Iván IV ‹‹El Terrible››: el hombre tras el mito (III)

En el artículo del mes anterior,segundo de esta serie de tres, hablamos de los matrimonios de Iván y de parte de su política expansiva, así como de otras vicisitudes de su reinado, dejando nuestro relato a la altura de 1561, con un zar profundamente apesadumbrado por la muerte de Anastasia, su primera esposa, acaecida en 1560, y recién casado con María Temryukovna.

El aislamiento del zar: la Oprichnina

Los oprichnini en un lienzo de Nikolái Névrev (siglo XIX). Fuente.

Los oprichnini en un lienzo de Nikolái Névrev (siglo XIX). Fuente.

En 1564 el zar tomó una decisión que sorprendió a todos: abandonó Moscú y se dirigió a Alexsandrovsk, donde se instaló con la zarina y sus hijos. Al ver que el zar no regresaba a la ciudad, donde debía residir para gobernar, en enero de 1565 los clérigos y boyardos moscovitas se desplazaron hasta Alexsandrovsk para implorar a Iván que volviera a tomar las riendas del gobierno de sus súbditos. Finalmente Iván cedió a las pretensiones de los que demandaban su regreso a la capital, pero bajo una condición: podría gobernar como considerase más oportuno y sus decisiones no encontrarían cortapisa alguna. Los allí reunidos no vieron inconveniente en que así fuera y aceptaron de buen grado las condiciones impuestas por el zar. En febrero de 1565 Iván llegó a Moscú, pero no contento con la capacidad de ejercer su gobierno de forma autónoma y sin límites, el zar impuso una segunda condición a su pueblo: si los moscovitas querían seguir considerándolo su soberano, debían permitirle vivir en un recinto de su propiedad y uso exclusivo, que a partir de entonces recibiría el nombre de Oprichnina. La Oprichnina —que significa ‹‹parte separada›› en ruso— fue entonces conformada a costa de las tierras expropiadas a muchos boyardos. El nuevo espacio residencial del zar contaba, para su protección, con los servicios de mil hombres —que acabaron siendo seis mil—, llamados oprichnini, que la defendían y conformaban la guardia personal de Iván. La Oprichnina se hizo cada vez más y más grande, expandiéndose a costa del territorio moscovita restante, llamado Ziemschina, y conformando toda una ciudad dentro de Moscú. Los oprichnini, como guardia del zar, se convirtieron pronto en sujetos de enorme poder e influencia en la sociedad rusa, y comenzaron a perpetrar todo tipo de abusos contra la población civil, como robos y saqueos frecuentes, que fueron tolerados por Iván.

El ataque a Nóvgorod y la anexión de Siberia

Tras unos años de ejercicio de poder despótico y arbitrario, en los que se sucedieron las ejecuciones y los empalamientos de todos aquellos considerados por el zar como enemigos, en 1569, la zarina María falleció. Tras la muerte de su esposa —por la que Iván no profesó nunca un afecto especial— el ambicioso soberano emprendió una de las empresas que en mayor medida contribuyeron a forjar su fama de cruel y despiadado: el ataque y saqueo a Nóvgorod.

Todo comenzó cuando se extendieron ciertos rumores sobre la intención de los habitantes de Nóvgorod de ofrecerse como vasallos al rey de Polonia Segismundo Augusto, enemigo acérrimo de Iván IV. Cuando tales rumores llegaron a los oídos del soberano, éste montó en cólera y decidió atacar la ciudad, que por otra parte siempre había considerado un foco de sedición y desobediencia contra su autoridad. De este modo, en noviembre de 1570 los soldados moscovitas llegaron a la ciudad y la rodearon para que nadie pudiera escapar, a la espera de la llegada del zar, hecho que se produjo en enero de 1571, cuando dieron inicio las matanzas y el exterminio de buena parte de la población civil, que contemplaba aterrorizada la actividad depredadora del zar y sus oprichnini en actos de gran crueldad que se prolongaron durante meses y que tuvieron como testigo de excepción a su hijo, el zarevich Iván (1). Aunque los abusos, torturas y suplicios a los que fueron sometidos los habitantes de Nóvgorod no duraron más de unos meses, se calcula que murieron unas 60.000 personas, si bien estos datos proceden de estimaciones realizadas hace varias décadas, por lo que esta cifra podría variar. 1571 fue también el año en el que miles de tártaros procedentes de Crimea invadieron la zona meridional de Rusia, llegando a Moscú e incendiando los arrabales de la ciudad. La situación se vio agravada cuando el viento atizó el fuego y éste se extendió por la capital rusa, en la que pocos edificios se salvaron de las llamas a excepción del Kremlin, que sobrevivió al incendio.

En 1581 se produjo un acontecimiento que influiría notablemente sobre la imagen que Iván IV legó a la posteridad de soberano cruel y despiadado: la muerte de su hijo, el zarevich Iván. El trágico homicidio estuvo precedido por una acalorada discusión que padre e hijo mantuvieron a consecuencia de las sospechas que el primero albergaba sobre una supuesta conspiración que el segundo estaría organizando contra él para arrebatarle el poder. En un momento del litigio, el zar golpeó con su bastón varias veces a su hijo, hiriéndole de muerte en la cabeza. Aunque el zarevich no murió en el acto, su fallecimiento tuvo lugar poco después de la agresión paterna. El zar se mostró muy arrepentido de sus actos y rezó por la vida de su hijo agonizante, pero nada se pudo hacer por salvar al heredero al trono. La versión oficial sostuvo siempre que el hijo de Iván falleció debido a unas fiebres que terminaron por acabar con su vida.

En el ámbito de la expansión territorial, el reinado del zar Iván IV conoció en su última etapa la incorporación de un nuevo territorio a la soberanía rusa: la región de Siberia. Todo comenzó cuando, en 1558 el zar concedió a la familia Stróganov la posesión a perpetuidad de un extenso territorio a orillas del río Kama, así como la potestad para administrar justicia y reclutar soldados, entre otros aspectos (2).  Los Stróganov formaron un ejército de cosacos que en 1581 derrotó a las fuerzas del príncipe Kuchum de Siberia, y uno de los caudillos de las fuerzas cosacas, llamado Yermak, tras someter a algunos príncipes de Siberia, entregó la tierra conquistada a la soberanía del zar Iván. Se cuenta que en todo Moscú se oyeron gritos que rezaban:

‹‹¡Dios ha entregado un nuevo imperio a Rusia!››

El caudillo cosaco Yermak Timoféyevich (1532/42-1585), uno de los iniciadores de la conquista de Siberia

El caudillo cosaco Yermak Timoféyevich (1532/42-1585), uno de los iniciadores de la conquista de Siberia. Fuente.

 

La muerte de Iván y su legado

Iván IV de Rusia falleció el 18 de marzo de 1584. Aunque hay controversia al respecto, está aceptado por algunos especialistas que no murió por causas naturales, sino que fue asesinado, aunque se desconoce cómo se perpetró el supuesto magnicidio. Se sabe que antes de morir, el zar dotó a los monasterios moscovitas de grandes cantidades de dinero para reparar los daños causados a las familias de todos aquellos a los que había ordenado ejecutar y torturar. Aunque desconocemos los motivos de esta decisión, y dado el profundo sentido religioso que Iván confería a todos sus actos, no es descabellado pensar que el zar deseaba compensar el daño infligido en aras de un rápido tránsito de la vida terrena a la celestial.

Iván IV conmocionado tras la muerte de su hijo, en un lienzo de Iliá Repin (1885)

Iván IV conmocionado tras la muerte de su hijo, en un lienzo de Iliá Repin (1885). Fuente.

Más importante quizás que el modo en que falleció Iván es la imagen que del soberano se ha transmitido a lo largo de los siglos. Hemos de decir en primer lugar que el apelativo de grozny —erróneamente traducido como terrible— hacía referencia a alguien imponente y sobrecogedor, por lo que el calificativo que se empleó para designar al zar tuvo en su momento incluso connotaciones positivas. La primera historia que tenemos de Iván IV es la que en tiempos del zar escribió Andrei Kurbsky (1528-1583), titulada Historia del reinado de Iván IV, Iván el Terrible. En esta obra se comenzó ya a hablar de Iván como un ser cruel, despiadado y despótico, que precipitó a Rusia al abismo. Esta visión del zar está, sin embargo, muy mediatizada por la experiencia personal del autor de la obra, pues Kurbsky fue un boyardo de la confianza de Iván hasta que en 1564 se hizo vasallo de Lituania, traicionando a su antiguo señor, contra el que a partir de entonces lucharía movido por una profunda animadversión. En el siglo XIX el zar despertó un enorme interés y se estudió sobre todo la personalidad de Iván para poder así explicar su comportamiento y las decisiones que tomó. En la Unión Soviética, a pesar de que el XVI fue visto como un siglo de capitalismo mercantil y por tanto poseedor de una consideración peyorativa, la figura de Iván el Terrible se fue recuperando hasta llegar a ser muy ensalzada durante el estalinismo. En conclusión, podemos deducir que no hay un solo Iván IV, sino más bien muchos de ellos, todos y cada uno representados según las diferentes realidades históricas que ha vivido Rusia y según los intereses políticos imperantes, que han centrado más su atención en unos aspectos que en otros.

Sin embargo, y a pesar de todas las visiones particulares que sobre un momento o personaje histórico puedan ofrecerse, el objetivo de esta serie de tres artículos no ha sido otro que estudiar la figura de uno de los más importantes personajes de la historia de Rusia desde un punto de vista lo más global posible, entendiendo que los mitos y las imágenes que nos han llegado de ciertas personalidades históricas son, en muchos casos, construcciones que deben ser, independientemente de que sean fieles a la realidad o no, revisadas y estudiadas en aras de un estudio de la historia honesto y en la medida en que es posible objetivo.

(1) Zarevich es el nombre que se le daba en ruso al heredero al trono.

(2) El río Kama es un afluente del Volga por su margen izquierda.

Bibliografía|

BUSHKOVITCH, P., Historia de Rusia”, Madrid: Akal, 2013.

DE MADARIAGA, I., “Iván el Terrible”, Madrid: Alianza, 2008.

GREY, I., “Iván el Terrible”, Barcelona: Grijalbo, 1966.

IBÁÑEZ FOS, M.C., “Iván el Terrible en la historiografía rusa y soviética”, Revista d´historia medieval, Valencia, Universidad de Valencia, nº4, 1993, pp. 275-290.

TROYAT, H., “Iván el Terrible. Zar y Gran Príncipe de toda Rusia”, Barcelona: Vergara, 2003.

Redactor: Rafael Duro Garrido

Graduado en Historia y Máster en Estudios Históricos Avanzados, itinerario de Historia Moderna, pero sobre todo apasionado de la Historia, el saber y el conocimiento en sentido amplio. Editor de la sección Historia Moderna de Témpora Magazine. Para contactar conmigo, estoy en Facebook y Twitter.

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