “cuerpos” de Pompeya no son más que el resultado de rellenar con yeso el molde dejado por la ceniza endurecida, una vez que toda la materia orgánica ha desaparecido.

Últimos días de Pompeya. Karl Briulov (1830-1833). Fuente.

Últimos días de Pompeya. Karl Briulov (1830-1833). Fuente.

Tras una interminable noche que se prolongó durante tres días, al fin amaneció sobre el Vesubio. La erupción había terminado. A diferencia de su tío, que había muerto en Estabia, Plinio el Joven consiguió sobrevivir y, lo más importante, dejó para tiempos futuros una crónica detallada de la catástrofe ocurrida, en honor a la memoria del fallecido, Plinio el Viejo.

Porque, aunque haya perecido en la destrucción de una de las tierras más bellas, con tantos pueblos y ciudades, y aunque aquel inolvidable acontecimiento le asegure una vida inmortal y aunque él mismo haya dejado obras permanentes, la eternidad de tus escritos le añadirá eternidad.”

 

[1] 24 de agosto es la fecha tradicional de la erupción del Vesubio. Sin embargo, las últimas investigaciones arqueológicas no sitúan dicha erupción en verano, sino en otoño. Más información: antiguaroma.com

Bibliografía:

  •  Plinio el Joven, “Cartas, Libro VI, Cartas 16 y 20”, Madrid: Gredos, 2005.
  • Anguita Virella, Francisco y Moreno Serrano, Fernando, “Procesos Geológicos Internos”, Madrid: Rueda, 1991.
  • Martí Molist, Joan, “¿Qué sabemos de? Los volcanes”, Madrid: CSIC, 2011.
  • Tarbuck, Edward J. Y Lutgens, Frederick K., “Ciencias de la Tierra. Una introducción a la geología física”, Madrid: Prentice Hall, 2000.
  • Decker, Robert W. Y Decker, Bárbara B., “Montañas de fuego. La naturaleza de los volcanes”, Madrid: McGraw-Hill, 1993.

Redactor: Alberto Berdugo

Graduado en Ciencias Ambientales por la Universidad Pablo de Olavide y Máster en Tecnologías de la Información Geográfica por la Universidad Complutense de Madrid.

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2 Comments

    • ¡Buenas tardes Alejandro! Desde luego es un tema interesante el que nos traes a colación con tu artículo (gracias por compartirlo con nosotros). Aunque si un volcán del tamaño del de Yellowstone da señales de vida, no sé si tendremos un Plinio para relatarlo. Esperemos que sea dentro de siglos.

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