Herschel Grynszpan y la Noche de los Cristales Rotos

La Kristallnacht, o Noche de los Cristales Rotos pone nombre a los sucesos violentos y destructores que tuvieron lugar en Alemania, e incluso algunas regiones de Austria, entre la noche del 9 y 10 de noviembre de 1938, si bien algunos se prolongaron varios días.   Miles de viviendas y tiendas cuyos propietarios eran judíos fueron asaltadas, víctimas del pillaje, mientras al menos mil quinientas sinagogas ardían. Más allá del grave daño material propiciado a la comunidad judía, cuyo valor resulta hoy difícil de estimar, muchos sufrieron un atroz maltrato físico y mental, que llevó a muertes por linchamiento, suicidios y gran número de heridos, sin contar los hombres judíos detenidos. Más de 30 mil fueron llevados a campos de concentración y cárceles en un primer gran movimiento de la población judía, viviendo durante meses en condiciones miserables.  Era pues, un pogrom de una magnitud tal que causó no solo revuelo entre los alemanes, sino también en los medios internacionales. Hoy, tras casi ochenta años, muchos afirman que la Noche de los Cristales Rotos supuso un punto de no retorno en la vida de los judíos europeos, para otros tantos marca el inicio del Holocausto.  Ya apenas quedan supervivientes de la Shoah, y mucho menos testigos de aquélla noche, pero Rochema Drober, aún en el reciente 2013, relataba así su vivencia:

Aquella noche vi arder la sinagoga desde la ventana de mi casa, cuando ya nos íbamos a la cama. Luego vinieron unos hombres, nos sacaron a la calle, registraron la casa, sacaron todas las cosas de los armarios y las tiraron por el suelo; se llevaron a mi padre. Mi madre, mi hermana, mi hermano y yo estuvimos tres semanas sin saber qué había sido de él. Luego nos enteramos de que estaba trabajando como esclavo en el campo a unos kilómetros de Köningswerg. Después, a mí me llevaron a trabajar como esclava a una fábrica de jabón y a ellos también al campo. Cada poco veía transportes que se llevaban a vecinos y conocidos a los campos de concentración. Nunca los volvía ver.

Sinagoga en llamas durante la Noches de los Cristales Rotos Fuente

Sinagoga en llamas durante la Noches de los Cristales Rotos Fuente

Los pogrom, de larga tradición en el continente europeo,  han tenido casi siempre un cariz multitudinario, colectivo, mas no siempre espontáneo. Aunque la Kristallnacht sea bien conocida, presente en prácticamente cualquier libro de texto que se acerque al Holocausto, muchos ignoran los “desencadenantes” de estos días de violencia, y una de las figuras clave para comprender la actuación política del gobierno nacionalsocialista durante estos días aciagos: Herschel Grynszpan. Un muchacho judío de apenas 17 años, de origen polaco pero nacido en Alemania, entra en la embajada alemana de París, en el Palacio de Beauharnais el 7 de noviembre y pide ver a un funcionario. Sin especificar ningún nombre, ausente el propio embajador, se encuentra con su secretario, Ernst von Rath. Sin mayor demora, su revolver descarga unas pocas veces hasta acertar en el muslo y  bajo vientre de Rath, quien fallece dos días más tarde a causa de las heridas. El mismo 9 de noviembre,  en la Alemania nazi se celebra el aniversario del golpe o “putsch” de Múnich de 1923, el cual había llevado a Adolf Hitler a la prisión durante nueve meses, período que dedica  a escribir el Mein Kampf o Mi lucha. La conmemoración anual reúne a altos mandatarios del gobierno nacionalsocialista, entre ellos el ministro de propaganda Paul Joseph Goebbels. Es en este momento cuando les llega la noticia de la muerte de Ernst von Rath.

El asesinado Ernst von Rath Fuente

El asesinado Ernst von Rath Fuente

Es oportuno, en este punto, retroceder unos años en la historia de Alemania. Desde el ascenso al poder de la NSDAP (Partido Nacionalsocialista Alemán) en 1933, los derechos de la población judía residente en el país se vieron en un constante detrimento. El nuevo antisemitismo, que parte del antijudaísmo cristiano pero está ahora fuertemente influido por las concepciones raciales de finales del siglo XIX y la supuesta superioridad de una raza aria, se comienza a propagar de forma más o menos acelerada entre los seguidores del partido y otros miembros de la sociedad. No se trata en este caso de un fenómeno único de Alemania, puesto que podemos encontrar este desprecio y odio hacia la comunidad judía en otros países, incluso fuera de Europa. No obstante es dentro del gobierno de la NSDAP donde se hará bandera del antisemitismo y se comienza a perseguir el ideal de ser un país “judenfrei” o libre de judíos.

El punto más evidente de esta politización del antisemitismo son las Leyes de Nüremberg de 1935, a través de las cuales los judíos alemanes pierden prácticamente todos los derechos de su ciudadanía como el derecho al voto, la posibilidad de participar en la vida política e incluso interactuar de forma libre con otros alemanes. Así, se prohíben matrimonios mixtos y se delimita claramente quién era o no de descendencia judía, aplicando una concepción racial a las libertades y derechos del individuo. Aunque existiera cierta resistencia a la aplicación de las Leyes de 1935, muchas comunidades judías de Alemania aceptan su destino pues piensan que este nuevo código marcará unos límites estables y que finalizará el ciclo de represión que estaban sufriendo. Hoy puede parecer complejo entender tal pasividad, pero la gran mayoría no esperaba en ningún caso las políticas infrahumanas que el gobierno nacionalsocialista llevaría a cabo en la siguiente década.

1935, lejos de poner fin al sufrimiento de los judíos alemanes, marca el comienzo de largos años de inquietud e inestabilidad. Se comienzan a registrar todas las personas judías con marcas en su pasaporte, se les prohíbe estrictamente poseer armas y se amplían campos de concentración. En  marzo de 1938 Hitler y su gobierno anexionan Austria, atemorizando las grandes potencias tradicionales de Europa.  Unos meses más tarde, entre el 6 y 15 de julio, tiene lugar la Conferencia de Evian, a iniciativas de Estados Unidos. El trato cada vez más degradante hacia la población judía había dado lugar al deseo de emigrar, no obstante, resultaba sumamente complejo salir del país. La minoría que había logrado huir hacia estados vecinos se veía amenazada por el expansionismo nazi, y en otros lugares vivían bajo el temor a la devolución forzada. La conferencia fue un fracaso, en cuanto dejaba a los judíos alemanes sin apenas escapatoria de las fronteras del Reich, pues solo unos pocos países como la República Dominicana ofrecieron un amplio asilo, pero a la dificultad burocrática se sumaba un viaje complicado y costoso.  La mayoría alegaron no estar en una situación económica que permitiera acogerlos,  y  otros no quisieron aumentar su cota anual de inmigrantes, algunos se negaron en rotundo aludiendo a los problemas que conllevaría en sus países la presencia judía. Poco después, en octubre, Alemania toma los Sudetes que formaban parte de  Checoslovaquia. En ese mismo mes, tiene lugar uno de los momentos más relevantes para seguir con nuestro acercamiento a la Noche de los Cristales Rotos: comienza la Polenaktion (acción polaca).

Desde hacía años vivían en Alemania un gran número de judíos emigrados desde la fronteriza Polonia, conocidos de forma popular como “Ostjuden” o judíos del este.  A diferencia de sus correligionarios alemanes, muchos trabajaban en puestos de trabajo precarios e intermitentes, con pocos ingresos y malas condiciones de vida. La gran mayoría de ellos no había legalizado su estancia en el país o solicitado la nacionalidad alemana,  por lo cual en octubre de 1938 expulsaron a más de 17 mil de “sin papeles” en la primera gran deportación de judíos desde Alemania. Sin otorgarles explicación alguna, sin poder llevar consigo pertenencias, fueron transportados en masa hacia la frontera entre los dos estados. Sin embargo, desde Polonia no supieron reaccionar y desde muchos puntos  no permitieron que pasaran hacia el interior del país. Así, miles de personas quedaron en una tierra de nadie, sin apenas agua ni alimento. Entre estos judíos se encontraba la familia de Herschel Grynszpan. Su padre, superviviente del Holocausto, tuvo la oportunidad de declarar años más tarde en el polémico juicio de Eichmann en Jerusalén, recogido por la pensadora Hannah Arendt. Decía Zindel Grynszpan que él, su mujer e hijos fueron llamados a la comisaría de policía de Hannover, donde había familias ya llorando, confusas. Engañados, pues se les había prometido que podrían regresar a sus hogares, esperaron un día entero.

Entonces nos metieron en camionetas de la policía y en camiones, a razón de veinte personas en cada vehículo, y nos llevaron a la estación de ferrocarril […] Los hombres de las SS nos apaleaban, a los que se rezagaban les daban de palos, y la sangre comenzó a manchar la carretera…

Herschel, que en este momento vive en París, recibe una carta de su hermana relatándole los hechos. Según algunos autores, la injusticia que había sufrido su familia y otros tantos judíos polaco-alemanes, fue el causante último que le llevó atentar contra un miembro de la embajada alemana. Ahora bien, aquí comienzan a entremezclarse las conjetura de muchos pensadores de la época hasta historiadores del momento. Herschel Grynszpan fue detenido por autoridades francesas, pero al no ser mayor de edad fue llevado a una presión de menores. La muerte de Ernst von Rath complicaba unas relaciones ya de por sí delicadas entre el gobierno de Francia y el III Reich, y Goebbels desde aquélla reunión de mandatarios nacionalsocialistas, instiga al pogrom.

El interés del ministro de propaganda alemán residía principalmente en convertir a Rath en un mártir alemán, muerto a manos de un judío.  El pogrom que debía tener lugar, y que pronto se tornaría en la Noche de los Cristales Rotos, debía parecer un estallido esporádico deseado y producido por el pueblo alemán. Da órdenes de que la policía no intervenga ante la presencia de la violencia física y material, y tampoco los bomberos debían extinguir los incendios de propiedades judías. Únicamente se había de preservar los bienes de alemanes “arios” y respetar a los extranjeros, incluidos los judíos. Hoy se sabe con bastante certeza que los cuerpos militarizados del III Reich actuaron activamente en los pogromos de noviembre, vestidos de civiles para acentuar la percepción de que era el pueblo alemán quien se erigía contra el “mal” judío. El atentado que había perpetrado el joven Herschel Grynszpan, mas que ser un detonante, no ya causante de aquélla brutalidad, fue una excusa perfecta para el régimen nacionalsocialista. Daba argumentos a los medios de comunicación, ya fuertemente controlados por la NSDAP, de la depravación del judaísmo e incluso de una conspiración mundial judía.

Escaparates destrozados Fuente

Escaparates destrozados Fuente

Incluso tras el gran impacto que había producido el pogrom en los medios internacionales, Goebbels insiste en convertir a Herschel Grynszpan en la personificación del elemento judío a erradicar. El muchacho permanece encarcelado durante más de veinte meses sin juicio, período de tiempo en el que se inicia la II Guerra Mundial y la conquista de gran parte de Francia por parte del gobierno nazi. Finalmente, en julio de 1940 Grynszpan es entregado al gobierno alemán, que comienza a prepara con avidez un juicio que debía tener una gran relevancia propagandística. A pesar de los preparativos, este juicio nunca se llevaría a cabo, pues Grynszpan comienza a aludir a una relación homosexual forzada con el asesinado Ernst von Rath. Este testimonio, probablemente preparado por su abogado defensor, convertía el crimen de estado en un asesinato pasional, y de manera más grave, acusaba a un miembro del partido de ser homosexual, pudiendo acusar a muchos otros que residían durante los mismos años en París.  Cabe apuntar al rechazo que sentían los nacionalsocialistas hacia esta orientación sexual, siendo muchos los hombres y mujeres homosexuales que murieron en campos de concentración.

Herschel, que permaneció con vida estos convulsos años a la espera de un juicio, desaparece. Lo más probable es que muriera entre 1942 y 1943, aunque algunos quisieron creer los rumores de que había sobrevivido a la guerra. Su historia aún es incompleta, y probablemente nunca conozcamos con exactitud cómo fueron sus últimos días, quién creó el alegato de la homosexualidad de Rath o el motivo último de su muerte. Un héroe para muchos, ejemplo de la difícil resistencia de los judíos frente a la opresión nacionalsocialista, fue para otros no más que un asesino, incluso un psicópata, y su encuentro con el secretario un hecho fortuito. Sin mayor interés en las hipótesis infructuosas, hoy más que nunca podemos dar a este relato, tan complejo como trágico, una lectura actual. Las fronteras se cierran, y muchos esperan, sino a la decisión de los estados, a la miseria, y algunos a la muerte.

Bibliografía|

ARENDT, Hannah, “Eichmann en Jerusalén”, Barcelona: Debolsillo, 2013.

BAUER, Alfredo, “Historia contemporánea de los judíos. Desde el ascenso de Hitler al poder hasta 1967″, Buenos Aires: Colihue, 2013.

MARRUS, Michael, et.all., “The Nazi Holocaust. Part 2 of: The Origins of the Holocaust“, London: Meckler, 1989.

 

Webgrafía|

GARCÍA, Miguel Ángel, “La Noche de los Cristales Rotos y la historia de relación entre judíos y Alemania”,  en RTVE Noticias : <http://www.rtve.es/noticias/20131109/noche-cristales-rotos/787200.shtml>

United States Holocaust Memorial Museum, “Kristallnacht”, en Enciclopedia del Holocausto: <https://www.ushmm.org/wlc/es/article.php?ModuleId=10007096>

 

Redactor: Sandra Suárez García

Graduada en Historia por la Universidad de Santiago de Compostela. Máster en Docencia y Máster de Historia (EURAME) por la Universidad de Granada. Interés en historia medieval, la historia de las minorías y especialmente en estudios sobre la comunidad judía y musulmana en el reino nazarí de Granada.

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