Hacernos viejos: Contextualizando la Tercera edad

Antes de definir lo que social y culturalmente entendemos como vejez, es importante que entremos a profundizar sobre cómo se envejece, y cuáles son las dimensiones desde las que nos referimos a la edad y a su papel en la identidad del individuo.  Todos los organismos vivos envejecen, todos siguen un proceso continuado por el que nacen, crecen, maduran y mueren. En este sentido, el universo biológico es igualitario, pero no tiene porque ser equitativo. Cuando analizamos las formas por las que se ha entendido “ser viejo” en las distintas épocas y sociedades humanas, comprobamos que las personas de la tercera edad han tenido diferentes papeles sociales y grados de prestigio a lo largo del tiempo y según el espacio al que hagamos referencia.

Nuestra forma de referirnos a la edad siempre hace mención a una edad astrológica , es decir, se determina nuestra edad por nuestra fecha de nacimiento en relación con el tiempo transcurrido, el cual medimos basándonos en ciclos astrales. Esta edad astrológica o cronológica no puede ser capaz de determinar la edad biológica de una persona, pues es evidente que unas personas envejecen con más rapidez que otras. A su vez, consideramos la existencia de una edad psicológica, la cual no siempre coincide entre unos individuos y otros, ya que no todo el mundo vive las mismas experiencias o madura de la misma forma pese a tener una edad cronológica similar.

A grandes rasgos, la consideración de la vejez está mucho más marcada por las circunstancias económicas, laborales y familiares. De este modo, debemos entender que lo que en nuestro tiempo define la vejez es la jubilación, la cual marca importantes cambios en diferentes aspectos. Al jubilarnos adquirimos una nueva edad social, además pasamos a pertenecer al grupo social de la tercera edad. El jubilado ya no está en una edad productiva y pasa a desempeñar unas funciones distintas a las que antes cumplía en su entorno inmediato. Ahora bien, ¿Ha sido siempre la edad de inactividad laboral el valor universal para considerar a una persona vieja? ¿Ser viejo siempre tuvo las mismas implicaciones sociales? La respuesta se hace evidente.

Es importante que entendamos los cambios que comienzan a producirse desde finales del siglo XVIII, y que transformarán por completo la vida de las sociedades europeas. Dichos cambios nos continuarán acompañando durante el siglo XIX, dando lugar a la aparición de tres fenómenos de gran importancia para comprender el mundo actual: la revolución industrial, el éxodo rural y el nacimiento del mundo urbano en el que aparece y se desarrolla el proletariado. La industria ofrece trabajo a los hijos de los campesinos al no poder estos competir con los progresos técnicos, que introducen las élites terratenientes para la explotación de las tierras.

Pareja de ancianos paseando por la calle. Fuente

Pareja de ancianos paseando por la calle. Fuente

Estas transformaciones fueron ruinosas para los viejos, pues los obreros más mayores no podían seguir el elevado ritmo de trabajo y sus escasas fuerzas les privaban de empleo, quedando excluidos del ámbito laboral y condenados a la pobreza. A la vez, el proceso de industrialización significó una disolución cada vez más acentuada de la antigua unidad familiar, la cual no solamente era más numerosa anteriormente, sino que también tenía como competencia el cuidado de los familiares ancianos.

Como podemos ver, las innovaciones sucedidas en época contemporánea no solo tienen que ver con avances técnicos y organizativos en el modo de producción, también afecta en gran medida a la exclusión de los mayores y produce  severos cambios en la cultura de los cuidados.

Al quedar patente que la nueva clase proletaria ya no podía hacerse cargo de cuidar a sus mayores,  los estados se vieron obligados a crear leyes y programas dirigidos a solventar los problemas que la vejez planteaba en la población. Es así como en el siglo XIX nace la Geriatría, siendo en sus inicios una disciplina reduccionista debido a que abordaba la vejez desde una orientación médica, dando importancia sólo a los aspectos biológicos de las personas mayores y contribuyendo a que las sociedades occidentales continuasen visualizando la vejez como un carga, una patología social. Afortunadamente, la Geriatría contempla hoy que la conducta de una persona mayor este configurada por múltiples circunstancias que no tienen que ver solamente con la dimensión biológica, sino con su lugar en la historia, con su situación económica, etc.

