La administración provincial romana en los siglos I y II d.C.

Para el estudio de la administración provincial romana vamos a centrarnos en diferentes apartados que pretenden abordar el gobierno de los diversos territorios que integraron el Imperio romano en los dos primeros siglos d. C.

En época de Augusto (finales del siglo I a. C. – principios del siglo I d. C.), a través de todas sus conquistas, el Imperio se extendió por todo el Mediterráneo. Posteriormente, algunos de sus sucesores incorporaron otros territorios mediante la transformación en provincias de algunos reinos-clientes dependientes de Roma o con las nuevas conquistas, como por ejemplo Britania en época de Claudio y la Dacia en época de Trajano.  Todos estos territorios fueron incorporados al Imperio y se estableció en ellos una determinada estructura administrativa para su gobierno que, en muchas ocasiones, era diferente dependiendo las características propias de cada provincia. Pero antes sería conveniente que hiciésemos un análisis de la administración de los propios territorios italianos para después ocuparnos del resto del Imperio.

1.- La administración de los territorios italianos

Los territorios italianos estaban bajo el control del Senado y gozaba de un sistema de amplia autonomía municipal ya que los órganos republicanos habían tenido poco incidencia en ellos. A comienzos de época imperial, el gobierno de Italia sufrió prácticamente las mismas innovaciones que Roma. Es sabido que ni Roma ni Italia estaban sometidas al imperium militare, lo cual quiere decir que en su territorio no podían estacionarse tropas con carácter permanente. Ello no quiere decir que en los territorios italianos no hubiera fuerza militar ya que, por ejemplo, en Rávena y Miseno estaban estacionadas las flotas.

Una serie de características diferenciaban los territorios italianos del resto de las provincias:

- La concesión de la ciudadanía a los itálicos y la conciencia de unidad estrechamente relacionada con Roma.

- La intervención de la administración central en Italia fue principalmente en materia jurisdiccional. No había circunscripciones ni funcionarios regionales permanentes, sino que era administrada directamente desde Roma y sus instituciones.

Los cambios que se produjeron bajo la política de Augusto fueron de carácter administrativo. El Senado siguió administrando los territorios italianos, al menos en teoría, ya que la intervención del emperador irá en aumento a través de:

- Los agentes itálicos de centralización: ubicados en Roma y divididos en los prefectos y las comisiones ejecutivas. Entre los prefectos destaca el prefecto del pretorio, importante puesto militar de Italia y, a través de él, el emperador hace efectivo su imperium en las regiones italianas. Las comisiones ejecutivas fueron creadas por Augusto y podemos nombrar entre ellas a la “comisión de aguas” que se encargaba de la red de acueductos romanos.

- Los agentes itálicos de descentralización: establecidos en las diferentes regiones de la Península. Augusto dividió la Península en once regiones sin contar la ciudad de Roma. Esta división tuvo un carácter administrativo y judicial pero dichas regiones no estaban administradas por un gobernador como el resto de las provincias romanas.

Territorios italianos en época de Augusto (Fuente)

Territorios italianos en época de Augusto (Fuente)

Posteriormente, será Adriano el que tomará una medida radical al dividir la Península en cuatro circunscripciones, distritos judiciales intermedios entre los órganos de Roma y las jurisdicciones locales, y colocando a un consular al frente de ellas con funciones administrativas y judiciales.

2.- Provincias senatoriales e imperiales.

El resto de los territorios sometidos al poder romano fueron organizados en provincias. En los últimos años de la República, había quince provincias incrementándose a cuarenta y tres ya durante el Principado. Todo ello es producto tanto de las conflictos militares con la incorporación de nuevos territorios, así como de las diferentes reorganizaciones territoriales.

A partir del 27 a. C., se lleva a cabo un acuerdo entre Augusto y el Senado para la clasificación de las provincias en dos grupos: senatoriales e imperiales, según quién se encargase de su gobierno. Así, Suetonio nos dice:

Augusto asumió personalmente el gobierno de las provincias más poderosas y que no podían ser administradas fácilmente y con seguridad por magistrados con mandatos anuales, y confió las restantes a procónsules elegidos por sorteo; sin embargo, cambió de vez en cuando algunas de ellas de categoría y visitó con mucha frecuencia a la mayoría, tanto a las de una clase como a las de otras(Suetonio, Vidas de los Césares, Augusto 47).

Imperio Romano en época de Augusto, año 1 d.C. (Fuente)

Imperio Romano en época de Augusto, año 1 d.C. (Fuente)

Podemos ver cómo Augusto asumió el control de las provincias que precisaban una defensa militar, mientras que el Senado controlaba las que no tenían guarniciones armadas, aunque este principio no fue en un primer momento completamente exacto hasta que se estabilizaron las fronteras. Además, Augusto como comandante en jefe del ejército debía controlar todas las provincias sin necesidad de que estuviera bajo su poder, unido con el imperium maius que le daba la posición legal de preeminencia sobre todos los territorios romanos. Junto a ello, hay que indicar que el poder imperial iría más allá y, seguramente, el emperador también ejercía su influencia en el nombramiento de los gobernadores de las provincias senatoriales.

  • La administración de las provincias senatoriales.

Los gobernadores de estas provincias eran elegidos entre los senadores que habían realizado ya la magistratura pretoria. Las provincias de África y Asia constituía “la cima de la carrera política” (Suetonio, Vespasiano, 4), por lo que eran reservadas para los senadores que ya habían desempeñado el cargo de cónsules. La elección por sorteo recaía en el Senado y había diferencias entre unas provincias y otras: consulares y pretoriales, siguiendo unos grados de jerarquía.

