Cuando la izquierda española fue patriótica

Este artículo ha sido publicado previamente en The Social Science Post

Escribe| Enrique Roldán Cañizares

<<Cuando yo hablo de mi nación, que es la de todos vosotros, y de nuestra patria, que es España, cuyas seis letras sonoras restallan hoy en nuestra alma como un grito de guerra y mañana con una exclamación de júbilo y de paz; cuando yo hablo de nuestra nación y de España, que así se llama, estoy pensando en todo su ser, en lo físico y en lo moral; en sus tierras, fértiles o áridas; en sus paisajes, emocionantes o no; en sus mesetas, y en sus jardines, y en sus huertos, y en sus diversas lenguas, y en sus tradiciones locales. En todo eso pienso; pero todo eso juntounido por la misma ilustre historia; todo eso constituye un ser moral vivo que se llama España>>.

Manuel Azaña Díaz, Discurso pronunciado el 18 de julio de 1937 en la Universidad de Valencia.

Este artículo nace de una idea básica: los ciudadanos españoles de izquierda no se sienten identificados con los símbolos distintivos de la nación española, ni siquiera con la palabra España. Desde mi perspectiva, el fundamento de este hecho es claro: durante los más de 35 años de dictadura franquista se impuso la idea de la España una, del anticomunismo y del catolicismo; estableciendo un nacionalismo represivo y excluyente que bajo ningún concepto tenía el propósito de integrar a aquellos que se separasen de dichas consignas, sino que por el contrario, buscaba su exclusión y su separación del sentimiento español. De este modo se desarrolló un contexto que marcaría las tendencias nacionalistas de los partidos de izquierda durante la Transición española y que se ha mantenido hasta nuestros días. Para profundizar en esta idea y acabar con la concepción de que la izquierda española nunca ha sentido la identificación a la que nos referíamos al inicio, me gustaría sumergirme en el periodo más trágico de nuestra historia contemporánea, un periodo que a su vez se caracteriza por la contundente demostración de sentimiento patriótico por parte de la izquierda: la guerra civil española.

Lo cierto es que el patriotismo cobra fuerza en el bando republicano pocos días después del 18 de julio, tal y como se desprende de los discursos radiados tras el fracaso del golpe por parte de figuras relevantes de la II República como Manuel Azaña[1] o Indalecio Prieto[2]; algo que en los meses posteriores, y como consecuencia del fracaso de la ofensiva rebelde sobre Madrid, se trasladaría a la prensa[3], la propaganda o el cartelismo. Lo cierto es que los diferentes partidos políticos y organizaciones sindicales que se habían encargado de frenar el golpe de estado no podían imponer por sí solos sus objetivos; del mismo modo que el Estado republicano, debilitado tras el desmoronamiento de la estructura estatal como consecuencia del golpe, no tenía la fuerza suficiente para que sus mandatos y disposiciones fuesen aplicados. Pero había una idea que era compartida por todos estos actores: era fundamental ganar la guerra, bien para construir un posterior estado socialista, para alcanzar el anarquismo libertario o para volver a sentar la bases de una democracia liberal; y para ganar la guerra, el recurso a la patria, y como consecuencia, a la identificación entre República y patria, se convertiría en un elemento fundamental que sirvió para aglutinar a todas las corrientes políticas y sociales que, aun teniendo diferencias prácticamente insalvables, deseaban el triunfo de la II República contra los militares sediciosos.

Pero independientemente de las arengas patrióticas de inicios de la guerra, hay un partido político, que, contra todo pronóstico, es el primero en apelar a elementos patrióticos, se trata del Partido Comunista de España. Realmente, y a pesar del carácter internacionalista del comunismo, no debe sorprendernos el viraje y el uso de terminología patriótica, ya que en el VII Congreso del Comintern, celebrado en 1935, se dio instrucciones a los partidos comunistas para que éstos comenzasen a utilizar un lenguaje patriótico, evitando así que éste fuese monopolizado por el fascismo; algo que comenzó a plasmarse por parte de los comunistas españoles en la campaña electoral que dio la victoria al Frente Popular en 1936.

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Celebración del advenimiento de la República. 14 de abril de 1931. Fuente.

Pero el uso de referencias patrióticas por parte del PCE se conectó, como no podía ser de otro modo, con el ámbito internacional. Esto se hizo presentando la guerra civil como la defensa del pueblo español ante una guerra impulsada por el fascismo imperialista, lo que colocaba a España en la primera línea de la lucha antifascista. Esto es algo que se desprende, por citar un ejemplo, de las palabras del comunista José Díaz, quien diría que la guerra civil se trataba de “una guerra nacional, una guerra por la independencia de España, gracias al apoyo descarado que los fascistas alemanes, italianos y portugueses ha[bía]n prestado a los facciosos”. Unos italianos que eran presentados como afeminados, cobardes y presuntuosos; mientras que los alemanes eran tildados de arrogantes, militaristas rudos y crueles; y los españoles que habían apoyado el golpe, no eran más que marionetas de dictadores extranjeros.

La identificación de la República con España y la exaltación que el PCE hizo de las referencias patrióticas se extenderán rápidamente a otros partidos políticos de izquierda, algo que se puede apreciar en el manifiesto del Frente Popular que el 23 de septiembre de 1936 firman conjuntamente entre PSOE, PCE, Izquierda Republicana y Unión Republicana. Dicho manifiesto apuntaba que el fascismo era el enemigo del pueblo español, al igual que afirmaba que el fascismo español se había encargado de vender pedazos de tierra española a las potencias extranjeras, unas palabras, como se puede observar, cargadas de reminiscencias patrióticas. Los anarquistas por su parte, a pesar de mostrarse reticentes al uso de retórica patriótica y situarse en un primer momento a remolque de los comunistas y los republicanos de izquierda, también hicieron suyo el vocabulario patriótico. En este sentido, referencias a España y a la anti-España fueron hechas por parte de los anarquistas, pudiendo destacar, entre muchas, las palabras de Juan Peiró, quien diría respecto de la patria que ésta “se siente o no se siente, y los anarquistas la hemos sentido siempre […]. El sentimiento de patria, el amor a la tierra que nos vio nacer, no son incompatibles con los principios internacionalistas”. Por su parte, los ministros anarquistas Federica Montseny Joan García Oliver cargarían sus discursos de elementos patrióticos, mientras que Diego Abad de Santillán llegaría a afirmar que existía un “parentesCo racial” entre “el espíritu indomable de Viriato y las campañas de Buenaventura Durruti”.

Esta referencia a Viriato es ejemplo del uso que se hizo del historicismo por parte de la II República para alentar el sentimiento nacionalista. Dolores Ibarruri, la Pasionaria, llegaría a decir que “olvidaban que ya España tuvo una guerra de independencia, y que nuestro pueblo escribió en ella las páginas heroicas y gloriosas de Gerona, de Zaragoza, de Bailén y de Madrid”. Estas referencias a la guerra de independencia contra las tropas napoleónicas fueron solo parte de las referencias históricas usadas por los líderes republicanos, los cuales no dudarían en recurrir a los sitios de Sagunto y Numancia, al Cid Campeador, al Gran Capitán e incluso a los conquistadores de América.

El discurso patriótico de la II República en guerra, que como hemos podido ver surgió en los primeros días del conflicto, fue fortaleciéndose a medida que este avanzaba, siendo una periodo clave el ecuador de 1937, cuando surgió la necesidad de reclutar soldados que no estaban encuadrados en organizaciones políticas y sociales y sobre los que, consecuentemente, los mensajes de igualdad y justicia social, por poner un ejemplo, no eran tan efectivos como podía serlo el de defensa de la patria. El fortalecimiento del discurso nacionalista español alcanzó su punto álgido en 1938, algo que ocurrió siguiendo la misma lógica que lo fortaleció durante 1937; en 1938 la guerra se estaba perdiendo de forma definitiva y se necesitaba todo el esfuerzo humano posible. Sin embargo, es conocido el desenlace de la guerra civil española; la victoria del bando rebelde y la represión  ejercida por el franquismo contra los republicanos hizo que el patriotismo de izquierdas, que llegó a su punto álgido durante la guerra civil española, no volviese a darse entre los ciudadanos españoles de izquierda, para los cuales quedan atrás las palabras que Juan Negrín pronunciase en uno de los discursos más patrióticos que se le recuerdan a un socialista español:

“Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: ¡España!”.

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[1] En un discurso del 23 de julio de 1936 Azaña diría que la resistencia frente a los militares golpistas era equiparable a la resistencia del 2 de mayo frente a las tropas napoleónicas.

[2] Indalecio Prieto diría lo siguiente: “La única patria es la nuestra, fundada en el trabajo, justicia cultura. La negación de todo eso es la patria de ellos, la anti-patria”. Vid. Santos Juliá. “La nación contra el pueblo: dos Españas y… ¿la tercera?”

[3] El 25 de julio de 1936, el ABC, que pasó a recibir el subtítulo de “Periódico Republicano de Izquierdas”, recogía en sus páginas que el conflicto que acababa de estallar era una nueva guerra de independencia contra los traidores de la patria.

Bibliografía|

Andrés de Blas, Juan Pablo Fusi y Antonio Morales, (eds.), Historia de la nación y del nacionalismo español, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2013.

Javier Moreno Luzón (ed.), Izquierdas y nacionalismos en la España contemporánea, Madrid, Editorial Pablo Iglesias, 2011.

Xosé M. Núñez Seixas, ¡Fuera el invasor!, Madrid, Marcial Pons Historia, 2006.

Carlos Taibo (ed.), Nacionalismo español, Madrid, Catarata, 2007.

Redactor: The Social Science Post

Escribe thesocialsciencepost.com en colaboración con Témpora Magazine. "Acercar los sesudos estudios doctrinales, clarificar lo aparentemente ininteligible para unos pocos doctos, y acercarlo a la divulgación y al conocimiento general, desde una perspectiva crítica y a la vez lo suficientemente rigurosa, se convierte así en nuestra principal tarea."

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