El sitio de Malta (1565)

El asedio a Malta era uno de esos hechos que todo el mundo esperaba, nadie sabía cuándo ocurriría pero tampoco dudaba de que lo haría. En los últimos años, el Imperio Otomano había extendido su mano sobre el Mediterráneo oriental, intentando tomar Viena por asalto en 1529, y sus corsarios berberiscos ejercían una potente presión sobre las costas cristianas. Este avance del poder musulmán intentaba ser contenido por la flota hispánica, la papal, la de Andrea Doria y la de la Orden de los Caballeros de San Juan de Malta, siendo estos últimos los únicos que dedicaban todos sus esfuerzos a este propósito; además, asentados en Malta por el Emperador Carlos V en 1530 tras su expulsión de Rodas por las fuerzas turcas, estos caballeros llevaban mucho tiempo hostigándolas con la esperanza de poder vengarse algún día del Sultán Solimán. En historia no es posible decir que un hecho era inevitable, el determinismo es una visión que no beneficia en nada al análisis serio del pasado, pero también hay que decir que nadie se sorprendió cuando llegó la noticia de que el islam se cerniría sobre la isla con todo su inmenso poder.

Así, el día 18 de mayo de 1565, con la aparición de la Armada musulmana en el horizonte, comenzaba uno de los choques más duros que se dio entre los intereses mediterráneos de la Sublime Puerta y de la Monarquía Hispánica. Ante la inminencia del ataque, Felipe II había enviado al Virrey de Sicilia a que ayudase a los caballeros a preparar las defensas, aunque el Gran Maestre de la Orden, Jean de la Valette, mostró una gran falta de previsión al no iniciar los trabajos de alistamiento, evacuación de civiles y quema de tierra para evitar el avituallamiento enemigo; es probable que pensase que el enemigo llegaría aun un mes más tarde y que las prisas eran innecesarias, pero se equivocaba. Lala Mustafá se presentó allí con una inmensa fuerza de unos 30.000 soldados y corsarios, dispuesto a volver a vencer a la Orden de San Juan en Malta igual que Solimán los venció en Rodas. Frente a ellos, atrincherados en los fuertes de San Ángel, San Miguel y San Telmo, entre 6.000 y 8.500 cristianos de distinta procedencia –de los que 3.000 eran civiles malteses reclutados– se disponían a resistir a una flota que había demostrado ser infalible. Las naves otomanas rodearon la isla y tomaron el puerto de Marsajaloc para llevar a cabo el desembarco de efectivos y el levantamiento del campamento, retrasando el inicio del las hostilidades hasta el día 24 de mayo. El plan otomano consistía en tomar primero el más débil de los fuertes, el de San Telmo, lo que les permitiría acceder al Gran Puerto y les daría un buen fondeadero para las naves; esta propuesta prevaleció sobre otra que aconsejaba penetrar en la isla y tomar por la retaguardia las fortificaciones más protegidas –San Ángel y San Miguel–, porque se consideraba que San Telmo no aguantaría más que unos pocos días antes de su capitulación, pero la realidad fue muy distinta. Por su parte, La Valette había dado orden a sus caballeros de aguantar a toda costa ya que esperaba la ayuda de las flotas española y siciliana en poco tiempo, algo que tampoco sucedió como se había previsto.

sitiodemalta1565ajustado

Mapa con los movimientos militares durante el sitio de Malta. Fuente

El combate comenzó con los primeros disparos de cañón contra los muros de San Telmo, defendido por unos cien caballeros y quinientos soldados. Las brechas comenzaron a abrirse en muy poco tiempo por todas las defensas, pero la resistencia de los hombres allí atrincherados superó todas las expectativas imaginadas. Lo que debería haberse solucionado en tres o cuatro días, costó en torno a 18.000 obuses de artillería, 6.000 caídos, la vida de Dragut –líder de los corsarios berberiscos tras la muerte de los Barbarroja– y casi un mes. Los defensores estuvieron al borde del motín en los primeros días de junio, pero finalmente mantuvieron la posición como se les había ordenado hasta el 23 de ese mes, momento en que fueron superados por un último ataque otomano del que solo escaparon un puñado de hombres. La primera fase del asedio había terminado agotando mucho más tiempo y recursos del previsto por Mustafá, pero el ataque debía continuar.

Cinco días después, los refuerzos hispano-italianos aún no llegaban pero los defensores reforzaron sus líneas de forma inesperada, con una fuerza siciliana de seiscientos soldados que habían conseguido superar el bloqueo naval impuesto por los turcos. Sin embargo, Felipe II sabía que la batalla de Malta sería decisiva para el control del Mediterráneo. Había quien aseguraba que una vez conquistada la isla, Solimán tenía planeado saltar a Italia y después marchar simultáneamente hacia el centro de Europa desde allí y Hungría. Se hacía imperativo, pues, defender la plaza a toda costa, pero la flota enemiga impedía cualquier intento de auxilio de los cristianos. Con esta situación, el 15 de julio los invasores reemprendieron la ofensiva intentando acceder al Burgo y sus dos fuertes anexos mientras los corsarios atacaban el fuerte de San Miguel, al final de la extensión de tierra. Su gran error fue poner los navíos involucrados en la operación al alcance de una batería de artillería, colocada bajo el fuerte de San Ángel, que los hundió con tan solo unas pocas andanadas junto a soldados y pertrechos. Por su parte, el ataque por tierra al Burgo fue repelido por fuerzas de refresco que construyeron un puente improvisado desde San Miguel. La ofensiva acabó en desbandada y la Sublime Puerta se replegó a sus campamentos, para lamerse las heridas e idear una mejor manera de hacer caer de una vez por todas a la Orden de Caballeros de San Juan. Mientras, en el campo de batalla, se seguían amontonando muchos más cadáveres de los que había previsto ninguno de los oficiales más pesimistas del mando musulmán.

Sin embargo, las baterías fueron recolocadas en los días siguientes y se dedicaron a castigar a las murallas y barricadas con metódica paciencia mientras se cavaban líneas de trincheras frente a la ciudad de Birgu y la península de Senglea. Algunos autores cifran en torno a 130.000 los disparos de artillería que cayeron sobre los defensores, lo que convertiría este bombardeo en el más intenso que se había efectuado hasta ese momento. El 7 de Agosto el Sultán ordenó a sus generales lanzar dos grandes asaltos simultáneos sobre San Miguel y Birgu. Como había ocurrido en San Telmo, los cristianos lucharon de una manera salvaje en las brechas producidas por la artillería, llegándose al extremo de que el mismo Gran Maestre de Malta las defendió en persona. Sin embargo, las fuerzas otomanas eran muy superiores en número y no existía posibilidad de que las bajas fueran repuestas desde otros puntos defensivos, ya que el ataque se había producido en un frente muy amplio. Las posiciones comenzaron a flaquear, los turcos consiguieron cruzar la muralla de Birgu e internarse en sus calles, todo parecía perdido y, contra todo pronóstico, los caballeros y sus aliados observaron atónitos como el enemigo se retiraba a toda prisa pese a tener claramente la victoria al alcance de la mano. Lo que no sabían es que un capitán de caballería maltés, Vincenzo Anastagi, en una de sus patrullas diarias, había descubierto que las fuerzas musulmanas se encontraban empleadas al completo en la ofensiva y que, sin preocuparse de un posible ataque por la retaguardia, el hospital de campaña se encontraba completamente desprotegido. Así, Anastagi aprovechó esta situación y cargó con sus jinetes contra los indefensos médicos y los miles de heridos, provocando un gran caos y confusión entre los comandantes turcos, que llegaron a pensar que las fuerzas de Felipe II habían roto el bloqueo y se cernían sobre ellos. Cuando reformaron para enfrentar a las supuestas tropas españolas, los incursores ya habían desaparecido dejando tras de sí una carnicería y el fracaso de un ataque en masa que, de no ser por esta acción, habría terminado triunfando. Era la segunda vez que el Mustafá infravaloraba a sus rivales, primero a los defensores de San Telmo y ahora a las patrullas montadas que les hostigaban desde el interior de la isla.

SitioMalta ajustado

Ilustración donde se pueden observar los puntos de ataque y de defensa durante el asedio. Fuente

Casi inmediatamente, se retomó el ataque pero el daño ya estaba hecho; los defensores se reagruparon y se prepararon para un nuevo asalto que duró varios días más y culminó en una última gran ofensiva entre el 19 y el 21 de Agosto. Fueron jornadas de gran confusión, lo que queda demostrado en las distintas versiones que dan las crónicas al respecto: algunas nos dicen que una mina turca consiguió abrir brecha, y que La Valette volvió de nuevo a combatir en persona para salvar in extremis las líneas de los defensores; otra versión nos dice que no hubo ninguna mina, sino que el pánico cundió cuando los estandartes de la media luna empezaron a pasar por las defensas y que cuando La Valette llegó no encontró a nadie luchando contra el enemigo; incluso llega a decirse que un artillero cristiano, desde los muros de San Ángel, disparó contra los civiles malteses por error, provocando multitud de muertos. Sea como fuere, la realidad era que la invasión volvía a fracasar.

El desánimo cundió en ambos bandos. La Orden de San Juan y sus aliados habían perdido la esperanza de ver la llegada de refuerzos, y hubo quien pidió una retirada general a San Ángel para resistir allí hasta el final; pero La Valette lo prohibió, argumentando que si ellos estaban exhaustos mucho más lo estarían los turcos, por lo que su única esperanza de victoria pasaba por mantener las posiciones y aparentar mayor fortaleza de la que tenían en realidad. Los últimos días de agosto, aprovechando unas fuertes lluvias que inutilizaron la pólvora de los malteses, se lanzaron dos ataques más pero fueron repelidos cuerpo a cuerpo. Pialí, uno de los comandantes otomanos, ya había comenzado a embarcar esos últimos días pero fue con la llegada de septiembre, las lluvias y lo insostenible de las bajas que provocaba cada nuevo intento de conquista, lo que llevó al Gran Sultán a rendirse ante la evidencia: el Asedio de Malta se había convertido en un sangriento fracaso. El día 8 ya habían embarcado la artillería y a los heridos, y pusieron proa hacia puerto seguro. Resulta curioso que tan solo un día antes, 9.000 soldados de Felipe II, con el marqués de Villafranca al frente, consiguieran desembarcar en otro punto de la isla con la intención de romper un cerco que ya no existía. La Sublime Puerta se veía obligada a huir y olvidar por el momento sus planes de control del Mediterráneo, dejando a más de 6.000 de sus hombres muertos en el fango. Por su parte, Malta y la Orden de los caballeros de San Juan habían sobrevivido pero a un muy alto coste; cuando el enemigo huyó hacia el mar tan solo La Valette y seiscientos soldados más habían conseguido sobrevivir, todos ellos heridos de diferente gravedad.

El desenlace de la batalla tuvo como consecuencia el freno de las aspiraciones europeas del Imperio Otomano, que más tarde sería derrotado de nuevo por los cristianos en Lepanto (1571) y que gradualmente iría perdiendo poder sobre el Mediterráneo, lo que le llevaría a luchar por el control de los mares asiáticos. La victoria contra todo pronóstico de la Orden de San Juan en Malta impidió la expansión de Solimán hacia Italia y Europa, convirtiéndose en el primer paso del lento camino que llevó al control definitivo de las potencias europeas de las aguas del mare nostrum.

Bibliografía|

LANE-POOLE, STANLEY, “Los corsarios berberiscos”, Salamanca: Editorial Renacimiento, 2011.

RIBAS DE PINA, MIGUEL “El sitio de Malta de 1565″, en Revista Ejército, nº 18, Madrid: Ministerio de Defensa, 1940, pp. 30-33.

VILÀ, LARA, “La poesía de la guerra en el Mediterráneo: La defensa de Malta en la épica del quinientos”, en Calíope: journal of Society for Renaissance and Baroque Hispanic Society, vol. 19, nº 1, Houston: University of North Carolina Greensboro, 2014, pp. 129-158.

Redactor: Ximo Soler Navarro

Historiador, escritor de novela, creador de contenido y fundador de Historia Idiota. Llego a este proyecto con muchísima ilusión y ganas de acercar el pasado al gran público, intentando conseguir un equilibro entre la rigurosidad y un lenguaje ameno y accesible. Especializado en Historia Moderna y gestión de patrimonio marítimo.

Comparte este artículo

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current ye@r *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR