De vandalii a vándalos: los vándalos y su desprestigio historiográfico

En ocasiones, conocer el origen y evolución de las palabras puede resultar interesante a la hora de comprender el momento histórico del que procede. Así ocurre con el término “vándalo” que, según la R.A.E., hace referencia a “hombre que comete acciones propias de gente salvaje y desalmada”, vinculándose además a la falta de civismo, de modales y de civilización. No obstante, antes de analizar el por qué del desarrollo de esta palabra, conviene retroceder y explicar, brevemente, algunos conceptos.

Antiguamente, el término latino vandalii designaba a una serie de pueblos o tribus de origen germánico que efectuaron una serie de migraciones que, desde Jutlandia, les llevarían al Norte de África. Antes de su entrada en el Imperio Romano, estas tribus –que a su vez se conformaban de otras tantas- se dividieron en dos grandes grupos: vandalii asdingos y vandalii silingos.

En el 406 los vandalii -aliados con las tribus alanas y suevas- derrotaron a los francos ripuarios en las cercanías de Tréveris, penetrando en el Imperio con el objetivo de establecerse en un nuevo hogar. No sólo eran guerreros, sino también familias y tribus al completo que huían de la expansión de los hunos que, a su vez, provocaba movilizaciones como la de los godos, que lograron invadir y derrotar a los vandalii en sus antiguas tierras.

Fue entonces cuando murió el rey asdingo Godagisiel (359-406), sucedido por su hijo Gunderico (406-418). Éste proporcionaría un gran impulso a la alianza con suevos y alanos, pasando dos años en la Galia, donde sembraron la destrucción y el caos.

División de Hispania tras el foedus del 409 d.C. Fuente

División de Hispania tras el foedus del 409 d.C. Fuente

En el 409 se desplazarían a Hispania por la invitación de Máximo de Hispania (409-411), un breve usurpador del poder en la Península Ibérica con quien firmaron un foedus, quedando la Península dividida según se puede observar en la imagen 1. Fue un reparto desproporcionado, resultado del desconocimiento geográfico de Hispania, dado que los alanos, la tribu más pequeña, obtuvo el territorio más extenso.

En el 418, los visigodos dirigidos por Valia –foederatii de los romanos- derrotan a los vandalii silingos y a los alanos, quedando ambas tribus diezmadas. Se refugiaron con el dirigente asdingo Gunderico quien, viendo reforzada su posición, abandonó la Gallaecia y se trasladó a la Baetica; consiguió rechazar a los visigodos y atacó las dos ciudades más romanizadas de la zona, Carthago Nova (Cartagena) e Hispalis (Sevilla), en el 425 y 426 respectivamente.

Dos años después moriría Gunderico, sucediéndole su hermanastro Genserico (428-477), con quien se alcanzaría el apogeo de los vandalii. Al poco de ser coronado, Genserico inició una marcha de todo su pueblo hacia África al ser invitados por el comes africano Bonifacio debido a las intrigas que sufría el mundo romano en estos momentos.

Sin embargo, tras atravesar el Estrecho de Gibraltar en el 428, Bonifacio retiró su oferta. Genserico se encontraba con todo su pueblo -unos 80.000, según Víctor de Vita(1)- en territorio hostil. El número de guerreros se calcula aproximadamente en 20.000, pero éstos fueron reforzados mediante la alianza con numerosas tribus beréberes, deseosas de atacar a los romanos, quienes les habían expulsado de sus tierras varios siglos atrás.

Genserico sólo encontró una oposición real en la ciudad de Hippo Regius o Hipona, que finalmente consiguió tomar en el año 435. A partir de este momento, los vandalii se convertirían en los legítimos dueños de la tierra en tanto que el emperador Valentiniano III (425-455) firmó con ellos un foedus, en virtud del cual les cedía todos los territorios conquistados. La paz duraría hasta el año 439, en el que los vandalii tomaron Cartago y, con ello, lograron una capital para su reino lo que, junto con una poderosa flota, les permitiría hacerse dueños del Mediterráneo mediante la piratería y el control de las rutas comerciales.

Tras esto, los vandalii se expandirán con rapidez: Córcega, Cerdeña, Baleares y Sicilia cayeron sin apenas lucha, si bien conviene matizar que el dominio vándalo sobre ellas se debió más a la debilidad imperial que a la fuerza vándala. En el 442 Valentiniano III firmó otro foedus en el que reconocía el dominio de los vandalii sobre estos territorios.

Saqueo de Roma, de Karl Bruillov. Fuente.

Si el emperador firmó este tratado no sólo fue porque no tuviera opción, sino porque pretendía ganar a Genserico como aliado para así poder contrarrestar el gran poder que tenía el general Aecio en el Imperio Occidental. Hay historiadores que sugieren que nació una amistad entre ambos dirigentes, aunque parece más un entendimiento y necesidad mutua, llegándose incluso a prometer a la princesa Eudoxia al hijo de Genserico, Hunerico. De cualquier manera, esto sirvió para legitimar el ataque de Genserico sobre Roma en el 455, cuando Valentiniano III fue asesinado: el conocido saqueo de Roma, del que los vandalii obtuvieron un ingente botín, dado que saquearon la Ciudad Eterna durante dos semanas. Tanto botín obtuvieron del saqueo que, según Procopio uno de los barcos que transportaba estatuas se hundió del peso que llevaba. (2)

El fin del reinado de Genserico se caracterizó por derrotar navalmente a los romanos en dos ocasiones, saquear Grecia y Dalmacia e incluso amenazar Constantinopla.

reino vandaloSu apogeo llegó cuando el emperador oriental Zenón (474-491) firmó un tratado conocido como la “Paz Perpetua”, en la que ratificaba todos los territorios conseguidos por los vandalii.

Máxima extensión del reino vándalo. Fuente

Máxima extensión del reino vándalo. Fuente

Tras la muerte de Genserico, el reino se deterioró con rapidez: se mantuvo la estricta separación entre los romanos y los vándalos, las persecuciones religiosas no cesaron en ningún momento y los monarcas, en general, fueron bastante mediocres. El reino de los vandalii perduró más por unas alianzas estratégicas y una fragmentación de los poderes del Mediterráneo que por la propia fortaleza de este, sobreviviendo hasta la conquista de sus territorios por parte de Belisario, general de Justiniano I (527-565), emperador bizantino en el 533.

Son varios los factores que influyeron en la mala fama de los vandalii. En primer lugar, el problema de las fuentes. Los escritos de Hidacio de Chaves, Víctor de Vita, Paulo Horosio, San Isidoro de Sevilla y Procopio de Cesarea son las principales fuentes que tenemos de los vandalii: todos ellos enemigos, ya sea por motivos políticos o religiosos.

En segundo lugar, las persecuciones religiosas. Desde su entrada en el Imperio, los vandalii mantuvieron un arrianismo militante y convencido -como la mayoría de los pueblos germanos- pero, por desgracia, buena parte de los cristianos romanos habían cambiado el arrianismo por el catolicismo. Como consecuencia, casi todos los autores católicos dejaron constancia de las brutales persecuciones religiosas que sufrieron en el Norte de África.

En este sentido, fue especialmente relevante la muerte de San Agustín, obispo de Hipona, durante su asedio. Aunque San Agustín –autor de la determinante obra De Civitate Dei en la configuración del pensamiento religioso medieval- murió antes de la entrada de los vandalii en Hipona, la Iglesia reaccionó como si éstos hubiesen sido sus ejecutores, lo que influiría notablemente a la hora de recordarlos.

Es decir, la Iglesia -uno de los mayores poderes del Medievo- sufrió graves persecuciones a manos de los vandalii. Si tenemos en cuenta que los únicos historiadores y pensadores durante la Edad Media fueron eclesiásticos y que el espíritu crítico surgió en el Renacimiento, nos encontramos que la historiografía tuvo un milenio para desprestigiar el nombre de una tribu bárbara que, en poco o nada, se diferenció de cualquier otra.

En tercer lugar, hay que señalar que la gran diferencia entre los diversos reinos germanos y los vandalii, dentro del Imperio, es que los primeros acabaron por convertirse al catolicismo mientras que los segundos se mantuvieron fieles al arrianismo hasta la desaparición de la dinastía vándala.

Quizá habría que mostrar mayor empatía hacia los vándalos. Éstos no actuaron de forma diferente a la que habría actuado cualquier otro pueblo germano que buscase establecer un reinado o un estado: probando que eran los más fuertes. Además, tuvieron muchos roces con la población autóctona que, frente al arrianismo de los vándalos, profesaba el catolicismo; y debieron tener especiales problemas con la aristocracia local, que no vería con buenos ojos que un pueblo bárbaro estuviese por encima de ellos.

Sería poco riguroso obviar a Hunerico (477-484), dado que fue uno de los monarcas que peor fama dieron a los vandalii. Su gobierno fue como su personalidad: inestable y peligroso. No supo mantener el equilibrio con la misma habilidad que su padre. Por añadidura, tuvo un desagradable historial con las mujeres ya que a su primera esposa -hija del rey visigodo Teodorico I (419-451)-, le fue devuelta a su padre sin nariz y con el rostro desfigurado después de un par de años casados. Además, desposó por la fuerza a Eudoxia, hija de Valentiniano III; si bien dicho matrimonio había sido pactado por ambos progenitores.

Sin embargo, esto se corresponde más con el reinado de una persona de mentalidad inestable que con la dinastía en sí. En sus inicios, todos los reinos germanos mostraron marcados signos de barbarie como consecuencia del contraste entre una cultura ajena a la romanidad y el supuesto refinamiento romano, además de las fuertes diferencias religiosas que sacudían el Imperio y que iban desde el Paganismo hasta las diversas ramificaciones religiosas del Cristianismo.

Entonces, ¿es realmente justa la fama que hoy en día poseen los vandalii? Personalmente, opino que el significado que hoy en día posee la palabra “vándalo” se corresponde poco a lo que este pueblo realizó, especialmente si consideramos que restantes reinos germanos protagonizaron gestas parecidas.

 

Bibliografía

PAULO OROSIO: Historias. Libros V-VII. Madrid: Editorial Gredos, 1982.
PROCOPIO DE CESAREA: Historia de las guerras. Libros III-IV. Guerra Vándala. Madrid: Editorial Gredos, 2000.
VÍCTOR DE VITA: History of the Vandal Persecution. Liverpool: Liverpool University Press, 2006.
SAN ISIDORO DE SEVILLA: La historia de los godos, vándalos y suevos. León: Centro de estudios de investigación “San Isidoro”, 1975.
HIDACIO DE CHAVES: Cronicon. Salamanca: Ediciones Calasancias, 1984.
GONZÁLEZ SALINERO, R.: Poder y conflicto religioso en el Norte de África: Quodvultdeus de Cartago y los vándalos. Madrid: Signifer libros, 2002.
ARCE, J.: Bárbaros y romanos en Hispania (400-507 A.D.). Madrid: Marcial Pons, Ediciones de Historia, 2007.
GIL EGEA, M. E.: África en tiempos de los vándalos: continuidad y mutaciones de las estructuras sociopolíticas romanas. Alcalá de Henares: Editorial Universidad Alcalá de Henares. 1998.

 

(1) Victor, History of the Vandal Persecution, 1, 2.

(2) Procopio, Historia de las guerras, Libro III, 5, 3-5.

Redactor: Emilio Cerezuela Martínez

Licenciado en Historia por la Universidad de Murcia (2008-2013), especializado en Historia Medieval. Principal interés: tránsito de la Edad Antigua a la Edad Medieval, Alta Edad Media, Imperio Bizantino y pueblos germanos.

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