De alimañas a mascotas: historia de la rata en Europa

“[...] A menudo aun estábamos reducidos a alimentarnos de serrín, y, hasta las ratas, tan repelentes para el hombre, habían llegado a ser un alimento tan delicado que se pagaba medio ducado por cada una”.

Si bien pareciera un extracto de una novela distópica, la realidad es que Antonio de Pigaffeta, cronista de la expedición de Magallanes-Elcano, hizo esta confesión en su diario, más tarde convertido en la obra Relazione del primo viaggio intorno al mondo (1524) y principal fuente de información de la que fuera la primera vuelta al mundo.

En cualquier caso, y aunque en esta ocasión el papel de la rata fuera meramente anecdótico, actualmente estos roedores gozan de cierta importancia en el mundo científico debido a ciertas características biológicas, que las sitúan en una posición privilegiada en cuanto a animales modelo de experimentación se refiere. Gracias a ellas, además de otros animales, se pueden hacer numerosos avances científicos en ámbitos tan importantes como la diabetes, el alzheimer o la regeneración de tejidos.

Cuando hablamos de ratas tendemos a pensar en la rata parda, rata noruega, común, o rata de alcantarilla (Rattus norvegicus). Existe sin embargo otra especie del mismo género, la rata negra, de barcos o de tejados (Rattus rattus). Si bien ambas se parecen, estas dos especies han trazado su historia por caminos diferentes, y, dependiendo del momento histórico, su presencia ha afectado de forma desigual a la población de entonces.

Historia filogenética.

El género Rattus (que abarca más de 150 especies), en el que se incluyen nuestras dos especies de ratas (las únicas del género que habitan en Europa), surgió en el Mediterráneo Oriental, India, China y Japón entre 3.5 y 6 millones de años. Ocurrió al poco de su origen un proceso de especiación, proceso por el cual una población original da lugar a una o varias poblaciones diferentes, aisladas reproductivamente de la población anterior (esto quiere decir que la reproducción entre dos especies diferentes no es viable, o da lugar a organismos infértiles, como la mula o el ligre). Durante este suceso surgió en primer lugar la rata noruega, y 2 millones de años después (¡hace sólo 400.000 años!) apareció la rata negra.

Rattus rattus.

Parece que la primera especie de ratas en llegar a Europa fue la rata negra. A R. rattus se la puede localizar en la actualidad en prácticamente cualquier hábitat que pueda soportar su dieta vegetariana. Esta especie prefiere los climas templados, y normalmente se la encuentra en las zonas costeras, aunque existen registros de ratas negras que viven a 250 metros de altitud. En cualquier caso, la podremos encontrar en lugares con presencia humana, dentro de su rango. Y es que, aunque parezca que son animales asilvestrados e independientes del ser humano, la distribución de las ratas se encuentra íntimamente ligada a la del hombre debido a su carácter oportunista.

Según varios estudios, se afirma que esta especie ya se encontraba de forma natural en algunos puertos del Mediterráneo Oriental antes de la época romana. Sin embargo, durante este periodo, la constante actividad en las grandes ciudades portuarias y los largos viajes marítimos provocó la rápida dispersión de la rata negra hacia lugares más alejados de su origen, como Gran Bretaña o Irlanda. No fue hasta la Edad Media temprana que la difusión de este animal se vio en declive debido a la disminución de actividades marítimas. Fue en la era de los descubrimientos (siglo XV), gracias a las numerosas exploraciones en barco por rutas hasta entonces desconocidas, que la población de la rata negra volvió a aumentar y pudo conquistar otros lugares del mundo.

Rattus norvegicus.

Por otro lado, la más conocida rata noruega es una especie cosmopolita, es decir, que se encuentra distribuida por todo el globo (excepto en el Ártico y la Antártida). Cuando nos referimos a las ratas de manera general solemos aludir a esta especie, ya que es la que predomina, e históricamente expulsó a la rata negra de su hábitat natural debido a su carácter más agresivo. La rata común soporta mejor las temperaturas frías, hecho que favorece su amplia distribución. Además, se la puede encontrar en altitudes de hasta 1000 metros, aunque a partir de entonces ya es rara su presencia.

Esta especie tuvo su origen en China y en la zona oriental de la antigua URSS, desde donde comenzó su expansión hacia zonas más occidentales. Existen dos teorías sobre su dispersión: la primera es que fue un proceso natural, mientras que la segunda hace alusión, de nuevo, a los viajes en barco, de los que se pudo servir esta rata para llegar a otras partes de Europa. En cualquier caso, durante los siglos XVI y XVII ya se encontraba en la zona central de Europa, y en el siglo XVIII llegó a Francia, conquistando España en el siglo XIX. De este hecho se dice, aunque no podemos confirmarlo de manera científica, que la rata noruega entró en el país acompañando al ejército de Napoleón en su invasión a España a principios del 1800.

R. rattus y R. norvegicus pueden parecer bastante similares. Sin embargo, algunas características morfológicas hacen de su distinción un trabajo bastante intuitivo. Rattus rattus en general suele presentar un cuerpo más estilizado. Esto ha favorecido que las ratas negras sean grandes escaladoras, que hacen de los árboles y tejados sus zonas preferidas para habitar. Las ratas noruegas, por el contrario, prefieren excavar madrigueras en la naturaleza, y suelen vivir más en compañía de sus congéneres, llegando a formar grandes colonias.

Morfología comparada de R. rattus y R. norvegicus. Imagen obtenida del artículo Rats Are People, Too! -

Morfología comparada de R. rattus y R. norvegicus. Imagen obtenida del artículo ‘Rats are people, too! Rat-human relations re-rated (B. Edelman, 2002). Fuente.

Historia en Europa.

La presencia de las ratas nunca se ha considerado algo positivo en las ciudades, debido a los problemas sanitarios y estéticos que generan. Lamentablemente esta visión ha sido perpetuada por varios momentos históricos donde estos animales han asumido papeles tan poco favorecidos como el de vector de enfermedades o responsables de daños en los cultivos.

Plaga Justiniana (años 541 – 542)

Antes de la Edad Media ya existió una plaga que acabó con la vida de 50 millones de personas, en torno al 20% de la población mundial de aquel entonces. La conocida como Plaga de Justiniano, nombrada así en honor al emperador que por entonces gobernaba en el Imperio Bizantino, Justiniano I (527-565), desbarató las intenciones de éste de restablecer el Imperio Romano. Tras el brote de esta enfermedad en el 541 la cultura en las ciudades se vio bastante reducida, puesto que afectó con mayor agudeza a los pequeños núcleos familiares, principalmente al clero y a las familias más acomodadas. El descenso de la población hizo que los ejércitos mermaran, quedando así expuestos territorios que fueron invadidos rápidamente por otras culturas.

La causante de esta plaga es la ya conocida Yersinia pestis, un bacilo presente en las pulgas de la rata negra y otros pequeños mamíferos, y causante de la peste bubónica. Parece evidente que la transmisión de esta enfermedad va de la mano de la presencia de ratas. Sin embargo, descubrimientos de afectados, principalmente a causa de la gran epidemia ocurrida durante la Edad Media, prueban que la historia ha podido ser injusta con el papel de las ratas como vectores unánimes de plagas durante esta época.

Peste Negra (año 1347)

Quizás el acontecimiento más remarcable para la rata fuera la ya mencionada Peste Negra durante la Edad Media en 1347. Antes de que el azote diera el pistoletazo de salida, las ciudades ya se estaban preparando para acoger a una vasta variedad de enfermedades. Esto fue debido al hacinamiento de los animales, cuando no a la convivencia en la misma habitación con el ganado, la poca salubridad en las calles y la devastadora hambruna que sufría la población debido al descenso de las temperaturas, provocando un declive en la producción de las cosechas. La escasez de comida fue tal durante aquellos años que incluso las familias más adineradas apenas podían permitirse comprar trigo, alimento cuyo precio cada vez era más desorbitado. Las condiciones fueron tan desesperadas que los animales fueron sacrificados en masa para subsanar las carencias alimenticias. Y ni siquiera esto salvó la situación, ya que incluso se tomaron medidas tan drásticas como mezclar pan con excrementos de paloma o cerdo, o comerse cadáveres de animales que habían muerto por infecciones.

Le Miroir Historial, S. XV. Musée Condé, Château de Chantilly. Fuente.

Ratas devorando a un cadáver. Le Miroir Historial, S. XV. Musée Condé, Château de Chantilly. Fuente.

Aunque existen pocos registros durante esta época del papel de las ratas como vectores de la peste bubónica, durante el siglo XX estos animales fueron tildados como responsables de la enfermedad. No obstante, hay estudios que demuestran que la presencia de la rata (principalmente la rata negra, ya que por entonces Europa no había sido invadida por la rata noruega) no es suficiente para explicar el rápido y extenso contagio de esta enfermedad.

Las principales causas en las que se basa esta teoría es que, en numerosos textos de la época, se dice que la enfermedad siempre era más nociva en otoño, lo cual se contradice con la estacionalidad de la rata, cuya población decae en los meses de otoño e invierno. Otra de las razones es que, tradicionalmente, una plaga se ve precedida por una mortalidad en masa del animal vector. En este caso, sí hubo constancia de la muerte masiva de varias especies animales, como los perros, gatos, vacas, cerdos y ganado en general. En ningún caso se menciona la rata. Esto no quiere decir que Rattus rattus no estuviera implicada en la transmisión de la enfermedad. De hecho, su afinidad por los barcos pudo ser la causante de que la peste se extendiera más allá de Europa, haciendo que se infectara a la tripulación y a los cereales que se transportaban.

Época Victoriana (s. XIX).

Dejando de lado esta época tan oscura para la humanidad, otra etapa igual de lóbrega para las ratas, esta vez para la noruega, fue la época victoriana. El cronista Henry Mayhew da fe de ello en su obra London labour and the London poor (1967) introduciendo a las dos personalidades que más nos conciernen en nuestro ámbito: Jack Black, el cazador de ratas de la reina Victoria, y Jimmy Shaw, propietario de los mayores y más famosos pozos de ratas de la ciudad.

Bajo órdenes reales, Jack Black se dedicaba de manera oficial al exterminio de ratas, y se paseaba por las ciudades luciendo un uniforme con motivos de roedores, junto con ejemplares vivos a los que envenenaba públicamente (haciendo alarde del potente veneno que poseía) para el deleite de la población. Además de dar muerte a miles de ejemplares de Rattus norvegicus, Jack Black atrapaba a estos animales que posteriormente vendía a Jimmy Shaw, el cual las utilizaba para actividades y deportes, a los que se referían con el término ratting. Probablemente las actividades más escabrosas fueran los anteriormente mencionados pozos de ratas. En ellos, Jimmy Shaw vendía estos animales, considerados como alimañas, a propietarios de perros. La actividad consistía en soltar al animal en un pozo lleno de ratas, y ver a cuántas mataba el can, o cronometrar el tiempo que tardaba en exterminar a los roedores. A pesar del éxito que gozó esta actividad durante mediados del siglo XIX, los pozos de ratas fueron finalmente prohibidos en 1870.

Rat Pit (Pozo de ratas),  Edward H. Savage. En su obra Police Recollections; or Boston by Daylights and Gaslights (Boston, 1873). Fuente.

Rat Pit (Pozo de ratas), Edward H. Savage. En su obra Police Recollections; or Boston by Daylights and Gaslights (Boston, 1873). Fuente.

Aunque las actividades tanto de Black como de Shaw fueran bastante turbias, fueron también los primeros en domesticar y convertir a la rata en un animal de compañía. Sobre todo Jack Black, del cual se tiene registros de haber hecho cruces de diferentes ejemplares para obtener así una determinada coloración en el pelaje. Fue tan famoso que celebridades como Beatrix Potter, escritora de cuentos infantiles además de naturalista y conservacionista, adquirió ejemplares domesticados por Black, e incluso dedicó su obra The tale of Samuel Whiskers a su rata de compañía.

Biología.

Desde entonces se han ido seleccionando a diferentes ejemplares de ratas, creando así variedades que han permitido que sea un animal que actualmente goza de cierta aceptación como mascota, debido a su carácter juguetón y a su inteligencia.

Y es que, a pesar de su aparente simpleza, la biología de las ratas ha fascinado a científicos de todo el mundo. Posee patrones de comportamiento tan interesantes como el denominado “efecto del compañero envenenado”, que explica cómo estos animales pueden sobrevivir de forma exitosa al envenenamiento. Las ratas pueden asociar la nocividad de un alimento interaccionando con un compañero envenenado tras su ingesta y adivinando su malestar. También son capaces de asociar un alimento en concreto con su toxicidad dadas sus molestias gástricas.

Otra pauta conductual que asombra y asusta a partes iguales es el “efecto Bruce”. Las ratas generalmente viven en colonias, y éstas pueden tener una jerarquía diferente en función de la densidad de población. En cualquier caso, pueden existir luchas de poder entre los machos, y el infanticidio no es un caso aislado entre los mamíferos, no siendo una excepción los roedores. Tal es así que hay ocasiones en las que el orín de una rata macho, mediante las feromonas que desprende, induce a la hembra a abortar la camada que estaba gestando. La finalidad de esto es hacer que la hembra vuelva a ser receptiva y fértil, permitiendo así que el macho en cuestión pueda aparearse con esa hembra.

En cuanto a sus propiedades sensitivas, sabemos que la vista de estos animales es más bien pobre, pero esto no significa que vayan a tientas. Al contrario, utilizan sus vibrisas (bigotes) para la vista a corta distancia, pudiendo identificar la forma tridimensional del objeto que examinan, medir el tamaño de las cosas y orientarse en el espacio. Incluso pueden oír con ellas debido a la vibración que se genera en estos bigotes. El olfato es otro de los sentidos más potentes, llegando a reconocer por éste el sexo del individuo al que olfatean, el estatus social en los machos, el estrés y, en las hembras, pueden incluso adivinar su estado reproductivo o saber si es gestante o lactante.

A pesar de que todas estas características hacen de este animal un ser digno de estudio per se, son otras cualidades las que han provocado que la rata sea un perfecto animal modelo para la investigación. Si nos basamos en propiedades biológicas, el motivo del éxito de la rata (en ámbito científico se utiliza principalmente a Rattus norvegicus) es el corto periodo de gestación y la rápida reproducción que poseen. Las hembras, cuando son fértiles, están receptivas en periodos de 20 horas, cada 4-6 días. Tras la cópula, de ser exitosa, se produce la gestación que dura entre 21 y 26 días, dando como resultado camadas de ratas ciegas, sordas y sin pelo en un número que varía entre 2 y 22, siendo la media 9 crías. Una hembra, al año, puede tener hasta 10 camadas, lo cual supone que la población de ratas aumenta de forma exponencial. Es por esto que las ratas tienen tanto éxito en el mundo científico, y es que sin tener que esperar mucho tiempo se pueden obtener varias líneas generacionales que permiten estudiar de manera fiable la heredabilidad de enfermedades de naturaleza genética, entre ellas el cáncer.

Para terminar este artículo en el que se espera haber desmitificado un poco el papel tan oscuro de las ratas, la dedicatoria del mencionado libro de Beatrix Potter, The Tale of Samuel Whiskers, a su rata mascota, Sammy.

 In remembrance of
“Sammy”,
The intelligent pink-eyed representative
Of
A Persecuted (but irrepressible) race
An affectionate little friend,
And most accomplished
Thief!
(En memoria de “Sammy”, el inteligente representante de ojos rosas de una raza perseguida (pero indomable), un pequeño y cariñoso amigo ¡y el más consumado ladrón!)

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Proyecto Sierra de Baza, “Rata Común (Rattus norvegicus)“, Revista Digital Sierra de Baza. Recuperado el 16 de octubre de 2017, desde http://www.sierradebaza.org/index.php/component/content/article/109-principal/fichas-tecnicas/f-fauna/mamiferos/iv-orden-rodentia-o-roedores/familia-muridos/subfamilia-murinos/170-rata-comun-rattus-norvegicus

Redactor: Victoria Campón

Graduada en Biología. Actualmente cursando Máster en Conservación de la Biodiversidad por la UHU.

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