La Orden de los Hospitalarios: del cuidado de enfermos a su defensa

Uno de los momentos históricos más conocidos de la Historia medieval son, sin duda, las Cruzadas, cuando la Cristiandad latina se lanzó siguiendo el llamamiento de diferentes papas para recuperar los Santos Lugares de manos de los musulmanes. A lo largo de nueve cruzadas reyes, nobles, clérigos y miembros del pueblo se dirigieron hacia Tierra Santa con el fin de cumplir esta misión, y otras que respondían a intereses particulares menos espirituales. Y entre todos, destacó una peculiar combinación de monjes y guerreros que surgió en esta época para la conquista y defensa de los Santos Lugares, entre otras funciones, las órdenes militares. Entre éstas destacaron en su época y posteriormente la Orden del Santo Sepulcro, la Orden del Temple, la Orden Teutónica y la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén. De las cuatro, la última consiguió perpetuarse a lo largo del tiempo, con sus modificaciones, hasta llegar a la actualidad como una organización reconocida jurídicamente a nivel internacional con el nombre de Soberana Orden militar y hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, es decir, la Orden de Malta.

Hermano Gerardo

El beato Gerardo, fundador de los caballeros hospitalarios. Fuente

La historia de esta orden militar empieza en el siglo XI, poco antes de la conquista de Jerusalén por la Primera Cruzada, entre 1020 y 1048, en un hospital de la Ciudad Santa situado en el monasterio benedictino de Santa María de la Cruz Latina o de los Latinos, y fundado para asistir a los peregrinos que llegaban a Jerusalén. Estaba administrado por una comunidad religiosa dirigida por un noble conocido como el (beato) hermano Gerardo bajo la denominación de Hermanos del Hospital de San Juan de Jerusalén. Después de la conquista cruzada la situación del hospital mejoró considerablemente y la comunidad pasó a encargarse de buena parte de los hospedajes que se fueron fundando en el Reino latino de Jerusalén, gracias a las donaciones que empezaron a llegar desde Europa.

La comunidad hospitalaria dio un importante paso cuando el papa Pascual II, mediante la bula Piae postulatio voluntatis, emitida el 15 de febrero de 1113, los convirtió en una orden religiosa, independiente de los obispos tanto en Jerusalén como en los lugares en los que ya se habían instalado con hospitales y otros establecimientos. Los hermanos del Hospital de san Juan, ya el Bautista, adoptaron la regla de san Agustín con los votos de pobreza, castidad y obediencia, y un hábito monástico de color negro. A su labor hospitalaria se sumó el deber de proteger a los peregrinos que llegaban por tierra y sus pertenencias y a Jerusalén si hiciera falta, aunque esto implicó contratar guerreros para ayudar con la misión. La transición de orden hospitalaria a orden militar, en la cual, junto a los capellanes y a los hermanos de oficio aparecieron como grupo propio los caballeros, fue muy lenta y dilatada en el tiempo pero imparable; y para el año 1300, año del que conservamos la regla hospitalaria más antigua aunque estaría basada en una redactada en 1118, se tenía como fines de la orden el servicio a los pobres y la defensa de la fe.

Esta nueva misión propició que los hospitalarios se involucraran activamente en las Cruzadas y en las acciones militares realizadas en Tierra Santa, y con el tiempo fuera de ella como Egipto. En los primeros momentos sólo podían luchar para defender el reino de Jerusalén si el rey lo pedía, algo que ocurrió con el monarca leproso Balduino IV para hacer frente a Saladino en 1177, al que derrotaron. No sólo se encargaban de hospitales, también empezaron a recibir castillos para colaborar en la defensa frente a los ejércitos musulmanes. De todos lo que recibieron y construyeron sobresalió uno: el Crac de los Caballeros, levantado entre 1142 y 1170 sobre una construcción anterior más modesta y que ha pasado como una de las grandes construcciones militares de la Edad Media.

Caballero Hospitalario

Caballero hospitalario con el hábito monacal. Fuente

Durante la época de las cruzadas, los miembros de la orden llevaban una vida muy austera, estricta y religiosa, propia de monjes que profesaban votos monásticos, dirigida por su propia regla religiosa. Su día estaba dominado por el rezo litúrgico; el entrenamiento militar para asegurar que estuvieran siempre preparados para todo tipo de combate, lo que hacía necesaria una buena alimentación que chocaba con su voto de pobreza; y la atención a los enfermos, algo que nunca abandonaron y en el que destacaron. Como soldados llevaban una armadura de calidad pero sencilla, sin más adornos que los símbolos de la orden y como armas usaban principalmente la lanza y la espada. Como monjes, su hábito era negro, como ya se ha mencionado antes, con el símbolo que se ha convertido en uno de los emblemas más representativos de la Orden de Malta, una cruz blanca de ocho ángulos y ocho puntas. El otro símbolo es su bandera con una cruz latina blanca sobre un campo rojo, aunque fue usada a partir del siglo XIII.

Su profunda religiosidad y su destreza y disciplina militares los convirtieron en unos guerreros fieros y dispuestos a poner a sus enemigos en serios apuros a pesar del escaso número que había de caballeros, por ejemplo en toda Tierra Santa no hubo más de 500 hospitalarios, por lo que siempre había que contratar mercenarios para aumentar el ejército hospitalario. Este número reducido de caballeros fue una constante durante la época medieval, de manera que si al principio tenían que ser de noble cuna la norma tuvo que relajarse por la necesidad de contar con más efectivos. Estos nuevos caballeros procedían de la Cristiandad europea, principalmente de Francia e Italia, aunque llegaban también de la Península Ibérica y Europa Central entre otras regiones.

La presencia hospitalaria desde sus inicios como orden militar no se quedó en las tierras de Ultramar, también establecieron importantes comunidades en Europa, incluso cuando sólo era una orden hospitalaria. A través de ellas, se podía gestionar el patrimonio cada vez mayor que iba recibiendo y comprando la orden y dar una buena imagen de los hospitalarios ante los europeos. Su habilidad política les ayudó a mantenerse al margen, en casi todos los casos, de las peleas entre los reyes y señores europeos para continuar su labor. La finalidad de esta red internacional, que se fue haciendo cada vez más compleja, era ayudar a los peregrinos a ir a los Santos Lugares y proveer de personal, animales y materiales a los guerreros que estaban luchando para que pudieran continuar la lucha y mantener los costosos castillos.

La necesidad de un contacto fluido entre Europa y Oriente y de ayudar a los peregrinos a alcanzar por mar Tierra Santa movió a los hospitalarios a interesarse por el mundo naval. En un principio tenían que recurrir a barcos de otros estados para el transporte de personas y mercancías. Con el tiempo y gracias a la creciente prosperidad de la orden por el comercio, los hospitalarios empezaron a adquirir barcos hasta que en el siglo XIII consiguieron tener su propia flota, aunque no era comparable a la de potencias marítimas como Génova y Venecia. Sin embargo, los hospitalarios evolucionaron hasta convertirse en guerreros expertos en las luchas en alta mar como también lo eran en tierra.

Asedio de Acre

Asedio de San Juan de Acre de 1291. Fuente

Mientras aumentaban su patrimonio y capacidad económica e intentaban llevar una vida religiosa acorde a lo que exigían sus reglas, aunque esto se incumplía en ocasiones y provocaba importantes críticas del clero, continuaron su actividad militar, y hospitalaria, en Tierra Santa y el Levante, donde los musulmanes denominaban a los caballeros con el nombre de al-osbitarA lo largo de las distintas cruzadas, demostraron su habilidad militar y su disciplina en el combate. Por ejemplo, fue muy destacada cómo fueron capaces de defender el Crac de los Caballeros de diversos asedios, incluso frente a Saladino. Sin embargo, se vieron envueltos por los problemas por los que atravesaban los reinos y señoríos francos. Por un lado, no pudieron evitar la pérdida progresiva de Tierra Santa, y en especial de Jerusalén, con lo que también perdían el control de la que había sido su cuna, el Hospital de San Juan, en 1187. Por otro lado, tuvieron enfrentamientos con otras órdenes militares, especialmente los templarios, para lo cual fue necesaria la intervención del Papa, y con algunos señores francos. Además se les sumaba importantes derrotas frente a los musulmanes, con lo cual se perdía un importante número de caballeros. No obstante, aún en estos momentos demostraron ser unos expertos guerreros dispuestos a vender cara la derrota, y lo demostraron en los últimos años de la presencia cruzada en Ultramar en la conquista por parte de los mamelucos egipcios de las fortalezas hospitalarias de Arsur (1265), el Crac de los Caballeros (1271) y Marqab (1285) y las últimas ciudades francas, especialmente Trípoli (1289) y San Juan de Acre (1291), donde las tres órdenes militares más importantes, hospitalarios, templarios y teutónicos, lucharon juntos por última vez en Tierra Santa.

A pesar de ser expulsados de Tierra Santa, no desapareció el ideal de hacer la guerra contra los musulmanes para recuperarla o al menos frenar su avance, entre los hospitalarios. Habían perdido tanto el Hospital como todas sus fortalezas pero conservaban el entramado creado en Europa, de manera que buscaron una localización en la que asentar su sede, cerca de territorio musulmán. En un primer momento se instalaron en la isla de Chipre, conquistada por el rey Ricardo Corazón de León en 1191 a un líder bizantino. Sin embargo, la isla no era próspera ni apta para lo que buscaban los hospitalarios y se preveía una invasión inminente de los mamelucos egipcios. Durante un tiempo se pensó en trasladar la sede central al sur de Francia, pero eso era visto como una renuncia a su ideal cruzado. Buscaron un enclave cerca de los musulmanes pero que no pudiera ser fácilmente conquistado ni por éstos ni por bizantinos y que tuviera recursos suficientes para su actividad. Los ojos de la orden se posaron en una isla del Egeo, supuestamente bajo soberanía bizantina pero que prácticamente era una base pirata y situada frente a las costas de la península de Anatolia, Rodas.

En junio de 1306 los hospitalarios desembarcaron en la isla y empezaron la conquista de los centros de población. En septiembre del año siguiente, el papa Clemente V les concedió Rodas aunque aún no estaba completamente sometida. Sólo conquistaron Filermo, la principal fortaleza, al mes siguiente, y el 15 de agosto de 1310 se consideró que la conquista había terminado y la sede central de la Orden se asentó aquí para los próximos dos siglos.

En Rodas, los hospitalarios construyeron su propio estado, donde tenían que convivir con los nativos de la isla, cristianos de rito bizantino que fueron marginados; los caballeros, que se establecieron en la capital en sus propios espacios de acuerdo a la nación o lengua (1) a la que pertenecían; los nuevos colonos procedentes de Europa; y los comerciantes. Sin embargo, los hospitalarios consiguieron convertir la isla en una importante avanzada del mundo cristiano frente al mundo musulmán que se estaba expandiendo a despecho del Imperio bizantino. Para ello favorecieron el desarrollo económico y cultural de la isla, haciendo de la capital una ciudad que parecía sacada de la Europa continental.

Hospital de Rodas

Hospital de los caballeros hospitalarios en Rodas. Fuente

Durante su etapa aquí, los caballeros continuaron llevando, o al menos se pretendía que llevaran, una vida monacal y militar muy estricta, siempre preparados para hacer la guerra por tierra y por mar. La orden había terminado por desarrollar su estructura jerárquica interna para su mejor funcionamiento dirigida por el maestre, aunque el poder supremo lo ostentara el Capítulo General. Todo esto, junto con la creciente prosperidad económica, favoreció su capacidad para participar en acciones militares ofensivas y defensivas, pues desde el siglo XIV al XVI la isla tuvo que hacer frente a varios intentos de invasión por parte de los musulmanes. A pesar de su actividad militar, no olvidaron su misión original de cuidar de peregrinos y enfermos, y antes del año 1311 contaba la isla con un hospital en el cual todos los hermanos tenían que colaborar y que con el tiempo se convirtió en una gran y bella construcción con 1000 camas para atender enfermos.

Rodas se convirtió en su hogar y en una de las posiciones más avanzadas de la Cristiandad latina hasta el 1 de enero de 1523. Después de un durísimo asedio al que fueron sometidos por Solimán el Magnífico, y que provocó la admiración del sultán otomano, tuvieron que abandonar su sede central, una vez más, y buscar un nuevo sitio que los acogiera. Finalmente, en 1530 acabaron en otra isla del Mediterráneo por cesión del emperador Carlos V y que les daría el nombre por el que son conocidos actualmente, Malta. Pero ésta es otra historia.

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(1): Lenguas de Provenza (Francia meridional), Auvernia (Francia central), Francia (Francia septentrional), Aragón (Corona de Aragón), Italia, Inglaterra (Islas Británicas), Alemania (Alemania y Europa central y del este) y Castilla (Castilla y Portugal, aparecida en 1462 al separarse de Aragón).

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Bibliografía|

CANALES TORRES, C., y DEL REY VICENTE, M., Los halcones del mar. La Orden de Malta, Madrid: Editorial Edaf, 2013.

DEMURGER, A., Caballeros de Cristo. Templarios, hospitalarios, teutónicos y demás órdenes militares en la Edad Media (siglos XI al XVI), Granada: Editorial Universidad de Granada, 2005.

DEMURGER, A., Les Hospitaliers, Paris: Tallandier, 2013.

MAALOUF, A., Las Cruzadas vistas por los árabes, Madrid: Alianza editorial, 2013.

PAVÓN BENITO, J., y BONET DONATO, M. (eds.), La Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén. Contextos y trayectorias del Priorato de Navarra medieval, Pamplona: Ediciones Universidad de Navarra, S.A., 2013.

Redactor: Fermín Valenzuela Sánchez

Licenciado en Historia por la Universidad de Granada (2007 - 2012). Máster de Historia: de Europa a América: Sociedades, Poderes, Culturas (EURAME) por la Universidad de Granada (2014-2015). Alumno del programa de Doctorado en Historia y Artes de la Universidad de Granada. Interesado en Historia medieval, Historia del cristianismo y Bizancio.

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