Felipe V: el renovador de la economía española en el S. XVIII

La economía durante el siglo XVII daba  como  fruto  la desigualdad, la concentración de la tierra y el extenso poder señorial. Los terratenientes, protegidos por el monopolio, carecían de estimulo para mejorar y competir, menos aun para invertir en la economía española. Unido a ello encontramos una industria estancada y atrasada, que daría lugar a una industria de subsistencia, donde se producían productos sencillos para los mercados locales en detrimento de los mercados urbanos, que eran abastecidos desde el exterior. Incluso la importación de trigo era mas cara en el interior peninsular que en las zonas costeras. Todo ello junto con una sociedad rural formada en su mayor parte por un campesinado empobrecido.

Las limitaciones de la vida preindustrial eran evidentes en todas las zonas del interior. Incluso Andalucía basaba su economía en la agricultura de autosuficiencia, aunque cierto es que exportaba vino y aceite abasteciendo a Madrid y a América. A finales del siglo XVII la economía de mercado quedo frustrada por el latifundismo y un transporte primitivo. La producción agrícola se incrementó solo cuando aumentó la población y se arrendaron nuevas tierras, mientras que los excedentes comerciales se generaron a través de los diezmos y ventas.

No solo Andalucía era autosuficiente, también lo era la zona levantina. El País Vasco, cuyo sector industrial estaba basado en el armamento, comenzó a declinar quedando solo el hierro como materia prima. Solo destacaría Bilbao como puerto exportador de lana y de importación de productos europeos hacia la Península. En el último tercio del siglo XVII comienzan a apreciarse en las regiones periféricas peninsulares las evidencias de recuperación económica con el comercio no solo europeo y también con la expansión en el continente americano a través de los envíos del excedente agrícola. La recuperación no seria homogénea en toda la Península, es el caso del interior de Castilla que aun continuaba en la agricultura de subsistencia, pero que sin embargo si viviría en el año 1685 un crecimiento demográfico.

Tal era la situación que no se podría hablar de recuperación hasta que la España rural superase la recesión; aparte no solo de las propias circunstancias coyunturales derivadas de la situación de inflación que se venían arrastrando desde los reinados de los Austrias y alcanzando su cénit bajo el gobierno de Felipe III. Tanto la sequía como las epidemias de peste, que se extendieron desde Cartagena hacia Andalucía entre los años 1676-1684, siendo uno de los brotes no tan mortíferos como los anteriores pero si de mayor duración, seguida de una epidemia de tifus, afectarían a Andalucía y a Castilla. Las consecuencias de ello no solo fueron demográficas, sino que supusieron una elevación de los impuestos para mantener el orden y el control a través de las patrullas y guardas.

No sería hasta 1685 cuando comenzaría la recuperación tanto de los sectores de producción como demográfica, pero no sería suficiente, ya que la devaluación tan drástica del vellón de un 75% en 1680 redujo su valor desde los 12 a los 3 reales. A ello hay que añadir que seis años más tarde, en 1686, se devaluaría la plata, lo que en cierta manera permitía controlar la inflación como estabilidad monetaria a tenor de la política deflacionista.  Como anteriormente nos hemos referido al comercio, el Estado crearía en 1679 la Junta de Comercio en los que aparte de llevar a cabo diversos proyectos se veía la intervención estatal en la economía para sobrellevar el clima de inestabilidad que atravesaba el país.

Otro aspecto a considerar sería el de las posesiones americanas y de las cuales trataremos en posteriores estudios con mayor detalle, pero se puede esbozar es que a inicios del siglo XVII comenzaría a quebrantarse el monopolio español. Ello fue debido a la intrusión de los extranjeros en el comercio desde Sevilla y en las distintas islas caribeñas como zonas del interior del continente americano, como holandeses, ingleses y franceses, los cuales contactarían con los puertos principales de Cartagena de Indias y Portobello.  El desarrollo del comercio por parte de Francia desde Cádiz hacia América supuso un importante golpe a la ya escasa manufactura española, ya que desde Ruan vendría el cargamento para ser embarcado desde Cádiz. Mientras el Estado, para mantener la entrada de extranjeros, colaboró con el Consulado de Sevilla mediante el pago de compensaciones a cambio de ciertas exenciones o practicas para que fueron toleradas, Como expone Lynch, que afirma que

“se toleraría prácticas ilegales a cambio de donativos de 3.5 millones de pesos e indultos de casi 6 millones entre 1650-1700”

Tal es el cariz y la influencia de Cádiz, en el que dicha ciudad seria  la sede de la Casa de Contratación en detrimento de Sevilla.  La llegada del metal americano sufriría fluctuaciones durante el siglo XVII aunque a partir de 1650 comenzaría un alza en consonancia de finales del XVI como inicios del XVII.

