La aventura de la escritura latina (I): de Roma a los inicios de la Edad Media

¿Qué es la escritura? ¿Para qué sirve? Y sobre todo, ¿para qué sirve estudiarla? Estos son algunos de los interrogantes que surgen cuando nos preguntamos el objetivo de estudiar la evolución histórica de la escritura, la razón por la que la paleografía es fundamental para construir conocimiento histórico.

La paleografía como ciencia surge a finales del siglo XVII, y su objetivo principal fue distinguir falsificaciones documentales. Estudiando el tipo de escritura de otras épocas y la forma de los documentos —la diplomática, por tanto, surgió a la vez— era posible determinar la autenticidad de libros y documentos que de otra forma podrían haber pasado falsamente por auténticos. De ahí en adelante, la paleografía fue ampliando horizontes y convirtiéndose en una imprescindible herramienta para el desarrollo de la Historia como ciencia.

Sin embargo, es desgraciadamente infrecuente que la sociedad, que en última instancia es razón de ser y receptora de nuestros esfuerzos como historiadores, reciba ningún tipo de información sobre esta disciplina. Es importante, por tanto, comprender cómo ha cambiado la escritura a lo largo de la Historia, qué nos puede decir sobre sociedades del pasado y sobre nosotros mismos, y en qué consiste esta relativamente desconocida disciplina.

Este es la primera de dos partes que tratarán la evolución de la escritura latina desde Roma hasta el siglo XVI.

EL INICIO: ROMA

La historia de la escritura en Roma está estrechamente ligada a su propia historia. De hecho, la escritura que mentalmente asociamos con la antigua Roma —las grandes inscripciones de geométricas y de perfectas letras— proviene en origen nada menos que de la escritura griega. ¿Y cómo es posible esto, si son tan diferentes? Es posible porque los romanos aprendieron el sistema de escritura de los etruscos, que crearon el suyo a partir del griego. Así, a través de los etruscos, los romanos adquirieron la escritura, si bien esta mutó y evolucionó desde las primeras manifestaciones escritas hasta el final del imperio.

Evolución del alfabeto etrusco al latino arcaico. Fuente.

Evolución del alfabeto etrusco al latino arcaico. Fuente.

La primera fase en la evolución de la escritura latina es el periodo arcaico —que se corresponde aproximadamente con los siglos VII-IV AC. Durante este periodo, la escritura se practicaba de derecha a izquierda, o de forma bustrofédica (es decir, la primera línea de derecha a izquierda, la segunda de izquierda a derecha, etc.). El alfabeto contaba con veintiuna letras, a las cuales se le añadieron algunas más posteriormente.

Las únicas manifestaciones con las que contamos para el periodo arcaico son algunas inscripciones, y de hecho es lo único con lo que contamos hasta el siglo I a.C. Una de las más antiguas conservadas es la llamada lapis niger, que se encontró a principios del siglo XX bajo unas losas de mármol negro en el foro de Roma. Se desconoce realmente qué función desempeñaba, al igual que su significado está aún por conocerse del todo. Junto con las inscripciones, comienzan a aparecer mensajes pintados en muros, inscripciones, cuyo más famoso exponente son los de Pompeya.

Un ejemplo de escritura Capital Cuadrada. Fuente.

Un ejemplo de escritura Capital Cuadrada. Fuente.

Así que es en torno al siglo I a.C. cuando se estabilizan los tipos de escritura y se asienta el llamado sistema clásico romano. Dentro de éste se encuentra el tipo de escritura más conocido del mundo romano: la capital cuadrada —capital porque es un alfabeto mayúsculo; cuadrada porque todas las letras encajan en una forma cuadrangular—. Este es el tipo de letra de las inscripciones, angulosa y monumental, aunque no por ello dejó de ser utilizada en manuscritos, aunque en menor medida.

Un ejemplo de escritura Capital Rústica. Fuente.

Un ejemplo de escritura Capital Rústica. Fuente.

La aplicación lógica de la Capital Cuadrada a los manuscritos es la llamada capital rústica. Similar a la anterior, es más redondeada, más adecuada al uso del cálamo y se encuadra en un formato rectangular. Ambas escrituras existen al mismo tiempo, e incluso la rústica es utilizada en inscripciones (al igual que la cuadrada en manuscritos). Más adelante, en el siglo IV d.C., se utilizará en manuscritos de lujo para contrastar con los escritos cristianos.

