El poder de la palabra

‹‹Las palabras son testigos que a menudo hablan más alto que los documentos››

Hobsbawm

Integrado dentro del especial dedicado al poder de este mes de marzo, llega el poder de la palabra. Pretendo resaltar la importancia de la misma a través de una breve presentación de sus múltiples expresiones, así como de los vehículos mediante los que se transmite, constituyendo uno de los principales canales de poder. No está de más recordar, que pese a los múltiples debates existentes en cuanto a la diferenciación del hombre con el resto de especies pertenecientes al reino animal, la mayoría de los especialistas coinciden en que es el desarrollo de la palabra uno de los elementos inequívocos. Animales, sí; pero animales parlantes, y a partir de aquí animales culturales, ya que dando un paso más allá, podríamos atrevernos a decir que todos los seres humanos se caracterizan y diferencian por crear y desarrollar sistemas culturales más o menos complejos desde la Prehistoria hasta la actualidad.

Sin querer restar importancia al resto de manifestaciones de tipo cultural que han sido desarrollados por el hombre (en otros artículos pertenecientes a este especial se ha atendido a ellos de manera más concreta (véase el artículo La pintura del poder o Poder e identidad), en este artículo vamos a centrarnos en aquellos que surgen a raíz de la palabra, fundamental pero no exclusivamente escrita, puesto que el poder inherente a los discursos no sólo se expresa en papel.

El lenguaje está presente a lo largo de toda la Historia y Prehistoria (ya sabemos que el Homo Sapiens Sapiens estaba dotado de la misma capacidad verbal que nosotros, pues es de nuestra misma especie; de la misma forma, los últimos estudios anatómicos realizados en relación al Homo Nearderthalensis muestran la capacidad de este último para desarrollar el lenguaje verbal), aunque es durante la época contemporánea, con el desarrollo galopante de la imprenta a raíz de la revolución industrial, la aparición posterior de la radio, la televisión, y finalmente Internet, cuando la palabra ha alcanzado cotas de difusión difíciles de asumir. Hablamos de una comunicación a tiempo real, sin importar la situación geográfica. Esta difusión de la palabra, la ampliación del alcance de los medios de comunicación, así como la aparición de espacios accesibles a todos los individuos de la sociedad, ha dado lugar a una politización total de los espacios públicos-privados. Es la aparición de nuevos canales comunicativos, la difusión de discursos, el uso consciente de los mismos como instrumentos de poder (que pretenden persuadir, disuadir o paralizar) lo que ha politizado todo comportamiento.

Ejemplo de imprenta durante el siglo XIX. Fuente

Ejemplo de imprenta durante el siglo XIX. Fuente

Antes que nada, pues, es necesario atender a la evolución del libro impreso y de la palabra escrita. El poder de los mismos es innegable desde el momento en el que el Estado lo reconoce a través de la censura, que no impidió, pese a ello, la redacción y publicación de grandes obras opuestas al discurso hegemónico. Como acierta a decir Alessandro Cavaliere ya en el siglo XIX:

‹‹Podía constatarse cómo la censura afectaba de forma prioritaria a las publicaciones de más corto alcance en cuanto a su elaboración y ámbito de difusión, por la evidente razón de que una obra magna requería un período tan prolongado para su edición que las posibles consecuencias para el pensamiento social subyacían a un más largo período de reflexión››

Conforme se instala el capitalismo como sistema económico, la producción de obras va variando. Como diría Chartier, estas pasan de escribirse a ser fabricadas como un objeto más de consumo, constituyendo productos que serán o no publicados según estudios de rentabilidad. Se convierten en este momento las obras literarias, sobre todo en fuentes esenciales para la historia social, como nos adviertía Bloch en su Apología para la Historia ‹‹todo lo que el hombre dice o escribe, todo lo que fabrica, todo lo que toca puede y debe informarnos acerca de él››. Al fin y al cabo, a partir del auge capitalista, la sociedad en conjunto puede ser estudiada a través de un análisis de los productos que esta consume; dime qué consumes, y te diré quién eres.

E-book. Fuente

E-book. Fuente

En el siglo XXI, la aparición de los libros digitales disponibles de forma gratuita en Internet, permite que nos vayamos alejando de esta concepción de lo escrito como objeto de consumo, ya que el filtro editorial se esquiva y el autor puede volcar su pensamiento puro en la red. La innovación tecnológica no deja de aplicarse en pos de obtener una mayor difusión de la cultura y de la información. La introducción de los libros electrónicos o e-book, cada vez más extendido, permite un acceso más rápido que no ha pasado desapercibido por las universidades sumándose a la fiebre de las colecciones digitales.

