Iván IV “el Terrible”: El hombre tras el mito (I)

Muchas y de muy variada índole son las consideraciones que los grandes personajes de la historia reciben según la época en la que nos encontremos, el modo en que ha llegado hasta nosotros la información sobre ellos o simplemente la fama que les acompañó en vida y que ha resistido al paso del tiempo hasta hoy. En el presente artículo nos centraremos en la figura de uno de estos personajes: Iván IV, primer Zar de Rusia. Emparentado con Vlad Tepes Dracul, el temido príncipe de Valaquia por vía materna, se ha exportado siempre una imagen del zar en la que la crueldad y el sadismo son elementos predominantes. Aunque la figura de Iván no siempre despertó la misma animadversión en la historiografía —pues tenemos constancia de que incluso en la Unión Soviética el estalinismo lo tuvo en muy alta consideración—, sí es cierto que su persona ha quedado asociada a la crueldad más absoluta, la puesta en práctica de aberrantes torturas y suplicios físicos y ha sido considerado el más aterrador de los monarcas que se hayan sentado nunca en el trono ruso. Con demasiada frecuencia esta visión se ha superpuesto a un análisis del zar que vaya más allá de leyendas, tópicos o ideas preconcebidas que, si bien pueden ser veraces en ocasiones, necesitan ser contrastadas. Es por ello que en esta serie de dos artículos estudiaremos la figura del zar desde su infancia hasta su muerte para someter a examen y crítica tales consideraciones sobre su personalidad, su vida y su mandato.

Rusia antes del nacimiento de Iván IV

Como entidad política, Rusia no aparecerá hasta la creación del Imperio Ruso en 1721 con el zar Pedro I, el Grande, por lo que en el siglo XV, un siglo antes del nacimiento de Iván, sólo podemos hablar del Principado de Moscú. Iván III (1440-1505), abuelo de Iván IV, accedió al trono del principado en 1462, cuando la región del alto Volga y del Oka estaba en su mayoría bajo el control de Moscú; pero la Rusia Occidental formaba parte de Lituania y Polonia, mientras que las tierras del sur y del este estaban ocupadas por los tártaros de los kanatos de Crimea y Kazán, y Nóvgorod dominaba todo el norte de Moscovia (1). En este contexto, el principado moscovita se encontraba acosado por potencias extranjeras, pero en 1471 Iván III derrota a las fuerzas de Nóvgorod, anexionándose el territorio en 1478. A la muerte de Iván en 1505, su hijo Basilio accede al trono moscovita ese mismo año con el nombre de Basilio III (1479-1533). La política del nuevo príncipe comienza ya, al igual que lo hizo la de su padre, a mostrar claras aspiraciones a la unión de varios territorios bajo la tutela de Moscú. Como Gran Príncipe de Moscovia, Basilio III anexionó algunos territorios más como Smolensko. Respecto a la política matrimonial del príncipe, Basilio se casó con Solomoniya Sburova. No obstante, la incapacidad de Solomoniya de concebir hijos hizo que Basilio optase por recluirla en un monasterio en noviembre de 1525, casándose dos meses después con la princesa lituana Elena Glinskaya (1508-1533), madre del futuro Iván IV de Rusia.

Iván III de Rusia (1440-1505). Fuente.

Iván III de Rusia (1440-1505). Fuente.

La infancia de Iván

Iván IV Vasílievich nació en el palacio del Kremlin el día 25 de agosto de 1530, siendo hijo primogénito de Basilio III y Elena Glinskaya. Los cronistas de la época afirman que el día de su nacimiento cayó sobre Moscú una intensa tormenta con gran estrépito de truenos y brillo de relámpagos que aterrorizó a las gentes. Basilio III se encontraba exultante, pues llevaba esperando mucho tiempo un heredero al que dejar su trono y que llegó en la persona de Iván, naciendo poco después su segundo hijo, llamado Iuri. Los días de alegría y júbilo llegaron a su fin cuando en 1533 Basilio falleció en medio del llanto desconsolado de su esposa Elena, que tuvo que ser sacada de la habitación donde se encontraba el lecho de muerte de su marido, incapaz de controlar la profunda pena que le supuso la pérdida de Basilio. A partir de este momento la joven princesa lituana tuvo que asumir las riendas del gobierno del principado como regente, aunque la población moscovita desconfiaba de ella, debido a su procedencia lituana y a sus gustos occidentales. Ello, sin embargo, no impidió que asumiera la regencia hasta la mayoría de edad de Iván, cuyos derechos a la sucesión del trono moscovita quedaron reconocidos inmediatamente después de la muerte de su padre, cuando el metropolitano le bendijo como Gran Príncipe en la iglesia catedral de Prechistaya Bogoroditsa ante príncipes, boyardos, clérigos y el pueblo que allí se encontraba, con las siguientes palabras (2):

‹‹Dios te bendiga soberano, Gran Príncipe Iván Vasílievich de Vladimir, Moscú, Novgorod, Pskov, Tver, Yugorsk, Perm, Bulgaria, Smolensko y otras muchas tierras, zar y soberano de toda Rusia. Que la buena suerte te acompañe en tu gran reino y en el trono de tu padre.››

Basilio III (1479-1533) fue el último Gran Príncipe de Moscú, y padre del futuro  Iván IV

Basilio III (1479-1533) fue el último Gran Príncipe de Moscú, y padre del futuro Iván IV. Fuente.

Así pues, Iván era el legítimo heredero al trono del principado, pero su madre, como regente, tuvo que hacer frente a no pocos problemas, entre los que destacó el conflicto con los tártaros de Crimea y Kazán, que finalmente fueron contenidos. El golpe más duro para Iván llegó en 1538, cuando su madre falleció. El joven príncipe, que por aquel entonces contaba sólo ocho años de edad, estaba muy unido a su madre Elena, y cuando esta falleció se vio sumido en una gran tristeza, pues su mayor protectora había desaparecido, quedando ahora, tanto él como su hermano —por aquel entonces un niño sordomudo—, en manos de los boyardos de unas y otras facciones absolutamente deseosos de hacerse con el poder. El segundo gran momento de desesperación para Iván se da 17 días después de la muerte de su madre, cuando Ovchin-Telepnev-Obolensky, joven noble que había apoyado a Elena en vida y que fue como un padre para Iván —e incluso se rumoreaba que tuvo un idilio amoroso con la que fuera esposa de Basilio III— fue apartado de su lado. Para colmo de males, también se apresó a Agrafena, hermana de Obolensky y niñera de Iván. Se sabe que Obolensky murió de hambre en un calabozo poco después y Agafena fue trasladada a un convento al norte de Moscú. De este modo, las dos personas que más importaban a Iván después de la muerte de su madre desaparecieron súbitamente de su vida, por lo que el joven príncipe se fue volviendo una persona cada vez más desconfiada, que disimulaba sus sentimientos ante sus siervos, pero que rompía a llorar cuando la histeria se apoderaba de él. Al mismo tiempo Iván comenzó a odiar a los boyardos, sobre todo al grupo de los lituanos Shuisky, que participaron en el rapto de Obolensky y Agafena. El futuro zar creció con miedo a que él o su hermano perdieran la vida en cualquier momento a manos de los boyardos. Más tarde, en su madurez, declaró que incluso llegó a sufrir por la falta de comida y de ropa con la que abrigarse en estos años. Estas vivencias tuvieron una gran influencia en su reinado, pues decidió rodearse de miembros de la baja nobleza y no de la alta aristocracia boyarda.

La adolescencia de Iván y su coronación

Elena Glinskaya (1508-1538) demostró ser una regente con autoridad hasta su muerte, tras la cual los boyardos entraron en serios conflictos por la conquista del poder.

