El poder real en la Corona de Aragón durante la Baja Edad Media (siglos XIV-XV)

Dentro del especial que Témpora Magazine quiere dedicar al poder en el mes de marzo, vamos a repasar las diversas manifestaciones de poder que se pueden observar en la corona aragonesa medieval.
Para comenzar debemos de situar geográficamente el espacio que nos ocupa el presente estudio. En el siglo XIV la Corona de Aragón abarcaba el territorio de las actuales comunidades autónomas de Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares, a lo que habría que sumar desde la década de los años 20 del siglo XIV la isla de Cerdeña, los ducados de Atenas y Neopatria durante algunos años, y ya en la siguiente centuria, concretamente desde 1409, la isla de Sicilia (que desde 1302 era gobernada por una rama colateral de la Casa de Aragón) y Nápoles, que no caería definitivamente en manos aragonesas hasta el reinado de Fernando el Católico[1].

Sin embargo, y desde la conformación de la propia Corona de Aragón en el siglo XII, nos vamos a encontrar ante un conglomerado de Estados que solo tienen un único punto en común: la ‹‹figura regia››, difiriendo los Estados de la corona entre sí en todos los demás aspectos tales como leyes, asambleas, moneda… Nos encontramos pues, ante un auténtico Estado ‹‹confederado››, en el que a diferencia de los Estados vecinos, como es el caso de la Corona de Castilla, no existían órganos de unidad entre los distintos Estados, teniendo los reyes que convocar cortes individuales para los distintos reinos. La Corona de Castilla tenía unas cortes únicas.

Representación de la coronación regia en un manuscrito del siglo XIV. "Fuente", propia del autor.

Representación de la coronación regia en un manuscrito del siglo XIV. “Fuente”, propia del autor.

A diferencia del caso castellano, y esto se dará sin interrupción hasta el reinado de Fernando el Católico (1479-1516), la monarquía aragonesa va a estar muy delimitada, no en el ejercicio del poder regio, sino en el ejercicio del poder de forma autoritaria, como se ejercía en Castilla o Francia. Pero, como he mencionado antes, el poder regio es algo indivisible a la figura del monarca, y según el marco geográfico y las circunstancias históricas determinadas, se ejercerá de una manera u otra. A finales del siglo XIII ya encontramos, en palabras del historiador catalán Maravall: ‹‹un paso del régimen feudal al corporativo››, que se observa en los comentarios a los ‹‹Usatges››[2] de Barcelona, de Pere Albert, donde ya aparece el rey en un status superior al propio de los reyes feudales (se le menciona como señor de la tierra).

Durante los reinados de Jaime II (1291-1327) y Pedro IV el Ceremonioso (1336-1387), se llevó a cabo un fuerte proceso de definición doctrinal del poder regio, en el que, y siguiendo a autores como Vicens Vives y J, Reglà, el apoyo catalán fue clave para que estos proyectos pudieran progresar, a la vez que se  ve poco entusiasmo en el Reino de Aragón (donde la alta nobleza tenía mucho peso) y una decidida oposición al incremento del poder regio en el Reino de Valencia. Ya desde finales del siglo XIII, Jaime II había iniciado una agresiva política exterior, principalmente contra Castilla, para la cual el rey había prácticamente desbancado el poder de concesión de subsidios económicos de las cortes. Su sucesor, Alfonso IV (1327-1336), se embarcará en la costosa conquista de la isla de Cerdeña, empresa que no gozo de mucha simpatía dado a estos elevados costes. Durante el reinado de Pedro IV se redactaron una serie de ordenanzas reales sobre la ceremonia de coronación y presentación regia, las cuales clarísimamente buscaban la acentuación del poder regio de una manera que nunca antes se había visto en la Corona de Aragón.

Tanto los nobles aragoneses como los ciudadanos valencianos se unirán en ligas contra el rey, siendo estas últimas totalmente derrotadas por el Ceremonioso en 1348. Sin embargo, el rey Pedro IV, en la segunda mitad del siglo XIV, hubo de enfrentarse a la mayor crisis que jamás se había enfrentado la Corona de Aragón: la guerra contra Castilla iniciada en 1356 (conocida como la Guerra de los dos Pedros), que sin lugar a dudas a punto estuvo de acabar la corona aragonesa. El rey hubo de ceder ante la presión de las cortes y ciudades de sus Estados para obtener un mayor apoyo financiero, lo cual consiguió a pesar de tener que entregar la gestión de las finanzas de los reinos a las distintas cortes territoriales de la corona. También es ahora cuando surgen las ‹‹diputaciones›› o ‹‹generalidades››, órganos de gobierno que, a diferencia de las cortes que se reunían periódicamente, estas eran permanentes y en ellas recayó el control fiscal. En el último tercio del siglo XIV se producirá, además, la decadencia política y económica de Cataluña frente a los otros Estados de la corona, por lo que los reyes perderán poder frente a los otros reinos.

