El abastecimiento al ejército romano durante el Imperio (II)

En el artículo anterior hicimos un análisis de la maquinaria en torno a la cual giraba el abastecimiento del ejército romano. En las líneas siguientes nos detendremos en el abastecimiento del alimento sin perder de vista que cuando hablamos de abastecimiento nos referimos también al sustento de vestido (capas, túnicas, mantas); animales, no sólo para obtener productos cárnicos sino también para la caballería y el transporte; armamentos y así como materias primas indispensables que a lo mejor, in situ, no había suficiente, como madera o hierro.

En  las expediciones militares cada soldado cargaba con su equipamiento (sarcina), que incluía sus propias armas (entre 18-22 kg), su ropa y muda (una túnica y una capa que no superarían los 3 kg), su equipo de cocina (que según Plutarco Plu. Mor.201C incluiría una cazuela, un vaso para beber y un asador) y las raciones alimentarias (cibus castrensis, de la que tenemos muy buenas descripciones en la Historia Augusta), que  solían consistir en alimentos cocinados que requerían una mínima preparación para evitar ser localizados por el enemigo al usarse fuego. En total, unos 40 kg,  algo sin duda excesivo.

Representación de un legionario romano llevando la sarcina. Fuente.

Representación de un legionario romano llevando la sarcina. Fuente.

En la dieta de un legionario romano en condiciones normales podemos encontrar alimentos que obtenían en el lugar y otros que llegaban del exterior, generalmente de provincias que abastecían con sus productos a las lejanas legiones acantonadas. Entre los primeros encontramos el cereal, que era el elemento básico en la dieta de un soldado romano, tanto en el cuartel como durante la campaña, difiriendo solamente en que si en el cuartel se disponía de tiempo para moler el trigo y hacer pan, durante la campaña era más conveniente llevar algo preparado como galletas (bucellatum), que además pesaba menos. Cuando hablamos de cereal nos referimos mayoritariamente a trigo, aunque no sólo se consumiría esto; por ejemplo, para los campamentos del limes germano se han atestiguado hasta ocho clases de cereales entre los que se encontrarían: cebada (hordeum), escaba (triticum diccocum), espelta (triticum espelta), trigo (triticum durum o triticum aestivum), trigo carraón (triticum monococcum), Mijo (panicum miliaceum) y centeno (secane cereale). A partir de estos se obtenían diferentes platos como gachas, pastas, sopas y sobre todo pan. El pan que se consumía en campaña podía ser de dos tipos: panis militaris, que era el más común, el que Plinio nos dice que era ‹‹integral›› (Plin. H.N. 18.67), y otro de mayor calidad que tal vez no estaba al alcance de todos, sino de los oficiales, el panis militaris mundus.

Por otra parte comentar que la cebada era un tipo de grano que se empleaba como castigo (Suetonio, Augusto 24 ; Polibio 6.38.3) o bien en épocas de especial carestía y emergencia.

Las legumbres eran muy nutritivas y ricas en proteínas. Además tenían la ventaja de que las plantas de las que surgen servían para alimentar también al ganado y como fertilizantes del suelo.

Tenemos constancia de que la fruta era muy consumida en las fronteras romanas porque era una forma fácil de abastecimiento. Entre las frutas se encontraban higos (atestiguados en Novaesium, (Germania), manzanas, melocotones, albaricoques, moras, ciruelas, fresas y granadas. Algunas de estas frutas como el melocotón eran bastante caras y se estropeaban en poco tiempo, lo que demuestra que se trataba de una producción local y a un grupo de legionarios con un cierto poder adquisitivo.

Con respecto a los productos cárnicos, eran fundamentales en la dieta del soldado romano por su aporte calórico. Esta carne podía proceder tanto de la producción propia en el campamento (es decir, de animales que se criaban en los terrenos de alrededor del campamento e incluso en criaderos construidos para ello), podían ser animales cazados para este fin ( ciervos y jabalíes) y tampoco se descarta que muchas cabezas de ganado fueran compradas directamente del entorno.

Entre los animales para el consumo destaca el vacuno, especialmente los bueyes; también el cerdo, en especial, la carne de cerdo salada. De esta carne sabemos que los soldados obtenían derivados por cocinado, asado o hervido, como salchichas (farcimina), jamón (perna) o lardo (laridum). Ovejas y cabras se encuentran en menor medida en el registro arqueológico, aunque serían indispensables para la elaboración de productos derivados como la leche, el queso y otros de no consumo como la lana y el cuero. El queso, (caesus) era un alimento muy común entre los soldados porque tenía un importante aporte calórico y nutritivo y era fácil de transportar y conservar.

Fragmento de la columna trajana con escenas de la vida en el campamento

Fragmento de la columna trajana con escenas de la vida en el campamento. Fuente.

Sabemos que los legionarios pescaban y consumían pescado por hallazgos como los del fuerte de Vindonissa, donde se han documentado un anzuelo y raspas de pescado. En campamentos de Germania y del norte de Britannia se han atestiguado ostras procedentes de Solways. También se consumían mejillones.

Entre los productos que llegaban de otras  provincias, destaca el aceite, un producto indispensable porque no sólo servía de alimento, sino que además era necesario para obtener luz, aseo personal, mantenimiento de las armas, de las tiendas que eran de cuero, como ungüento para limpiar las heridas, etc. El consumo de aceite de oliva estaba muy arraigado entre las legiones de la frontera aún cuando podían sustituirlo por las grasas animales locales.

Existían diferentes tipos de aceite para el consumo humano, desde el virgen, que era el más valorado, hasta el de aceituna pasada, que era el de peor calidad. En los campamentos se consumía un tipo estándar; incluso se constata la existencia de un olei cibarii (aceite para comer) en algún hospital militar como el de Masada.

Mientras que el aceite era la grasa más consumida en los cuarteles del limes, en campaña vendría ser sustituido por lardum, que era una grasa sólida, de pequeñas dimensiones, que lo hacían más fácil para el transporte que el aceite que, al ser un líquido, tendría que transportarse en toneles, odres y ánforas.

El vinagre o acetum era una bebida alcohólica que los soldados consumían mezclado con agua. Servía como antiséptico para lavar heridas o incluso como anestésico en grandes cantidades. La sal era un producto indispensable para el ejército ya que servía como condimento pero también para conservar alimentos.

Muy valoradas eran las salsas de pescado, a las que hace referencia la Historia Augusta, y que encontramos también en la dieta del soldado. Al ser un producto típico mediterráneo, su uso en las regiones fronterizas septentrionales fue alto, ya que formaba parte de la dieta ordinaria de muchos contingentes allí desplazados. Eran un producto muy demandado y del que tenemos constancia de que se consumía con asiduidad en los campamentos romanos, ya que están atestiguadas en las fronteras de Germania desde el S.I d.C. Especialmente demandadas eran las salazones de la Bética.

Con respecto a las bebidas, además del agua que se obtenía a través de pozos y acueductos, se consumía vino agrio (acetum), sobre todo en campaña; mientras que el vino tradicional (vinum), que también sabemos que se consumía en los campamentos, se consumía sobre todo en tiempos estables. Por otra parte, también se consumiría mucha cerveza, especialmente en la parte del limes septentrional del imperio. Según las tablillas de Vindolanda, habría un cervesarius dedicado a la fabricación de cerveza en la guarnición.

Ni que decir tiene que eran necesarios otros bienes de consumo y productos manufacturados. Aquí sólo vamos a nombrar unos cuantos: caballos, bestias de carga, madera en bruto para la construcción, productos de madera, de cuero, tejidos de lana y lino, fibras vegetales como esparto para cordajes, armas, armaduras, objetos de bronce y hierro, hierbas, medicina, vasos de vidrio y recipientes, y elementos cerámicos de todo tipo (terra sigillata, lucernas, cerámica común y de paredes finas, material constructivo etc).

Reconstrucción de campamento romano. Fuente.

Reconstrucción de campamento romano. Fuente.

En muchas ocasiones, las provisiones eran de origen local. Habría tierras de cultivo cerca de los castra del limes (prata) cuya producción iba destinada al abastecimiento de las tropas allí asentadas. Los artículos que se consideraban esenciales o que tenían mucha demanda se intentaban extraer de la producción local y se importaban si no se obtenían suficientes. La preferencia a la hora de explotar el territorio circundante o prata vendría motivada por lo caro que resultaba el comercio a larga distancia. Por ejemplo, la mayor parte de los recipientes cerámicos, que eran también un producto de primera necesidad, eran elaborados in situ porque era más fácil que transportarlos desde lejos.

 Pero Roma también hacía llegar los productos desde las provincias hasta los ejércitos. Así, las provincias jugarían un papel fundamental en el abastecimiento de productos que el Estado necesitaba en grandes cantidades y de modo continuo, sean tanto productos alimentarios como productos manufacturados. Su continua demanda  favoreció la creación de un mercado controlado por el Estado y orientado hacia el abastecimiento de la Urbe y las fuerzas militares en la zona de la frontera.

 

 

Bibliografía|

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GARNSEY, P. Y SALLER, R., “El imperio romano:economía, sociedad y cultura”, Barcelona, 1990

MENÉNDEZ ARGÜIN, A.R., “Consideraciones sobre la dieta de los legionarios romanos en las provincias  fronterizas del N.O del Imperio”, HABIS, 33, pp. 447-457, 2002

MENÉNDEZ ARGÜÍN, A.R.,  ”Las legiones romanas de Germania (ss.II-III): aspectos logísticos”, Écija (Sevilla), 2004

REMESAL RODRÍGUEZ, J., “La annona militaris y la exportación de aceite bético a Germania“, Madrid, 1986

REMESAL RODRÍGUEZ, J., “Hispania en la política alimentaria del imperio romano”, Hispania: El legado de Roma: En el año de Trajano, Zaragoza, 1998

WHITTAKER, C.R., “Les frontières de l´Empire Romain”, 1989

Redactor: Marta Álvaro Bernal

Lda. en Historia por la Universidad de Sevilla, actualmente cursando el máster de Estudios Históricos Avanzados en su especialidad de Historia Antigua. Interesada en el mundo romano en general y en sus dinámicas sociales en particular. He sido becaria de colaboración y alumna interna en el dpto. de Historia Antigua de la Universidad de Sevilla.

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