El «problema andaluz» en las Cortes republicanas

Este artículo fue publicado originalmente en thesocialsciencepost.com

Escribe| Rubén Pérez Trujillano

En julio de 1931, apenas tres meses después de la proclamación de la Segunda República, tuvo lugar en Sevilla un movimiento huelguístico que devino revolucionario. Los hechos comenzaron el 18 de julio con la muerte de un huelguista tras los enfrentamientos producidos entre trabajadores que secundaban la huelga de cerveceros y los que no. Un día después se desarrolló un multitudinario mitin en el teatro del Duque, que culminó en la constitución de un frente único de obreros, con predominancia anarquista y comunista. El día 20 se intenta rendir homenaje al obrero asesinado, el cual, al ser prohibido por el gobernador civil (José Bastos Ansart), deriva en choques entre las fuerzas del orden y los obreros. Mueren algunos de ellos y también algunos agentes de seguridad.

El decurso de los acontecimientos empuja a los primeros a declarar la huelga general en la ciudad hispalense. El 21 el paro es un éxito, de modo que el gobernador espolea la reacción de ciudadanos para imponer por la fuerza la vuelta a los centros de trabajo. El 22 de julio se produce una escalada de la violencia: los tiroteos no cesaron desde las doce de la mañana hasta las ocho de la noche. Una hora más tarde se dictó el estado de guerra, con la consiguiente suspensión de garantías y la asunción del poder en manos del Ejército. La madrugada del día 23, cuatro trabajadores son asesinados en el Parque María Luisa, sin determinarse claramente si por acción de la guardia civil o de los derechistas. A lo largo de la misma jornada, las autoridades militares bombardean la Casa Cornelio pese a que la estabilidad había retornado a Sevilla. Se redujo a cenizas, así, el local de reunión de los organizadores del movimiento obrero, a modo de escarnio al pueblo.

Cuando esto ocurre Antonio Jaén Morente es diputado en las Cortes Constituyentes de la Segunda República por la provincia de Córdoba. Este prolífico historiador nació en Córdoba (1879). Durante 1931 fue gobernador civil en Málaga y en su Córdoba natal. El Ministro de la Gobernación de entonces, el conservador Miguel Maura, le reprochó su condescendencia hacia las quemas de iglesias perpetradas durante esta etapa. Antonio Jaén perteneció a la Derecha Liberal Republicana (el partido fundado por el primer Presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora), el Partido Republicano Radical Socialista y la Izquierda Republicana de Manuel Azaña, ya en 1936. Intelectual y político incansable, fue uno de los primeros andalucistas históricos y apoyó a Blas Infante en la campaña autonomista. Al poco de caer en manos de las tropas sublevadas en 1936, el Ayuntamiento de Córdoba lo había nombrado «Hijo maldito de la Ciudad». Queipo de Llano pidió su cabeza en algunas de sus alocuciones radiofónicas. No debe extrañar, pues, que falleciera en San José de Costa Rica (1964). También había sido diputado de la República en el exilio bajo la presidencia de Martínez Barrios.

Como miembro de la Comisión de investigación creada ad hoc para esclarecer la verdad, rindió cuentas al Congreso de las conclusiones obtenidas. Había trascurrido un mes desde los trágicos sucesos sevillanos cuando Jaén Morente decidió describirlos como «neurosis revolucionaria». En su opinión, había sido generada por la incomprensión atrabiliaria de las autoridades civiles ante una huelga legítima y de sector, lo que reflejaba los endémicos problemas de Andalucía.

Dividió su intervención parlamentaria en dos partes. En la primera relató los hechos probados y los indicios de delito atisbados por los miembros de la citada Comisión. En el segundo bloque abordó exhaustivamente las causas políticas y sociales introduciendo algunas valoraciones propias, ya que discrepaba de las finalmente consignadas en el dictamen oficial. Tanto Maura como Azaña lo criticaron con dureza por su simpatía con los obreros andaluces. Es este fragmento el que me interesa rescatar, ya que no ha sido tratado con detenimiento por los distintos acercamientos a esta singular figura.

Se trata de un discurso brillante, e insólito en sede parlamentaria, acerca de las causas históricas e inmediatas del «problema andaluz».