Con Carlos II,  apodado El Hechizado, se puso fin a la dinastía de los Austrias en el año 1700. Antes de morir dejo escrito en su testamento cual sería el sucesor de sus dominios peninsulares, siendo este el nieto de Luis XIV de Francia, Felipe de Anjou. Siempre y cuando estuviera España fuera de toda injerencia como estado satélite por parte de Francia (aunque en la práctica no seria así). El resto de países europeos vio el cariz que iban a tomar los acontecimientos si una misma dinastía gobernase en dos estados europeos, lo que pondría fin al equilibrio geopolítico por parte de los Austrias. Tal seria el cariz de ello, que comenzarían una serie de movimientos entre los distintos estados en apoyo de un pretendiente u otro al trono español, a pesar de lo expuesto en el testamento.

Estos dos pretendientes al trono serian por un lado Felipe de Anjou, de la Dinastía de los Borbones (que contaría con el apoyo dentro de las fronteras de Castilla, frente al Reino de Aragón, que apoyaría al bando del Archiduque para evitar la pérdida de sus privilegios como fueros desde la Edad Media y mantenidos por los anteriores monarcas; así como de Baviera, Colonia, Mantua). El otro pretendiente era el Archiduque Carlos de Austria, de la Dinastía de los Habsburgo (siendo apoyado por Holanda, Inglaterra, Portugal, Austria, Escocia, Hannover, Prusia)

Esto daría lugar a la Guerra de Sucesión Española, dicho conflicto iniciado en 1700 terminaría trece años más tarde con la firma del Tratado de Utrecht el 1 de abril de 1713.

A cambio de que Felipe de Anjou renunciase a favor del trono francés por el de España también supuso las perdidas territoriales de España frente a Inglaterra como seria la isla de Menorca y el Peñón de Gibraltar (que a día de hoy continua bajo denominación inglesa). Inglaterra retenía la isla de Menorca y la plaza de Gibraltar, ganadas en combate. Aparte de una serie de prebendas sobre las Indias como es el caso de los asientos de negros como el envío de un navío anualmente para comerciar con las Indias.  Austria se quedaría con el control de Milán, Nápoles y Cerdeña en Italia y los Países Bajos españoles. Mientras, el Ducado de Saboya obtendría  Sicilia, con la excepción de que si no continuase dicho linaje volvería a manos españolas.

Volviendo de nuevo a la economía, sería con la llegada de los Borbones cuando se experimentó un cambio de tendencia imbuido con las reformas que se irán llevando a cabo, aunque no cumplirían las expectativas.

En el sector agrícola se produjo un crecimiento de la producción, no por la implantación de nuevas técnicas sino por el aumento de la superficie a cultivar. Este aumento se vio favorecido tanto por la roturación de nuevas tierras como por el uso de nuevos cultivos.

El desarrollo agrario era muy heterogéneo entre las distintas regiones, lo que  determinó que la evolución agrícola fuera favorable o en caso contrario desfavorable.  Para ello contamos con el ejemplo de Galicia que desde la primera mitad del siglo XVII hasta mediados del XVIII tendría un desarrollo favorable debido al desarrollo de nuevos cultivos, permitiendo un crecimiento de la producción, así como de la población, sin que ello supusiera un cambio de la estructura. Caso parecido seria en Cataluña, con la excepción de que los cambios producidos ponían en relación la producción con el comercio del mismo, por lo que iría en relación con una inversión de capitales junto con el desarrollo industrial. El modelo anteriormente comentado seria más tardío en la zona levantina.

En detrimento a las inversiones que generarían  y que estaría en relación con el desarrollo de la industria, nos encontramos con las zonas interiores de corte cerealístico, que tendría un desarrollo variado a pesar de la expansión productiva durante el siglo XVIII. De ello se puede concluir que tendrían una mayor importancia las zonas periféricas frente al centro. La gran reforma no se llevaría hasta mediados del XVIII con la creación de las Sociedades Económicas de Amigos del País  ya bajo el gobierno de Carlos III.

Unida a la agricultura estaba la ganadería trashumante, que suponía una importante fuente de riqueza, siendo utilizada para la industria tradicional y exportada para las manufacturas. La propiedad del ganado ovino estaba en manos de grandes propietarios asociados a la Mesta, así como de pequeños propietarios. La Mesta estuvo siempre auspiciada para su mantenimiento como institución preferente frente  a la agricultura, tal y como se aprecia en los decretos de 1702, 1706 o el de 1726 donde se extendió entre algunas de las hermandades de la Corona de Aragón.

Los problemas sobre la escasez de tierras no se producirían a partir de 1748, cuando el rey dictaminó que gran parte de las tierras que se habían destinado al cultivo volvieran a ser para pastos, para reducir la alza de precios sobre los pastos debido a su escasez. Esto conduciría a que comenzase a germinar una lucha de intereses entre los agricultores y ganaderos.

Del sector industrial destacaría el textil por su extensión y tradición, sobre todo por la lana y la seda. De entre todas las ciudades hay que mencionar sobre todo Segovia seguida de Palencia, Valladolid, Ávila, Salamanca o Zamora. Palencia destacaría por la fabricación de mantas y estameñas. De todas ellas el punto en común que tiene es el paso del conocido como domestic system hacia el factory system.

Fuente

Factoría. Fuente

El hecho que llevaría a que se produjera un cambio aconteció en 1720, cuando el Consejo de Indias exigía vías para hacer frente al contrabando por parte de otras potencias. Las propuestas serían tomadas en cuenta y se decidió a partir de las propuestas del corregidor de Valladolid que los beneficios fiscales que recibía la Hacienda se reinvirtieran en la producción e instalación de telares. Ello daría como resultado que en 1722 se crease la Junta Particular de Comercio, dependiente de la Junta de Comercio. Pero dichos planes terminarían en fracaso en 1736. Los factores económicos y los intereses partidistas o de diversa índole llevaron a que los comerciantes que no pertenecían al gremio vieran prosperar su actividad en detrimento de los asociados en los gremios.

Sobre la industria sedera, destacaría en los centros urbanos a excepción del hilado. El crecimiento tuvo su auge en la primera mitad para posteriormente decaer en las décadas posteriores. La mayor actividad se dio en Manresa, Valencia, Toledo, Granada y Sevilla. Uno de los centros como el de Requena, en la provincia de Cuenca, que vivió una etapa de caída por la represión del Archiduque durante la Guerra de Sucesión, llevaría a cabo un crecimiento gracias a las ordenanzas gremiales y a la exención de impuestos de exportación de la seda.

El sector siderúrgico contaba en el siglo XVIII con dos tipos, los que obtenían el mineral de hierro y los que los transformaba en  materiales casi elaborados. Aquellos que extraían el mineral pasarían de las antiguas fundiciones a los altos hornos y aquellos que lo transformaban darían lugar a las fraguas.

La producción de las ferrerías dependía de diversos factores como su emplazamiento, la disponibilidad del mineral, la cantidad de madera para los hornos y de las corrientes de agua, por lo que los principales centros se encontrarían en la Cornisa Cantábrica y parte del Pirineo. También destacarían en menor medida los focos según la cantidad de mineral en Aragón y Granada.

Las ferrerías gallegas eran o de propiedad monástica o hidalga pero tenían una producción limitada. En cambio la catalana tenia mayor envergadura técnica pero estaba delimitada por la escasez del mineral como de la dificultad de la exportación por la dificultad de los accesos al mar.

Pero si las comparamos a ambas con la vasca, esta última era la más importante de la península, ya que contaba con un excelente mineral, bosques y la cercanía al mar.

El desarrollo de las inversiones del cambio de la siderurgia hacia los altos hornos vascos viene por la demanda militar (cañones, municiones…) que supondría la principal producción de los altos hornos.

Los españoles del siglo XVII y los del XVIII sabían perfectamente que era necesario ir transformando la estructura económica para mejorar la situación y en consecuencia aparecieron los intentos de llevar la ampliación de otros puertos españoles para el comercio con América. Tratadistas de la época defendían un menor control estatal sobre el monopolio con América. Pero debido a las vicisitudes que atravesaba en país y a las continuas guerras en el exterior era muy difícil que se pudieran llevar a cabo dichas reformas. Cierto es que la creación de la Junta de Comercio en 1679 y la devaluación de la moneda marcaron el inicio de la implantación de esas medidas. Con el cambio de dinastía se pueden establecer dos etapas, la primera de ellas fue la de llevar una continuidad en la política como se venía haciendo hasta ahora. Se llevaría a cabo una comisión dirigida por Gaspar Naranjo y Romero para que dictaminasen cual era la situación de las principales fábricas textiles, dicha evaluación determinó que se estaba dando una mayor cobertura de una industria proteccionista a tenor de las medidas dictadas bajo los Austrias. Tal informe en que se propugnaba medidas ya llevadas a cabo como la prohibición de saliera el oro y la plata americana de los territorios peninsulares como también no se toleraba el uso de ropas extranjeras.