Un ejemplo de la escritura Común Clásica. Fuente.

Un ejemplo de la escritura Común Clásica. Fuente.

Por último quedan describir las escrituras del día a día, esas que no pretenden ser caligráficas sino que tienen un carácter eminentemente práctico. Además de sobre papiro, las escrituras del día a día se plasmaban también sobre tablillas de cera o en las paredes de las ciudades. La cera se depositaba en un marco de madera y se escribía con un punzón llamado stylus. De hecho, estas tablillas eran el medio más utilizado para escribir en la época romana, uniéndose varias tablas entre sí (dos tablillas unidas era un díptico, tres un tríptico, etc.). Por tanto, la escritura que se utilizaba sobre este material debía ser especial, adaptada al raspar del punzón sobre la cera. Se trata de la común clásica, caracterizada por sus trazos verticales muy marcados. Es menos lineal al aplicarse sobre papiro o tabla.

Grafitti de Pompeya que muestra el combate entre M. Attilius y Raecius Felix. Fuente.

Grafitti de Pompeya que muestra el combate entre M. Attilius y Raecius Felix. Fuente.

Uno de los ejemplos más conocidos de este tipo de escritura son los grafitti de Pompeya, donde gracias a las excepcionales circunstancias en que la ciudad fue sepultada, se han conservado cientos de ejemplos de escritura de muy diverso tipo: desde propaganda electoral a anuncios, insultos, ofrecimientos sexuales o citas de famosos literatos. En la imagen, se puede observar el combate que ganó Marcus Attilius, gladiador que, aunque ciudadano romano de nacimiento, decidió dedicarse a la lucha para saldar sus deudas. En este caso ha derrotado a Raecius Felix, que llevaba doce combates invictos.

Estos sistemas de escritura se mantienen más o menos intactos hasta el siglo II d.C. —siempre recordando que la evolución de la escritura es un proceso lento, que no ocurre de forma repentina— cuando un nuevo sistema empieza a evolucionar a partir del clásico. Es el momento en el que aparece uno de los rasgos que más nos definen: la escritura minúscula. Hasta el momento, los sistemas de escritura no diferenciaban entre mayúscula y minúscula, puesto que todos sus alfabetos se podían considerar mayúsculos. Es a partir del siglo III cuando se alargan los trazos ascendentes (los alzados) y los descendentes bajan por la línea de escritura, modificando el aspecto de la letra mayúscula y convirtiéndola en minúscula. Consecuentemente comienzan a aparecer los enlaces, la ligazón entre letras, otro rasgo que no existía con anterioridad. El resultado de esta evolución será un nuevo tipo de escritura cursiva, que veremos un poco más adelante.

Un ejemplo de escritura Uncial. Fuente.

Un ejemplo de escritura Uncial. Fuente.

En el siglo IV las escrituras solemnes y librarias también han evolucionado en el llamado nuevo sistema romano. Éste incorpora influencias griegas y de la escritura común y una tendencia a redondear las letras, que es lo que más lo distingue. Dentro del nuevo sistema hay, como en el anterior, varias escrituras en función de su solemnidad y uso. La primera y más formal es la escritura uncial. Incorpora elementos minúsculos y es elegante y redondeada, adaptada a los nuevos usos del libro (debido al auge del uso del pergamino) y al nuevo tipo de contenido: el libro cristiano, patrístico y litúrgico.

Un ejemplo de escritura Semi-uncial. Fuente.

Un ejemplo de escritura Semi-uncial. Fuente.

La siguiente, considerada una escritura minúscula libraria, es decir, utilizada en libros pero con un grado menos de formalidad, es la escritura semi-uncial, que aunque es teóricamente menos formal, es la más utilizada para anotaciones e incluso libros enteros —y esto tendrá una gran importancia en el desarrollo de la escritura irlandesa, como veremos— y ejercerá una gran influencia en las escrituras carolina, gótica y humanística. Es más redondeada, con numerosos trazos verticales y algunas abreviaturas y ligaduras.

Tabula que muestra una maldición que llama a una diosa (sin identificar) para que torture y ciegue a un tal Porcellus. Fuente.

Tabula que muestra una maldición que llama a una diosa (probablemente Hécate) para que torture y ciegue a un tal Porcellus. Fuente.

