El 23-F y la memoria encadenada.

El  23 de febrero de 1981 el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero entraba al Congreso de los Diputados pistola en mano, protagonizando una escena de la transición española que quedaría inmortalizada por las cámaras de Televisión Española. Han pasado ya 33 años de aquel intento de golpe de estado y aún a día de hoy quedan muchos interrogantes que resolver sobre lo que hubo detrás de esa intentona golpista. Esta pequeña reseña pretende narrar los hechos ocurridos, sus precedentes y, por último, plantear algunas de las dudas que desde la disciplina histórica planean sobre el hecho.

Tensión en el parlamento tras la entrada de Tejero. Fuente

Tensión en el parlamento tras la entrada de Tejero. Fuente.

La transición a la democracia española supuso, entre otras muchas cosas, la construcción de un proyecto político que dejó fuera de juego a varias fuerzas políticas que con el régimen franquista gozaban de poder, prestigio y potencial económico. Si bien la transición fue un pacto desde el poder, esto no significó que no hubiera sectores excluidos. Estos sectores, popularmente conocidos como el bunker, tenían entre sus miembros a personajes cuya existencia en el mundo de la política se supeditaba a la existencia del régimen, miembros de sectores financieros y económicos ligados a la dictadura, los sectores más inmovilistas de la Iglesia y por supuesto un no desdeñable número de miembros de las Fuerzas Armadas. No debemos perder de vista que el ejército fue uno de los puntales fundamentales en los que se apoyó el franquismo y que un gran número de sus altos mandos no sólo profesaba una lealtad firme a la figura de Franco, sino que además, gran parte de ellos compartían y defendían la imagen de España que el dictador había construido: el ejército no era un mero agente accidental (un sector que apoyaba al régimen por pragmatismo y no por convicción), sino más bien un elemento constitutivo de la dictadura.

Si tenemos en cuenta lo anteriormente expuesto, no nos debería de extrañar que un sector del ejército actuara como opositor firme del proceso de democratización. Por otra parte, se sumaría a su posición inicialmente antidemocrática la indignación por la legalización del Partido Comunista en 1977, que no sólo propiciaría airadas respuestas desde el ejército, sino también la dimisión del Almirante de la Marina Gabriel Pita da Veiga.

Para algunos mandos del ejército, las fuerzas armadas representaban el espíritu del 18 de julio (el día de 1936 en el que se fraguó el golpe de estado de Franco, fecha fetiche para la ultraderecha española) y en ella se depositaban las esencias mismas de la nación; la democracia, por su parte, era considerada un elemento ajeno a la idiosincrasia española, y en un claro paralelismo entre la Segunda República y la Transición, la presentaban como el principio de todos los males de España. Por tanto, podemos señalar que parte del ejército respondía a un posicionamiento ideológico ultraderechista e involucionista.

En este marco comenzó a gestarse un ambiente de malestar entre algunos miembros del ejército que desembocaría en llamamientos a la salvación de la nación, como el que en septiembre de 1977 se le hizo llegar al Rey de manos de un grupo de militares liderados por De Santiago, donde se incluían figuras como Milans del Bosch o Pita da Veiga; o en la intentona de secuestro del gobierno conocida como ‹‹Operación Galaxia››, coordinada por Tejero e Ynestrillas y que fue desmantelada por la policía.

Alfonso Armada rodeado de militares se dirige al Congreso. Fuente.

Alfonso Armada rodeado de militares se dirige al Congreso. Fuente.

Llegados a este punto es importante remarcar que para que un golpe de Estado se lleve a cabo deben existir una serie de elementos que lo hagan posible. El ambiente enrarecido anteriormente descrito conforma uno de esos elementos: la estructura de oportunidades, es decir, la existencia de un marco favorable en el que desarrollar la acción (el golpe). Por otra parte también debe existir un discurso que aglutine a las fuerzas que participarán en el golpe, es decir, que movilice a los actores golpistas a la acción. Este elemento fue de sobra cubierto por un gran número de publicaciones dirigidas por la prensa ultraderechista afín al franquismo, prensa financiada por simpatizantes y consumida no sólo por militares, sino también por miembros de la sociedad civil. Junto a la prensa también existieron agrupaciones políticas herederas del franquismo que se encargaron de articular un discurso y que concurrieron a las elecciones de 1977 y 1979, pero que observaron cómo sus propuestas involucionistas no tenían el más mínimo respaldo electoral. De esta forma, una vez la ultraderecha fue consciente de su incapacidad para liderar un proyecto político de masas, adoptó la variable golpista como solución final para no perder definitivamente el poder.

Más allá de la existencia de fuerzas reaccionarias en el país, lo cierto es que existía un clima de enrarecimiento político que se veía reforzado por una violenta oposición a Adolfo Suárez, quien no contaba ya ni con el apoyo interno de su partido; por un recrudecimiento de la violencia terrorista de ETA y de las agrupaciones de ultraderecha y el GRAPO; y por una severa crisis económica ligada a la crisis internacional del petróleo. Todas las condiciones de crisis interna estallarían con la dimisión de Adolfo Suárez y con la celebración parlamentaria del 23 de febrero donde se elegiría a su sucesor al frente del gobierno.

¿Cual era el plan de los militares para esa sesión parlamentaria? Frente a la teoría que se ha extendido de que el golpe del 23-F fue la confluencia de muchos planes distintos y que en su heterogeneidad radicó su fracaso, creo que la aproximación de Jesús de Andrés es mucho más certera: en el golpe del 23-F probablemente cada militar tendría una solución distinta para salvar a la patria, pero la trama tenía una dirección clara: involución política y vuelta al orden franquista, a pesar de que cada uno de los protagonistas tuviera un plan o una perspectiva del golpe distinta.

El curso de la acción se desarrollaría del siguiente modo: Tejero tomaría el Congreso a modo golpe de efecto, Pardo Zancada, al mando de la División Acorazada Brunete de Madrid tomaría RTVE para informar del golpe a la población, y en paralelo Milans del Bosch sacaría los tanques a la calle en Valencia y se pronunciaría un bando(1) en clara alusión nostálgica a la Guerra Civil (curiosamente, el bando pronunciado por Milans del Bosch tenía algunas frases copiadas literalmente del bando leído por Saliquet en Madrid durante la Guerra Civil). Por su parte Alfonso Armada, uno de los cerebros de la operación y figura cercana al rey Juan Carlos, se trasladaría a Zarzuela para ser nombrado como sucesor de Adolfo Suárez. A su vez, Milans del Bosch esperaba que el resto de Capitanías Generales se uniera al golpe.

El plan de Armada se basaba en la conformación de un gobierno de concentración con miembros de todos los partidos políticos tras el golpe de fuerza militar y auspiciado por la Corona; era una estrategia de fuerza para someter la democracia. Con lo que posiblemente no contó Armada, ni tampoco Milans del Bosch, fue con la variable de que la Corona no apoyaría el golpe y que, por efecto directo, la Capitanía General de Madrid tampoco lo haría, y con ella el resto de las capitanías generales del país. Con Juan Carlos rechazando públicamente el golpe, éste se deshizo como un castillo de naipes y su fracaso fue inexorable.

Carros de combate por las calles de Valencia tras la orden de Milans del Bosch. Fuente.

Carros de combate por las calles de Valencia tras la orden de Milans del Bosch. Fuente.

No querría acabar la reseña sin compartir unas conclusiones finales, que más que conclusiones son dudas razonables. El relato que aquí os presento tiene mucho de Historia Oficial,  lo cierto es que aún queda mucho trabajo por realizar desde la profesión. Existe un cierto consenso sobre los protagonistas militares del golpe: Tejero, como pieza de acción poco integrada en la conspiración, llegando a niveles tales que en el juicio celebrado al año siguiente él mismo confesaría que no entendía lo que había sucedido el 23-F; Armada, como eje de la conspiración, que se desenvolvió entre medias verdades para coordinar el golpe y que finalmente no supo medir el grado de apoyo que recibiría de la Corona (no supo medir, o se llevó una sorpresa, según qué especialista se consulte); y Milans del Bosch, el militar leal a la corona que despreciaba la democracia. Pero más allá de esto no existen trabajos que indaguen profundamente en las vías de financiación del golpe; tampoco conocemos en profundidad el grado de conocimiento de las partes de la trama (políticos y Corona, fundamentalmente), ni el grado de compromiso que Armada tenía de cada uno.

Por otra parte, la historia oficial, muy amiga de la épica ha gustado de representar a ciertas figuras como heroicas y como servidores desinteresados de la democracia. Trabajos futuros en este periodo nos permitirán conocer cuánto de pragmatismo de supervivencia o de romanticismo democrático tuvo cada decisión tomada aquella madrugada del 24 de febrero.

(1) Edicto, en este caso militar, emitido por una autoridad a la población.

