El patrón oro y la economía liberal en el siglo XIX

‹‹No ceñiréis sobre la frente de los trabajadores esta corona de espinas; no crucificaréis a la humanidad en una cruz de oro››

Con estas palabras pronunciadas en 1896, el candidato a la presidencia de los Estados Unidos por el partido demócrata, William Jennings Bryan, ejemplificaba la actitud de hostilidad frente al patrón oro, consolidada en torno a la gran crisis de 1873. Para entender el nexo de unión entre la crisis y el patrón oro hace falta que retrocedamos un poco en el tiempo y sentemos algunas bases sobre el funcionamiento de la economía capitalista para mediados del siglo XIX.

Adam Smith, uno de los grandes teóricos del liberalismo económico. Fuente

Adam Smith, uno de los grandes teóricos del liberalismo económico. Fuente.

El siglo XIX, en su conjunto, fue el siglo de la consolidación capitalista. La revolución industrial y la modernización de las economías hicieron que los principios rectores del mercado libre, defendidos por Adam Smith ya desde finales del siglo XVIII, se establecieran como la norma más que como la excepción. Si bien es cierto que el trayecto no se realizó de forma homogénea, sí podemos decir que, para 1870 y una vez que Inglaterra dio finalmente el paso, la mayor parte de las economías con impacto a nivel mundial abandonaron el mercantilismo y abrieron sus economías al exterior.  Esta transición es fundamental, no sólo para entender los principios de la economía del periodo que estamos tratando, sino también para rastrear los elementos históricos de la economía actual.

En términos generales, las economías mercantilistas se caracterizaban por ser economías cerradas a los productos del exterior, es decir, por aplicar altos aranceles a la importación; de este modo se apostaba por una economía de autosuficiencia que además se caracterizaba por estar fuertemente influenciada por los intereses políticos de los Estados. No era extraño encontrarse con disputas entre países transformadas en guerras arancelarias y en cierre de mercados. Por supuesto, tanto la libre circulación de mercancías como de personas y capitales era impensable.

Así pues, 1870 significó el final de las economías mercantilistas y la apertura de los mercados, proceso que a su vez, vino acompañado de la estandarización del patrón oro. Hasta la década de los 70 del siglo XIX, el único país que apostaba por una moneda monometálica, es decir, respaldada solo por el oro, era Inglaterra. La norma era mantener respaldos bimetálicos basados en el oro y en la plata. Pero con la apertura de los mercados triunfó la concepción monometálica y, en general, todos los países fueron abandonando la plata y aceptaron el respaldo fijo en oro. Esta decisión permitió un aumento exponencial de los flujos comerciales, puesto que al estar todas las monedas respaldadas con el mismo metal los tipos de cambio entre ellas eran prácticamente fijos, lo que derivaba en estabilidad y, ésta, en confianza; y la confianza es el motor fundamental de cualquier economía.

La apertura de mercados trajo consigo el fenómeno de la especialización. El economista David Ricardo ya propuso desde la teoría que las naciones debían especializarse en lo que él definía como sus ‹‹ventajas comparativas››, es decir, en aquellos sectores cuya explotación supusiera una ventaja con respecto a sus competidores. La manifestación práctica de esta teoría cobró forma con la apertura de los mercados y se tradujo en un fenómeno definido como ‹‹la división internacional del trabajo››. Siendo muy sintéticos, se establecieron dos categorías de países: aquellos que producían materias primas y bienes agrícolas y aquellos que producían manufacturas y productos industriales. Esta división, por supuesto, no se dio de forma natural, y se construyó en torno a las ventajas de partida o carencia de éstas de cada uno de los países. Los países industrializados, en mayor o menor medida, se consolidaron como tales, y los países no industrializados no tuvieron la oportunidad de intentarlo, pues se consolidaron como productores de materias primas. Existe una cierta tendencia a establecer un determinismo naturalista perverso a la hora de explicar la división internacional del trabajo; pero lo cierto es que las categorías comerciales de cada país fueron fijadas en torno a los intereses de los países industrializados.

A modo de anécdota es interesante reseñar como la consolidación del modelo precipitó guerras por el control de recursos entre los países exportadores de manufacturas, como fue la Guerra del Pacífico entre Chile y Perú en 1879, que llevó al primero a invadir la provincia de Tarapacá con objeto de controlar los nitratos, materia prima fundamental para la producción de abonos químicos.

Las industrias tuvieron un gran impacto en la concepción liberal de la economía. Fuente.

Las industrias tuvieron un gran impacto en la concepción liberal de la economía. Fuente.

Una vez fijadas las características de la economía, volvemos a las palabras de Jennings Bryan con las que comenzaba el artículo. A partir de 1873 el modelo económico librecambista comenzó a sufrir un fuerte desgaste por un fenómeno nuevo en la economía: una deflación intensa y continuada que se extendió hasta el año 1896. Al contrario que la inflación, la deflación supone la disminución de los precios de los productos y con ello la disminución de beneficios. En concreto, la deflación se cebó con los productos agrícolas y con las materias primas, mientras que apenas influyó en los productos manufacturados.

El fenómeno de deflación nos lleva a hacer dos lecturas; en primer lugar el origen de la caída de los precios lo debemos rastrear en el aumento de la oferta agrícola y de materias primas al integrarse al mercado mundial economías especializadas: sólo por lógica de mercado, a mayor oferta, y sin una demanda que la absorba, menores precios. En segundo lugar debemos observar como la integración de países especializados en productos agrícolas destruyó el sector agrícola de los países industrializados. Según la teoría de las ventajas comparativas de Ricardo, era un disparate mantener sectores que no estaban en condiciones de competir en el mercado mundial. Esto llevó a que los campesinos de los países industrializados se vieran doblemente perjudicados, puesto que no sólo los productos de países especializados les comían el mercado, sino que además el poco margen que les quedaba se reducía sistemáticamente fruto de la caída de los precios.

La crisis se tradujo en una vuelta al proteccionismo en determinados sectores por parte de los gobiernos (a excepción de Inglaterra, todos los países ejecutaron medidas proteccionistas en mayor o menor medida), en un aumento exponencial de la conflictividad social y en un poderoso avance de los detractores del patrón oro, puesto que la estabilidad que otorgaba tenía en el reverso de la moneda una enorme rigidez que no permitía a los gobiernos manipular los precios para atajar la crisis. Es en este contexto donde debemos situar las palabras de Jennings Bryan, un político que recogía en su discurso el descontento de los sectores agrarios de Estados Unidos. Cabe destacar, que la crisis no solo alentó el conflicto en el mundo rural, sino que también precipitó la creación de nuevas formas de organización, en concreto, el cooperativismo. Los agricultores entendieron que solos eran más vulnerables a los efectos de la crisis y en muchos lugares no tardaron en unirse en cooperativas con el fin de mitigar el daño a su economía y reorganizar su producción.

Cuando los detractores del oro y del libre cambio parecían más fuertes, la economía mundial cambió su curso en el año 1896. Los precios dejaron de bajar, y en algunos casos incluso comenzaron a subir, restando fuerza a la cruzada contra el oro. No existe consenso para explicar el cambio de rumbo de la economía en esta fecha, pero sí que hay dos grandes teorías, que no se contraponen, pero que colocan el peso de la recuperación en sitios distintos. Por un lado la teoría monetarista sostiene que el rumbo de la economía cambió al producirse grandes descubrimientos de oro en torno a 1896, lo que aumentó su presencia en el mercado y su valor disminuyó. Por otra parte la teoría estructural sostiene que el cambio de rumbo se debió esencialmente a la disminución del volumen de producción agrícola y a la subida de precios asociada a la retirada de oferta. Sea como fuere, 1896 supuso el espaldarazo que necesitaba la teoría del libre cambio para consolidarse, al menos hasta 1914, cuando la I Guerra Mundial trastocó completamente el comercio global.

Todas las monedas respaldaban su valor en el oro. Fuente.

Todas las monedas respaldaban su valor en el oro. Fuente.

Y no sólo el libre cambio se reforzó con el cambio de flujo, viviéndose en el periodo 1896-1914, la etapa de mayor libertad económica registrado hasta ese momento, sino que el oro pasó a dominar los tipos de cambio de todas las monedas; no ya sólo porque la confianza en el metal aumentó, sino también porque se convirtió en el símbolo ratificador de la seriedad económica de los países. Ser miembro del ‹‹Club del Oro›› daba prestigio a las economías, y sobre todo, otorgaba al país la confianza de los sectores financieros. Asumir el patrón oro significaba que el país pensaba en su economía más en términos internacionales que domésticos y que los gobernantes estaban dispuestos a realizar los sacrificios necesarios para implantarlo.

La teoría financiera que subyacía en la aceptación del patrón oro se basaba en el ‹‹mecanismo de flujo precio-especie›› teorizado por David Hume en 1750 y se estructuraba en torno a las siguientes premisas: si un país tenía una balanza comercial deficitaria, es decir, gastaba más de lo que ingresaba en los flujos comerciales, se producía una salida de oro; si había menos oro en el país, la economía nacional se resentía y se reducía la demanda al haber menos moneda; si se reducía la demanda, los productores perdían dinero a menos que produjeran más barato, y para ello, era necesario reducir los sueldos de los trabajadores. Una vez la situación se estabilizaba, los productos con un coste de producción menor tenderían a poblar el mercado internacional, aumentando su volumen de venta, la demanda interna, y volverían las condiciones propicias para que aumentara la inversión extranjera. Claro está que para evitar un colapso los gobiernos acababan pidiendo préstamos a los financieros londinenses (casi en su mayoría), préstamos que solo se otorgaban si el país estaba dentro del patrón oro y realizaba los sacrificios necesarios. Todo ello nos invita a reflexionar sobre los costes que tuvo la integración en los países menos aventajados.

Bibliografía|

FRIEDEN, JEFFRY A., “Capitalismo global: El trasfondo económico de la historia del siglo XX”, Barcelona: Crítica, 2007.

HOBSBAWN, ERIC, “La Era del Imperio. 1875-1914″, Barcelona: Crítica, 2001.

LUCENA SALMORAL, MANUEL (coord.), “Historia de Iberoamérica III. Historia Contemporánea”, Madrid: Cátedra, 2008.

Redactor: Emmanuel Otero-Trassens

Estudiante de máster en Historia Contemporánea y Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla. Soy miembro de la Asociación de Historia Contemporánea e investigo sobre los partidos políticos en la Transición. Soy co-director de Témpora Magazine. Puedes encontrarme en Twitter en @inmanuelxi

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1 Comentario

  1. Buenos días Emmanuel
    Ante todo me ha gustado la gran parte del análisis que haces de la evolución de la economía monetaria y me parece una gran articulo. Tengo interés por conocer un poco más esta etapa de la historia y de la economía, un par de cuestiones me inquietan.

    Tengo alguna duda respecto del origen de la crisis del 73, puesto que tengo entendido que tuvo mucho que ver la Ley de Acuñación de ese año que desmonetizo la plata provocando una escasez de dinero.

    -¿Aprovechó esa oportunidad para imponer un patrón oro quién tuviera mayor control sobre las reservas de ese material?

    El discurso de William Jennings Bryan

    Yo vengo a hablarles en defensa de una causa tan santa como la causa de la libertad, la causa de la humanidad.
    Nosotros le decimos en nuestra plataforma que creemos que el derecho a acuñar moneda y emisión de dinero es una función de gobierno. Creemos que es una parte de la soberanía…

    Los que se oponen a esta propuesta nos dicen que la emisión de papel moneda es una función del banco y que el gobierno debe salir del negocio bancario. Yo estoy con Jefferson en vez de con ellos, y decirles como él, que en la cuestión del dinero es una función del gobiernos y que los bancos deberían salir del negocio de gobernar.

    Buscaran en las paginas de la historia en vano para encontrar un solo caso donde la gente común de toda la tierra se hayan pronunciado a favor del estándar oro.

    Si se atreven a salir a campo abierto y defender el estándar de oro como algo bueno, vamos a luchar contra ellos hasta el extremo; vamos a responder a sus demandas de un estándar oro, diciéndoles que no presionen en la frente de los trabajadores esta corona de espinas.
    Ustedes no crucificaran a la humanidad en una cruz de oro.

    En esas elecciones de 1896 de republicanos con Mcinley y los demócratas con Bryan.
    -¿La campaña republicana de McKinley estaba a favor de implantar el patrón oro?
    -¿Mcinley propago rumores de que se cerrarían fabricas si salia Bryan?
    -¿Representaba los intereses de los banqueros para poder controlar la cantidad de emisión de dinero?

    -¿Hasta que punto seria posible que: la economía financiera, el libre mercado y demás ramificaciones estuviesen conducidas o dirigidas por los mismos que controlan el flujo de de dinero (dándole a imprimir)?

    -¿Podrían causar inflaciones, deflaciones y todo lo que ello acarrea en la sociedad civil esas situaciones económicas?

    Gracias de antemano y si ves bien contestar estaré encantado.
    Javier Sánchez

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