El alzamiento de Varsovia

Este artículo fue publicado originalmente en thesocialsciencepost.com

Escribe| Javier Muela Morillo.

 

Los libros de historia comúnmente narran que el inicio de la Segunda guerra mundial tiene lugar el 1 de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia por parte de la Alemania nacionalsocialista. No obstante, sería más correcto señalar que la Segunda Guerra mundial se inicia en septiembre de 1939 por la invasión de Polonia por parte de Alemania y la Unión Soviética. El rol secundario que, equivocadamente, se da a veces a la intervención soviética es un error muy grave, y es muy importante tenerlo en consideración para poder entender el desarrollo de los hechos que a continuación trataremos. La ambición desmedida del líder soviético, Iosif Stalin, le llevó a firmar en Agosto de 1939 el Pacto de no agresión nazi-soviético, conocido como el pacto Molotov-Ribbentrop, en el que no solo Hitler le garantizaba la paz, sino que también le concedía el derecho a ocupar los Estados Bálticos y amplios territorios en Polonia, Rumanía y Finlandia. Días más tarde de que los alemanes lanzaran su guerra relámpago contra los polacos, la Unión Soviética declaró la guerra a Polonia y se anexionó nada menos que un tercio de su territorio.

 

Mapa de Polonia durante las invasión germano-rusa. Fuente.

Mapa de Polonia durante las invasión germano-rusa. Fuente.

El reparto de Polonia por parte de alemanes y rusos no era algo nuevo, pues durante el siglo XVIII los polacos sufrieron 3 reparticiones de su territorio por potencias extranjeras (Rusia, Austria y Prusia) que acabaron por hacer desaparecer al estado polaco.  A lo largo del siglo XIX, sucesivos levantamientos tuvieron lugar, sin éxito, contra la dominación del Imperio Ruso. La independencia de Polonia tras la Primera Guerra Mundial, en 1918, no produjo ni mucho menos un clima de paz, pues en 1920 la Rusia Soviética intentó fallidamente invadir el recién independizado estado, consolidándose la idea de una Polonia libre en Europa. La desconfianza de los polacos hacia sus vecinos expansionistas, no cabe duda, estaba más que justificada.

Las atrocidades y la brutalidad de la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial alcanzaron unos niveles inimaginables, convirtiéndose el territorio polaco en un laboratorio nazi de terror, represión y exterminio. Los guetos y los campos de concentración se extendieron a lo largo de toda Polonia. El este del país, conquistado por los rusos, se vería también sometido a un proceso de represión que buscaría la eliminación de la cultura polaca y de su identidad nacional. La masacre en el bosque de Katyn de la élite militar e intelectual del ejército polaco por parte de los soviéticos es el mejor ejemplo de los niveles de dureza del totalitarismo estalinista.

Tras cinco años de ocupación alemana, llegado julio de 1944, el Ejército Rojo, que había conseguido repeler definitivamente la invasión nazi en su territorio, se encontraba en Polonia a escasa distancia de la ciudad de Varsovia. Los aliados habían desembarcado en Normandía, y parecía que el curso de los acontecimientos desembocaría en una inevitable derrota alemana. Ante tal situación de un probable colapso alemán, y con las fuerzas soviéticas, teóricamente aliadas, pero vistas con recelo, la resistencia polaca decidió que era el momento óptimo para sublevarse y liberar Varsovia de la ocupación germana: estamos ante lo que se conoce como el Alzamiento de Varsovia.

La resistencia polaca contra la dominación nazi se estructuró entorno al llamado Ejército Nacional. En un país en el que, desafortunadamente, su historia reciente tenía como tema principal la violación de su soberanía nacional por parte de las potencias extranjeras, es lógico que uno de los principios más importantes del movimiento de resistencia fuese lograr a toda costa una futura Polonia libre e independiente. La resistencia polaca inicialmente se limitó a acciones de sabotaje como contestación a las masacres alemanas contra la población civil, y fue a partir de 1943, cuando la Alemania nazi dejó de parecer invencible, cuando las acciones del Ejército Nacional se diversificaron y se encaminaron hacia un objetivo mayor.

Barricada en Varsovia.Fuente.

Barricada en Varsovia.Fuente.

La resistencia polaca había organizado el levantamiento, y el objetivo de éste era claro: debían ser los propios polacos quienes liberasen la ciudad. Si el levantamiento tenía éxito, pensaban en la resistencia, Polonia podría por fin ser dueña de su propio destino. La insurrección comenzó el 1 de Agosto de 1944, y desde Moscú se alentaba por radio a los polacos a levantarse contra el opresor alemán. En su primer día, el alzamiento fue un éxito, y el Ejercito Nacional se hizo con el control de gran parte de la ciudad. El comienzo fue esperanzador y las banderas polacas ondeaban por diversos puntos de Varsovia, quedando solo que el Ejército Rojo, que se encontraba a escasos kilómetros de la capital polaca, entrara en la ciudad y expulsara definitivamente a los alemanes. Sin embargo, un acontecimiento inesperado dio un duro revés a las posibilidades del levantamiento popular: los soviéticos no estaban dispuestos a ayudar a la resistencia polaca.

La insurrección de Varsovia representaba un peligro para las aspiraciones de Stalin de controlar Europa del Este. Percibía al Ejercito Nacional como un movimiento pro-occidental que para nada favorecería sus intereses, pudiendo entorpecer sus futuros planes de instalar a los comunistas polacos en el poder. Ante dicha situación, los soviéticos decidieron no solo frenar su avance en la otra orilla del río Vístula en Varsovia, sino que además se negaron a permitir que americanos y británicos usasen su territorio para ayudar a los insurgentes contra los alemanes, dejando, a su suerte a la resistencia polaca. Cuando los aliados reprocharon a Stalin su pasividad, éste se limito a justificar su no intervención basándose en que el Ejército Nacional eran unos criminales en busca de poder, algo bastante irónico siendo Stalin quien lo decía.

El desenlace no pudo ser peor para la resistencia polaca. Su armamento no incluía artillería pesada ni blindados, no pudiendo rivalizar con la aviación y los tanques alemanes. La lucha desigual contra las SS se prolongó durante un mes, hasta que finalmente, el 3 de octubre, la inferioridad militar y la escasez de alimentos conllevaron la derrota de la insurrección. La población fue prácticamente aniquilada y la ciudad, por órdenes expresas de Hitler, reducida a escombros.

Días después de ser aplacado el levantamiento, se dio a conocer la existencia de un acuerdo anterior en el que británicos y soviéticos se habían repartido Europa del este y los Balcanes en áreas de influencia en lo que podemos decir que es el inicio de la guerra fría, marcada por las órbitas de influencia de las grandes potencias. Las fronteras de Polonia serían reajustadas sin tener en cuenta a los polacos, y su gobierno caería en manos de los soviéticos que impusieron una dictadura bajo su férreo control por más de 40 años. En la historiografía comunista, tanto el reparto de Polonia como el comportamiento durante el levantamiento de Varsovia fueron temas tabú, en pro de no torcer la amistad forzada entre los países de bloque del este.

La historia del alzamiento de Varsovia nos enseña cómo, lo que inicialmente fue la causa de la guerra (garantizar la independencia de Polonia), quedó en un segundo plano debido a la traición de unos y el abandono de otros. Afirmar que su éxito hubiera significado una Polonia libre e independiente podría ser aventurado, pues para unos fue un acto de heroísmo, y para otros, de estupidez. No obstante, su fracaso es una muestra del funcionamiento de los mecanismos de la sociedad internacional en relación con los intereses particulares de sus miembros más poderosos: los sueños e intentos de liberación pueden costar un precio muy alto si ,de ellos, el beneficio no es provechoso para quienes en teoría son aliados.

Bibliografía|

MURRAY  WILLIAMSON, MILLETT ALLAN (2002). La guerra que había que ganar.

NORMAN DAVIES (2003). Rising´44, ‘The battle for wars’.

JEAN CIECHANOWSKI (2000). El totalitarismo comunista en Polonia (1944-1989). Su género y evolución.

MAREK JAN CHODAKIEWICZ (2004). The Warsaw Rising, 1944: Perception and Reality.

Redactor: The Social Science Post

Escribe thesocialsciencepost.com en colaboración con Témpora Magazine. "Acercar los sesudos estudios doctrinales, clarificar lo aparentemente ininteligible para unos pocos doctos, y acercarlo a la divulgación y al conocimiento general, desde una perspectiva crítica y a la vez lo suficientemente rigurosa, se convierte así en nuestra principal tarea."

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