Bibliografía|

CAMARENA, VICENTE, GONZÁLEZ, JESÚS, SIERRA, VERONICA, “El 23-F dos décadas después: apuntes y recuerdos.”, Actas del III simposio de Historia Actual. Logroño: Instituto de Estudios Riojanos, 2002.
DE ANDRÉS, JESÚS, “«¡Quieto todo el mundo!» El 23-F y la transición española”, Historia y Política nº5. Centro de estudios políticos y constitucionales, 2001.
SOTO, ALVARO, “Transición y cambio en España. 1975-1996″, Madrid: Alianza Editorial, 2005.

 

Redactor: Emmanuel Otero-Trassens

Estudiante de máster en Historia Contemporánea y Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla. Soy miembro de la Asociación de Historia Contemporánea e investigo sobre los partidos políticos en la Transición. Soy co-director de Témpora Magazine. Puedes encontrarme en Twitter en @inmanuelxi

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5 Comments

  1. Hola Emmanuel.

    Una buena crónica de hechos, pero hecho de menos que se ahonde un poco más en las posibles variantes de la “historia oficial”. A modo de apoyo, te recomiendo el libro de Javier Cercas “Anatomía de un instante”, centrado en como llegaron a ese momento Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo, y que se basa en varias investigaciones sobre personajes y grupos cuanto menos curiosas, a tener en cuenta para poder tener una visión algo más crítica en mi opinión.

    Un saludo desde Sevilla.

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    • Buenas!

      En efecto no he ahondado todo lo que me hubiera gustado en las variantes de la H. Oficial, más que nada por dos razones fundamentales: en primer lugar la dificultad para acceder a las fuentes para construir una visión más crítica. En el caso del libro de Cercas, no podría decirte la rigurosidad de su metodología (no lo he trabajado, no es una crítica) pero si acepto que podría haberlo utilizado para confrontar algunas afirmaciones. En segundo lugar, la “nueva” historia de la transición (por decirlo de alguna manera) es una tarea que está en construcción y que vive en estos últimos años un momento muy dulce: desde la crítica a la “cultura transición” que se hace desde las publicaciones con un enfoque poscolonial o simplemente opuesto a la “leyenda de la concordia”

      Mi intención con el artículo era ordenar los hechos y plantear que existen dudas razonables sobre la forma en que tradicionalmente nos lo han narrado; quizás, es cierto, me tendría que haber mojado un poco más, cosa que si me estoy comprometiendo a hacer en la investigación que ahora mismo estoy comenzando sobre la transición.

      Te agradezco mucho tus palabras,
      Un saludo (también desde Sevilla)

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      • Desde luego, es un tema muy escabroso. Cualquier libro presenta el problema de que no es fácil decidir quién te cuenta hechos objetivos y quién no, ni si los testimonios son verdad, excusas o visiones parciales por la distancia temporal. Hay demasiados conflictos de intereses que aún afectan a este país…

        Un momento apasionante de nuestra historia, sin duda.

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      • Hola Emmanuel,

        En primer lugar, enhorabuena por el artículo, porque es tal y como considero que debería ser un artículo histórico: riguroso y sin posicionarse en un bando concreto. Centrándote en los hechos y no en las opiniones. Mi más sincera enhorabuena por ello. Por otra parte, quería pedirte algo más de información sobre la «Operación Galaxia», pues hasta que he leído tu artículo no había oído nada acerca de ella y me interesa el tema. Gracias de antemano.

        Un saludo desde Madrid,
        Darío Maestro.

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        • Hola Darío!

          Siento mucho el retraso en mi respuesta, pero desde que salió el artículo han sido unos días bastante complicados. Lo primero, muchas gracias por tus palabras, me alegro que te haya gustado el artículo.

          Sobre la Operación Galaxia: debemos entender la conspiración como una de las manifestaciones prácticas del “ruido de sables” que se oía durante la transición. En resumidas cuentas fue un intento de secuestro del gobierno que se planificó en el café Galaxia entre Tejero y algunos colaboradores, con objetivo de forzar la legalidad democrática. Lo cierto es que la conspiración fue muy “inocente” en el sentido de su escasa planificación real, y la facilidad con que la policía detuvo a los implicados, quienes acabaron durante un periodo muy breve entre rejas, Tejero incluido.

          Más que la importancia en sí mismo de la conspiración, que como te digo no pasa de ser una intentona mediocre, la importancia radica en que nos permite trazar un recorrido de las intencionalidades de un personaje como Tejero, y a su vez también nos habla del clima político que se respiraba durante la Transición.

          Espero haber respondido a tu pregunta. Un saludo!

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