El Purgatorio y la religiosidad en la España Moderna

A lo largo de la historia de las religiones, el gran interrogante sobre la suerte de las personas tras la muerte ha sido una constante, y el cristianismo no fue, en absoluto, una excepción. La visión del Más Allá ha sido objeto de todo tipo de discusiones a lo largo de la historia del cristianismo. Los debates en torno a la naturaleza de Cielo e Infierno llenaron páginas y páginas en los libros religiosos y tratados medievales, y dieron lugar a discusiones de todo tipo. Sin embargo, y llegado un momento, se introdujo en la escatología cristiana un tercer elemento intermedio entre el Paraíso y el Averno, un lugar al que las almas manchadas por el pecado acudían para corregir sus faltas: el Purgatorio.

Breve historia de la creencia en el Purgatorio

San Gregorio Magno (540-604), Papa y Doctor de la Iglesia. Fuente.

San Gregorio Magno (540-604), Papa y Doctor de la Iglesia. Fuente.

Como ocurre siempre en la historia de las ideas, el Purgatorio no apareció en el imaginario cristiano de un momento a otro, sino que fue producto de un proceso dilatado en el tiempo. A este respecto, cabe subrayar a Agustín de Hipona (354-430) como el primero en plantear la idea de que ni la salvación ni la condena de las almas eran definitivas, sino que se podía interceder por las ellas para mejorar su situación. En otras palabras: se planteaba ya el hecho de que las almas podían acceder al Cielo, pero que los vivos debían ayudarlas a conseguirlo mediante sus oraciones. San Gregorio Magno (540-604) propuso en la misma línea que los vivos y los muertos debían prestarse auxilio, es decir, que el alma de los difuntos necesitaba de las oraciones de los vivos para poder acceder a la Salvación. Se estaba comenzando así a poner en duda la escatología cristiana tradicional, donde Cielo e Infierno eran los únicos destinos posibles para el alma, ya que la creencia de que las oraciones podían ayudar a las ánimas comenzaban a asentarse. Nació de este modo una especie de “solidaridad” entre vivos y muertos, ya que el destino del alma no se decidía sólo en el momento de la muerte, sino que era posible interceder por ella desde la Tierra. Buena prueba de la consolidación de esta creencia es que el obispo Gérard de Cambrai (975-1051), reconoció la utilidad de las misas y, lo que es más importante, tildó de herejes a los que contradijeran esta idea. Así pues, a la altura del siglo XII se consolida la idea de que el destino de las almas no es definitivo, o sea, no existen sólo la Salvación o la Condena Eterna, sino que mientras las almas esperaban su suerte final, se encontrarían en un lugar intermedio entre el Cielo y el Infierno, lugar que se denominó Purgatorio. En el Purgatorio dichas almas purgarían sus faltas, y se prepararían para la ascensión definitiva al Cielo. Apareció así pues un tercer lugar en el Más Allá que sigue existiendo actualmente en la escatología cristiana.

Respecto al momento exacto en el que aparece la idea del Purgatorio, lo cierto es que no existe una “fecha canónica”, si bien algunos autores la sitúan en el siglo XII y otros en el XV a raíz del Concilio de Florencia de 1439. Sea como fuere, es en el Medievo cuando surge y se asienta la idea del Purgatorio. Pero, ¿en qué consistía este enigmático lugar?

El Purgatorio como lugar

Al igual que sucedió con el Cielo y el Infierno, los tratados sobre la naturaleza del Purgatorio fueron abundantes y muy elaborados. Dichos tratados tuvieron gran profusión en la Europa Medieval y Moderna. La primera cuestión que los teólogos plantearon en sus escritos fue la de la suerte que las almas corrían en este lugar intermedio. Como cabe pensar, tras la consolidación del Purgatorio en el ámbito del cristianismo, la feligresía albergó muchas dudas respecto a su naturaleza y características y sobre todo se desconocía qué era de las almas que allí se encontraban. Para responder a estas cuestiones, los escritos sobre el Purgatorio abundaron en todo el continente. Una de las autoras más relevantes a este respecto es Catalina de Génova (1447-1510), cuya obra, titulada Tratado del Purgatorio nos habla de la relevancia que había adquirido en el siglo XV este misterioso lugar:

<<La importancia que tiene el Purgatorio es algo que ni la lengua humana puede expresar, ni la mente comprender. Yo veo en él tanta pena como en el Infierno>>

Ánimas del Purgatoio y virgen. En el mundo católico se atribuyó a la Virgen María el poder de sacar a las ánimas del Purgatorio y enviarlas al Cielo una vez hubieran purgado sus faltas. Fuente.

Ánimas del Purgatorio y Virgen. En el mundo católico se atribuyó a la Virgen María el poder de sacar a las ánimas del Purgatorio y enviarlas al Cielo una vez hubieran purgado sus faltas. Fuente.

En la España Moderna, la creencia en el Purgatorio disfrutó de un enorme éxito. Dicho éxito se debió en gran parte a la llegada de la Reforma Protestante, ya que desde su aparición,la Europa católica presentó la creencia en el Purgatorio como un rasgo identitario propio frente a las iglesias reformadas. La España de los siglos XVI y XVII no fue, naturalmente, una excepción a este fervor por la creencia en el Purgatorio tan propio del mundo católico. Debido a ello, muchos autores hablaron sobre el Más Allá y sus características, y más concretamente del Purgatorio. Además, se llegó a creer incluso que las almas del Purgatorio, que padecían espantosos tormentos y suplicios, se aparecían a los vivos en la Tierra para advertirles de lo que iban a sufrir si no enmendaban sus pecados, y para pedirles que rezaran por ellas. A este respecto, no fueron pocos los autores que en España escribieron sobre estas apariciones. Uno de ellos fue José de Boneta y Laplana (1638-1714), que en su obra Gritos del Purgatorio (1699) describió varias de estas apariciones:

<<A una monja cisterciense se apareció otra amiga difunta a su lado en el coro, con un semblante muy pálido y afligido. Asustóse y, recobrada, preguntando a la difunta qué hacía allí, la respondió: Ha me señalado Dios este puesto por Purgatorio, por lo que contigo hablaba en él, mientras duraba el coro. Avísote que te enmiendes, porque si no lo haces, correrás la misma desgracia que yo. Continuó la difunta en dexarse ver allí de su amiga mucho tiempo, hasta que a fuerza de misas y sufragios que por ella se hicieron pasó del coro al Cielo>>

Junto a la creencia en tales apariciones, existió la convicción de que las oraciones de los vivos podían salvar a las almas de los muertos de su destino fatal en el Purgatorio, o al menos aliviar los sufrimientos que allí padecían. Debido a ello, surgieron en la España Moderna toda una red de cofradías dedicadas a las “ánimas del Purgatorio” que tenían como objetivo interceder por estas ánimas a través de la oración. Dichas cofradías no fueron exclusivas del mundo hispano, sino que se extendieron por países como Portugal o Italia. De este modo, la creencia en el Purgatorio dio lugar a todo un mundo de ideas en torno a la muerte y al destino de las almas, que se materializó en diversas manifestaciones culturales.

El miedo al Purgatorio

Desde la Edad Media, la creencia en el Purgatorio como un lugar intermedio entre el Cielo y el Infierno produjo esperanza y miedo en los fieles a partes iguales. Por un lado, el alma ya no era condenada ni salvada directamente, sino que podía “esperar” un tiempo en el Purgatorio hasta acceder a la Salvación; por otro, era necesario reducir de alguna manera el tiempo que el alma residía en este lugar, ya que en él sufría grandes padecimientos. Por ello, la Iglesia explotó al máximo esta condición oscura del Purgatorio, incidiendo una y otra vez en los castigos que allí se padecían. Si a eso añadimos que muy pocos accedían al Cielo directamente, y que incluso los obispos y sacerdotes aparecen en las representaciones como víctimas del fuego purgatorio, podemos deducir que la gran mayoría de los mortales debía forzosamente pasar por este lugar o, dicho de otro modo, nadie estaba libre del tránsito por el mismo. Es más, en algunos lugares se propagó la creencia de que cuando una persona moría su alma era juzgada, e incluso se pensaba que era el mismo Jesucristo, presentado como un juez severo y estricto, el que llevaba la cuenta de las faltas de las ánimas que iban al Purgatorio.

Pintura de ánimas del Purgatorio.  En ella podemos ver algunas almas en el fuego y otras que están siendo rescatadas por los ángeles, que las conducen al Cielo. Fuente.

Pintura de ánimas del Purgatorio. En ella podemos ver algunas almas en el fuego y otras que están siendo rescatadas por los ángeles, que las conducen al Cielo. Fuente.

Durante toda la historia de la creencia en el Purgatorio se planteó también cuánto tiempo permanecerían las almas limpiando sus faltas antes de ascender al Cielo, y lo cierto es que los teólogos no llegaron nunca a un acuerdo sobre este asunto. Algunos sostenían que, dependiendo de la gravedad de las faltas, las estancias podían ser de años, décadas e incluso siglos. Todo ello provocó pánico en los fieles, pues nadie sabía cuánto tiempo iba a permanecer en la tormentosa transición a la Salvación. Como cabe esperar, nadie quería pasar mucho tiempo en tan horrible lugar, por lo que la Iglesia ofreció a su feligresía varias vías para, si no evitar el Purgatorio, acortar la estancia en él. De este modo, aparte de las mencionadas cofradías por las ánimas del Purgatorio, se fomentó desde las autoridades eclesiásticas el pago de misas por el alma de los difuntos como medio para interceder por las mismas. Al dinero que se pagaba por estas misas se le llamaba comúnmente “limosna”. También existían las indulgencias, gracias a las cuales los fieles podían reducir el tiempo que previsiblemente pasarían sus almas purgando sus pecados.

Gracias a todo ello, la Iglesia pudo ejercer una enorme influencia, pues ya nadie estaba seguro totalmente de la condena o la salvación de su alma, sino que todos podían en principio limpiar sus faltas en el Purgatorio a la espera de la ascensión definitiva. Ello hizo que la Iglesia fuera capaz de influir en mayor medida sobre la vida de los fieles, que a partir de ese momento debían llevar una vida acorde con los preceptos del cristianismo si no querían verse avocados al fuego eterno.

Sin embargo, la creencia en el Purgatorio no sólo constituyó uno de los ejes centrales de la escatología cristiana medieval y moderna, sino que se extiende hasta nuestros días.

Bibliografía|

BONETA LAPLANA, JOSÉ, “Gritos del Purgatorio”, Cuacos de Yuste: Monasterio de Yuste, 1699.

GÉNOVA, CATALINA DE, “Tratado del Purgatorio”, Pamplona: Fundación Gratis Date, 2005.

LE GOFF, JACQUES, “El nacimiento del Purgatorio”, Madrid: Taurus, 1981.

MATARÍN GUIL, MANUEL FRANCISCO, “Creencia popular en las Ánimas del Purgatorio en los valles de los ríos Andarax y Nacimiento”, en SÁNCHEZ RAMOS, VALERIANO, RUIZ FERNÁNDEZ, JOSÉ (coords.), Actas de las II Jornadas de religiosidad popular, Almería, 1996.

VOVELLE, MICHEL, “Les Âmes du Purgatoire, ou Le travail du deuil”, París: Gallimard, 1996.

WOBESER, GISELA VON, “Cielo, Infierno y Purgatorio en el Virreinato de la Nueva España”, México: UNAM, 2011.

Redactor: Rafael Duro Garrido

Graduado en Historia y Máster en Estudios Históricos Avanzados, itinerario de Historia Moderna, pero sobre todo apasionado de la Historia, el saber y el conocimiento en sentido amplio. Editor de la sección Historia Moderna de Témpora Magazine. Para contactar conmigo, estoy en Facebook y Twitter.

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