Entre dos mundos: la Navidad en la República Democrática Alemana

Dos mundos

Tras la Segunda Guerra Mundial, y numerosas disputas entre las fuerzas aliadas, Alemania se dividió  en dos estados bien diferenciados, no  solo por un extenso muro que atravesaría Berlín desde 1961, sino también por una política de corte antagónico. Bajo una nueva lógica propia de la incipiente Guerra Fría, las tres regiones bajo la influencia de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, se unifican en lo que será conocido como la República Federal Alemana (RFA), mientras que la zona que había quedado al gobierno soviético se convierte en la República Democrática Alemana (RDA).

Aviso en la capital: Atención! Ahora abandona Belín-oeste"

Aviso en la capital: Atención! Ahora abandona Belín-oeste” Fuente

Esta división resultaba tan artificial como traumática para gran parte de la población, sobre todo  para aquéllos que quedaron separados de vecinos y familiares por el muro de la capital berlinesa. Sería difícil –no siendo nuestro objetivo- explicar en breves líneas lo que supuso a nivel social, económico y político la creación de estos dos estados hermanos y vecinos, enfrentados por factores ideológicos y un complejo contexto internacional, mas cabe decir que aún hoy se puede percibir una sutil diferencia entre aquéllas dos antiguas Alemanias.

En la RFA o Alemania occidental, la recuperación del conflicto mundial sería acelerada, y muchos consideran que se dio un auténtico milagro económico en aquéllos años de posguerra. Vivo ejemplo de ello es el importante flujo migratorio que recibiría el país capitalista entre los años 60  y 70, estando muy presentes los emigrantes españoles. La RDA se convirtió, en cambio, en un estado socialista amparado por la URSS, con una fuerte presencia rusa sobre suelo alemán. Su economía sería planificada y el poder central intervendría en prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana.

Una Navidad laica

Desde el Partido  Socialista Unificado de Alemania (SED), que ejercía el monopolio político del país, se llevaron a cabo sustanciales cambios en la educación y cultura alemana para adaptarla al ideal soviético. La religión no era algo especialmente bien visto, puesto que los comunistas buscaban una sociedad atea, aunque existiera la libertad de cultos, al menos a nivel oficial. Ahora bien, las festividades, tales como la Navidad o Pascua y tantos otros eventos tenían un marcado cariz cristiano, cuando no católico. Esta realidad, junto a la tradición secular, generaron numerosas contradicciones internas en el régimen, ¿pues cómo podía el pueblo socialista celebrar la Navidad?  Y en caso de hacer desaparecer dicho festivo, ¿cómo evitar que la población se rebelara ante un cambio tan radical en sus costumbres? Para Kurt Hager, uno de los líderes ideológicos de la SED,  la Navidad entrañaba un peligro constante para la entrada de la superstición y el pensamiento cuasi feudal en la “nueva” Alemania.

La improvisación y adaptación a las nuevas circunstancias fueron claves para que estas fiestas no se erradicaran del almanaque, y aún así, se relegara la figura de Cristo a un segundo plano, hasta prácticamente borrar sus huellas.  Desde el gobierno, comenzó una extensa campaña propagandística y educativa que comenzó con sustituir al Niño Jesús y  el San Nicolás alemán, por elementos ajenos a la tradición cristiana, como el Abuelito Hielo (Ded Moroz) que procedía de los cuentos tradicionales rusos, y que era un personaje muy semejante a nuestro actual Papá Noel. Del mismo modo, el cancionero popular se vio alterado porque en cuanto aparecía la venida del “mesías” o cualquier otra alusión a Jesús, se sustituyó por la llegada del invierno. Otros elementos simplemente se renombraron, como el típico calendario de adviento que se convirtió en el “calendario de antes de Navidad”. Estas piezas tan características solían adornarse con dibujos del nacimiento de Cristo, iglesias nevadas o coros angelicales, pero  hasta el año 1973 estuvo prohibido reproducir escenas cristianas en cualquier tipo de decoración navideña. Por ello, se popularizan las imágenes de pueblos cubiertos de nieve, bosques y entregas de regalos por parte del Abuelito Hielo.

No obstante, a pesar de esta laicización progresiva de la Navidad, hubo muchos factores que se buscaron potenciar  porque eran acordes a los intereses socialistas o que permanecieron en el ideario colectivo.  En Alemania, los aspectos más valorados de la Navidad, junto a una comida cargada de dulces, eran tales como la familiaridad, la paz y la harmonía social. De esta forma,  se intentó resaltar el espíritu solidario y colaborativo que implicaba la fiesta, y desde las escuelas se inculcaba a los jóvenes que debían agradecer la opulencia de aquéllos días al esfuerzo de la clase trabajadora, labradores y obreros. Al igual que hoy, durante algunas horas de colegio fabricaban regalos y decoraciones para sus hogares, que aunque rara vez tenían árboles completos, solían constar de ramas sueltas que al pegarse a un tronco emulaban su cometido. Las bolas brillantes, guirnaldas y demás elementos decorativos eran escasos y se solían guardar con rigor y cuidado, de un año a otro.

Tampoco eran las navidades de la Alemania socialista ricas en obsequios materiales y juguetes. Esta ausencia se motiva tanto por la escasez de ciertos objetos como por la oposición ideológica al gasto y consumo vano, más propio del capitalismo. En cambio sí permanecen actividades ligadas a la Navidad y el ocio como la visita de mercados navideños, con caruseles, puestos de tiro y dulces. Estos mercados, celebrados en grandes plazas como el Marx Engel’s Platz, atraían incluso curiosos del otro lado de Berlín, aún teniendo componentes “educativos” y  politizados.

Mercado navideño de Leipzig en 1980 Fuente

Mercado navideño de Leipzig en 1980 Fuente

Mantener la Navidad como parte del régimen suponía un reto, incluso en formato laico, puesto que el gobierno debía entregar algunos alimentos especiales, y en mayor abundancia, para que la población pudiera celebrar las fiestas. Así, las fechas navideñas eran de los pocos días donde las familias tenían acceso a algunas frutas de difícil adquisición como los plátanos o las naranjas. Para algunas recetas tradicionales, debían asimismo guardar comida durante varios meses para conseguir todos los variados ingredientes o sustituirlos por otros que se asemejaran. Esta carencia de productos para realizar dulces típicos afectaba incluso a las grandes fábricas de productos de panadería y pasteles.

Así, para haceros una idea de cómo podía afrontar un hogar de la Alemania oriental unas navidades, aquí tenemos lo que contenía el paquete de alimentos de las navidades de 1962:

3kg de crema Nivea, 2 libras de Rama (un tipo de grasa de untar), 2 libras de Belkin (marca de  de aceites), 1 botella de plástico llena de aceite, 1 paquete de arroz, 1 paquete de sémola, 1 paquete de cacao, 3 tablas de chocolate, 1 salchicha (no especifica tipo), 2 libras de café, 2 paquetes de cigarrillos, dátiles, higos, 1 libra de mandarinas, 2 libras aprox. de manzanas, 1 paquetito de té, 1 paquetito de pudding, 1 sopa, 3 salsas, 2 cubos de caldo, 2 paquetes de Bretzel de sal.

Póster navideño de los  años 50's del servicio de suministro alimenticio Konsum de la RDA Fuente

Póster navideño de los años 50′s del servicio de suministro alimenticio Konsum de la RDA Fuente

El Bretzel, aquélla galleta o bollo horneado con forma entrelazada, muy típico en las mesas navideñas de Alemania,  generó auténticos problemas en los años 80. Debemos apuntar a que la economía planificada del estado de la RDA obligaba a que la industria se organizara a la medida de las necesidades de la población y las órdenes del gobierno.  De esta manera, algunos productos sólo se producían en una o dos fábricas en todo el país, incluso tratándose de bienes alimenticios. En Noviembre de 1986 unos fallos técnicos en la maquinaria de una fábrica de galletas, alarmaron por poner en riesgo el anual suministro de Brezteln en Navidades, lo cual generaría quejas masivas, cuestión que hoy nos puede semejar bien extraña.

Navidad de frontera

Las contradicciones eternas entre las dos Alemanias crecían sustancialmente durante las fiestas. Así, el rechazo del mundo capitalista, corrompido, por parte de los gobernantes de la RDA hacia sus vecinos, y un temor de que sus enemigos aprovecharan aquéllos días para atacar la frontera, dificultaba cualquier viaje o traslado para visitar amigos o familiares. La frontera y el acceso al Berlín occidental se mantuvieron cerrados a prácticamente cualquier persona hasta 1963. Y aún tras esta fecha, el control fue férreo y a muy pocos se les otorgaba permiso.

Debemos tener en cuenta que esta dificultad de acceder a partes de Berlín y productos propios de un mercado abierto, generaron un notorio contrabando y consecuentemente, duras leyes que buscaban proteger la economía planificada de la RDA. Por ello, desde los años 50 tenemos constancia de personas acusadas de delitos económicos por comprar, durante las navidades, ropas  y otros bienes materiales en Alemania occidental, incluso si aquellos iban destinados al autoconsumo.

Aunque la relación con la vecina RFA fue conflictiva y elevado el control, muchos familiares intentaban enviar regalos a sus seres queridos de la RDA. Esta costumbre se llegó a conocer como el “Westpaket” o paquete del oeste, donde eran especialmente apreciados el café, las medias para mujeres, el tabaco y cualquier ingrediente para hacer el Stollen, un pan dulce de pasas y almendras propio de la Navidad. También hubo niños afortunados que en los paquetes que viajaban entre los dos mundos recibían Playmobil o juguetes de Lego que en la RDA estaban prohibidos. Otros, queriendo cruzar la frontera para obsequiar en persona a sus conocidos, eran registrados de forma minuciosa por los guardas fronterizos, e incluso se les podía requisar los bienes.

Ya para concluir, debemos recordar que la realidad social es intrincada y diversa, independientemente del momento y lugar del que estemos hablando. Acercarse a  un fenómeno histórico tan cercano en el tiempo como la vida cotidiana en la Alemania dividida, fruto en gran parte de testimonios vivos y heridas abiertas, siempre resulta complejo. Aunque la mayoría de las descripciones que hayamos podido observar no pasan de meras curiosidades, nos pueden servir de ejemplo para ver hasta qué punto la política marca e intenta controlar nuestras costumbres.  Y a la par, cómo el ser humano preserva su interés por festividades que, ajenas al trasfondo religioso y económico, sirven de conexión con nuestro entorno humano, y avivan nuestro ingenio en los momentos de mayor escasez.

Bibliografía|

PERRY, Joe, “Christmas in Germany: A Cultural History”, University of North Carolina: 2010.

JUDT, Matthias, “DDR-Geschichte in Dokumenten: Beschlüsse, Berichte, interne Materialien und Altagszeugnisse”, Berlin: Christoph Links Verlag, 1998.

MITTELDEUTSCHER RUNDFUNK, “Weihnachten in der DDR”, en Mitteldeutscher Rundfunk, 2011. [Consulta 2 de Dic.] Disponible en: < http://www.mdr.de/damals/archiv/artikel92306.html>

SOHN, Gunnar, “Weihnachten in der DDR: Ideologischer Kampf zwischen Väterchen Frost und den Himmlischen Heerscharen”, en Ich sag mal, 2008 [Consulta 2 de Dic.] Disponible en < https://ichsagmal.com/2008/12/07/weihnachten-in-der-ddr-ideologischer-kampf-zwischen-vaterchen-frost-und-den-himmlischen-heerscharen/>

Redactor: Sandra Suárez García

Graduada en Historia por la Universidad de Santiago de Compostela. Máster en Docencia y Máster de Historia (EURAME) por la Universidad de Granada. Interés en historia medieval, la historia de las minorías y especialmente en estudios sobre la comunidad judía y musulmana en el reino nazarí de Granada.

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