Aunque nos centremos en la palabra escrita, no podemos dejar de mencionar en este especial el giro que durante la edad contemporánea ha experimentado la oralidad. Aunque McLuan (1962) reflexionaba en torno a la superación de la misma, el poder de la palabra, y en concreto los análisis de la retórica y los golpes de fuerza en el discurso oral, nos permiten acercarnos más a la comprensión del ascenso de determinadas ideologías, o políticos concretos a las fuerzas de poder. Como ejemplo relevante, por ser además uno de los más estudiados, nos vemos en la obligación de recurrir a la figura de Hitler, y a la importancia no sólo de los ideales que difundía a través de sus discursos, sino del cómo lo hacía, con un aumento progresivo de la intensidad y la fuerza de transmisión del mensaje con el objeto de obtener una convicción mayor, y por lo tanto una mayor recepción entre sus oyentes. No es de extrañar que existan en la actualidad centenares de cursos enfocados al desarrollo de la retórica y del habla en público, potenciados tanto desde las empresas como desde los focos de investigación universitarios. Bolter (1996) habla de hecho, de un redesarrollo de la oralidad paralelo a la evolución de la información escrita apuntando “la necesidad de percepción visual inmediata y perfecta del signo, en ausencia de mediadores y motivada por el deseo de fusión del observador con el objeto”.

En una sociedad que pretende marcar el papel de los individuos a través de la elaboración de discursos identitarios que establecen necesariamente relaciones de poder creando individuos dominantes y dominados, la consciencia de que estos discursos (hegemónicos o de resistencia) son construidos y no naturales es algo esencial y clave, para hacer posible la labor de la deconstrucción. Es por tanto, a través de la palabra desde donde se desarrollan los diferentes discursos de poder, y es precisamente a través de la misma desde donde se elabora la resistencia, tomando en el siglo XXI un papel protagonista lo subalterno, que reclama mediante la reelaboración de los discursos un papel activo.

Representantes del grupo feminista FEMEN. Fuente

Representantes del grupo feminista FEMEN. Fuente

La observación práctica de todo esto es clara en los nuevos movimientos sociales contemporáneos, si bien en los viejos y en las revoluciones también es palpable. Se busca movilizar para obtener los cambios necesarios para que se produzca la redistribución del poder político en su favor. Desde la Revolución francesa hasta la primavera árabe, es posible trazar un hilo común que parte de la difusión de determinadas ideas en el momento preciso (oportunidad política). Si en el primer momento fueron el libro impreso, y la prensa los responsables principales de la difusión de las ideas ilustradas, es en la actualidad Internet, el recurso movilizador por excelencia. El desarrollo de los medios de comunicación y del mundo digital, ha proporcionado nuevos canales a través de los cuales la palabra fluye cuestionando y creando nuevos lazos de poder e identidad.  Las nuevas redes sociales de Internet constituyen además:

‹‹Espacios de autonomía en gran medida fuera del control de gobiernos y corporaciones que, a lo largo de la historia, han monopolizado los canales de información como cimiento de su poder››

Castells

Es la cultura, la información y la palabra, es decir, los medios de comunicación y difusión cultural, los primeros que deben ser controlados en un régimen totalitario. La censura, pretende acallar las voces que presentan un discurso opuesto al hegemónico, o incluso borrar la existencia de discursos anteriores prohibiendo el acceso a determinadas obras (desde el Índex Librorum Prohibitorum de la Inquisición, hasta la Revolución Cultural de Mao). No es por esto extraño, que sea el sistema educativo lo primero en reformarse en los estados totalitarios, y en las dictaduras, propiciando además el desarrollo de una producción historiográfica afín al poder.

En definitiva, es esencial que la sociedad actual sea consciente de la importancia de la palabra y la cultura como constructora de discursos del poder. Hemos de saber, que la realidad que conocemos es construida, al igual que la identidad que adoptamos, y por tanto, también es deconstruible, siendo posible una realidad alternativa. En este proceso de deconstrucción, el desarrollo tecnológico resulta clave, por ser Internet el vehículo de difusión por excelencia de  la herramienta  más poderosa: la palabra.

Banderas de los países protagonistas de la primavera árabe. Fuente

Banderas de los países protagonistas de la primavera árabe. Fuente

 

 

Bibliografía |

CASTELLS, M., “Redes de indignación y esperanza. Los movimientos sociales en la era de Internet”, Madrid: Alianza, 2012.

CAVALIERE, A., “El libro impreso y el libro digital. Estudio sobre los modos de producción editorial en el cambio de milenio”, Alicante: Universidad de Alicante, 2005.

GAMA RAMÍREZ, M., “El libro electrónico en la universidad”, México: Alfagrama Ediciones, 2006.

PÉREZ LEDESMA, M., y CRUZ, R., “Cultura y movilización en la España contemporánea”, Madrid: Alianza, 1997.

Redactor: Blanca Entrena

Licenciada en Historia por la Universidad de Sevilla. Máster de Estudios Históricos Avanzados en Contemporánea. Especialmente interesada en estudios culturales y de género. Podéis comunicaros conmigo utilizando Twitter (@wollyblanki).

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