Filípides y la carrera para salvar Atenas

No es raro que un acontecimiento histórico relevante genere una anécdota, una costumbre o incluso que llegue a crear una tradición, a veces alcanzando fama mundial. Tampoco es extraño que la realidad supere a la ficción, y en este caso, veremos como se puede crear una historia que reemplace totalmente a la verdad y que además levante pasiones a lo largo de todo el planeta.

Seguramente todos hemos oído la historia de cómo surgió la maratón, esa carrera moderna que lleva al corredor al límite psicológica y físicamente. ¿Pero cómo fue realmente esa carrera? ¿Corrió únicamente para llevar una noticia de la victoria ateniense? ¿De verdad pudo llegar a costarle la vida? En el siguiente artículo veremos si sucedieron realmente los hechos en los que se basa la maratón moderna, una carrera de cuarenta y dos kilómetros que al lado de la historia original se queda corta.

 A mediados del siglo VI a.C. las poleis de Asia Menor (actual Turquía) fueron absorbidas por el Imperio Persa, teniendo que aportar tanto tributos como tropas y suministros a los ejércitos persas. Este descontento pasará a ser una revuelta cuando en la ciudad de Mileto surja un gobierno democrático, el cual pretenderá conseguir apoyos para sacudirse el yugo persa. Comenzaba de este modo la llamada revuelta jonia, en el 499 a.C. Desde el otro lado del Egeo solo dos ciudades les brindaron ayuda, Atenas y Eretria, y aunque la ayuda fue mínima —unas pocas naves—, las consecuencias que desencadenarían harían temblar a la cultura helénica.

Mapa de las Guerras Médicas. Fuente.

Mapa de las Guerras Médicas. Fuente.

Sabemos que los jonios tomaron las armas y llegaron hasta Sardes, capital de la satrapía, llegando a incendiarla, algo que hizo que algunas ciudades de Asia como Chipre se sumaran a la causa. El monarca persa, Darío, abandonó sus campañas de conquista y lanzó su poder militar contra los rebeldes. Seis años después, en el 493, la revuelta fue aplacada totalmente, y la instigadora, Mileto, fue tomada y arrasada para luego deportar a su población como esclavos a las orillas del Tigris. Darío vio en esta revuelta todo un atrevimiento, ¿cómo unas simples ciudades se atrevían a enfrentarse a un reino infinitamente más grande? Para el monarca aqueménida surgió la oportunidad de continuar su expansión territorial, pero esta vez hacia Grecia, castigando así a las ciudades que le desafiaron, Eretria y Atenas.

Cuando el general Mardonio inicia la campaña al frente del ejército persa, se dirige a saquear e incendiar Eretria, la cual resistió seis días, hasta que unos traidores le abrieron las puertas. No obstante, estos ya se habían hecho con el control de parte de las islas del Egeo, además de obligar a Macedonia a pagar tributos a Darío. Vemos cómo la campaña de castigo era en realidad una simple parte de una operación de sometimiento y control del territorio.

Tras la caída de Eretria la flota persa llega a la llanura de Maratón, donde fondeará y desembarcará al ejército para acampar antes de dirigirse a Atenas. Debemos de tener en cuenta que desembarcar un ejército de tal tamaño —veinte mil hombres—, y sobre todo la caballería, no era tarea fácil  con los medios de la época. La llanura de Maratón ofrecía un fondeadero tranquilo al cobijo del cabo Cinosura, a la vez que un lago cercano permitía abrevar a los caballos y dar un descanso a las tropas tras la travesía antes de iniciar la marcha hacia Atenas.

Según Heródoto, era el octavo día de metagitnión, 2 de septiembre de nuestro calendario, cuando la noticia del desembarco persa llega a Atenas. Sabiendo del desembarco del inmenso ejército enemigo a tan solo 42 kilómetros, los generales atenienses se reunieron para abordar un modo de actuar. La primera decisión fue mandar un emisario o hemerodromo a Esparta para pedir ayuda. Es posible que ambas ciudades tuvieran un pacto de defensa mutua o epimachía. En segundo lugar, se decidió salir al encuentro de los persas y hacerles frente antes de que llegasen a la ciudad, por lo que saldrían en cuanto se hubiera reunido a los ciudadanos-soldado y se hiciera acopio de provisiones.

Es en este momento cuando un corredor, cuyo oficio era enviar mensajes a pie, sale desde Atenas para llevar la petición de ayuda a Esparta. Para ello se elegiría a Filípides, un ciudadano ateniense que ejercía de correo. Su misión será recorrer 240 kilómetros y llegar a Esparta para llevar el mensaje y volver con la respuesta lo antes posible. El propio Heródoto nos dice que llegó a Esparta al día siguiente, noveno de metagitnión, reuniéndose con los éforos de la ciudad para solicitar su colaboración contra los persas.

Filípides ante los eforos de Esparta.Ilustración de Richard Hook. Fuente.

Filípides ante los éforos de Esparta. Ilustración de Richard Hook. Fuente.

Por desgracia, la misión de Filípides fracasó, ya que los éforos le dijeron que les prestarían ayuda, pero que deberían esperar a que terminara la festividad de las carneas, una festividad religiosa que al parecer les impedía tomar las armas, así que no podrían enviar ayuda hasta la luna llena, el decimoquinto de metagitnión. Fuentes como Platón dicen que en realidad la festividad sagrada era una excusa, estando en realidad aplastando una rebelión mesenia y queriendo evitar informar a los atenienses de las tensiones en el interior de su territorio. Cierto o no, Filípides, que había corrido a sabiendas de que su ciudad necesitaba ayuda contra el invasor, ahora debía de volver para anunciar la noticia, azuzado por la sensación de que en su ciudad estaban esperando una ayuda que de momento no iba a llegar.

Dicen que Filípides regresó el décimo día de metagitnión, al tercer día de su salida de Atenas. Cuando llegó comunicó el mensaje dado por los espartanos, añadiendo que durante el camino de regreso se encontró al dios Pan. Según Filípides, a la altura del monte Partenio, el dios le llamó por su nombre y le dijo que por qué los atenienses no confiaban en él, pues ya les había ayudado en el pasado y les volvería a ayudar en el futuro. Si es cierto que vio al dios, lo más seguro es que fuera una alucinación provocada por el agotamiento, algo que hoy en día se conoce como onirismo. Algunos historiadores afirman que en realidad Filípides tenía la necesidad psicológica de inventarse un buen augurio y así no llevar tan aciaga noticia ante el peligro que se cernía sobre Atenas.

Según las fuentes, el ejército ateniense partió hacia Maratón el mismo día de la llegada de Filípides, aunque no se sabe a ciencia cierta si esperaron el mensaje que éste traía o bien partieron nada más terminar los preparativos, reuniéndose Filípides con ellos durante su ruta hacia Maratón. Cuando llegaron al campo de batalla los atenienses acamparon en un santuario dedicado a Heracles, el cual estaba rodeado por una arboleda, donde esperaron seis días a la llegada de los espartanos. Aunque los espartanos no llegaron, los atenienses se convencieron en entablar combate. Esto se debe a que el general persa, convencido de su victoria, embarcó a la mitad de sus hombres y a la caballería. Es posible que el plan persa consistiera en entretener a los atenienses en Maratón para así coger la mitad de sus tropas y llevarlas con la flota para tomar Atenas antes de la llegada de los espartanos. Esta actuación persa eliminó del campo de batalla la gran baza persa, la caballería, puesto que los griegos carecían de ella, y disminuyó su número de infantes, mucho peor armados que los hoplitas.

Mapa de la llanura de Maratón con el desarrollo del combate entre griegos y persas. Fuente: Carlos Schrader, Libro VI Heródoto

Mapa de la llanura de Maratón y desarrollo del combate entre griegos y persas. Fuente: Schrader, C. Pag. 375 “Historia. Libro V-VI”. Biblioteca Clásica Gredos. 2001.

Como es sabido, el transcurso de la batalla terminó por ser favorable a los griegos, a quienes la retirada del centro de su línea les permitió rodear por ambos flancos a los persas y empujarlos hasta el mar, o hasta la marisma que formaba la desembocadura del río Caradro según otros autores. Parte del contingente persa consiguió huir a las naves y zarpar de la bahía de Maratón en lo que fue la primera gran derrota persa ante los griegos. Por su lado, los atenienses, que habían conseguido la victoria, vieron alejarse a la flota persa hacia el sur a sabiendas de que doblarían el cabo Sunión para desembarcar y tomar la indefensa Atenas.

Es en este momento cuando se habla de un soldado que parte hacia Atenas con la misión de informar que han ganado. La importancia de la carrera varía según las fuentes. Algunos autores dicen que llegando la noticia antes que los persas evitarían que la población se suicidara para evitar la esclavitud pensando que todo estaba perdido, o bien para que resistieran hasta la llegada de los soldados que aún se encontraban en Maratón. Pero lo cierto es que un solo hombre no podría cambiar el destino de Atenas en caso de que los persas llegaran antes que los griegos. Como hemos visto, la ciudad de Eretria cayó porque unos traidores griegos abrieron las puertas de la ciudad, y en Atenas bien podría haber pasado lo mismo. Esto se debe a que en el ejército persa se encontraba Hipias, un tirano que gobernó Atenas y que tras su exilio encontró cobijo en la corte aqueménida. Es posible que Hipias contara aún con aliados entre la aristocracia ateniense, a los cuales podría favorecerles un gobierno tiránico más que uno democrático y que estuvieran encantados de abrir las puertas a un cambio político en la ciudad. Por otro lado, si nos fijamos en las diversas fuentes que tratan el acontecimiento, vemos cómo la historia del soldado que nada más anunciar la victoria cae rendido es más dramatismo literario que realidad.

La mejor fuente para estudiar las Guerras Médicas es Heródoto, quien redactó sus Historias treinta o cuarenta años después de los acontecimientos y quien nos da todos los detalles tanto de esta batalla como del resto de la guerra. En el sexto libro de las Historias se nos cuenta como Filípides salió de Atenas el dos de septiembre, llegando al día siguiente a Esparta. No obstante, es cierto que Heródoto no específica el regreso a Atenas del corredor. La única mención sobre el regreso a Atenas es el relato en el que narra el encuentro con el dios Pan, en el que le promete ayuda. Debemos de tener presente que solo el hecho de recorrer 240 kilómetros en un día sería una proeza que quedaría en la memoria de la población, y más aún cuando lo hizo para intentar salvar a la ciudad. Por otro lado, el encuentro con Pan, aunque anecdótico, también tiene su trascendencia histórica, puesto que tras Maratón se comienza a rendirle culto en una gruta situada al norte de la Acrópolis; además, se le dedicará una fiesta anual en la cual se llevaban a cabo carreras con antorchas.

Tras la narración de Heródoto, encontramos autores que narran la batalla o que hacen mención a la carrera relacionada con Maratón. El primero de ellos es Plutarco, quien cuenta que el corredor fue un tal Tersipo. Lo cierto es que Plutarco escribió esto quinientos años después de los hechos, aunque dice basarse en una fuente que no obstante también es cien años posterior a los hechos. El segundo en citar la carrera es Luciano, quien pone al propio Filípides como corredor de Maratón a Atenas, y que redactó los acontecimientos más de seiscientos años después de que ocurrieran.

Como vemos, son varias las fuentes que se hacen eco de una carrera relacionada con la batalla de Maratón, pero esta idea va variando con el paso del tiempo. Sobre la base de la epopeya de Filípides surgen narraciones que se entremezclan con los hechos ocurridos después de la batalla. Esto se debe a que con toda seguridad, ningún soldado corrió desde Maratón a Atenas para avisar de la victoria, o por lo menos, no en solitario. Una vez terminada la batalla, y viendo como los persas ponían proa hacia Atenas, Milcíades frenó el júbilo producido por la victoria y reorganizó a sus hombres. La victoria en sí no eliminaba la amenaza persa, por lo que los soldados, en su conjunto, tuvieron que dirigirse a Atenas, como bien dice el propio Heródoto:

«Los persas, en suma, doblaron Sunio. Entretanto los atenienses se dirigieron a marchas forzadas en socorro de la capital y consiguieron llegar antes de que se presentasen los bárbaros» (Heródoto His. 6,116).

De este modo, el ejército, exhausto tras la larga batalla, dejó un pequeño contingente en la llanura y partió hacia Atenas, recorriendo los 42 kilómetros de la ruta que atravesaba las montañas. Los soldados, cargando con todo su equipo, anduvieron a marchas forzadas llegando a Atenas al anochecer, decidiendo acampar en el Heracleo de Cinosarges, a las afueras de Atenas. Este recorrido tras el combate debió de significar un esfuerzo titánico, el cual se vio recompensado con la certeza de que los persas aún no habían llegado y la ciudad seguía intacta. Por su parte los refuerzos espartanos llegarían al día siguiente, tardando tres días tras las carneas y ya con la flota persa fondeada frente a la ciudad, lo cual hizo que los medos dieran la campaña por terminada y la flota regresara a Asia.

“Le soldat de Marathon”,  obrea posromántica de Luc-Olivier Merson, 1869.  Fuente.

“Le soldat de Marathon”, obra que muestra la visión romántica de la carrera. Por Luc-Olivier Merson, 1869. Fuente.

Estos hechos crearon un aura mítica entorno a la batalla de Maratón, la cual sería desde entonces asociada a recorridos de largas distancias. Sin embargo, la carrera de Filípides quedaría en segundo plano, pero acrecentando el carácter épico de la marcha del ejército desde Maratón a Atenas. Esta mística  aura llegaría al siglo XIX, donde el romanticismo verá un referente en la resistencia griega frente a los turcos. Grandes poetas escribirían poemas reflejando este sentimiento, como Lord Byron o Robert Browning, quien escribirá un poema titulado «Filípides». Dentro de esta corriente, el filólogo francés Michel Bréal le propondrá a Pierre de Coubertin crear una carrera inspirada en la historia de Maratón, la cual se correría en los primeros Juegos Olímpicos modernos celebrados en Atenas en 1896.

La figura de Filípides, o Fidípides, como le bautizaría el comediógrafo Aristófanes (Φειδιππίδης en griego «el que ahorra caballos»), fue rescatada por un grupo de militares británicos en 1982. Estos oficiales de la R.A.F. mandados por el comandante John Foden, intentaron ver si era posible realizar el recorrido de 246 kilómetros que separaban Atenas de Esparta en menos de dos jornadas tal y como el ateniense lo hizo, llegando a completarlo tres de ellos entre 37 y 39 horas. Tal aventura fue difundida por los periódicos, creándose poco después la llamada Espartatlón. Esta carrera, considerada ultramaratón, da la oportunidad a corredores de todo el mundo de simular el recorrido realizado por Filípides todos los meses de septiembre. Esta carrera, aún relegada a segundo plano por la historia y el deporte, es sin duda un reto que salva del olvido a Filípides y su gesta.

Medalla de la Spartatlón, gamada por los corredores que lleguen en menos de 36h desde Atenas a Esparta. Fuente

Medalla de la Espartatlón, ganada por los corredores que realicen el recorrido de Atenas a Esparta en menos de 36h.  Fuente

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Bibliografía|

SEKUNDA. N. “Las Guerras Médicas II. Desafío heleno a Persia” Osprey Publishing. Madrid 2008.

HERÓDOTO. “Historia. Libros V-VI”. Biblioteca clásica Gredos. Madrid 2001.

A. LUCAS JOHN. “A History of the Marathon Race, 490 B.C. to 1975″,  Pennsylvania State University. 1984.

FROST. F. “The Dubius Origins of the Marathon”, American Journal of Ancient History 4. 1979.

Redactor: Mikel López Aurrecoechea

Licenciado en Historia por la Universidad de Murcia, especializado en Historia Antigua, y arqueología. Intereses en Historia de Grecia y Roma, arquitectura naval e historia militar.

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