Comprobamos entonces, que este interés de los estados por el cuidado de la vida es un fenómeno fundamental del siglo XIX, ya que antes no tuvo lugar la consideración de la vida digna por parte de los poderes. Esto supone una intervención institucionalizada sobre el hombre en cuanto a ser orgánico que es, dando lugar en el siglo XX al nacimiento de residencias o geriátricos públicos. El cuidado de las personas mayores era, en Europa, competencia de organizaciones de caridad (en su mayoría de naturaleza religiosa)  hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX.

Estas nuevas políticas  han contribuido a que cada vez envejezcamos más tarde, y suponen el nacimiento de lo que el sociólogo francés Michael Foucault bautizó como bio-política, o lo que es lo mismo, la intervención de los poderes gubernamentales para controlar y corregir los cuerpos humanos. Estas medidas de intervención demográfica  no sólo estuvieron y están centradas en  la postergación de la muerte, sino también en la gestión sobre las tasas de natalidad y en el manejo del binomio salud y enfermedad. Es así como las disciplinas del cuerpo y la regulación de la población se fijan, cobran sentido unitario y caminan hacia una misma dirección. Bajo este pensamiento, podemos admitir que vivimos más años gracias al aumento de nuestra calidad de vida en las últimas décadas. Sin embargo, somos parte de la población activa de nuestro país hasta una edad más avanzada, por lo que nos jubilamos más tarde y somos productivos más años.

Si consideramos que socialmente pasamos a ser parte de la tercera edad al alcanzar la jubilación, en este artículo se podría advertir que jubilarnos más tarde podría ser una fórmula atractiva para erradicar el problema que actualmente enfrentan los estados-nación: el de una alarmante tasa de población envejecida, a la que además se le debe garantizar una pensión compensatoria por sus años laborales cotizados.

"Reunión de ancianos", oleo del pintor Julio Sanz. Fuente

“Reunión de ancianos”, óleo del pintor Julio Sanz Sáiz. Fuente

El rechazo a la vejez y a los individuos que conforman la tercera edad se ha manifestado de modo diferente según cada sociedad y cultura. Velar porque dicho grupo social no sea víctima de la exclusión y de la marginación  es una obligación universal, que desde 1982 se manifiesta en las Naciones Unidas mediante la “Declaración  de derechos y responsabilidades de las personas de edad”. El colectivo de personas mayores como un grupo de edad diferenciado, ha resultado ser de los últimos en irrumpir dentro de nuestro complicado contexto social globalizado. No solamente debemos centrarnos en nuestros mayores desde el punto de vista de los cuidados y de sus capacidades de consumo, sino también desde otros aspectos como, por ejemplo, el de mejorar el estilo de vida que les impone nuestra sociedad, la cual ensalza la juventud y repudia la vejez.

Bibliografía|

ALBA, V., Historia social de la vejez, Barcelona: Laertes, 1992.

ARQUILO, E., La vejez a debate. Análisis histórico de la situación sociosanitaria de la vejez en la actualidad. Estudios sobre la ciencia, Madrid: CSIC, 1995.

FERICQLE, M., Envejecer, una antropología de la ancianidad, Edit. del Hombre, 1989.

FOUCAULT, M., Microfísica del poder, Madrid: Edit. La Piqueta, 1993.

FOUCAULT, M., Defender la sociedad. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2002.

LAFOREST, J., Introducción a la Gerontología. El arte de envejecer, Barcelona: Herder, 1991.

Redactor: Adrían Caballero Escobar

Graduado en Antropología Social y Cultural. Redactor habitual en Témpora Magazine y The Social Science Post. Colaborador del grupo de investigación HUM – 411. Ámbito de interés: Antropología del Territorio y Desarrollo e Intervención Social.

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