Historia y dictadura

La Historia siempre ha sido objeto de manipulación y en el contexto de una dictadura nacida tras una cruenta guerra civil, la justificación de un pasado siempre debía buscar la legitimación del presente, es por ello que en estos caso, la manipulación puede verse elevada a su máximo exponente. Lo cierto es que durante el periodo franquista la imagen de la historia nacional fue variopinta. En el siguiente artículo, escrito en conjunto por los editores de Témpora Magazine, haremos un repaso por las diferentes etapas de la historia, haciendo hincapié en el trato historiográfico e ideológico que la historiografía oficialista y el régimen franquista divulgó como verdad absoluta del pasado español.

Prehistoria y Arqueología durante el régimen franquista 

por Sergio Morón Muñoz

Es de todos conocido que durante la dictadura franquista la enseñanza y concepción de la Historia como disciplina sufrió un atraso con respecto a la etapa republicana anterior. Dentro de una educación muy controlada por el régimen, la Historia especialmente sufrió un grado de censura bastante riguroso debido al poder que otorgan estos conocimientos. Pese a esto, etapas como la Medieval o la Moderna se ensalzaron en detrimento de otras, como es el caso de la Prehistoria.

La explicación de los albores de la humanidad conllevaba ciertos debates muy censurables por el régimen, y en especial por uno de sus pilares más importantes, la Iglesia Católica. Desde finales del siglo XIX la Teoría de la Evolución se fue expandiendo por todo el mundo y otorgó una explicación razonable y científica al nacimiento del ser humano. Como es evidente, esta teoría chocaba completamente con el dogma implantado por la religión cristiana, por lo que la Dictadura ni la contempló en las aulas de los más pequeños. En resumidas cuentas, la Prehistoria se enseñaba poco y mal, ya que los temarios dedicados a esta etapa de la Historia eran absurdamente ínfimos comparado con otras más importantes para el Régimen, como las anteriormente citadas Medieval y Moderna, cuna de la nación española. Si a esto añadimos que, para los profesores, el género humano surgió con Adán y Eva, apaga y vámonos.

Sin embargo, en la Europa de estos años las teorías evolucionistas aplicadas a la Prehistoria están triunfando, y por muchas trabas que pusiera Franco y la Iglesia, estas teorías acabaron llegando a las élites intelectuales universitarias, aunque adornadas un poco para que un estado católico apostólico y romano no pusiera el grito en el cielo. Se empieza a hablar entre estos eruditos de términos como evolución cultural, aunque la evolución biológica ni se contempla. También ayudó a esta cierta asimilación de conceptos europeos el boom que sufre en estos años la incipiente arqueología profesional, todavía muy lejos de lo que hoy en día conocemos por tal nombre, pero que ya se empieza a interesar por la búsqueda de conocimientos que no impliquen un tesoro de por medio.

Y es precisamente en este campo, la arqueología, donde únicamente podemos salvar algo del triste concepto que se tenía en aquella época de la Historia, y es que a diferencia de la pobre educación que se impartía en las escuelas, o de la aceptación adulterada de conceptos en las universidades, el régimen franquista sí que se interesó más por este ámbito, y lo que es más importante, por otorgarle el necesario control que estaba pidiendo a gritos esta disciplina. Así pues, aunque fundadas sobre conceptos muy decimonónicos, el Estado creó las Comisiones Provinciales de Monumentos, las cuales tenían la potestad del control de trabajos arqueológicos. Aunque los motivos de este impulso fueron siempre en beneficio del régimen, ya que se pretendía buscar el origen de la nación y la españolidad desde épocas prehistóricas, sin duda alguna fue un paso que benefició al patrimonio nacional, que hasta ese momento, y salvo intentos fallidos, estaba totalmente descontrolado.

La Historia Antigua y el franquismo

por Antonio Arteaga Infantes

Para el franquismo, la Historia Antigua, solo centrada en España, no tenía un papel tan relevante como sí lo tuvo la Historia de la Edad Moderna española. Pese a ello no escapó –en los ámbitos académicos y escolares- del revisionismo tras la Guerra Civil y a lo largo de toda la etapa de la dictadura, ya que la Historia para el franquismo era otro aparato más de propaganda, así como de formación política de las nuevas generaciones en la inculcación del nacionalismo español y el catolicismo.