Los gobernadores senatoriales usaban el título de procónsules y solían estar en el cargo durante un año. Dichos gobernadores tenían el imperium y la potestas, junto con competencias en la administración civil y judicial. Para asistirlos había un officium formado por funcionarios subordinados: legados y un cuestor con imperium propetorial (quaestor pro praetore) para las cuestiones financieras.

En relación a los ingresos de estas provincias, éstos debían engrosar el erario público, administrado por el Senado. A pesar de ello, había procuratores ecuestres destinados en las provincias para gestionar las propiedades imperiales, administrar las minas y cobrar algunos impuestos. Aunque en teoría estaban subordinados al gobernador, en la práctica dependían del emperador y su presencia solía provocar serios problemas.

Imperio Romano en el año 117 d.C. (Fuente)

Imperio Romano en el año 117 d.C. (Fuente)

 

  • La administración de las provincias imperiales.

Los gobernadores de las provincias imperiales eran elegidos directamente por el emperador entre personajes de rango consular o pretorial y su mandato podía prolongarse en el tiempo hasta que el emperador lo considerase oportuno. La Historia Augusta nos cuenta que el emperador Antonino Pío mantuvo a algunos gobernadores entre siete y nueve años al frente de provincias imperiales.

El gobernador de estas provincias era el representante del emperador, recibiendo el nombre de legatus Augusti pro praetore. La base de su poder era el imperium, clave para el mando de las tropas ubicadas en la provincia. Los gobernadores, a excepción de los momentos de conflictos militares, solían atender a los asuntos judiciales viajando por toda la provincia, junto con la recaudación de impuesto y el control de las finanzas.

Había una serie de funcionarios imperiales subordinados que le ayudaban en las tareas del gobierno de la provincia, destacando los procuratores encargados de las funciones financieras. Para el control de las legiones contaba con comandantes, legati legionibus, y para las funciones administrativas y jurisdiccionales contaba con los legati Augusti.

  • La administración de las provincias “procuratoriales”.

Había otros territorios del Imperio que no estaban gobernados por miembros del orden senatorial, sino que Augusto los destinó a ecuestres, los procuratores. Estas provinciales solían ser de reciente conquista y con problemas especiales que las hacían diferente al resto. Entre ellas podemos citar los ejemplos de provincias recién conquistadas como Retia y el Nórico, en la parte occidental, y la problemática provincia de Judea, en la parte oriental.

Al frente de ellas se encontraban los procuratoriales, pudiendo ser llamados también praefecti. Estos gobernadores solían tener amplios poderes aunque no estaban al mando de legiones ya que no contaban con imperium por lo que estaban al mando de unidades auxiliares. Había excepciones en los que sí podían estar al mando de legiones y recibía el título de  procurator pro legato.

Con todo ello, podemos decir que una de las provincias más importantes fue Egipto, considerado casi como “botín personal” de Augusto tras su conquista. Tal era su importancia que se prohibió la presencia de personajes importantes, tanto senatoriales como ecuestres, en su territorio sin el permiso del emperador por temor a una rebelión. Esta provincia quedó bajo el mando de un prefecto ecuestre (praefectus Aegypti), cargo considerado la culminación de la carrera ecuestre, nombrado por el emperador y con una milicia legionaria estacionada en el lugar. Debido a su gran riqueza, contó con un complejo cuerpo administrativo tanto de nueva creación como los heredados de época ptolemaica. Así, el emperador, considerado sucesor de los antiguos faraones, heredó un desarrollado sistema tributario y los diferentes monopolios, como el de la producción de papiro.  Esta diferenciación de Egipto con respecto al resto de los territorios del Imperio terminaría en época de los Severos convirtiéndolo en una provincia normal.

Emperador romano representado como faraón (Fuente)

Emperador romano representado como faraón (Fuente)

Como ya hemos apuntado, el número de provincias fue el resultado de tres factores: la conquista, la anexión de reinos-clientes y la desmembración de provincias ya existentes.  Entre los reinos-clientes incorporados por Roma podemos citar el ejemplo de Mauritania en época del  emperador Calígula que sería dividida en dos, Tingitana y Cesariense, por el emperador Claudio. Además hubo provincias que cambiaron de estatus por diferentes motivos como pueden ser los conflictos militares, tanto internos como externos, que obligaban la intervención del ejército romano.

En definitiva, podemos decir que en los dos primeros siglos de nuestra Era, el número de provincias imperiales aumentó en gran medida si lo comparamos con las provincias senatoriales. A principios del Principado de Augusto, el Senado contaba con diez provincias mientras que el emperador tenía en su poder siete provincias, junto con Egipto y la Galia. Ya en época de Trajano, había unas treinta y tres provincias imperiales frente a las once senatoriales. De esta manera, podemos ver el gran aumento del poder de los emperadores en relación a la administración territorial frente a la disminución de la influencia del Senado.

Bibliografía.

- Beltrán, J., Garnsey, P. y Saller, R., El Imperio Romano: economía, sociedad y cultura, Ed. Crítica, Barcelona, 1990.

 - Blázquez, J.M., Del Castillo, A. y Roldán Hervás, J.M., Historia de Roma: El Imperio romano (siglos  I-III), Ed. Cátedra, Madrid, 2007.

- López, P., y Lomas, F.J., Historia de Roma, Ed. Akal, Madrid, 2004.

Redactor: Francisco Cidoncha Redondo

Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla, especialidad Historia Antigua y Arqueología. Actualmente realizando el Doctorado en Historia Antigua tras haber cursado el Máster de Estudios Históricos Comparados. Interesado en todo lo relacionado con la política, la economía y la sociedad romana.

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