Según el diputado cordobés, aquél, y no la cuestión religiosa ni la cuestión catalana, merece ser elevado a nudo gordiano de los conflictos de orden público que asolarían el régimen republicano. En el alegato de Jaén Morente no sólo encontramos aspectos de interés para conocer el movimiento revolucionario de 1931. Además, reposan algunas ideas relevantes sobre la historia contemporánea de Andalucía y de España, tales como la crítica a la posición colonial de Andalucía, la crítica a la República por no remover dicha condición, la búsqueda de una senda pacífica de revolución social, el enlazamiento de las luchas sociales a las luchas identitarias… Los ejemplos podrían multiplicarse. Queda a juicio del lector.

Antonio Jaén Morente. Fuente.

Discurso de Antonio Jaén Morente sobre las causas del problema andaluz

Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes, 21 de agosto de 1931, nº. 25, págs. 551-553.

«Las causas de los sucesos. Las causas, como dije al principio de la discusión de este dictamen, en mi opinión modestísima, tienen que salir de la presentación ante la Cámara de un modo sintético y claro del problema andaluz y también del del orden público dentro de la República. Relacionadas con el problema andaluz son simplemente las cualidades raciales de los habitantes de aquella tierra, envenenadas por prédicas de audacia y prédicas de revolución; porque en nuestra tierra, en la tierra andaluza, perdura, y ha existido siempre, un feudalismo político y económico, como si aquella fuera una tierra de maldición, en donde unas taifas hubieran encontrado lugar adecuado para ejercer un predominio y un señorío perpetuo. Por consiguiente, como causa, existe un elemento primario, algo que no es imputable a ninguno de nosotros. Es una cosa secularmente histórica, es el abandono total de un pueblo, es la crucifixión de un pueblo en el que todos los españoles, todas las autoridades de todos los tiempos han puesto sus manos. El problema de Andalucía en su aspecto fundamental es histórico y geográfico. La tierra andaluza (no temáis que yo venga a poner aquí cátedra de Geografía) es, en lo fundamental, la cuña del Guadalquivir con sus ricos caudales. Y debajo de la cuña se encuentran todos los esos lugares de Montilla, la campiña jerezana, Estepa, La Rinconada, Coria del Río, todo lo que constituye la Andalucía auténtica y vibrante, toda la solera de la tierra andaluza. Y allí, en nuestra tierra andaluza, de la cual no está hecha todavía completamente bien, exactamente, la historia en su contenido social, sería inútil que lo buscarais en cualquiera de los epítomes, hay una formidable tradición de rebelión, porque históricamente considerada, Andalucía es producto de una colonización. Andalucía ha sido colonizada desde el siglo XIV casi sin interrupción hasta nuestros días por gentes del Norte. Ha perdurado este espíritu de colonización y así nos encontramos con esa fuerza de emoción a la que siempre responde Andalucía; y un día es Fuente-Ovejuna, en la prehistoria del movimiento social andaluz, y en el siglo XIX son Salvochea o son los sucesos de Jerez, de Lebrija, de Loja, todos esos movimientos de que hago mera mención, porque no voy a hacer la historia de Andalucía. Son cosas que saben todos los Sres. Diputados, como saben también que en 1872 se celebró allí el primer Congreso Anarquista del mundo. Son simples antecedentes que yo quiero traer a la consideración de la Comisión y del Parlamento, porque son de alto interés, como causas de carácter histórico, como la infrahistoria, que va por debajo.

Después vienen las causas inmediatas: la proclamación de la República. La República ha sido la esperanza eternamente desesperanzada. El campesino andaluz, hombre de sensibilidad de sol, de vibración espiritual enorme, sin cultura, secas de raíces del sufrir, lo aguardaba todo de la República y no tuvo la fuerza, ni la contención, ni la serenidad de ánimo necesarias para aguardar pacientemente a que la República pudiera dar cumplimiento en su día a sus promesas y a sus compromisos. Y caminó al ritmo a que ha caminado con la República la Nación entera, que si el 12 de Abril votó contra la Monarquía, el 10 de Mayo afirmó con los sucesos de Madrid y de Málaga su sentido radical, de igual modo que el 28 de Junio afirmó su sentido social. Caminó a ese ritmo, en plenitud de guerra social, porque allí [en Andalucía] no hay guerra civil, como ha dicho el Sr. Bastos en su informe al Gobierno; es una guerra social que viene organizada genésicamente desde los principios de la Reconquista hasta nuestros días, guerra social que tiene vibraciones en todos los movimientos y que se refleja incluso en los romances y en las coplas. Quiero recordar ahora una copla que se canta en Andalucía, que indica perfectamente el sentido de vibración de nuestra tierra, esa copla que dice:

¡Cuándo querrá Dios del cielo

que la Justicia se vuelva

y los pobres coman pan

y los ricos coman hierba!