El tipo de escritura más cursivo de este nuevo sistema es la nueva cursiva romana, heredera de la común clásica, con trazos más redondeados y envolventes y cada vez más complicada. Incorpora todos los elementos ya mencionados: es minúscula y cuenta con uniones entre las letras. De entre los ejemplos más conocidos de este tipo de escritura destacan las tabulae defixiones. Estas son inscripciones que se realizaban principalmente sobre láminas de plomo, inscribiéndolas con un punzón y luego enrollándolas. Contienen maldiciones, dirigidas contra una o varias personas, y que piden la intervención de dioses o espíritus para que estos sean dañados, normalmente cegados. Hay una enorme cantidad de estas maldiciones a lo largo de todo el imperio y se caracterizan por la dificultad de su lectura.

ECLOSIÓN: LA ALTA EDAD MEDIA

El elemento que caracterizaba, desde todos los puntos de vista, al Imperio Romano era su unidad, lo cual también se reflejaba en la escritura. Los tipos de escritura fueron los mismos en todos los rincones del imperio, dando cuenta de su organización territorial, política y administrativa. Con el fin del Imperio —convencionalmente situado en el 476 d.C.— esta unión deja de existir y propicia el surgimiento de nuevos tipos de escritura, adaptados a los grupos sociales de cada región y a los cambios políticos.

En este inicio de la Edad Media los visigodos ocuparon gran parte de la actual España, los francos y los burgundios la actual Francia, y los ostrogodos —y posteriormente longobardos— Italia; mientras otros pueblos se asentaban en el amplísimo territorio del desaparecido imperio. Esto dio lugar a nuevos reinos que necesitaron asentar su recién creada identidad territorial, como en el caso de los merovingios en la actual Francia, el reino visigodo hispánico o Benevento en Italia.

Un ejemplo de escritura Beneventana, uno de los nuevos tipos gráficos que aparecerán en la Edad Media. Fuente.

Un ejemplo de escritura Beneventana, uno de los nuevos tipos gráficos que aparecerán en la Edad Media. Fuente.

A partir de la escritura cursiva romana —ya que los nuevos señores de Europa estaban alejados de las concepciones estéticas (y los libros) de las élites romanas— comenzaron a surgir nuevos tipos, también favorecidos por el desarrollo de los monasterios como centros de producción libraria. Además, la unidad lingüística poco a poco también se fue perdiendo, por lo que nuevas lenguas requirieron ser escritas. En conjunto, fueron muchos los factores que tuvieron que ver en la aparición de un nuevo horizonte de tipos gráficos, pero sobre todo hay que tener en cuenta que se trata de una evolución natural con respecto a lo que ya existía. No hay una ruptura entre la escritura romana y la medieval, sino una intensa evolución que responde al nuevo mapa territorial y político europeo.

Comienzan así a aparecer, pues, escrituras como la merovingia, la visigótica, la insular y la beneventana entre otras, nuevos exponentes de una rica historia cultural que se desarrollará aproximadamente entre los siglos VII y IX y que nos enseña, una vez más, la relación entre el poder, la lengua, la mente y el desarrollo del ser humano.

Bibliografía|

BISCHOFF, B., “Latin Palaeography: Antiquity & The Middle Ages“, Cambridge: Cambridge University Press, 1990.

BROWN, M. P., “A guide to Western Historical Scripts: from Antiquity to 1600“, Toronto: University of Toronto, 1999.

CENCETTI, G., “Paleografia latina“, Roma: Jouvence, 1978.

MARÍN MARTÍNEZ, T., ”Paleografía y diplomática“, Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1982.

SCHIAPARELLI, L., “La scrittura latina nell’età romana (note paleographiche)“, Como: Tipografia Edittrice Ostinelli, 1921.

Redactor: Manuel Muñoz García

Licenciado en Historia y máster en 'Documentos y libros, archivos y bibliotecas' por la Universidad de Sevilla, y actualmente cursando estudios de doctorado en Paleografía en King's College London. Apasionado de la Edad Media y la escritura.

Comparte este artículo

Trackbacks/Pingbacks

  1. La aventura de la escritura latina (I): de Roma... - […] ¿Qué es la escritura? ¿Para qué sirve? Y sobre todo, ¿p …  […]
  2. La aventura de la escritura latina (I): de Roma... - […] ¿Qué es la escritura? ¿Para qué sirve? Y sobre todo, ¿para qué sirve estudiarla?  […]
  3. La aventura de la escritura latina (II): la Edad Media - temporamagazine.com - […] Tras el fin del Imperio Romano – como se describe en la primera parte de este artículo, aquí – …

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current ye@r *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR