El nacimiento de la Infantería de Marina española

Es un hecho relativamente poco conocido que la infantería de marina más antigua del mundo es la española, formada bajo el imperio de los Austrias y la necesidad de combatir en el Mediterráneo contra los piratas berberiscos y las fuerzas navales otomanas. Sin embargo, antes de comenzar nuestro recorrido al contexto en que apareció y su historia, debemos señalar que la forma de abordar esta tarea se ha llevado a cabo de dos formas distintas. Por una parte, algunos historiadores han optado por dividir su recorrido en dos grandes bloques, teniendo como punto de separación el año 1717. Por otra parte, la corriente más extendida y la que nosotros usaremos, es la que divide esa segunda etapa en otras dos más. Ateniéndonos a esa premisa, estas etapas quedarían de la siguiente manera: I: 1537-1717, II: 717-1827, III: 1827-1931, IV: 1931-1957, V: 1957-actualidad. Debido a las limitaciones cronológicas propias de esta sección (Historia Moderna), no iremos más allá de finales del siglo XVIII, centrándonos en la primera horquilla cronológica y gran parte de la segunda.

Pero empecemos por el principio, ¿qué es la infantería de marina? Si las poleis griegas e imperios como el persa, el egipcio y el romano, ya luchaban en el mar con fuerzas de infantería que se usaban para la defensa de las naves y el abordaje, ¿qué hace diferente a este cuerpo especialista de la Monarquía Hispánica? Como hemos dicho, existen muchos antecedentes que se aproximan al concepto de infantería de marina, pero siempre se trata de fuerzas terrestres que eran usadas en acciones navales para las cuales estaban más o menos instruidas. En la península ibérica, el referente más antiguo de este cuerpo armado aparece en Las Partidas de Alfonso X, haciendo mención a unos soldados llamados los “sobresalientes”. Ese texto establecía las características físicas de esos guerreros, que debían ser fuertes pero ligeros, y con experiencia en los trabajos de la mar. Por su parte, el Consolat del Mar ya detallaba los derechos y obligaciones de los soldados y los ballesteros contratados individualmente para proteger las naves mercantes, aunque aquí tampoco podemos hablar todavía de infantería de marina, sino de mercenarios que ejercían a modo de seguridad privada para las compañías mercantiles para cada travesía concreta.

Batalla de Sluys (1340). Fuente

Batalla de Sluys (1340). Fuente

La Casa de Contratación sevillana llevó a cabo la creación de una fuerza mercenaria que protegía las flotas de las Indias, por lo que se consideraba que de alguna manera eran soldados del Estado. Este es el primer momento en que aparece la figura de un cuerpo de combate marítimo que no se recluta para cada expedición, sino que se encuentra movilizado de forma estable: el Tercio de Galeones. Y esta característica, la de ser una fuerza regular acuartelada durante los periodos de inactividad, y no otra, es la que le diferenció de sus predecesores. Sin embargo, este Tercio de Galeones no es el antepasado directo de la actual infantería de marina española, sino las Compañías Viejas del Mar de Nápoles; que no solo protegían las galeras de este reino, sino cualquiera de las naves bajo bandera de los Austrias.

Nos encontramos en un momento de gran convulsión en el Mediterráneo, como hemos mencionado los dos grandes imperios de ese momento, el hispánico y el otomano, disputaban su supremacía sobre el antiguo mar de los romanos. La piratería berberisca y episodios como la batalla de Argel, el asedio de Malta o Lepanto han sido tratados ya con anterioridad, así que no entraremos en detalles al respecto. Pero antes de continuar con el cuerpo militar propiamente dicho, hay que hacer un alto para hablar de la embarcación de combate sobre la que estos soldados ejercían su oficio: La Galera.

Maqueta de una galera. Fuente

Maqueta de una galera. Fuente

De borda baja e impulsada por velas y remos, la galera contaba con una batería de cañones fijos y un espolón en la proa. Estaba diseñada para el combate con infantería de marina de tal manera que, sin ella, perdía su efectividad como instrumento de guerra. El modus operandi consistía en lanzarse contra una embarcación enemiga a toda velocidad, durante esta maniobra se abría fuego con la batería fija hasta que la galera atravesaba el casco de su presa con el espolón, hundiéndola o permitiendo su abordaje. Este tipo de operaciones eran una reinterpretación profesionalizada de tácticas navales que ya se habían visto en el mare nostrum, como las llevadas a cabo por el almirante Roger de Lauria bajo las armas de la Corona de Aragón. En ese momento, era cuando los infantes de marina disparaban ráfagas de arcabuz y “esmeril” (artillería ligera) sobre la otra cubierta, parapetados en la arrumbada, que era una estructura de madera que servía de fortificación para los cañones. La tripulación se dividía en dos grupos: uno iniciaba el asalto y otro quedaba en la galera cubriendo a sus compañeros, al tiempo que el pelotón de abordaje se dividía en otros dos grupos que actuaban de forma coordinada: fuerza de choque y reserva. Los primeros iniciaban el asalto a la arrumbada enemiga, preparando un espacio todo lo seguro posible para que la reserva iniciase el abordaje por la crujia y los corredores laterales. De la misma manera, a la hora de organizar la defensa de la galera, la guarnición se organizaba en vanguardia, batalla, retaguardia y socorro, teniendo cada grupo a su cargo una parte del navío.

Hasta el momento de la creación de la infantería de marina, la realidad era que no existía ninguna normativa sobre la forma de proceder de los soldados a bordo de una galera, ni tampoco cuál debía ser su número o su equipo, por lo que normalmente eran escasos y estaban mal equipados. Es en 1537, cuando Carlos V creó las mencionadas Compañías Viejas del Mar de Nápoles para asignarlas como fuerza permanente a las Escuadras de Galeras del Mediterráneo. Pero en estos momentos, sus acciones se restringían estrictamente al asalto de enemigos y a la protección del propio navío, pero tras la victoria de las armas cristianas en Malta, Felipe II tomó conciencia de lo útil que podía ser una unidad táctica permanente con capacidad operativa tanto en mar como en tierra y, acto seguido, ordenó la creación de unos Tercios asociados exclusivamente a la Real Armada. En Febrero de 1566 se forma el “Tercio de Armada”, en la ciudad de Cartagena, que también fue conocido como “Tercio de la Armada del Mar Océano” y que operaba tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico. Simultáneamente, se creaba el “Tercio Nuevo de la Mar de Nápoles”, apodado “Mar y Tierra”. Es este Tercio, heredero del “Tercio Viejo de la Mar de Nápoles”, el que se considera la cuna de la actual Infantería de Marina española. Por último, también se arma el “Tercio de Galeras de Sicilia” ese mismo año, terminando de cubrir las necesidades bélicas que los Austrias tenían en el mar.

El “Tercio de Armada del Mar Océano” con cuarenta compañías que, en total, sumaban más de seis mil quinientos soldados, nos hace una idea de que ya desde un primer momento se tenía en mente que sus acciones no se limitasen a los combates navales, sino también a operaciones terrestres. Fueron hombres de este Tercio los que, durante la Batalla de Lepanto, pasaron al navío de Don Juan de Austria y desde allí asaltaron a “La Sultana” (la nave capitana de la Armada otomana) junto a unos arcabuceros del “Tercio Nuevo del Mar de Nápoles”. Estas dos fuerzas combinadas, al mando de Don Pedro Padilla, acabaron con la tripulación enemiga y pusieron fin a una de las batallas navales más glorificadas por el imaginario español, entre otras cosas porque allí fue donde Miguel de Cervantes se ganó el sobrenombre de “El manco de Lepanto” (luchando como infante de marina). Si alguien tenía alguna duda de si había sido una buena idea la creación de estos Tercios, quedó resuelta de inmediato. A partir de ahí, los infantes de marina participaron en multitud de operaciones por tierra y por mar, como la Campaña de la Tercera (1583), que aún sigue siendo un ejemplo para las escuelas de Marina actuales.

El tiempo pasó y la monarquía de los Austrias decayó, y con ella los Tercios. Las acuciantes necesidades militares llevaron a que la Infantería de Marina fuese utilizada cada vez más como refuerzo en acciones militares en tierra. Tan grave fue la situación que, tras varios desastres militares, la pérdida de los territorios italianos y la guerra que llevó a Felipe V al trono, ya no quedaban prácticamente infantes de marina. Por eso, el nuevo monarca llevó a cabo una remodelación de esta fuerza de combate a partir de 1717, fecha que marca el final de la primera de las etapas antes mencionadas. Encomienda la tarea a Don José Patiño, que creó un cuerpo de combate unificado y conocido como “Cuerpo de Batallones”, dándole una estructura nacional y moderna. Una fracción de los regimientos antiguos pasó a engrosar las filas del ejército, y el resto fue dividido en batallones como los de Armada, Marina, Bajeles, Océano, Galeras o Barlovento. En 1733 se alcanza este número de seis batallones, que empezarán a conocerse por un número (primero, segundo, tercero…) según su orden de creación; en 1741 se ampliaron a ocho y en 1776 a una docena. Estos batallones de marina se crearon con la intención de proteger barcos y plazas fuertes, y combatían buscando el abordaje; aunque las tácticas militares se vieron obligadas a evolucionar junto con las innovaciones militares y el armamento. Por contra, vemos una disminución del entrenamiento de los infantes de marina para prestar apoyo en desembarcos y acciones terrestres, como habían hecho los Tercios anteriormente, una capacidad que tardaría en recuperarse.

Hasta aquí nuestro breve repaso a la historia de la Infantería de Marina española, la más antigua del mundo, a lo largo de la Edad Moderna. Este cuerpo de combate es el ejemplo de cómo los estados occidentales buscaron la profesionalización de sus fuerzas, intentando superar a sus rivales tanto en medios como en formación. Su presencia fue clave para tomar el relevo de los corsarios y de órdenes militares como la de los Caballeros de Malta, que hasta ese momento habían sido quienes habían evitado que el Mediterráneo cayese bajo dominio musulmán, convirtiéndose en una pieza clave tanto de la derrota de los piratas berberiscos como de la protección de la ruta comercial a las Indias. Por último, para dar una muestra de lo eficaz de este tipo de soldado, hay que recordar que todos los Estados europeos y, más tarde, americanos, copiaron tanto los uniformes como las armas y las tácticas de combate de la Infantería de Marina española, que pese a que nunca llegó a ser la potencia marítima que pudo haber sido, definió cual era la manera más eficaz de hacer la guerra sobre las olas.

Bibliografía|

FERNÁNDEZ DURO, C., “Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón VIII”, Madrid: Museo Naval de Madrid, 1972.

Webgrafía|

La Infantería de Marina Española. Síntesis histórica y evolución orgánica”. Visto en 21/07/2017. http://www.armada.mde.es/ArmadaPortal/page/Portal/ArmadaEspannola/mardigital_biblioteca/prefLang_es/23_infanteria_marina

Infantería de Marina Española. Historia de la Infantería de Marina”. Visto en 21/07/2017. http://www.revistanaval.com/www-alojados/infanteriademarina/historia.htm

Redactor: Ximo Soler Navarro

Historiador, gestor de patrimonio cultural, escritor de novela y fundador de Historia Idiota. Llego a este proyecto con muchísima ilusión y ganas de acercar el pasado al gran público, intentando conseguir un equilibro entre la rigurosidad y un lenguaje ameno y accesible. Especializado en Historia Moderna y gestión de patrimonio cultural marítimo.

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