De francos a carolingios (III). Carlos Martel, Pipino el Breve y «el golpe de Estado divino»

Pocas personas a lo largo de la Historia han obtenido tanto prestigio como logró Carlos Martel tras la batalla de Poitiers (732), considerada como una de las batallas más decisivas e importantes de la Edad Media. En una sola batalla había conseguido asentar su posición dentro del Regnum Francorum, derrotar al invasor musulmán y consolidar su dominio sobre Aquitania, debido a las sucesivas derrotas que sufrió el conde Eudes en los años 731 y 732. Sin embargo, el gran botín que obtuvo Martel fue precisamente el prestigio y la fama de ser considerado en su propio tiempo como el gran defensor de la Cristiandad[1].

Representación aproximada de combatientes de ambos en ejércitos en Poitiers. Angus McBride para Osprey. Fuente.

Representación aproximada de combatientes de ambos ejércitos en Poitiers. Angus McBride para Osprey. Fuente.

Martel no fue ajeno a este prestigio en vida y lo aprovechó para llevar a cabo una serie de acciones que pocos o ninguno de sus predecesores se habrían atrevido, como secularizar bienes de la Iglesia para repartir entre sus partidarios o nombrar obispos y abades conforme a sus intereses en una política que rallaba la provocación directa al Papado. Respecto a la secularización de los bienes eclesiásticos, hay que especificar que para compensar a aquellos que luchaban por Martel, éstos eran recompensados generalmente mediante la entrega de lotes de tierras abandonadas o confiscadas a los enemigos políticos o militares, política que se convertirá en un pilar básico de los francos y que en un futuro no demasiado lejano provocaría grandes problemas por la cada vez mayor descentralización del poder.

La Iglesia Católica nunca se ha caracterizado por aceptar secularizaciones de sus bienes o la intromisión política en el ámbito religioso, sin embargo, el papa Gregorio III (731-741) tenía otras preocupaciones en mente, ya que los lombardos se habían hecho fuertes en la Península Itálica, amenazando la propia supervivencia del Papado. Gregorio III tuvo un buen trato con Liutprando (712-744), quien incluso prometió ceder algunos territorios al Papado[2] pero el papa cometió el error de dar cobijo a los duques de Benevento y Spoleto, enemigos de rey lombardo, por lo que éste amenazó con atacar.

El papa sabía que sólo había dos posibles aliados para librarle de la amenaza lombarda, el Imperio Bizantino y el Regnum Francorum. Del Imperio Bizantino nada podía esperar, ya que éste pugnaba por sobrevivir, sacudido por guerras internas y externas, por lo que sólo quedaba por recurrir a Carlos Martel quien, no obstante, rehusó emprender una campaña contra los lombardos.

Representación de Carlos Martel en la batalla de Poitiers. Fuente.

Representación de Carlos Martel en la batalla de Poitiers. Fuente.

Martel sabía que el Papado pasaba por graves problemas, pero, o no se sentía con la seguridad suficiente como para emprender una campaña militar contra los lombardos o, prefería esperar a una ocasión más propicia ya que, a pesar de su gran éxito en Poitiers, los francos tuvieron que hacer frente a numerosos conflictos, la mayor parte de ellos, de origen interno, convirtiéndose los musulmanes en un problema secundario.

En Aquitania, a pesar de que el conde Eudes se había declarado vasallo de Martel, sus sucesores se mostraron abiertamente hostiles, convirtiéndose Aquitania en el peor enemigo de los francos dentro del territorio que con el tiempo se transformó en Francia[3]. A su vez, Burgundia también planteó numerosos problemas, ya que una buena parte del clero se mostró en contra de las políticas llevadas a cabo por Martel, lo que generó un clima de inestabilidad que lo llevó en su papel como mayordomo de palacio a actuar de forma moderada tanto en un territorio como en el otro.

El culmen de la osadía política de Carlos Martel llegaría con la muerte de Teodorico IV (721-737) al negarse a nombrar otro monarca en vida, lo que demuestra que su poder y su posición eran incontestables dentro del Regnum Francorum si bien, evitó deliberadamente nombrarse rey.

Por mucho prestigio obtenido, la situación de Martel seguía siendo complicada, no sólo por las amenazas internas y externas, sino por la propia rivalidad existente entre los territorios de Austrasia y Neustria, que se habían visto unidos por la amenaza musulmana, pero para ciertos sectores, Martel no dejaba de ser un bastardo que había conseguido ascender debido a una coyuntura favorable. Fue una jugada inteligente, el esperar, de momento, a una oportunidad más propicia para desbancar la dinastía merovingia.

Fuente.

Estatua de Carlos Martel. Palacio de Versalles, París. Fuente.

A su muerte, en el 741 repartiría los vastos territorios entre sus dos hijos, Pipino (741-768) y Carloman (741-747), si bien esta división duró poco tiempo, ya que Carloman decidió en el 747 retirarse a la vida monástica, entregando casi todos sus territorios a su hermano. Así, Pipino, apodado como el Breve[4], se convertirá en dueño y señor del Regnum Francorum, si no nominalmente, sí en la práctica. Para evitar problemas internos nombró como monarca a Childerico III (743-751), aunque desde el momento en que Carloman se retire de la vida política, estará buscando la forma de deshacerse de Childerico III, pero para eso necesitaba una legitimación que sólo podía darle el vicario de Cristo.

En realidad, esta situación no era más que un lógico juego de alianzas. El Papado se encontraba enfrentado a los lombardos y no poseía aliados que pudieran socorrerlo, salvo el mayordomo de palacio franco. Pipino quería proclamarse rey, pero sin el apoyo del Papado el precario equilibrio del reino franco se rompería. Y es que recordemos que el Regnum Francorum no era un reino homogeneizado, sino un conjunto de diversos territorios unidos por la fuerza y no por una cultura común.

Y así, en el año 751, Childerico III era confinado a un monasterio, al tiempo que le cortaban sus cabellos, signo de la realeza merovingia, ascendiendo Pipino al ansiado título real.

«Fue un paso decisivo. Los reyes merovingios eran figuras místicas, casi sagradas, las raíces de cuya familia se hundían en el pasado pagano de los francos. El único modo en que Pipino podía hacerse con un grado aún mayor de sanción divina era formar una alianza todavía más poderosa con la Iglesia. En 750 el papa san Zacarías le dio permiso para deponer al último de los ineficaces merovingios y, al años siguiente, se hizo coronar rey de los francos.»[5]

Favilarules. Fuente.

Le Dernier des Mérovingies, de Evariste-Vital Luminais . Fuente.

Los únicos perjudicados de esta alianza fueron los lombardos. A pesar de haberse establecido en la Península Itálica hacía ya un siglo y medio, los lombardos no consiguieron unificarla, sino disgregarla y fragmentarla aún más. Frente a un poder teóricamente central, que era la corte de Pavía, en donde estaba establecido el rey lombardo, había una serie de condados, entre los que sobresalían el de Spoleto y el de Benevento, cuya autonomía con respecto al poder del rey lombardo era enorme. De hecho, los reyes lombardos nunca dejaron de ser un primus inter pares, pero con muy poca autoridad.

Junto a ellos nos encontramos los restos del poder bizantino en la Península, el cada vez más mermado Exarcado de Rávena y el propio Papado cuya importancia crecía progresivamente debido a la falta de un poder efectivo que uniese el territorio, así como la cada vez mayor conversión de los diferentes pueblos paganos que entraban en contacto con el Cristianismo.

Con la excepción de Liutprando, que había sido un rey bastante respetado dentro de la Península, los siguientes monarcas lombardos duraron poco en el trono y no realizaron acciones de importancia hasta Astolfo (749-756), quien recrudecería los ataques lombardos, conquistando Rávena en el 751 y con la tentativa de atacar Roma. Pero llegó tarde, ya que la alianza entre Pipino y Zacarías II (752-757) estaba firmemente consolidada y Pipino acudió al rescate de su protegido, derrotando a los lombardos en el 754 y 756.

«En 754, el nuevo papa, Esteban III se trasladó a Francia y coronó a Pipino en la abadía de Saint-Denis. Pero esta vez, también coronó a los hijos de Pipino y los nombró patricios romanos, lo que confería a padre e hijos el deber de proteger Roma y, a todos los efectos, apoyar al Papa contra los reyes lombardos que gobernaban la mayor parte de Italia. El resultado casi inevitable de aquel gesto fue la expansión de los francos, y la naturaleza no provocada de las guerras de Carlomagno iban a seguir una tradición que ya estaba firmemente establecida.»[6]

Pipino el Breve, siendo coronado por el papa Esteban III. Fuente.

Pipino el Breve, siendo coronado por el el arzobispo de Mainz. Fuente.

En el 756, Pipino consolidaría definitivamente su alianza con el Papado mediante la conocida como Donación de Pipino, en la que entregaba al dominio papal diversos territorios que incluían Rávena, la región de Emilia-Romagna, Perusa y la Pentápolis[7], ampliando notablemente los territorios que, en su día, cediera Liutprando.

Si bien las guerras contra los lombardos serían, a la larga, las más importantes del reinado de Pipino, en realidad sus mayores esfuerzos estuvieron dirigidos a expulsar a los musulmanes más allá de los Pirineos, ya que, a pesar de la derrota islámica en Poitiers, los musulmanes habían conservado Septimania y Narbona. No hay que entender estas campañas como una Cruzada, sino como una continuación de las largas e intermitentes guerras que los francos habían mantenido contra los visigodos[8].

Fuente.

Estatua de Pipino, el Breve. Wurzburg, Alemania. Fuente.

Se habla incluso de teorías que señalan que partes de Septimania nunca estuvieron bajo el control de los musulmanes, sino de grupos visigodos, los cuales firmarían algún tratado con los musulmanes que sería revocado tras Poitiers. A pesar de que los condes aquitanos intentaron conquistar esta zona para reafirmar su independencia, serían los francos quienes finalmente se hicieran con el control, conquistando Narbona en el 759 gracias a la ayuda de grupos afines dentro de la ciudad que les abrieron las puertas.

A su vez, la conquista de Narbona supuso un duro golpe para los líderes aquitanos, que se encontraron rodeados por todas partes por el Regnum Francorum, lo que debilitó mucho sus posibilidades de independencia, sometiéndola Pipino pocos años antes de su muerte.

En el 768 moría Pipino, dejando dos herederos, Carlos[9] y Carloman, repitiendo de nuevo la división realizada por Carlos Martel antes de su muerte, aunque ya no como mayordomos de palacio, sino como reyes de los francos. Sin embargo, la relación entres Carlos y Carloman no fue, ni tan sencilla, ni tan amistosa como había sido entre Pipino y Carloman, como se descubriría próximamente.

Fuente.

Donación de Pipino, el Breve al Papa Esteban II (754). Fuente.

 

 


[1] Nicolle, D., “Debacle musulmana en Poitiers”, pág. 43, 84.

[2] Este tratado se conoce como “La Donación de Sutri”, por la que Liutprando entregó Sutri y algunos territorios del Lacio al Papado. Fue el germen de los Estados Pontificios ya que, por primera vez en la Historia, el Papado poseía territorios más allá de la ciudad de Roma.

[3] Nicolle, D., “Debacle musulmana en Poitiers”, pág. 85.

[4] El sobrenombre se debía a su baja estatura.

[5] Nicolle, D., “El sueño europeo de Carlomagno”, pág. 7.

[6] Nicolle, D., “El sueño europeo de Carlomagno”, pág. 8.

[7] Conjunto territorial que incluía las ciudades de Pésaro, Rímini, Ancona, Fano y Senigallia.

[8] Nicolle, D., “El sueño europeo de Carlomagno”, pág. 7.

[9] Conocido, simple y llanamente como Carlomagno.


 

Bibliografía|

FERRO, M., “Historia de Francia“, Madrid: Cátedra, 2003.

HEERS, J., “Historia de la Edad Media“, París: Presses Universitaires de France, 1976.

NICOLLE, D., “Debacle musulmana en Poitiers“, Oxford: Osprey Publishing, 2008.

NICOLLE, D., “El sueño europeo de Carlomagno“, Oxford: Osprey Publishing, 2008.

TORNER, S., “Historia General de Francia“, Barcelona: Editorial La Enciclopedia Ilustrada, 1880.

Redactor: Emilio Cerezuela Martínez

Licenciado en Historia por la Universidad de Murcia (2008-2013), especializado en Historia Medieval. Principal interés: tránsito de la Edad Antigua a la Edad Medieval, Alta Edad Media, Imperio Bizantino y pueblos germanos.

Comparte este artículo

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current ye@r *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR