El Tratado de Versalles. Semilla de conflictos.

La Gran Guerra, como se conoció a la I Guerra Mundial antes de que Adolf Hitler decidiese llevar a cabo un ‹‹Reich de mil años››, supuso la confrontación bélica de las grandes potencias militares e industriales del primer cuarto del siglo XX. Más de nueve millones de soldados perdieron la vida en una conflagración donde se enfrentaron los miembros de la Triple Entente (Reino Unido, Francia e Imperio Ruso) y las Potencias Centrales (Imperio Alemán e Imperio Austro–Húngaro). Además, una serie de Estados se unieron a alguno de los bandos en el transcurso de la guerra, como fue el caso del Imperio Otomano o Bulgaria, que se unieron a las potencias centrales; o el de Estados Unidos, Japón o Italia, que apoyaron a la Triple Entente (con independencia de que Italia fuese en un principio aliada de las Potencias Centrales).

Asesinato del archiduque Francisco Fernando "Fuente"

Asesinato del archiduque Francisco Fernando “Fuente”

El atentado contra el archiduque Francisco Fernando de Austria en las calles de Sarajevo supuso el inicio de una lucha que desolaría Europa y que iría más allá de sus fronteras, pues como consecuencia lógica de la existencia de imperios coloniales, se desarrollaron combates en África, Asia, islas del Pacífico y Oriente Próximo. Las consecuencias de esta larga guerra de cuatro años fueron demoledoras: la revolución bolchevique acabó con el zarismo en Rusia, el Imperio Austro-Húngaro desapareció dando lugar a una multitud de Estados y el Imperio Otomano vio reducidas sus posesiones a los territorios que conforman la actual Turquía. Por su parte, el Imperio Alemán, además de ser humillado y despojado de sus posesiones, se vio reconvertido en la República de Weimar.

La Gran Guerra tocó a su fin el 11 de noviembre de 1918 tras la solicitud de armisticio por parte de Alemania. La alegría desbordada que supuso el fin de la guerra encontró su cauce en una conferencia de paz que hizo que París se transformase durante buena parte de 1919 en la capital del mundo. La conferencia de paz de París se convirtió en el asunto más importante del momento y la distinguida capital francesa acogió a las personalidades más influyentes del planeta, que día tras día se reunían en París celebrando reuniones, firmando tratados, y por qué no decirlo, creando Estados de la noche a la mañana.

Sin embargo, no todo fue un camino de rosas. Existieron grandes problemas de organización desde el inicio de la conferencia. Las potencias principales: Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia e Italia, habían planteado una conferencia preliminar donde se pudiesen acordar las condiciones de paz para posteriormente celebrar una conferencia definitiva donde participasen el resto de Estados que habían tomado parte en la guerra del lado aliado. A pesar de los planes iniciales, esta intención quedó disipada cuando imperios lejanos como Japón o incluso imperios menores como Bélgica y Serbia quisieron intervenir desde el inicio, desembocando todo ello en la transformación de la conferencia preliminar en una de carácter definitivo en la que, a pesar de la participación de todos los Estados del bando aliado, las decisiones fundamentales fueron tomadas por los cuatro grandes: Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña e Italia; aunque hay que añadir que el papel desempeñado por Italia fue menor que el de sus tres aliados.

El 18 de enero fue el día elegido para el inicio de la conferencia de paz. La fecha no fue elegida al azar, ya que coincidía con la fecha en la que se coronó a Guillermo I de Prusia como Kaiser de Alemania, lo que reflejó una clara muestra del revanchismo francés. Una treintena de países asistieron a la conferencia de paz, aunque realmente esta fue dirigida por el ‹‹consejo supremo››, que conformado por los jefes de gobierno y los ministros de asuntos exteriores de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Italia y Japón, marcaría el tempo de unas negociaciones en las que no estarían presentes los imperios vencidos y que concluirían con la firma del Tratado de Versalles.

El Tratado de Versalles, firmado el 28 de junio de 1919, estuvo compuesto por 440 artículos que, divididos en 15 secciones, regularon la creación de la Sociedad de Naciones y la disminución de las fronteras y el imperio colonial alemán, la desmilitarización de su ejército, la imposición de sanciones y el pago de reparaciones, además de abordar otros aspectos como la navegación aérea, la regulación del trabajo y la repatriación de prisioneros de guerra.

La Sociedad de Naciones fue propuesta en uno de los famosos 14 puntos que el presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson había propuesto al final de la guerra. Bajo la finalidad de crear una organización internacional que velase por la paz mundial, fue creado este antecedente de la Organización de las Naciones Unidas, que desde el inicio, como consecuencia de las posturas de los Estados, estuvo abocada al fracaso. Francia y Gran Bretaña no apostaban por la entrada de Alemania, La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas terminó ingresando sin tener esperanzas en ella, y Estados Unidos, cuyo presidente había propuesto su creación, nunca llegó a formar parte de la misma.

En cuanto a la reducción de las fronteras, existieron opiniones divergentes entre los aliados que hicieron temer por la falta de entendimiento. Mientras que el presidente francés George Clemenceau apostaba por el castigo sin piedad de Alemania, Woodrow Wilson abogaba por frenar el revanchismo, ya que consideraba que esto podría desembocar en futuros problemas. Por su parte, el punto intermedio lo representaba George Lloyd, primer ministro británico. Finalmente, venció la tesis francesa, de manera que Alemania perdió territorio en favor de Dinamarca, Francia y Luxemburgo; a la vez que reconoció la existencia de Austria, Checoslovaquia, Polonia y Rusia, con la consiguiente nueva pérdida de territorios a favor de algunos de ellos. Guarda especial interés la situación de Renania y de la cuenca minera del Sarre, disputada por franceses y alemanes. Alegando el peligro que supondría para el futuro de Francia que Alemania mantuviese dichos territorios, se acordó que Renania permaneciera bajo soberanía alemana aunque el ejército francés permanecería allí 15 años como fuerza de ocupación y que toda la producción de carbón del Sarre iría a parar a Francia.

En lo referente al imperio colonial, la nueva República de Weimar se vio obligada a renunciar a todos sus títulos, derechos y privilegios sobre aquellos territorios que hubiesen pertenecido al imperio o a sus aliados. De este modo, territorios de China, Ruanda, Marruecos, Siam o Egipto pasaron a ser controlados por las potencias vencedoras mediante el régimen de ‹‹mandatos››, una peculiar forma de administración territorial creada por la Sociedad de Naciones, que propiciaba el control de un territorio colonial por parte de una potencia hasta que se considerase que la colonia hubiese desarrollado las condiciones necesarias para adquirir la independencia.

A lo que a la desmilitarización se refiere, Alemania se vio obligada a la desmovilización de tropas, a la reducción del ejército a 100.000 hombres, a la eliminación del armamento pesado y a la limitación del número de divisiones de infantería y caballería (siete y tres respectivamente), lo que hizo que Alemania pasase a tener, más que un ejército, un cuerpo de policía de grandes proporciones.

Mapa de Europa antes y después del Tratado de Versalles "Fuente"

Mapa de Europa antes y después del Tratado de Versalles “Fuente”

Finalmente, en cuanto a las sanciones y las reparaciones de guerra, Alemania fue declarada como única culpable del inicio de la guerra y se determinó que el kaiser Guillermo II sería juzgado públicamente. En lo relativo a las reparaciones, se estipuló la creación de una ‹‹Comisión de Reparaciones›› y se determinó que Alemania debería pagar por: daños causados a ciudadanos, daños causados por crímenes de guerra, daños a pueblos y ciudades, el coste por las prestaciones de los gobiernos aliados a familias que hubiesen sufrido por la guerra y el coste por los daños que hubieran afectado a la propiedad. En definitiva, se vieron obligados a pagar unas reparaciones que deberían haberse satisfecho en 1988. Los representantes alemanes quedaron escandalizados por las condiciones del tratado y se negaron a firmarlo, pero tras la amenaza aliada de retomar las hostilidades e invadir Alemania, la nueva república germana dio su consentimiento y el 28 de junio de 1919, aniversario del atentado contra el archiduque Francisco Fernando, el tratado fue firmado en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles.

Además del Tratado de Versalles, otros fueron firmados. Sin embargo, a pesar de la importancia de sus disposiciones, dichos tratados tuvieron un carácter secundario respecto del Tratado de Versalles, que se erigió como el principal entre el conjunto de tratados que pusieron fin a la I Guerra Mundial. El Tratado de Saint German-en-Laye supuso la desmembración del Imperio Austro-Húngaro y la consiguiente constitución de Hungría, Yugoslavia y Checoslovaquia, además de la limitación de territorios de Austria; el Tratado de Sevres significó el fin del Imperio Otomano y la concesión de territorios a Armenia y Grecia, además de la imposición del control británico y francés, mediante el sistema de mandatos, en territorios tales como la actual Irak o Siria; el Tratado de Trianon supuso la entrega de territorios a Checoslovaquia, Rumanía y Yugoslavia; y, finalmente, por el Tratado de Neuilly, Bulgaria reconocía el reino de Yugoslavia y cedía territorios en favor de éste y de Grecia.

En definitiva, hemos visto como el Tratado de Versalles, unido a estos cuatro tratados, ratificaron el fin de la guerra al mismo tiempo que llevaron la ruina económica a Alemania y certificaron la desaparición de imperios con el consiguiente rebrote del sentimiento nacionalista. No se puede aducir que el surgimiento del nazismo y el estallido de la II Guerra Mundial sean consecuencia exclusiva de las sanciones impuestas a Alemania, pero si es cierto que estas se erigieron como un factor muy importante. Del mismo modo que el resultado del resto de tratados influyó en conflictos que han llegado a nuestros días, tales como la guerra de los Balcanes, la guerra civil de Ruanda y el inagotable conflicto de Oriente Medio.

Por lo tanto, podemos concluir que el revanchismo plasmado en el Tratado de Versalles, más allá de preservar la paz internacional, sembró las semillas de una serie de conflictos que volvieron a hacer que los cimientos del mundo se tambaleasen y que produjeran que los sentimientos de odio y terror, que tan presentes estuvieron en las batallas como la de Verdún o la de Galípoli, volvieran a ser sufridos a lo largo del siglo XX.

Caricatura de los principales líderes de la I Guerra Mundial "Fuente"

Caricatura de los principales líderes de la I Guerra Mundial “Fuente”

Bibliografía|

GIMÉNEZ CHUECA, I.,El Tratado de Versalles. ¿La paz que preparó una guerra?” En Clio, nº 95, septiembre 2009.

GEOFFREY W., “A mad catastrophe. The outbreak of World War I and the collapse of the Habsburg Empire”, Nueva York :Basic Books, 2014.

MACMILLAN M., “Paris, 1919. Tiempo de Memoria”, Barcelona: Tusquets Editores, 2001.

DÍAZ RETG E. (Dirección), “Tratado de Paz entre las potencias aliadas y asociadas y Alemania”, Barcelona: Editorial Alsa, 1919.

Redactor: Enrique Roldán Cañizares

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