Que Cataluña ya no era el motor de la corona quedó reflejado en el compromiso de Caspe. En 1410 había muerto el rey Martín I el humano sin descendencia, extinguiéndose con él la línea directa de los reyes de la Casa de Aragón. Los reinos de la Corona enviaron sus representantes a la ciudad aragonesa de Caspe, en donde durante dos años se discutió quién sería rey de Aragón. Dos eran los principales candidatos: Jaime, conde de Urgell, perteneciente a una línea secundaria de la casa real; y el infante castellano Fernando, hijo de Juan I de Castilla y de Leonor de Aragón, hija de Pedro IV de Aragón, llamado ‹‹de Antequera›› (por la plaza nazarí que había conquistado como regente del joven rey Juan II de Castilla en 1410). Pese a pertenecer a la Casa de Trastámara, Fernando era el descendiente más directo del último rey aragonés (era sobrino de Martin I y nieto de Pedro el Ceremonioso), por lo que finalmente fue designado como rey en 1412.

el rey Pedro IV representado en un retrato del siglo XIX. "Fuente".

El rey Pedro IV representado en un retrato del siglo XIX. “Fuente”.

Los Trastámaras intentaron establecer un régimen autoritario similar al de Castilla aunque, como afirma el profesor Miguel Ángel Ladero Quesada, los monarcas de la casa de Trastámara nunca atentarán contra las instituciones de la corona para conseguir sus propósitos; es más, en algunos casos se reforzó, como por ejemplo con el ‹‹pactismo›› practicado por el ya rey Fernando I (1412-1416), y durante los primeros años de su hijo Alfonso V (1416-1458), el cual consiguió que instituciones como la Generalidad de Cataluña prestaran un apoyo casi incondicional a muchos de los proyectos políticos de los reyes, principalmente en los referentes a la política exterior.

Alfonso V fue un rey que desde casi el mismo comienzo de su reinado solo aspiró a un propósito, que no era otro que el de ser coronado rey de Nápoles. Esta empresa no podría llevarse a cabo sin la buena voluntad de las cortes y Estados de sus reinos, por lo que desarrollo una política de total colaboración con los órganos estatales, hecho que queda reflejado en las cortes de valencia de 1419. En ellas concede a las mismas numerosos privilegios a cambio de que apoyen al monarca en un conflicto naval que estaba gestando contra el principal rival de Aragón en el Mediterráneo occidental: GénovaGema Belia Capilla Aledón[8] señala:

‹‹A partir de las pretensiones al trono napolitano, desde 1423, momento en que Juana II Durazzo negó los derechos sucesorios de Alfonso al mismo y, principalmente, desde 1435, año de la muerte de la reina napolitana, Alfonso el Magnánimo puso en activo un programa político-cultural destinado a crear un discurso de su imagen con el que legitimar sus derechos al Reino de Nápoles, sus movimientos en la política internacional y con el que representarse tanto ante sus contemporáneos como ante la posteridad.››

Como muy bien se afirma en la cita, esa imagen que Alfonso V propaga sobre sí mismo calará hondo en los reinos hispánicos, quienes no dudarán en prestar todo tipo de apoyo a la campaña bélica de conquista del reino de Nápoles entre 1435 y 1443.

Representación de Alfonso V en un retrato del siglo XVI. "Fuente".

Representación de Alfonso V en un retrato del siglo XVI. “Fuente”.

Durante el reinado de Fernando II el Católico (1479-1516) comienza el declive de la monarquía pactista en detrimento del autoritarismo regio de corte castellano, que perdurará a lo largo de la Edad Moderna. Principalmente van a ser las ciudades y las generalidades las que entrarán en conflicto con la autoridad regia, llegando a extremos tales como a amenazar públicamente al rey católico, e incluso sufriendo en diciembre de 1492 un atentado en Barcelona, que no acaba en regicidio gracias a la gruesa cadena del Toisón de Oro que consigue frenar el golpe de la daga. Este atentado es atribuido a un demente que es rápidamente ajusticiado, aunque no se sabe con seguridad si había un móvil político detrás.

Valencia va a ser una de las ciudades que más resistencia mantendrá ante la política autoritaria de Fernando II; tanto es así que incluso en 1515 el consejo de la ciudad y la generalidad de Valencia publicarán una recopilación de todos los privilegios reales de la ciudad y Reino de Valencia con el nombre de ‹‹Aureum opus regalium privilegiorum civitatis et regni Valentie›› (cuya traducción castellana sería ‹‹Recopilación de las regalías y de los privilegios de la ciudad y Reino de Valencia››), lo cual constituía un desafío a la autoridad regia, ya que solo el rey podía autorizar y aprobar la impresión o redacción de las leyes y privilegios siempre y cuando las ciudades, cortes, audiencias o generalidades lo demandasen y él tuviera a bien concederlo.

Así pues, y como conclusión, podemos establecer cuatro fases en el proceso de consolidación de la autoridad regia en la Corona de Aragón durante la Baja Edad Media: una primera que abarcaría desde finales del siglo XIII hasta comienzos de la Guerra de los dos Pedros, en la cual los monarcas, siguiendo una dinámica de los reinos vecinos como Francia o Castilla, intentan aumentar su poder en detrimento de los órganos de gobierno. Principalmente en este periodo las cortes de los distintos reinos (Aragón y Valencia) promocionarán la formación de uniones y ligas contra el autoritarismo regio; una segunda etapa iría desde la Guerra de los dos Pedros hasta la muerte del rey Martin I en 1410, en donde el poder regio cede muchas prerrogativas a los órganos gubernamentales, aparejado este proceso con la decadencia política y económica del Condado de Barcelona, principal núcleo territorial de la corona en favor de las políticas autoritarias de los monarcas; un tercer periodo arranca con la dinastía Trastámara hasta la entronización de Fernando II en 1479, en el que vemos la búsqueda de compromisos que satisficieran tanto al rey como a las instituciones, aunque estuvieran orquestados desde la corona como medios para la ejecución de las empresas monárquicas; y una cuarta fase, que abarcaría no solo el reinado de Fernando el Católico, sino que se extendería a lo largo de los siglos XVI y XVII, caracterizada por el triunfo final del autoritarismo regio en detrimento de las instituciones, siendo un buen ejemplo de este autoritarismo regio el ajusticiamiento del Justicia Mayor de Aragón Juan Lanuza durante el reinado de Felipe II.

[1] Concretamente hasta el año 1503, en el contexto de las guerra italianas de finales del siglo XV y principios del XVI. Para más información sobre la conquista de Nápoles por el rey Fernando el Católico véase la obra del escritor aragonés del siglo XVI Jerónimo Zurita, publicada originalmente en 1580, “Historia del rey Don Fernando el Católico. De las empresas y ligas de Italia”, cuya edición crítica de la Institución Fernando el Católico de 1999, puede consultarse en el siguiente enlace: http://ifc.dpz.es/publicaciones/ebooks/id/2423

[2] Los Usatges eran las recopilaciones de leyes del Condado de Barcelona desde el siglo XI, desde tiempos del conde Ramón Berenguer I.

 

Bibliografía|

CAPILLA ALEDÓN, GEMA BELIA, “El poder representado: Alfonso V de Aragón (1416-1458)”,  Res Publica Nº 18. Murcia: Universidad de Murcia, 2007, pp. 375-394.

GIMENO, F. M.; GOZALBO, D.; TRENCHS, J., (eds.), “Ordinacions de la casa i cort de Pere el Ceremoniós”, Valencia: Universidad de Valencia, 2009.

QUESADA, MIGUEL ÁNGEL, “El ejercicio del poder real: instituciones e instrumentos de gobierno”, Actas del XV Congreso de historia de la Corona de Aragón (Jaca, 20-25 de Septiembre de 1993), tomo I, volumen 1º. Zaragoza: Diputación General de Aragón, 1994.

RODRIGO LIZONDO, MATEU (ed.), “Diplomataria de la Unió del Regne de València (1347-1349)”, Valencia: Universidad de Valencia, 2014.

SÁNCHEZ MARTÍNEZ, Manuel, “Pagar al rey en la Corona de Aragón durante el siglo XIV: estudios sobre fiscalidad y finanzas reales y urbanas”, Barcelona: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2003.

VELA I AUSELA, Carles, “Corona de Aragón, potencia mediterránea: expansión territorial y económica en la Baja Edad Media”, Barcelona: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2003.

Redactor: José Marcos García Isaac

Licenciado en Historia por la universidad de Murcia y máster en Estudios Medievales por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente estoy realizando el doctorado en Historia Medieval en la Universidad Complutense de Madrid. Principales temas de interés: Historia jurídica (europea en general), diplomática (principalmente de la Corona de Aragón), naval (de la Corona de Aragón) y ordenes de caballería monárquicas durante la Baja Edad Media.

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3 Comments

  1. Buenas. Me ha parecido muy interesante tu artículo, y creo que además es un tema de actualidad. Sin embargo, querría saber qué opinas sobre el poder en la Corona de Aragón. ¿Crees que la coexistencia del poder regio con el local o institucional se debe a una tradición “cívica” de los pueblos, o más bien es una consecuencia de la debilidad del poder real? Muchas gracias.

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    • Hola Buenas tardes. En mi opinión la situación institucional de la Corona de Aragón es debida a una debilidad del poder monárquico. En el Reino de Aragón la nobleza fue muy poderosa, y en el condado de Barcelona lo fue la ciudad de Barcelona, que en la práctica monopolizó todo el poder en el condado. Ante esta situación, desde la época de Jaime I los monarcas necesitaron constantemente el apoyo de los nobles y las ciudades, pues el patrimonio de los reyes no era suficiente para obtener el necesario poder fiscal y militar para las diversas actividades de los monarcas (formación de ejercito, construcción de flotas, etc.).
      Gracias por tu comentario.
      Un saludo.
      José Marcos García Isaac.

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      • Muchas gracias por tus aclaraciones José Marcos. Un saludo.

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