¿El poder en las sociedades cazadoras-recolectoras? Algunas reflexiones en torno a este confuso tema

Lo que aquí sigue es una pequeña reflexión en torno al poder en las sociedades cazadoras-recolectoras, con el fin de rastrear este concepto a lo largo de la historia en sucesivos artículos monográficos del número de marzo de la revista Témpora.

Michel Foucault. Fuente

Michel Foucault. Fuente

Comenzaremos con una aclaración. El concepto poder en la teoría social es polisémico: podemos estar refiriéndonos a diferentes aspectos según lo integremos en un marco teórico u otro. Partiremos de la concepción de Michel Foucault como autor más influyente en el actual estudio de este concepto. Entendemos que abordar teóricamente la concepción del poder nos ayudará a acotar nuestras reflexiones sobre su manifestación en sociedades prehistóricas. Según Foucault, por poder entendemos no una institución, sino ‹‹relaciones, una red más o menos organizada, jerarquizada, coordinada››inserta en un (des)equilibrio de fuerzas; a nivel individual, es la relación en que un sujeto intenta dirigir la conducta de otro en un marco social de relaciones de poder. Foucault entiende el poder como una categoría relacional, propia de toda sociedad, no sólo como elemento coercitivo, sino como hecho que crea verdades, placeres, discursos identitarios:

‹‹hay que considerarlo como una red productiva que pasa a través de todo el cuerpo social en lugar de como una instancia negativa que tiene por función reprimir››

El reto será intentar aplicar este concepto, que ha sido teorizado para sociedades capitalistas —como sistema continuo de control y recreación de los individuos de una sociedad—, a sociedades cazadoras-recolectoras.

Frente a esta concepción de poder encontramos otra más clásica, entendido como coerción y dominación de un grupo o individuo sobre el resto de la sociedad o un fragmento de ella. Poder relacionado con conceptos tales como complejidad social, jerarquización o el surgimiento del Estado.

Es evidente que la concepción de poder foucaultiana abre la vía para que éste se considere un elemento rastreable a lo largo de la historia, incluso en sociedades cazadoras-recolectoras, tal y como vemos en la obra de Clive Gamble. El autor, desde una posición posmoderna, considera que el surgimiento de la complejidad y el poder se daría en los grupos cazadores-recolectores del Paleolítico SuperiorHomo sapiens sapiens—. Vemos que, como el concepto de poder, el de complejidad también se hace extensivo a toda manifestación social, no siendo menos la de los cazadores-recolectores. Niega la idea de que en el Paleolítico no haya relaciones de poder, sino que sí las hay al haber vida social. Según Gamble, el poder como institucionalización social de normas y de proyección del individuo, es decir, como algo intrínseco a la vida social, siempre ha estado presente en los grupos cazadores-recolectores. No obstante, afirma que en el Paleolítico Superior se ponen las bases para que surja el poder de individuos. Así, las formas de actuar por el individuo, si bien siguen constreñidas por el grupo, se multiplican y se expanden, dando lugar a formas de poder personal e institucional. Desde este punto de vista, el poder es un continuum en la historia, moviéndose, ampliándose o institucionalizándose en determinados momentos, apareciendo el concepto clásico de poder personal en el sentido político.

Venus Paleolítica de Lespugue. Fuente

Venus Paleolítica de Lespugue. Fuente

Por su parte, vemos que Lewis Binford, en su obra En busca del pasado, asocia la existencia de sociedades complejas (jerarquizadas) con la existencia de poder en algún miembro (denominado gran-hombre) que lo obtiene en base a cierto status alcanzado mediante la competición entre sus iguales. El autor utiliza un concepto de poder entendido como cualidad personal en relación al conjunto social en un sentido de poder político uni-personal que no señala para grupos cazadores-recolectores. No obstante, en la bibliografía prehistórica se han intentado rastrear manifestaciones materiales —arqueológicas— que nos hablen de este concepto de poder; y éstas también se encontrarían en grupos cazadores-recolectores: manifestaciones rituales, ‹‹artísticas››, simbólicas diferenciales entre unos miembros y otros de las comunidades, que se explica por la existencia de diferentes posiciones sociales, status, identidades corporativas, etc. Por nuestra parte, para los grupos cazadores-recolectores, es la arqueología feminista la que más ha profundizado en las diferencias internas entre grupos de una comunidad, aflorando cierto poder o dominación en un sentido que nos servirá para centrar las reflexiones finales.

Desde la arqueología feminista marxista del grupo de Barcelona (Assumpció Vila, Jordi Estévez, Pedro Castro, Raquel Piqué i Huerta o Trinidad Escoriza) se ha destacado que en los grupos cazadores-recolectores sí existe una coerción social, en concreto, hacia el control de la reproducción de la sociedad; es decir, hacia el cuerpo de las mujeres y su sexualidad, ya que un aumento de la reproducción conllevaría el fin del grupo. Esta disimetría social la han rastreado en una labor etnoarqueológica en grupos cazadores-recolectores de Tierra del Fuego en un proyecto en activo que augura interesantes resultados en cuanto se multipliquen los casos de estudio. Así, sin aludir directamente al concepto de poder, sí hacen referencia a cierta coerción en grupos cazadores-recolectores de una manera muy concreta. Estas reflexiones podemos considerarlas interesantes para entender cómo utilizar el concepto de poder en grupos prehistóricos cazadores-recolectores.

Como intentamos mostrar en el corto espacio de que disponemos, rastrear el poder en los grupos cazadores-recolectores se vuelve algo complejo y problemático. No obstante, me gustaría terminar con algunas reflexiones que ayuden a profundizar en el mismo:

- Debemos alejarnos de términos confusos como jerarquización o poder sin acotar su significado.

- Consideramos el poder no como algo absoluto o inmanente, alejándonos del concepto que utiliza Gamble, en la línea de su teoría del individuo; ya que entendemos que en sí la vida social impone normas y ‹‹reglas del juego›› que son propias de la vida social en un determinado contexto histórico y socio-económico, por lo que aludir a la cuestión de poder debe conllevar otras matizaciones sociales.

- El poder sería una relación entre componentes de una sociedad en la que unos dominan y otros están subordinados, logrando los primeros imponer a los segundos su voluntad, sus creencias y sus intereses, creando espacios asimétricos y desiguales. El concepto de poder, así, trascendería el carácter transhistórico que vemos en autores como Gamble o ciertas interpretaciones de Foucault. Este poder, que debemos contextualizarlo históricamente, no se da sólo en una esfera de la sociedad —la política—, sino que la recorre toda, como bien ha demostrado Foucault.

Grupo de cazadores-recolectores fuente

Grupo de cazadores-recolectores Nukak, de la Amazonía colombianafuente

- Para avanzar, si bien el concepto de poder foucaultiano elude de forma explícita —debido al contexto del autor francés—, la cuestión de dominación de clase o dominación de un grupo social por el otro, consideramos que hay que rastrear esta dominación y que sólo enmarcándola y contextualizándola en ella es posible hablar de poder de manera concreta. Sobre todo para el trabajo arqueológico.

- Para el caso que nos ocupa, las sociedades cazadoras-recolectoras, es extendida la idea de que no se desarrollan relaciones de poder en un sentido de existencia de desigualdades sociales o explotación. De hecho, los grupos cazadores-recolectores basan sus normas sociales en la reciprocidad y en el mantenimiento del grupo humano en su conjunto, estando sancionado el apoyo mutuo, para compensar una producción restringida. La banda, además, como categoría del sistema tripartito banda-tribu-jefatura-Estado, se ha considerado tradicionalmente como el modelo social más simple y sin apenas divisiones en su seno.

- Esto no nos puede hacer negar la existencia de diferencias sociales y tensiones que dichas normas sociales tenderían a disipar, así como gérmenes de desigualdades futuras que pueden manifestarse en disímiles manifestaciones simbólicas (estatuillas de mujeres, grabados y representaciones pictóricas paleolíticas) o en la división del trabajo que la arqueología feminista se ha esforzado por rastrear en el registro arqueológico y que la antropología muestra. Así, en los grupos cazadores-recolectores existen liderazgos personales, status sociales y diferencias sexuales que conllevan diferente acceso a los productos, a los objetos, etc.

- En este sentido, nos parecen muy interesantes las aportaciones que desde la arqueología feminista se ha realizado para caracterizar ciertos grupos cazadores-recolectores. Desde la escuela de Barcelona se han realizado algunas reflexiones interesantes sobre la desigualdad social y su correlato con el dominio y la explotación, de cara a rastrearlas en la sociedad, a lo que podríamos relacionar la cuestión del poder. Afirman que la desigualdad social no tiene porqué conllevar explotación y dominio y que más bien valdría hablar de relaciones sociales disimétricas o simétricas en tanto se basen sobre la coerción o sobre la reciprocidad. Así, frente a la diversidad formal —fenoménica, expresada en el registro arqueológico: representaciones gráficas disímiles—, lo que hay que estudiar es la naturaleza de dicha diferencia, las relaciones sociales de producción y reproducción, que sí nos hablarán sobre la existencia o no de poder en el interior de las sociedad. Esta corriente arqueológica nos habla, precisamente, de que en los grupos cazadores-recolectores, exponentes de la igualdad, sí hay relaciones disimétricas de poder entre hombres y mujeres en la forma en que organizan la vida social. Esta idea, como vimos, se ha teorizado en base a trabajos de campo.