He cambiado el consonante por respeto a la Cámara; pero ese anhelo que la copla refleja tiene hondas raigambres, todo el sentido social de la tierra andaluza.

No hay más que un solo fondo en todo el sentido andaluz. Yo creo sinceramente que no se han de molestar conmigo los comunistas, los socialistas ni los sindicalistas, si les digo que el obrero andaluz, de una manera fundamental, no pertenece a ninguna de esas Agrupaciones sociales y políticas; que en el fondo de su alma no es más que ese rebelde, ese formidable rebelde que se manifiesta en todos los tiempos de su historia, porque tiene el sentido de lo que ocurría en su tierra, donde ha pasado casi siempre que unos pocos lo han tenido casi todo, y unos muchos no han tenido ni tienen casi nada.

Colocada esta causa inmediata en su sitio, voy a hablar también de otra. No quería hacerlo como miembro de la Comisión, pero las circunstancias me han obligado a ello; me refiero al gobernador Sr. Montaner.

La Comisión, de un modo espontáneo con relación al Sr. Montaner, recibió de éste una declaración, en la cual se sinceró, de manera clara y perfecta (al menos, en mi opinión), de su actuación en la provincia de Sevilla. Pero nosotros no entrábamos ni salíamos en esto; ni siquiera teníamos a nuestro cargo el haberle aludido. Solamente había en la Comisión –debo decirlo– esta declaración del gobernador Sr. Bastos, que es la que se refiere concretamente al Sr. Montaner. Se le preguntó cuál era la alusión que había hecho al Sr. Montaner, contestando: «En mi Memoria hablo de algo más que tolerancia gubernativa; hablo de protección decidida. Me refiero a que cuando yo llegué aquí, me enteró todo el mundo y pedí informes por los registros de las Sociedades, de que en el momento de instaurarse la República había una serie de Sociedades obreras que tenían una cierta preponderancia durante la actuación de mi antecesor, respecto de la cual no tengo por qué entrar a juzgar con detalles, no conozco más que este hecho y éste le critico sin eufemismos, a rajatabla, y esas Sociedades fueron disminuyendo hasta quedar aniquiladas, y, en cambio, ahora, las Sociedades de la Confederación Nacional del Trabajo son tantas como las que antes existían de la Unión General de Trabajadores. Los elementos socialistas de aquí me indicaron la labor nefasta del anterior gobernador en ese sentido, y los resultados que yo he cosechado están a la vista y me dan motivo para pensar que yo soy el español que ha venido –y no me meto a determinar si él se equivocó o no; me refiero a los hechos concretos– aquí a que le estalle la bomba en sus manos. Aquí existía una organización muy bien establecida de la Unión General de Trabajadores, y desde que llegó el señor Montaner, fue aniquilada. Esas Sociedades me han hablado de que recibían trato de disfavor y, en cambio, merecían toda clase de protección las organizaciones sindicales. Como después de esto he visto el resultado de toda esa labor, tengo el perfecto derecho, como el primero de todos los españoles, a decir que este señor hizo una labor terrible y que a mí me ha explotado la bomba en las manos». Esto es lo que dice el Sr. Bastos (…).

Otra cosa que no puedo silenciar fueron las predicaciones con motivo de la lucha electoral. En esas predicaciones se distinguió más que nadie el comandante Sr. Franco [se refiere al famoso aviador Ramón Franco, que formó parte de algunas candidaturas republicanas andaluzas junto a figuras como Ramón Rexach, Pablo Uztarroz o Blas Infante]. Es un hecho perfectamente comprobado. Yo tengo un grandísimo respeto –no tengo por qué ocultarlo– a la gloria pretérita del Sr. Franco, pero digo también que me parece que la maneja con idéntica inexperiencia que manejó las palabras explosivas que, sin razón, sin motivo y sin derecho, lanzó sobre el campo de Andalucía.