Tras la depuración de las universidades y los colegios, el aparato pensante del régimen tomó aquellas ideas decimonónicas que les interesaba, las exageraron y las manipularon hasta la saciedad produciendo un estancamiento en la investigación hasta la década de los 60[1]. Por lo tanto, la Historia Antigua de época franquista tenía como objetivo el estudio de los orígenes del pueblo español, caracterizado por una serie de virtudes que les eran innatas y que los diferenciaba de otros pueblos: tener un espíritu independiente, belicoso, heroico, austero, sobrio y sencillo, así como un elevado sentido de la dignidad. Virtudes asociadas al catolicismo. Así, en la historiografía y en los libros escolares franquistas se hablará de España y los españoles (Un ejemplo de ello es el libro de A. García y Bellido España y los españoles hace dos mil años según Estrabón, 1945).

Bajo estos enfoques, se destacaron en la investigación y en los libros escolares momentos y pueblos concretos en lo que lo “español” convenía a destacar. Así, el mítico Argantonio, “el primer español de nombre conocido”, y siguiendo las ideas postuladas por A. Schulten en Tartessos (1921), era un rey de un gran reino, asimilado con la cultura griega (lo europeo) en detrimento de los fenicios (lo semítico), que presagiaba el Imperio español de la Edad Moderna.

Los iberos, pese a formar una cultura definida, con una escritura, era un pueblo supuestamente procedente del norte de África, muy influenciados por los extranjeros griegos y fenicios y opusieron poca resistencia al Imperio romano (aunque tampoco olvidaron que los “primeros mártires” de la independencia de “España” fueron los líderes Indíbil y Mandonio). En cambio, los pueblos célticos del norte y de la Meseta se encontraban las esencias de lo “español”. Procedentes de Europa Central (es decir, arios, en unos momentos en los que el régimen era aliado de la Alemania nazi y todo lo germano era bien visto) y en contra de los iberos, estos pueblos si tomaron una decidida resistencia a lo romano y donde surgen los grandes símbolos de lo “español”, a los que había que imitar: la ciudad de Numancia, que luchó hasta la muerte contra el invasor, o el “caudillo” Viriato, precursor del caudillo Francisco Franco[2]. Ejemplos a imitar mil veces repetido en los libros escolares.

En cuanto al período romano, aunque estos eran un pueblo invasor, también se les veía como un pueblo que introdujo muchos elementos beneficiosos, así como los primeros que unificaron el territorio. Pronto, se vio a Franco como un Augusto de su época, que exterminó una república decadente e instauró un período de paz (esto una vez más, iba en paralelo con las buenas relaciones con la Italia fascista). Los historiadores del régimen pronto vieron que lo “español” supuso para el decadente Imperio romano una revitalización, incluso una hispanización, con figuras como Trajano (un emperador español) o Séneca.

El libro de España

Portada libro de texto donde la Historia era manipulada bajo las connotaciones nacionalistas de la “Nueva España”. Fuente.

Por último, esa predisposición natural del español al catolicismo se muestra ya desde el siglo I, cuando el cristianismo se difunde por el Mediterráneo. “España” es el lugar donde más se difunde y donde aparece un gran número de mártires, más que en cualquier parte del Imperio. Además, importante y decisivo fueron los papeles de los “españoles” en la instauración del catolicismo, como pasó con las figuras de Osio de Córdoba, obispo y consejero de Constantino, de la mano de Teodosio (otro emperador español) o en la conversión de los reyes visigodos.

 “Los reinos de España en el Medievo”  El franquismo y la historia medieval de la Península Ibérica

por Antonio L. Martínez Rodríguez

La Edad Media supuso para el franquismo una fuente inagotable de elementos en la conformación del imaginario simbólico del régimen. Pese a que el periodo histórico predilecto para la exaltación de la identidad nacional era la Edad Moderna, ejemplo de la España imperial, descubridora y evangelizadora, el nacionalismo español y el catolicismo integrista -pilares ideológicos fundamentales de la dictadura- encontraron en el Medievo buena parte de su mito fundacional.

Más allá de emplear las figuras de los Reyes Católicos, representación por antonomasia de la unidad territorial y religiosa de España, el franquismo eligió aquellos elementos que le interesaban de una Edad Media que no le era particularmente propicia para su utilización ideológica, ya que fue una época caracterizada por los enfrentamientos entre los diferentes reinos y la diversidad religiosa en la Península Ibérica.