- Podemos terminar señalando que hay dos grandes teorías acerca de la existencia de relaciones de poder en los grupos cazadores-recolectores: aquella que niega de manera generalizada que hubiera relaciones de poder, al menos en el sentido en que se extienden posteriormente en los grupos tribales y estatales; y la feminista, que sí lo afirma, basándose en la desigualdad entre los sexos.

Sea como sea, algo que no podemos negar es la existencia de desigualdades sociales o diferentes prácticas sociales según los grupos de sexo o edad. Más allá de esto, la existencia o no de relaciones de poder no debe alejarnos de nuestro objeto de estudio en arqueología: la comprensión de la totalidad social y del modo en que los grupos humanos producen y reproducen su vida material; o la totalidad social, rastreando las bases materiales —sociales, biológicas, medioambientales— en que se produce la dominación o explotación al interior del grupo que conlleva (o no) y explicando cómo se transforman a lo largo de la historia.

Bibliografía|

ACANDA, JORGE LUIS, “De Marx a Foucault: poder y revolución”, La Habana: Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, 2000.

BINFORD, LEWIS, “En busca del pasado”, Barcelona: Crítica, 2004.

CASTRO, PEDRO V. y ESCORIZA, TRINIDAD, “Trabajo y sociedad en arqueología. Producciones y relaciones versus orígenes y desigualdad”, Revista Atlántico-Mediterráneo de Prehistoria y Arqueología Social, 7, Cádiz: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2004-2005.

CHAMPION, TIMOTH; GAMBLE, CLIVE; SHENNAN, STEPHENT; WHITTLE, ALASDAIR, “Prehistoria de Europa”, Barcelona: Crítica, 1988.

GAMBLE, CLIVE, “Las sociedades paleolíticas de Europa”, Barcelona: Ariel, 2001.

PIQUÉ i HUERTA, RAQUEL; VILA, ASSUMPCIÓ; BERIHUETE, MARIAN; MAMELI, LAURA; MENSUA, CARMEN; MORENO, FEDERICA; TOSELLI, ANDREA; VERDÚN, ESTER; ZURRO, DEBORA, “El mito de “la Edad de Piedra”: Los recursos olvidados”. En ESCORIZA, TRINIDAD; LÓPEZ, MARÍA JUANA; NAVARRO, ANA. (Eds.), Mujeres y Arqueología. Nuevas aportaciones desde el materialismo histórico: Homenaje al profesor Manuel Carrilero Millán, pp. 59-103., Sevilla: Consejería de Cultura, 2008.

SÁNCHEZ VÁZQUEZ, ADOLFO, “Entre la realidad y la utopía: ensayo sobre política, moral y socialismo”, La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2006.

VARGAS, IRAIDA, “Arqueología, Ciencia y Sociedad”, Caracas: Editorial Abre Brecha, 1990.

VILA, ASSUMPCIÓ, “Política y feminismo en arqueología prehistórica”, Revista Atlántico-Mediterráneo de Prehistoria y Arqueología Social, 13, Cádiz: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2011.

Redactor: Sergio Almisas Cruz

Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla. Finalizado el Máster de Patrimonio Histórico Arqueológico de la Universidad de Cádiz. Actualmente investiga sociedades tribales neolíticas en el ámbito del Estrecho de Gibraltar en el grupo PAI-HUM-440 asociado a la Universidad de Cádiz.

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2 Comments

  1. Muy interesante y muy buenas reflexiones finales. Hace poco tuve un rifirrafe con una (ehem) ilustrísima autoridad que poco menos que me insultó por sugerir que el empleo que hizo de los términos “jefatura” y “jerarquización” referidos a sociedades paleolíticas –en base a la existencia de una figura “desigual” o peculiar, como es el chamán– era un tanto arriesgado. Se lió bastante parda, la verdad, y casi se acabó debatiendo de lo humano y lo divino allí, ellos poniendo ejemplos etológicos/biológicos con respecto a la jerarquización instintiva de grupos animales de tipo manada y proponiendo como “verdad científica” lo innato del comportamiento autoritario en el ser humano. Un pifostio bastante fuera de lugar, en mi opinión. Y nada, ahí os dejo la anécdota.

    ¡Me ha gustado leerte! Seguid así, que os está quedando una revista bien chula.

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    • Muchas gracias, jota. Creo que la reflexión fundamental es que la forma en que los humanos se relacionan entre sí (y sancionan dichas relaciones con ideología) está determinado, no por elementos biológicos o genéticos inmutables (es bueno, es malo, busca el máximo beneficio, el mínimo esfuerzo, etc.), sino por el contexto social forjado en las condiciones materiales en que el grupo produce y reproduce (crea y recrea) su vida social. Todo esto podemos matizarlo y desarrollarlo; pero como reflexión y punto de partida, me parece adecuada. Un abrazo!

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