Queda también una cosa interesante sobre la cual quiero llamar la atención de la Cámara; una cosa de la cual se ha hablado: de la mayor o menor intervención de ciertos elementos monárquicos en los asuntos de Sevilla; es decir, si hubo o no hubo dinero o fuerza monárquica. En cuanto a eso, no tenemos tampoco más que los indicios. Hay una declaración del comandante Olaguer [sic] en que preguntándole si había allí en Sevilla, pistoleros forasteros, contestó del modo siguiente: «Aquí hay pistoleros de todas clases, buenos y malos; pistoleros ful y pistoleros verdad, y se ha disparado desde muchas casas buenas y desde muchas casas malas.» (…)

(…)

En este sentido, cuando hablamos de las causas y de los remedios andaluces, yo digo que no encuentro más que un solo remedio: devolver a aquella tierra de Andalucía la plenitud de justicia a que tiene derecho; el pueblo andaluz pide justicia y también autoridad con toda la fortaleza y la dureza posible y exigible, porque hay un secreto a voces, que no ha declarado ante la Comisión pero que se dice en toda Andalucía: que la gente ha asistido a la llamada ley de Fugas como se asiste al desarrollo de un folletín o de una película trágica. Simplemente, nada más que esto: Piden, y lo dicen claramente, y lo dicen muchos, la acentuación de justicia y de fuerza precisa para poder vivir en Andalucía. Yo no comparto exagerada ni injurídicamente [sic] este criterio, pero al oírlo me preguntaba si mi pueblo se había sentido suficientemente cruel para no conmoverse ante estas manifestaciones y buscaba en él la crueldad del cobarde y encontraba simplemente que este ambiente es también del proceso histórico andaluz, más que nada de del proceso histórico español, de ese proceso histórico que ha dejado impunes en Barcelona todos los años de cruenta criminalidad de pistoleros. Esa impunidad ha acostumbrado al pueblo español, y el pueblo andaluz también tenía muy cerca otra escuela de crueldad, la que estaba al otro lado del río, porque allí el mar es un río, en Marruecos, donde en la guerra colonial, como en todas las guerras coloniales, so capa de pretexto y humanidad, se han realizado los mayores crímenes de lesa humanidad.

(…)

Yo siento vibrante, ante todo y sobre todo, mi alma andaluza; no en balde en la lista de obreros andaluces han pasado su turno de dolor mis antepasados; no en balde, durante veinte años, he convivido, luchando contra el antiguo régimen, con esos obreros que hoy se encuentran enfrente de los otros (…)».

____________________________________________________

Bibliografía|

ÁLVAREZ REY, Leandro: Los diputados por Andalucía de la Segunda República, 1931-1939, tomo II, Sevilla, Centro de Estudios Andaluces, 2009.

Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes, 21 de agosto de 1931, nº. 25, págs. 551-553.

MARTÍNEZ RIAZA, Ascensión: “El desarraigo inevitable. Jaén Morente, un intelectual republicano español en el exilio americano”, en DELGADO LARIOS, Almudena (coord.):Conflictos y cicatrices: fronteras y migraciones en el mundo hispánico, Madrid, Dykinson, 2014.

MAURA, Miguel: Así cayó Alfonso XIII, Madrid, Marcial Pons, 2007.

TORIBIO GARCÍA, Miguel: “Antonio Jaén Morente y el andalucismo histórico”, en Andalucía en la historia, nº. 14, 2006.

WATANABE, Masaya: “El límite imposible de un republicano cordobés, Antonio Jaén Morente (1879-1964)”, en Cahiers de civilisation espagnole contemporaine, nº. 2, 2015. Disponible en línea: http://ccec.revues.org/5365.

Redactor: The Social Science Post

Escribe thesocialsciencepost.com en colaboración con Témpora Magazine. "Acercar los sesudos estudios doctrinales, clarificar lo aparentemente ininteligible para unos pocos doctos, y acercarlo a la divulgación y al conocimiento general, desde una perspectiva crítica y a la vez lo suficientemente rigurosa, se convierte así en nuestra principal tarea."

Comparte este artículo

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current ye@r *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR