El debate del poder estatal en la Prehistoria Reciente: el paradigma argárico

En este nuevo artículo continuaremos hablando del poder en la Prehistoria. Como última aportación de la sección de Prehistoria al monográfico especial de marzo en Témpora Magazine, que rastrea el poder a lo largo de la Historia, he decidido exponer un caso paradigmático sobre el eterno debate que se viene dando en el mundo académico sobre la aparición del Estado en épocas prehistóricas. Ya se habló en la entrega prehistórica anterior sobre la teoría de la jerarquización social a lo largo de la Prehistoria Reciente y se expusieron las diferentes visiones del debate que se han dado en la historiografía, a si que a modo de complemento, y centrándome solo en el debate estatal, hablaré del caso particular de la sociedad argárica.

Luis Siret, padre de la prehistoria del sureste peninsular. Fuente

Luis Siret, padre de la prehistoria del sureste peninsular. Fuente

Ya he tratado en números anteriores la complejidad de la sociedad argárica; una sociedad que por norma rompe con la forma de vida comunal característica de las sociedades previas calcolíticas. Además se establecen claras disimilitudes derivadas de este cambio: el ajuar se convierte en un elemento individual que caracteriza el nivel de vida del que gozó la persona, el patrón territorial cambiará también y, a nivel microespacial, podemos observar que los poblados se van fragmentando topográficamente con división de espacios. Evidentemente, para rastrear el posible paso hacia una sociedad estatal, los cambios que se dan en la forma de vida de esta sociedad son esenciales.

Desde el comienzo de las investigaciones sobre esta sociedad con los estudios y excavaciones de Luis Siret, estos cambios se convirtieron en el punto central de los debates historiográficos. El punto de vista con que Luis Siret abordó el tema era el característico de su tiempo. Desde el difusionismo positivista explicó los cambios que veía con la llegada de pueblos extranjeros, primero orientales y luego celtas, que posibilitaron la aparición de una élite que controlaría las explotaciones primarias para comerciar con estos nuevos protagonistas llegados de fuera.

Con el paso del tiempo las posturas autoctonistas se fueron abriendo paso y los estudios giraron más hacia entender el porqué había habido esos cambios y se aparcó el debate del poder estatal en la sociedad argárica. Los nuevos trabajos se centraran en el paleoclima del sureste peninsular, en la explotación metalúrgica o en el aumento de los conflictos sociales para explicar el cambio. Inevitablemente, y como es de suponer, estas teorías derivaron en el debate del poder, pues al explicar el cambio de una sociedad calcolítica comunal a una sociedad argárica individualista se debía pasar por explicar con los mismos argumentos la nueva forma de poder de esta sociedad.

Así llegamos al punto de la investigación actual, con un intenso debate sobre el poder en esta sociedad en la que la mayoría de las posturas historiográficas admiten un poder estatal, algunas con grandes matizaciones lo aceptan, y otras lo defienden abiertamente. Cada una de estas posturas basan su teoría particular en diferentes argumentos con los que explican el porqué del cambio y el porqué de la complejidad social del momento. A continuación se nombrarán las posturas principales en este debate.

Ajuar argárico típico de la élite. Fuente

Ajuar argárico típico de la élite. Fuente

Por un lado podemos comenzar hablando de una de las posturas en la palestra actualmente: la postprocesualista. Esta postura es minoritaria. Son los defensores de que la sociedad argárica no llega al nivel estatal. Dentro de esta postura, distintos autores ofrecen argumentos diferentes con los que explican que la sociedad argárica está sumida en una complejidad social en la que varios big men controlan ideológicamente a la sociedad pero sin llegar a un nivel de especialización pleno para hablar de poder estatal. El principal motivo de que estas posturas no defiendan una especialización es porque siguen teniendo el handicap de mirar a las sociedades estatales de Próximo Oriente con un difusionismo implícito en sus ideas. Antonio Gilman basa su teoría de los cambios en las sociedades calcolíticas por un cambio en el paleoclima que provocó la desertización del territorio del sureste y eso ocasionó que los poblados cambiaran de patrón territorial y surgieran distintos Big Men que tomaron el control de la comunidad y desarrollaron distintos sistemas de riego que les dieron prestigio, al estilo de los faraones en Egipto. Como he comentado anteriormente se puede ver como el autor sigue mirando hacia Oriente para explicar los cambios. Otros autores postprocesualistas como Gonzalo Aranda comparten la visión de una sociedad en la que no se practica la coerción física y las élites controlan a la masa mediante ritos ideológicos como banquetes ritualizados en los que se fortalece la cohesión social pero también se ponen en evidencia las diferencias sociales que se ven justificadas por favores que hacen las élites al poblado. De nuevo queda de manifiesto el papel de estos Big Men.

Por otra parte nos encontramos a una mayoría científica que acepta un poder estatal en la sociedad argárica. Aunque todos lo aceptan, cada uno expone argumentos diferentes en sus teorías y difieren en el grado de estatalidad del conjunto argárico, sin duda debido a las diferentes definiciones que cada uno da de la palabra Estado, algunos intentándola diferenciar claramente de la concepción oriental y otros intentándola acercar.

Yacimiento argárico de Fuente Álamo (Almería). Ejemplo de cerro encastillado. Fuente

Yacimiento argárico de Fuente Álamo (Almería). Ejemplo de cerro encastillado. Fuente

Uno de los primeros investigadores en aceptar un poder estatal en la sociedad argárica fue Oswaldo Arteaga. Este autor, dentro de la corriente marxista de la arqueología social iberoamericana, defiende con su teoría de la sociedad clasista inicial que desde principios del Calcolítico podemos observar en las sociedades del sur de la Península Ibérica determinados roles que conducen a la acumulación de poder en manos de las élites que irían poco a poco controlando a una masa popular en continuo conflicto por medio de distintas herramientas de coerción, tanto físicas como ideológicas. Defiende que esta coerción ya existe en algunos lugares como Los Millares o El Gandul en época calcolítica y explica el cambio de la sociedad argárica por medio de conflictos violentos que derivan en que el patrón de asentamiento cambie a los cerros encasillados, con élites controlando los poblados mediante la coerción. Pero lo más interesante de su postura es que defiende que existe tal poder estatal en la sociedad argárica, que habla de un centralismo ejercido por la zona nuclear (la cuenca de Vera) sobre todo el territorio del sureste peninsular. Esta postura fue muy criticada en su momento, pero con investigaciones recientes cada vez más autores comparten que la especialización que demuestra la cultura material argárica y los rastros de violencia conducen a pensar en un poder estatal que no se alejaría mucho de la visión de la escuela social iberoamericana. Actualmente las teorías sobre el poder en El Argar siguen la estela de Arteaga, aunque con sus matizaciones personales.

Otra postura a tener en cuenta y que defiende un poder semiestatal y especializado en la cultura de El Argar es la que proponen algunos investigadores de la UGR. Investigadores como Fernando Molina o Juan Antonio Cámara defienden una diferenciación social compleja en esta cultura, argumentando su teoría en distintos pilares como la jerarquización que ven en el territorio, el cual dividen en diferentes zonas, cada una de ellas con distintos rasgos peculiares. También en la jerarquización de los asentamientos en los cuales se puede apreciar diferencias en los ajuares de los individuos enterrados en las zonas más altas de los cerros, que suelen ser los más ricos, y los individuos que habitaban las zonas más bajas, que suelen tener los ajuares más pobres. Otros autores como Francisco Contreras o Auxilio Moreno comparten la visión y van más allá, argumentando también que mediante el estudio de las labores metalúrgicas se puede ver una especialización de los distintos pasos del trabajo metalúrgico y una división de los asentamientos, cada uno especializado en distintas fases del trabajo. Diferencian entre yacimientos dedicados en exclusiva a la extracción minera, otros dedicados a la fundición y otros dedicados al acabado y posterior distribución de los objetos metalicos. Así, y en general, todos estos investigadores de la UGR defienden un modelo semiestatal en el que los poblados estarían gobernados por distintas élites interconectadas que se reparten el poder del territorio argárico con distintos poblados que ejercen poder central.

Recreación de la xona de altura de la Bastida de Totana (Murcia). Fuente

Recreación de la zona de altura de la Bastida de Totana (Murcia). Fuente

Una última postura que ha alcanzado mucho reconocimiento actualmente es la propuesta por Vicente Lull y su equipo de la UAB. Estos investigadores defienden un poder estatal que se parece mucho al que planteó Arteaga pero con algunas diferencias. También desde una perspectiva marxista, este grupo defiende una coerción de las élites a la masa que llega al punto en el cual todos los aspectos de la vida están rígidamente controlados. Para su defensa se basan en la aparente estandarización de pesos y medidas que se pueden observar en distintos elementos de la cultura argárica como las pesas de telar o los moldes para realizar lingotes de cobre, todo ello controlado por el Estado. Sin embargo ellos defienden un modelo de centralismo diferente al de Arteaga, ya que si éste se decantaba por un centralismo puro, ellos defienden distintos centros que controlan unidades de territorio extensas.

A modo de conclusión, y exponiendo mi visión personal, podemos decir que el poder estatal en la cultura argárica se encuentra en estos momentos suficientemente probado por distintos autores y distintos argumentos, por lo que realmente podríamos hablar de Estado en épocas prehistóricas; eso sí, superando la concepción decimonónica de Estado al estilo oriental y tomando en cuenta más elementos como la coerción ejercida por determinadas élites a una gran masa popular y no la construcción de monumentales obras arquitectónicas y bellas ciudades.

Bibliografía|

ARANDA JIMÉNEZ, G., “Craft specialization in pottery production during the Bronze Age in South-Eastern Iberia”, Journal of Iberian Archaeology Vol. 6, pp. 158-179, Oporto: ADECAP, 2004.

ARANDA JIMÉNEZ, G., “Cohesión y distancia social. El consumo comensal de bóvidos en el ritual funerario de las sociedades argáricas”, Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada Vol. 18, pp. 107-123, Granada: Universidad de Granada, 2008.

ARTEAGA MATUTE, O., “La sociedad clasista inicial y el origen del Estado en el territorio de El Argar”, RAMPAS Vol. 3, pp. 121-219, Cádiz: Universidad de Cádiz, 2000.

CONTRERAS CORTÉS, F. ET AL., “Enterramientos y diferenciación social I. El registro funerario del yacimiento de la Edad del Bronce de Peñalosa (Baños de la Encina, Jaén)”, Trabajos de Prehistoria 52 Vol. 1, pp. 87-108, Madrid: CSIC, 1995.

GILMAN, A., “¿ Qué podemos decir de la organización social de El Argar a partir de su cultura material?”, en Cacho Quesada, C et al. (eds): Acercándonos al pasado. Prehistoria en 4 actos, pp. 1-7, Madrid: Museo Arqueológico Nacional, 2008.

MOLINA, F. Y CÁMARA, J.A., “Urbanismo y fortificaciones en la cultura de El Argar. Homogeneidad y patrones regionales”, en Garcia Huerta M.R. y Morales Hervás, J. (coords): La Península Ibérica en el II Milenio A.C.: Poblados y Fortificaciones, pp. 9-56, Toledo: Universidad de Castilla-La Mancha, 2004.

LULL, V. ET AL., “Las relaciones políticas y económicas en El Argar”, Menga Vol. 1, pp. 11-35, Sevilla: Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 2010.

Redactor: Sergio Morón Muñoz

Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla. Actualmente estudiante de Máster de Arqueología en la Universidad de Granada. Especializado en Evolución Humana y Prehistoria Reciente. Agradeceré las críticas constructivas que tengáis para mi.

Comparte este artículo

2 Comments

  1. Soy irremediablemente postmoderna. ¡Calavera!

    Post a Reply
  2. Decir que Antonio Gilman es posprocesualista hace yorar al Materialismo Dialéctico.

    Post a Reply

Trackbacks/Pingbacks

  1. Bitacoras.com - Información Bitacoras.com Valora en Bitacoras.com: En este nuevo artículo continuaremos hablando del poder en la Prehistoria. Como última aportación de la …

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current ye@r *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR