Historia de la Sexualidad (II): de la servidumbre a la ciudadanía

La Revolución Francesa (1789) tiene unos antecedentes teóricos que abarcan todo el siglo XVIII. En este siglo tuvo lugar el movimiento cultural y político conocido como Ilustración, aunque hunde sus raíces en los dos siglos anteriores.

La organización sexual de los grupos humanos está vinculada a la sociedad en la cual se genera. Esta afirmación puede parecer una redundancia, pero no lo es, puesto que las transformaciones que se dan en los distintos grupos responden a necesidades o contradicciones que el sistema crea; buscando ser satisfechas o resueltas, este sistema construirá una organización sexual, material y simbólica que no es casual. Estas palabras de F. Vázquez García definen esta construcción:

‹‹A partir de la Ilustración, con el nacimiento de la biopolítica, un poder que se ejerce no sobre sujetos jurídicos sino como organismos y episodios biológicos, la “población” se convierte en riqueza de las naciones. No se trata de extraer de ellas sus fuerzas y sus bienes en beneficio del soberano, sino de intensificar su poder biológico, su número y su salud.››

Es con este concepto con el que tenemos que entender la relación del sistema sexo-género y sociedad contemporánea. Ésta no se inicia el 4 de julio de 1776 con la Declaración de Independencia de los EE.UU o con la Revolución Francesa de 1789, sino que se trata de un cambio gradual con avances, retrocesos y resistencias por parte de grupos de población. El Siglo XVIII es conocido como el Siglo de las Luces, haciendo una analogía entre luz y conocimiento en contraposición con los siglos anteriores que se entendían de oscuridad. Si bien es verdad que a partir de 1760 se aceleró de manera notable la producción y difusión del conocimiento, estos cambios no solo los encontramos en el terreno cultural, sino además en el económico y político.

La forma de organización social, política y económica anterior a la Revolución Francesa se conoce como Feudalismo o Antiguo Régimen, llamado así por los revolucionarios franceses. El periodo que sirve de antesala a la Edad Contemporánea se denomina Edad Moderna; y si bien existen fechas que nos ayudan a acotar, la sociedad proveniente del medievo vio aparecer elementos como la burguesía o el capitalismo.

La vida cortesana se había convertido en uno de los pasatiempos favoritos de las clases más altas. Fuente

La vida cortesana se había convertido en uno de los pasatiempos favoritos de las clases más altas. Fuente.

La  del Antiguo Régimen estaba dividida en grupos cerrados a los cuales se pertenecía por nacimiento sin posibilidad de movilidad jerárquica y a cuya cabeza se hallaba la monarquía. El primero lo formaba la Iglesia, que estaba exenta de pagar tributos y poseía enormes propiedades feudales y patrimoniales. Como tal cobraba tributos, además del diezmo, impuesto especial que recibía la Iglesia pagado por los campesinos, estuvieran en sus tierras o no; El segundo lo componía la nobleza poseedora de tierras o no, pero que era la única con posibilidad de acceso a los puestos de poder y representación política; finalmente el tercero correspondía al pueblo llano, formado por el resto de la población, desde ricos comerciantes hasta las personas más pobres, pasando por el campesinado o el artesanado y profesionales (liberales), siendo este tercer grupo el único que tenía que pagar tributos.

El sistema de herencia del feudalismo era el mayorazgo, figura jurídica mediante la cual el hijo mayor de las familias nobiliarias heredaba las propiedades territoriales, evitando así que las tierras se dividieran, quedando las hijas de los nobles excluidas de esta figura. Por otro lado, los siervos y siervas eran el campesinado adscrito a la propiedad feudal. Podían ser vendidos y comprados junto a la tierra. Si bien también existía campesinado libre, la cantidad de uno y de otro dependía de la región. El tipo de organización social era la familia extensa, en la cual varias generaciones de la misma familia ocupaban el mismo hogar. Este tipo de organización social generaba un tipo de organización sexual concreta, ya que por ejemplo la riqueza de los países no se basaba tanto en el número de familias como en el número de hogares. Ésta es una de las diferencias que encontramos con el sistema capitalista y su forma de ejecución a través del biopoder: en la necesidad de aumentar el número de familias para crear mercado.

A nivel cultural, la Ilustración, que comenzó a beber del Humanismo, presenta ante todo una fe en la idea de progreso. Según Palmer y Colton en su libro Historia Contemporánea:

‹‹Planteaba que las condiciones de la vida humana mejoran con el paso del tiempo, en que, por lo general, cada generación es mejor que sus predecesoras y contribuirá con su labor a una vida mejor para las generaciones futuras, y en que,  a largo plazo toda la humanidad participará del mismo avance.››

Esta imagen nos muestras uno de los clubs de lecturas más importantes del Paris de mediados del Siglo XVIII. Fuente

Esta imagen nos muestras uno de los clubs de lectura más importantes del Paris de mediados del Siglo XVIII. Fuente

Los diferentes pensadores y pensadores, aunque estas menos conocidas, propugnaban la separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), la libertad de pensamiento y de religión y la libre unión de los habitantes de los países en pactos por conveniencia y utilidad para sus habitantes.

La razón se convertía en el instrumento clave por el cual el ser humano podía llegar a un estado de perfección total a través de un progreso continuado. Estas ideas sirvieron para criticar y cuestionar de manera directa o indirecta, según las circunstancias, el poder. Encontramos así una nueva mentalidad que propugnaba que el hombre, que no la mujer, podía alcanzar la plenitud. Otro importante elemento fue un fuerte anticlericalismo, pues se culpaba a la religión y a sus privilegios de la mayoría de los males y de haber destruido el mundo clásico, observado como un ideal y modelo a seguir. Estas críticas también se fundamentaban en que la Iglesia Católica seguía ejerciendo un importante control del conocimiento y de la cultura, influyendo de esta manera en la moral de la población y controlado sus relaciones personales y sexuales a través de los pecados y de instituciones como el matrimonio, siendo así una forma de autoridad que ejercía una importante influencia en la vida familiar. Si bien con el feudalismo no existían restricciones para que la mujer trabajase fuera del hogar (en el campo o de sirvienta), el patriarcado y la Iglesia Católica hacían que ésta se encontrase en un segundo plano respecto al hombre. Aunque también es cierto que tras la Revolución Francesa asistimos a una invisibilización y a una reclusión en el ámbito doméstico mucho mayor que en años anteriores.

El número de ciudades comenzó poco a poco a crecer y con ellas una serie de infraestructuras, ya no solo religiosas, sino también seculares como las escuelas o las universidades. En estas universidades se formaban los juristas que eran requeridos por la administración de las monarquías y Estados, además de otras profesiones liberales como la medicina. También el teatro aumentó considerablemente, y es por estas fechas cuando aparecen los primeros periódicos que se convierten en canales fundamentales de difusión de las nuevas ideas. Se extiende el grupo de personas que tenían acceso a la cultura, entendiendo siempre que las que accedían eran las que tenían recursos económicos. Aparecen los museos y las galerías de arte, siendo la pintura neoclásica el reflejo de los nuevos ideales.

El campesinado suponía el 80% de la población europea y no había cambiado mucho desde el SXVII. Fuente

El campesinado suponía el 80% de la población europea y no había cambiado mucho desde el Siglo XVII. Fuente

A nivel económico, a partir del siglo XVIII, se produce una aceleración de los procesos productivos y tecnológicos, sobre todo en Inglaterra, pudiendo hablar en estas fechas del inicio de la Revolución Industrial. Aunque las sociedades eran netamente rurales y no podemos hablar de industrialización hasta el siglo siguiente, se comenzaba a pasar de una economía de supervivencia a otra que tenía como ejes fundamentales la exportación y el consumo. La industrialización también necesitaba de la movilidad de las personas, por eso cuando la revolución industrial se extendió, las regiones feudales se vieron abocados a su desaparición por el empuje industrial y capitalista, ya que se precisaba de una gran movilidad de la mano de obra y la creación de mercados. Toda esta burguesía se enriquecía con el imperialismo y el colonialismo, de una forma no tan perfeccionada como en el siglo XIX, pero igual de arrasadora, pues se basaba en la esclavitud.

Todas estas corrientes y procesos convergieron dando lugar a los Estados-Nación, al nacionalismo, al republicanismo, etc; donde el pueblo dejaba de ser súbdito luchando contra el poder de la monarquía, la nobleza, la Iglesia y sus privilegios. El pueblo quería ser ciudadano del reino o de la república y aspiraba a los ideales Ilustrados de las libertades naturales y la ciudadanía. Pero la inherente lucha de clases presente en la sociedad iba a producir que la conformación de esta nueva ciudadanía fuera desigual.

Bibliografía|

PALMER, R. COLTON, J, “Historia Contemporánea”, Traducción Marcial Suárez de Alfred A.Knopf, Inc. (1978) Madrid: Akal, 1980.

VAZQUEZ GARCÍA, F, “Ninfomanía y construcción simbólica de la femineidad (España, Siglos XVIII-XIX)”, De la Ilustración al Romanticismo: VII Encuentro: la mujer en los siglos XVIII-XIX: Cadiz, Europa y América ante la moderninad/ coord. por Cinta Canterla González, Cádiz: Encuentro de la Ilustración al Romanticismo, 1993.

Webgrafía |

BECERRA REBOLLEDO, M, “La Biopolítica de Foucault: un concepto esencial para entender la sociedad contemporánea”, en EL CIUDADANO. 11-11-2012.                                                                                                                http://www.elciudadano.cl/2012/11/11/59961/la-biopolitica-de-foucault-un-concepto-esencial-para-comprender-la-sociedad-contemporanea/

Redactor: José Manuel Ríos Guerrero

Me llamo José Manuel y soy Licenciado en Historia por la Universidad de Sevilla, además de haber realizado una estancia Erasmus en la Universidade Nova de Lisboa. He sido co-organizador durante cuatro años de los ciclos de Conferencias sobre Homosexualidad y Bisexualidad a lo largo de la Historia, celebrados en la Universidad de Sevilla. Mis principales intereses se centran en la Historia de la Sexualidad, HªEconómica e HªCultural.

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