Sin embargo, el aparato simbólico de la dictadura necesitaba alimentarse de la concepción idealizada del caballero medieval y del concepto de “cruzada”. La exaltación de elementos nacionales del pasado colectivo como Rodrigo Díaz de Vivar o Fernán González era básica para la propaganda ideológica del régimen y el adoctrinamiento de las nuevas generaciones.

Mientras que la conmemoración del Milenario de Castilla era fiel reflejo del castellanocentrismo de la historiografía durante el franquismo, personajes históricos como el Cid eran representados como la encarnación del Caudillo, o conceptos como la “Reconquista” de los reinos cristianos eran empleados para definir la recientemente acaecida Guerra Civil. La España católica y unida ya presente en la lucha contra los musulmanes en el Medievo servía como paralelismo, o incluso antecesora, de la particular “cruzada” que se vivía en el momento actual con la Iglesia como guardiana del nacional-catolicismo. La visión unitaria de una España como “reserva espiritual de Occidente” y la marca del “espíritu nacional español” determinaron profundamente la concepción de la Historia de España y la enseñanza de la misma durante el régimen.

La Edad Media ha sido la fase histórica determinante para la construcción del discurso nacional de buena parte de los países europeos y de los denominados territorios históricos de España. Con la llegada de la democracia, parte de esa visión ficticia de la España desmembrada ha sido superada para mostrar la diversidad existente en este periodo. Pese a ello, todavía queda presente en algunos sectores de la historiografía el lastre de esas concepciones pasadas, nociones heredadas y alimentadas en gran parte durante el franquismo. Viejos y anquilosados conceptos como “Reconquista” siguen aún vigentes bajo el impulso de un periodo marcado por la instrumentalización de la Historia para fines políticos y propagandísticos.

La Edad Moderna durante el franquismo

por Rafael Duro Garrido

La Edad Moderna fue sin duda una época llena de simbolismo en la educación franquista. Así pues, y a pesar de que existieron diferentes libros de texto durante el Régimen, se dieron una serie de patrones comunes en la enseñanza de la Historia. Dicho esto, en primer lugar hemos de destacar la importancia de los Reyes Católicos. Los monarcas fueron objeto de todo tipo de alabanzas debido al gran servicio que, según entendían los teóricos del Régimen, habían hecho a España.

En primer lugar, los piadosos reyes habrían creado, gracias a su matrimonio, la España que conocemos. Además expulsaron a los musulmanes de Granada, situando a todo el país bajo el gobierno de la única fe verdadera y auténtica: el cristianismo, y más concretamente el catolicismo romano. Con el descubrimiento de América en 1492 la gloria de España se vería aumentada. Tras el gobierno de Fernando e Isabel los llamados por entonces Austrias Mayores no harían sino engrandecer la ya monumental gloria hispana gracias a las conquistas en América, creando lo que se consideraba el imperio más grandioso que haya conocido la humanidad. La añoranza por este imperio fue una constante en la educación del franquismo.

 

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Ilustración del libro de texto España es así, editado en el año 1946, que representa a un misionero evangelizando a los indígenas americanos. La importancia de la empresa americana fue central en la enseñanza de la historia durante el franquismo.

El siglo XVII sería presentado en cambio como una época de decadencia y depresión provocadas por las inmoralidades y holgazanerías de los Austrias Menores. No obstante, aunque no fuera en el ámbito político, la grandeza de España se hizo patente en el mundo de las letras y las artes. Así pues, Góngora, Tirso de Molina, Lope de Vega y Velázquez, entre otros, copan la grandeza y la gloria de España en los libros de texto, y no tanto los monarcas del Siglo de Oro.

El Siglo de las Luces no lo fue tanto en la España de la educación franquista. Tras la Guerra de Sucesión, es una dinastía francesa la que se apodera de la infortunada España. Los Borbones, se entendía, no solo trajeron costumbres extrañas a la nación, sino que además ampararon ideas contrarias a la misma razón de ser de la misma, como eran las procedentes de la Ilustración. De esta manera, se entendía, la “esencia española” se vio amenazada por ideas peligrosas y perversas hasta el final de la Modernidad.

La Edad Contemporánea en la dictadura

por Guillermo Rubio Martín

La enseñanza de la historia contemporánea durante el franquismo estuvo determinada por un hecho que hoy nos resulta cuanto menos extraño: la edad contemporánea estaba por la mitad. Lo que quiere decir esto es que a la victoria del bando franquista en la contienda civil la Segunda Guerra Mundial no había empezado todavía y cuando se publican los primeros libros de texto ni siquiera aparece una distinción clara de la Edad Contemporánea. En uno de estos libros de preparatoria algún despistado podría buscar la opinión sobre la Alemania Nazi del franquismo y, por supuesto, no encontrar nada de nada.

Así, siguiendo la delimitación clásica de la historiografía para las edades, la Revolución Francesa aparece como una época de revueltas y asesinatos caracterizada por el Terror y la represión revolucionaria. La Guerra de Independencia aparece sin embargo es presentada como una lucha épica de las fuerzas populares españolas para echar al invasor extranjero. Es una visión que sigue presente a día de hoy y que será complicada de desnaturalizar dentro de una corriente dialéctica de engrandecimiento de la idea patria, dada que la propia potencia del relato de la “sublevación contra el invasor” es muy poderosa y un gran mito fundacional unificador.

Continuando con el s. XIX se considera a medias las labores de la corona y la promulgación de diversas constituciones y las sublevaciones carlistas y otras “irregularidades” de la centuria. Debemos recordar aquí que la educación que tratamos es principalmente para niños y adolescentes y que no era nada característico de este tipo de enseñanza contemplar periodos de largos procesos y las evoluciones o consecuencias de los mismos. Era una educación positivista dedicada a aprender de memoria ciertos datos y hechos relevantes sin más contexto.

Sin duda el hecho clave del s. XIX para la educación franquista es la pérdida de Cuba que marca el inicio de la “degeneración” española y a continuación la guerra de África. Sorprendentemente la llegada de la República se narra de forma bastante aséptica y solo se hace una referencia expresa de forma negativa a las medidas anticlericales del periodo republicano. No queda claro si esto es por un deseo de pasar rápido sobre este periodo, al que si se culpa claramente de la Guerra Civil (otro mito que hoy continua vigente) o de no hablar de medidas que quizá hubieran hecho pensar a alguna cabecita juvenil (voto femenino, por ejemplo).

La Guerra Civil ocupa por último un lugar destacado dentro de los libros de texto de los diferentes grados y la preparatoria. Aquí si se detiene un poco más la redacción y aparecen continuas referencias a la “cruzada nacional” y a la figura heroica de Franco, teniendo como hechos fundamentales la Defensa del Alcázar de Toledo, la Toma de Bilbao y la Batalla del Ebro como último estertor de un enemigo agotado que al poco tiempo tiene que rendirse.

 

Bibliografía|

CORBÍ, J. F., “El Franquismo en la Arqueología: El pasado prehistórico y antiguo para la España, Una, Grande y Libre”, Arqueoweb 11, Universidad Complutense de Madrid, 2009

RUIZ ZAPATERO, G. y ÁLVAREZ SANCHÍS, J.R., “La Prehistoria enseñada y los manuales escolares españoles”, Complutum 8, Universidad Complutense de Madrid, 1997

M. ÁLVAREZ MARTÍ AGUILAR y F. WULFF ALONSO (coords.), Antigüedad y franquismo (1936-1975), Málaga, 2003.

NICOLÁS MARTÍN, MARÍA ENCARNA, “Crisis y añoranza del imperio durante el franquismo: la presión de la memoria”, Anales de Historia Contemporánea. Murcia: Universidad de Murcia, 1998.

SERRANO DE HARO, AGUSTÍN, ”España es así”, Jaén: Editorial Escuela Española, 1946.

PINEDA ARROYO, José María. “La literatura pedagógica española contemporánea. (1942-1976)”. 1987, Ed. Universidad de Salamanca.



[1] La Historia Antigua no existía como disciplina, sino que dependía de los estudios realizados desde los campos de la Filología Clásica y de la Arqueología. Las primeras cátedras de Historia Antigua no fueron creadas hasta la citada década.

[2]Al cual se le omite su origen lusitano y, por lo tanto, “portugués”, como defendía la dictadura de Salazar.

Redactor: Témpora Mágazine

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