El Patriarca de Constantinopla en la Edad Media (II)

Una vez elegido patriarca, éste gozaba de todas las prerrogativas de su cargo y una autoridad que se extendía por un amplio territorio que se fue modificando de acuerdo a las actuaciones del emperador bizantino y a los avatares de la historia bizantina. Esta autoridad se extendía a numerosos campos y aspectos de la vida religiosa y civil de la sociedad. Para velar por este tema, contaba con una potente administración que lo asistía en sus funciones y que reflejaba el poder que alcanzó con el paso de los siglos.

[San] Focio, patriarca de Constantinopla. Fuente

[San] Focio, patriarca de Constantinopla. Fuente.

Como se dijo anteriormente, el patriarca contaba como sedes sufragáneas las diócesis de Tracia, Asia y Ponto. En el siglo VIII se produjo la primera gran ampliación de su territorio por obra del basileus León III. Éste arrebató de la obediencia a Roma las sedes episcopales de la zona del Ilírico (que se correspondería con Grecia y una buena parte de los Balcanes actualmente) y el sur de Italia para entregarlas a la de Constantinopla. En Oriente las conquistas musulmanas y en el norte la conversión de la Rus de Kiev a finales del siglo X con el bautismo de (san) Vladimir de Kiev hicieron que más obispados pasaran a depender de Constantinopla. Hay que hacer mención, sin embargo, de los problemas que tuvo el patriarcado con la Iglesia búlgara, que pasó por momentos de sometimiento a otros de independencia al contar con un patriarca propio, aunque eso no obsta para que, al menos, quedara esta Iglesia bajo la influencia de Constantinopla. La autoridad patriarcal en su máximo apogeo alcanzaba desde el sur de Italia hasta el Cáucaso, las penínsulas del Peloponeso y Anatolia, los Balcanes y toda la parte norte y oeste del mar Negro hasta Kiev.

Los malos momentos por los que pasó el Imperio Bizantino, como fueron las conquistas turcas, la primera caída de la ciudad a manos de los latinos entre 1204 y 1261 y la definitiva conquista de los otomanos, modificaron también los territorios que controlaba el patriarca. Por un lado, desaparecieron numerosos obispados de Anatolia de gran tradición histórica. Por otro, durante el siglo XIII se habían formado dos reinos en los Balcanes, Bulgaria y Serbia, que extrajeron a sus Iglesias de la sumisión a Constantinopla, aunque nunca rompieron la unión de fe. Con el acercamiento de los otomanos a la capital bizantina la situación a nivel territorial se fue deteriorando gravemente. Para el momento de la conquista de 1453, del patriarcado sólo dependían 67 metrópolis, cuando en el siglo XIII se habían contado hasta 112. Sin embargo, a pesar de este progresivo empobrecimiento a nivel material, el patriarca fue ganando mucho prestigio fuera de las fronteras bizantinas, especialmente en Rusia al apoyar al Gran Príncipe de Kiev y al metropolitano de esa ciudad en el siglo XIV, y en la región de Moldavia.

La autoridad del patriarca aparece bien recogida en la Epanagoge, manual de derecho bizantino recogido durante los reinados de Basilio I y León VI a finales del siglo IX. En él se resume cuál era la función que tenía ante el pueblo bizantino:

«El propósito del Patriarca es, primero, proteger aquellos a quienes ha recibido de Dios, con piedad y sobriedad de vida; volver a la ortodoxia y a la unidad de la Iglesia, tanto como pueda, a todos los herejes; y, finalmente, a través del temor reverente que él inspira por su brillante y clarísima y muy admirable acción, hacer de aquellos que son incrédulos, imitadores de la fe.»

Su autoridad y potestad se extendían tanto al campo espiritual como al civil debido a los difusos límites que entre ambos campos había en el Imperio Bizantino, y en general en la Edad Media.

[San] Nicolás I el Místico. Fuente

[San] Nicolás I el Místico. Fuente.

A nivel disciplinar dentro de la Iglesia, se encontraba por encima de los metropolitanos, de manera que el patriarca se encargaba de velar por la elección de estos, podía modificar sus sentencias y sancionarlos si fuera necesario. Además, estos estaban obligados a obedecer a las convocatorias que hiciera el patriarca. También se situaba por encima de los fieles para velar por el cumplimiento de los cánones y de la ley cristiana. El patriarca reglamentaba aquellos aspectos relacionados con su vida espiritual como el ayuno e, incluso, el matrimonio. En este punto los patriarcas de Constantinopla consiguieron hacerse con el dominio de este tema en detrimento de los emperadores, que ya habían legislado sobre el mismo.

En el campo doctrinal, el patriarca era el principal maestro e intérprete de la doctrina cristiana, incluso delante del basileus. También era el que señalaba las herejías que aparecieran dentro de la ortodoxia, inspiraba la legislación de los emperadores y emitía ordenanzas sobre cómo reprimir y reconciliar a los herejes. No obstante esto no era obstáculo para que él mismo pudiera llegar a ser acusado de herejía y depuesto por ello. Dentro de la actuación en este aspecto, el patriarca tenía suprema potestad en todo lo concerniente a la liturgia y el culto, y en la canonización de los santos.

A pesar de los amplios poderes que tenía el patriarca, sin embargo se encontraba limitado por dos elementos: el basileus y el Sínodo. Empezando con este último, cuando un patriarca tomaba decisiones de importancia, estas eran acordadas dentro de reuniones sinodales. Su origen está en los siglos IV y V, cuando el patriarca empezó a reunir obispos para resolver asuntos doctrinales y disciplinares. Debido al aumento de casos a tratar y de la regularidad con la que se convocaban se terminó por formar un sínodo permanente formado por los metropolitanos más cercanos a Constantinopla, aunque podían ser convocados todos los metropolitanos, como ocurría en los casos más importantes. El Santo Sínodo, con el tiempo, se ha convertido en una de las instituciones más características del patriarcado ecuménico.

Más interesante que el papel del Sínodo es el del basileus. En el mundo bizantino, el emperador tenía un destacado papel en los asuntos eclesiástico pues, aunque era laico, al recibir la consagración imperial adquiría cierta dignidad sacerdotal que lo situaba en una posición peculiar y lo ponía prácticamente al frente de la Iglesia ortodoxa como del Imperio. Aunque este tema bien merece ser tratado con mayor detenimiento y extensión, pues la relación entre el basileus y el patriarca es uno de los elementos más característicos del mundo bizantino, las características de este artículo hacen preferible dejar este excelente resumen del papel que ejerció el basileus escrito por el patriarca Antonio IV en 1393 en una carta mandada al Gran Príncipe de Moscú:

«El santo emperador ocupa un lugar importante dentro de la Iglesia (…) pues desde el principio los emperadores han consolidado y fortalecido la piedad en el mundo entero, han convocado los concilios ecuménicos, han reforzado los divinos y sagrados cánones relativos a los dogmas ortodoxos y la vida de los cristianos (…) y luchado mucho contra las herejías. Han fijado con sus decretos imperiales la jerarquía de las sedes episcopales, la competencia de las provincias y la delimitación de las diócesis. (…) El emperador (nunca) ha dejado hasta ahora de recibir la misma consagración por parte de la Iglesia, el mismo rango, las mismas oraciones.»

Coronación de Constantino VII Porfirogeneta como co-emperador. Fuente

Coronación de Constantino VII Porfirogeneta como co-emperador por el patriarca Eutimio I. Fuente.

Toda actuación patriarcal se encontraba presidida por la doctrina de la unanimidad que debía reinar entre el Imperio y la Iglesia, incluso en los asuntos temporales. Por eso, el patriarca gozó de un importante papel con respecto al poder imperial como fuente de legitimidad, empezando con el mismo emperador, a quien coronaba y, a partir del s. XIV, lo consagraba y podía exigirle una profesión de fe. También bautizaba a los príncipes herederos y casaba a estos y a los emperadores, lo que en ocasiones trajo serias disputas entre ambas partes debido a los matrimonios ilícitos a nivel canónico que contraían los basileus. En ocasiones el patriarca participaba en asuntos políticos que tuvieran especial interés para la dilatación de la fe ortodoxa o para tratar con iglesias disidentes, e incluso su presencia era obligatoria en los consejos de regencia durante la minoría de edad de los monarcas.

Administración patriarcal

Esquema de la administración patriarcal. Fuente: Elaboración propia a partir del libro “Atlas histórico del cristianismo“.

Para el correcto funcionamiento del patriarcado y el cumplimiento de los deberes del patriarca, surgió un cuerpo administrativo. En un principio no era más que un tribunal episcopal semejante al de los obispos metropolitanos dedicado a asistir al obispo en la liturgia, el ejercicio de su jurisdicción y la administración de lo temporal. Al ir creciendo en importancia fue aumentando en número los cargos y la importancia de esta administración patriarcal. Uno especialmente relevante era el synkellos, asistente del patriarca, aunque al ser nombrado por el emperador era el intermediario entre ambos mandatarios. Sin embargo durante el Imperio bizantino destacaron cinco cargos: el gran sakellarios, encargado de la vigilancia de los monasterios con la ayuda del arconte de los monasterios y otros oficiales; el gran skeuophylax, que se encargaba de controlar todos los asuntos relacionados con la liturgia así como el tesoro patriarcal y las reliquias; el gran cartophylax, encargado de la biblioteca patriarcal y con el tiempo de la cancillería del patriarcado; el prepósito del sakellion, que velaba por administrar justicia a los clérigos y cuidada de la prisión patriarcal; y el gran ecónomo, nombrado durante bastante tiempo por el emperador y que administraba todas las propiedades y rentas del patriarcado. Junto a estos había un gran número de clérigos principalmente, y algunos laicos con diferentes cargos para el funcionamiento de la administración patriarcal.

Basílica de Santa Sofía de Constantinopla. Fuente

Basílica de Santa Sofía de Constantinopla. Fuente.

Como símbolos materiales del patriarca y de su importancia y autoridad, destacan dos construcciones: su catedral y su residencia. La primera es la iglesia de la Santa Sabiduría de Dios en Constantinopla, más conocida como Santa Sofía. Aunque ya existía una edificación anterior, la iglesia asociada indisolublemente con el mundo bizantino y que ha llegado hasta la actualidad fue mandada construir por el emperador Justiniano entre los años 532 y 537 después de haberse quemado la original. Era uno de los edificios más emblemáticos de la Ciudad, con su cúpula, admirada desde el momento de su construcción, su decoración con mosaicos, la belleza y suntuosidad del mobiliario y sus reliquias. Esta fue la sede del patriarca hasta la conquista otomana, cuando se convirtió en la Mezquita de Ayasofya, con el paréntesis de la ocupación latina, durante el cual se convirtió en sede del patriarca latino de Constantinopla.

Aunque se salga del tiempo, después de que se convirtiera en mezquita Santa Sofía por orden de Mehmet II, la sede patriarcal se trasladó a la iglesia de los Santos Apóstoles hasta 1456, cuando pasó a la de la Theotokos Pammakaristos. Aquí se mantuvo el patriarcado hasta finales del siglo XVI, cuando el sultán Murad III la convirtió en mezquita. Se hizo un traslado temporal a la iglesia de San Demetrio Kanavu hasta que finalmente la sede patriarcal se asentó en la iglesia de San Jorge, en el barrio del Fanar de Estambul, donde se encuentra actualmente, junto con toda la administración del patriarcado.

El otro gran elemento destacado es la residencia del patriarca, el Patriarcheion, situado cerca de Santa Sofía, con la cual estaba comunicada, y en uno de los foros de la Ciudad. Contaba con numerosas estancias y salones, oratorios, salas para la reunión de tribunales de justicia y del Sínodo, oficinas administrativas y una importante biblioteca privada. Con la caída de Constantinopla también tuvo que trasladarse con el tiempo hasta acabar también en una residencia junto a la iglesia de San Jorge del Fanar.

Como se puede comprobar, la figura del patriarca ecuménico fue importante en el mundo bizantino y medieval, aunque quede eclipsado tanto por los emperadores bizantinos como por los papas de Roma. Su actividad política para dar legitimidad a los monarcas y su actividad religiosa en defensa de la ortodoxia, o de la heterodoxia como pasó en varias ocasiones, han hecho de él una de las figuras eclesiásticas más interesantes para ser estudiadas, aunque los estudios no hayan alcanzado la complejidad que tienen los hechos con su superior dentro de la Pentarquía, el obispo de Roma.

Bibliografía|

BRÉHIER, L., “El mundo bizantino. Las instituciones del mundo bizantino“, México: Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana, 1956.

DAGRON, G., “Emperador y sacerdote: estudio sobre el “cesaropapismo” bizantino“, Granada: Editorial Universidad de Granada, 2007.

LABOA, J.M., “Atlas histórico del cristianismo“, Madrid: Editorial San Pablo, 1998.

MANSEL, P., “Constantinopla: la ciudad deseada por el mundo, 1453-1924“, Granada: Editorial Almed, 2005.

NORWICH, J.J., “Breve Historia de Bizancio“, Madrid: Ediciones Cátedra, 2000.

RUNCIMAN, S., “The Great Church in captivity“, Londres: Cambridge University Press, 1968.

Redactor: Fermín Valenzuela Sánchez

Licenciado en Historia por la Universidad de Granada (2007 - 2012). Máster de Historia: de Europa a América: Sociedades, Poderes, Culturas (EURAME) por la Universidad de Granada (2014-2015). Alumno del programa de Doctorado en Historia y Artes de la Universidad de Granada. Interesado en Historia medieval, Historia del cristianismo y Bizancio.

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