Elena Glinskaya (1508-1538) demostró ser una regente con autoridad hasta su muerte, tras la cual los boyardos entraron en conflicto por la conquista del poder. Fuente.

Nos equivocaríamos si pensáramos que Iván no desarrolló sino odio y rencor en su interior durante toda su vida. A sus controvertidas aficiones —gustaba de arrojar animales desde grandes alturas y presenciar su muerte al chocar contra el suelo— hay que añadir un vivo gusto por la Biblia y los textos sagrados gracias a la influencia del sacerdote Macario, que fue nombrado arzobispo de Nóvgorod en 1526 y que inculcó a Iván el gusto por el estudio de las escrituras y su análisis, por lo que el joven Iván se convirtió pronto en un chico dotado de una gran inteligencia y una mente despierta. Los años pasaron y en 1542 murió Iván Shuisky, que nunca dejó de maltratar al joven Iván, insultarle y humillarle. A Iván Shuisky le sucedió en el poder su hermano Andrei, pero el que fuera joven e inexperto príncipe de trece años sorprendió a todos cuando, para culminar su venganza contra los Shuisky, mandó arrestar a Andrei el 29 de diciembre de 1543 y ordenó echarlo a una cuadrilla de perros que lo despedazaron. Consumada su venganza contra quienes se lo habían arrebatado todo, y con 16 años de edad, Iván fue coronado Zar de toda Rusia el día 17 de enero de 1547 (3). Ahora Iván tenía el poder en sus manos de forma definitiva tras haber sobrevivido a los intentos de los boyardos de arrebatarle el trono, y estaba decidido a imponer su voluntad y castigar severamente a cualquiera que osara contradecirle. En realidad Iván no había hecho nada que no hubiera visto hacer ya a los boyardos que le rodeaban. Así, el ambiente en el que el que sería el primer zar se crió, lleno de violencia y miedo, hizo de él un hombre desconfiado y cauteloso, que en el momento de asumir el poder había sufrido grandes y dolorosas pérdidas.

(1)El río Oka es un afluente del río Volga. El kanato de Crimea fue un territorio controlado por los tártaros de Crimea situado al sur de la actual Ucrania, que existió desde 1420 hasta 1783. El kanato de Kazán fue otro de los estados tártaros, ubicado al norte del mar Caspio, que existió desde 1438 a 1552. El Principado de Nóvgorod remonta sus orígenes al siglo XII hasta que es anexionado por Iván III, Gran Príncipe de Moscovia, en 1478.

(2)Se denomina ‹‹metropolitano›› al patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Moscú. Los boyardos eran los representantes de la nobleza terrateniente en Rusia y otras zonas de la Europa del Este.

(3) La palabra zar deriva del ruso tzesar, o sea, César. El tzar es un gobernante independiente, no sujeto a ningún señor, que puede ser rey de un pueblo en particular o bien de varios territorios.

Bibliografía |

GREY, I., “Iván el Terrible”, Barcelona: Gedisa, 1996.

DE MADARIAGA, I., “Iván el Terrible”, Madrid: Alianza, 2008.

HELLMANN, M. ET AL., “Rusia”, Madrid: Siglo veintiuno, 1979.

LAMB, H., La marcha de Moscovia. Iván el Terrible y el desarrollo del imperio Ruso: 1400-1680″, Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1951.

IBÁÑEZ FOS, M.C., “Iván el Terrible en la historiografía rusa y soviética”, Revista d´historia medieval, Valencia, Universidad de Valencia, nº4, 1993, pp. 275-290.

Redactor: Rafael Duro Garrido

Graduado en Historia y Máster en Estudios Históricos Avanzados, itinerario de Historia Moderna, pero sobre todo apasionado de la Historia, el saber y el conocimiento en sentido amplio. Editor de la sección Historia Moderna de Témpora Magazine. Para contactar conmigo, estoy en Facebook y Twitter.

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