Por lo tanto, se desprende que en los primeros años del siglo XVIII se notaba la influencia directa de Francia, ya que a pesar de la importancia de las reformas, se dio prioridad a la guerra y a la obtención de recursos a través de medidas hacendísticas. La segunda etapa se iniciaba en 1715 a partir del reinado de facto de Felipe V y sin el influjo de la política francesa. Esta etapa viene marcada por la presencia en el gabinete de ministros  italianos, es el caso de Alberoni que al haber estado en la corte de Luis XIV se imbuyó de la idea colbertista.

El colbertismo es una doctrina económica del siglo XVII llevada a cabo por el ministro de Finanzas Jean Baptiste Colbert. Esta se basa en que un país debe producir riqueza para poder financiar los gastos generados y evitar un balance negativo que generase una mayor deuda. Para promover la generación de riqueza se llevarían a cabo una serie de reformas para el desarrollo de económico nacional, sería el caso de un proteccionismo del mercado incentivándose el nacional, subsidios en las exportaciones de materias y de medidas fiscales.

Alberoni puso en marcha la creación de fábricas estatales como sería el caso de las Reales Fábricas de Tapices de Madrid, Real Fábrica de Paños de Guadalajara, etc. A menudo no eran industrias rentables, pero serian subvencionadas por el Estado. En consonancia a la  política proteccionista fueron los  dos decretos de 1718 sobre la prohibición de importar telas o tejidos procedentes de Asia, favoreciéndose así a la industria catalana.

También se dieron órdenes que regulaban el comercio entre España y sus posesiones coloniales en los que se exportarían productos manufacturados españoles hacia las Indias, lo que posteriormente generaría un colapso del mercado americano como la entrada de productos procedentes de otras potencias europeas.

Uno de los esfuerzos principales del gobierno de Felipe V era la centralización de la Hacienda en base a la simplificación de los procedimientos burocráticos y la regularización de dichos procedimientos. Es el caso de las “rentas provinciales” que se dieron en un breve tiempo y que eran pagadas por todas las provincias castellanas. Este tipo de renta aglutinaba los anteriores impuestos como fueron las alcabalas, millones, cientos, servicios, cientos… por lo que a pesar de que la carga fiscal recaería en el ciudadano se simplifica al estar reorganizados. De forma similar ocurrió con las rentas generales.

Tampoco existía una unificación de las aduanas que pudiera favorecer la existencia de un mercado nacional a pesar de la unificación política. No sería hasta los Decretos de Nueva Planta, entre 1707 y 1715, cuando en la Corona de Aragón se suprimieron los “puertos secos”, por lo que a pesar de que dicha medida suponía una pérdida de sus privilegios, lo cierto es que dicha medida permitió la creación de un mercado nacional y el auge de la industria sobre todo en Cataluña.  El éxito de la supresión supuso que al final de la guerra se intentase llevar a cabo la unión aduanera al resto del país. Para ello en 1717 Campoflorido decretó la extensión a nivel nacional, esto afectaría a las provincias de Asturias, Galicia, las Vascongadas y Navarra; por lo que el decreto que suprimía los aranceles de los puertos secos se trasladaría hacia el mar o hacia la frontera. Dichas aduanas quedaban en Bilbao, San Sebastián y Fuenterrabía, esto llevó a protestas por vulnerar los fueros que gozaban en Navarra y las Vascongadas, por lo que el gobierno les concedió que no se cobrasen las aduanas los productos que pasasen por las tres provincias.

Fuente

La Nueva Planta de Cataluña. Fuente

El resultado de ello no fue el esperado al generarse un descontento social que se solventaría en una revuelta en 1718 contra los empleados del reguardo (destinados a evitar el contrabando).

Como colofón a lo anteriormente mencionado, los cambios iniciados por Felipe V supusieron una mejora de las condiciones socioeconómicas para el país a pesar del fracaso de algunas iniciativas durante su etapa de gobierno o a lo largo de las décadas posteriores por parte de sus sucesores, siendo con Carlos III cuando se producirían en algunos sectores cambios muy significativos de los que aún no se ha hablado.

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Redactor: Raúl López Ortega

Licenciado en Historia por la Universidad de Granada. Postgraduado del máster de Antropología Física y Forense de la Universidad de Granada. Apasionado por la antropología, arqueología y la historia. Defensor del patrimonio cultural.

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