Cotidiana vitae (VI): De cómo los romanos disfrutaban en la intimidad

En este nuevo capítulo de Cotidiana vitae volveremos a hablar del sexo en Roma. En el anterior artículo acabamos con las posturas que nos describía Ovidio en su Arte de amar y vamos a profundizar en el tema. A parte de la cuestión “estética” de estas posturas, ¿solamente usaban estas o conocían muchas más? Pues ciertamente, conocían muchas más de las que nos podemos imaginar. En los inicios del siglo XIX un filósofo, Friedrich-Karl Forberg publicó un estudio sobre la conducta sexual basado en textos antiguos (sobre todo griegos y romanos). Al final de este estudio, elaboraba una lista de posiciones que asumían los antiguos para practicar sexo y reúne un total de 85 posturas nada más y nada menos.

¿Realmente los romanos adoptaban todas estas posturas? Pues naturalmente es imposible saberlo. Ellos eran creativos y pasionales, como nosotros, ya que no fue hasta la llegada del cristianismo, cuando el sexo se convirtió en pecado e infundió la sensación de culpa al realizarlo. No obstante, algunas de las posturas sexuales que adoptaban los romanos, podemos conocerlas a través de los frescos “eróticos”, las estatuillas o las lucernas que han llegado hasta nuestros días.

En los frescos, las posturas más características son las del misionero (el hombre encima de la mujer), la de la “leona” (la mujer a cuatro patas y el hombre detrás, en la actualidad recibe otro nombre) y la Venus pendula (o pendula conversa, es decir la mujer montada sobre el hombre, de rodillas o sentada con las piernas muy abiertas, esta misma postura con la mujer dándole la espalda al hombre, aparece representada muchísimas veces por lo que debía de gustar mucho, se conoce cómo pendula aversa o equis aversis).

Fresco de las termas suburbanas de Pompeya que representa algunas posturas sexuales, una de ellas tabú. Fuente

Fresco de las termas suburbanas de Pompeya que representa algunas posturas sexuales, una de ellas tabú. Fuente

A parte de las posturas, en los frescos podemos observar pequeños detalles que nos permiten configurar un dormitorio romano o cubiculum o el aspecto que estaba de moda en la época. Un ejemplo es que el pelo siempre se representa en un moño, recogido con horquillas, o unas trenzas enrolladas encima de la cabeza. A diferencia de hoy, las mujeres romanas no consideraban como algo sensual soltarse el pelo. También muchas mujeres son representadas haciendo el amor con un sujetador abrochado, a diferencia de hoy día, que desabrocharlo es uno de los gestos con más contenido erótico de los preliminares.

Como ya dijimos en el primer artículo sobre el sexo, dentro del matrimonio las relaciones sexuales eran sosas, inmóviles, por lo que todos estos frescos que representan posturas sexuales, lo más probable, es que reflejen los actos sexuales extramatrimoniales, y que las representadas sean las escorts o las prostitutas de los burdeles, por eso vemos tal cantidad de posturas, porque el sexo fuera del matrimonio lo que buscaba era el placer. Los frescos también nos permiten ver que las mujeres se depilaban completamente, incluso sus partes íntimas, era una costumbre muy generalizada. En el caso del hombre, depilarse los genitales no era símbolo de virilidad, por lo tanto, era muy raro ver a un hombre con los genitales depilados.

Siguiendo con las posturas representadas, tenemos la fellatio, es decir, una mujer dándole placer oral a un hombre. Esta postura la vemos tanto en frescos como en lucernas. Sin embargo, en el caso contrario, un hombre dando placer oral a una mujer (o cunnilingus) es muy extraño verlo representado, ya que es el mayor tabú sexual para un hombre romano. Uno de los ejemplos de una representación sexual de un cunnilingus lo encontramos en una lucerna encontrada en Chipre, con la clásica postura del “69” donde los dos amantes se proporcionan placer, al mismo tiempo, de forma oral.

Lucerna encontrada en Chipre donde se representa la postura del "69". Fuente

Lucerna encontrada en Chipre donde se representa la postura del “69″. Fuente

También encontramos representaciones de sexo en grupo o symplegmata (entrelazamientos). Se pueden ver con cierta frecuencia, lo que nos indica que podría ser una práctica extendida. En una lucerna encontrada en Creta, una mujer está haciendo el amor de pie con un hombre, agarrándolo con las piernas, mientras otro hombre la penetra desde atrás. Es muy raro ver la representación de una mujer siendo penetrada por detrás, ya que habitualmente es una práctica que solamente se da en hombres. Marcial en sus Epigramas (XI,22) nos dice lo siguiente:

“La naturaleza ha dividido al varón en dos partes: la una ha nacido para las mujeres, la otra para los hombres. Usa la parte que es tuya.”

A parte de las representaciones de sexo en grupo, tenemos inscripciones que nos aseveran que era algo común. En Pompeya tenemos la siguiente inscripción:

“El día 21 de noviembre Epafra, Acuto y Aucto se llevaron a su casa a una mujer tras pagar cada uno 5 ases, para un total de 15. En aquella época eran cónsules Marco Mesala y Lucio Léntulo”.

¿Estaba prohibida la masturbación? La respuesta es que no, es más se aceptaba como algo natural y no como una perversión, tal y como impuso la moral religiosa y familiar que llegó con el cristianismo. La palabra masturbar viene del término latino masturbari, que deriva del griego mezea (genitales) y turbare (agitar) es decir, literalmente “excitar los genitales”. En Roma la masturbación se veía como algo indiferente, incluso en los primeros años en los que el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio. Pero hay que hacer una puntualización, en Roma estaba bien vista la masturbación masculina, no así la femenina, ya que no estaba a la altura del estatus de una matrona y sobre todo porque le quitaba al hombre el control del placer sexual de una mujer. Juvenal en su sátira VI nos dice lo siguiente:

“Mientras tanto el amante, bien escondido en la habitación, permanece muy callado a la espera e, impaciente, manipula su prepucio”.

Esto lo dice en referencia a que las mujeres para serles infieles a sus maridos fingían estar enfermas y se quedaban en la cama y mientras tanto su amante esperaba escondido en la habitación masturbándose.

Pero las matronas romanas también contaban con un ayudante más en cuestiones de masturbación, el olisbos  o baubon, que era un falo artificial. Esta palabra deriva del griego olisbein, que significa literalmente “introducirse o deslizarse dentro”. El olisbos era un núcleo de madera revestido de cuero relleno, sus dimensiones variaban, pero lo normal es que estuviesen en torno a los 15 cm, y en el momento de usarlo posiblemente se utilizase algo para lubricarlo, como por ejemplo aceite. El olisbos podía utilizarse para el disfrute de dos personas, en las relaciones homosexuales entre mujeres, con sólo añadirle unas cintas de cuero o tela que permitían amarrarlo a la cintura. Pero no está claro si este juguete erótico estaba destinado solamente a mujeres o si era también para hombres con el fin de usarlo durante juegos eróticos entre un hombre y una mujer, o bien en los actos sexuales en grupo.

Por estar hechos de materiales perecederos no se nos ha conservado ninguno, solamente tenemos un molde de cerámica utilizado para fabricar falos artificiales posiblemente en serie, cuyas dimensiones eran de 40 cm, que se expuso en Tréveris en una exposición sobre sexualidad en el año 2008. Aunque esto no era exclusivo solamente de la Antigua Roma, en China se ha encontrado un falo de jade que era probablemente utilizado como “consolador” que se remonta a hace 8000 años aproximadamente y que se encuentra expuesto en el Chinese Sexual Culture Museum de Shanghái.

Pero, ¿por qué los falos artificiales estaban tan difundidos, incluso en la antigüedad? Obviamente para el placer femenino, pero no solamente para el placer relacionado con el deseo, ya que probablemente en aquella época se había generalizado la idea de que el orgasmo era algo muy útil para una mujer incluso desde el punto de vista médico. En época moderna, el vibrador surge para curar a las mujeres afectadas de histeria. Esta palabra deriva de una griega, hystera, que significa matriz, es decir, el útero. Para curar la histeria tenían que inducir el orgasmo. Ya en el siglo I a.C., para la cura de la histeria se prescribía el orgasmo inducido y era el médico el que con “profesionalidad” provocaba el orgasmo a la paciente. Por lo tanto, aunque el vibrador se considere hoy en día como el juguete erótico por excelencia, hay que recalcar que surgió como instrumento médico.

Se sabe que, en la antigüedad y gracias a autores griegos como Aristófanes, Safo y Calímaco, que los falos artificiales tenían gran difusión. ¿Pero quién los construía? Pues lo normal es que fuesen los zapateros y todos los que trabajaban el cuero, si bien en Grecia se vendían bajo mano, a escondidas. En la Roma Imperial, teniendo en cuenta el gran éxito de los falos en erección, era muy sencillo conseguirlos. Para ver cómo eran los primeros olisboi no hay nada más que acudir a los jarrones y los platos utilizados en Grecia. En el Museo Arqueológico Regional de Siracusa se ve la figura de una mujer desnuda usando dos olisboi simultáneamente.

Vasija griega con la mujer utilizando dos olisbos. Fuente

Vasija griega con la mujer utilizando dos olisbos. Fuente

En Lisístrata (v. 108-113) de Aristófanes se pone en boca de su protagonista lo siguiente:

“Y ni siquiera de los amantes ha quedado ni una chispa, pues desde que los milesios nos traicionaron, no he visto ni un solo consolador de cuero de ocho dedos de largo que nos sirviera de alivio «cueril». Así que, si yo encontrara la manera, ¿querríais poner fin a la guerra con mi ayuda?”

Pero el testimonio más antiguo nos llega a través de Herodas que en su mimo VI, que nos deja una conversación privada entre dos amigas en la que están hablando de un olisbos, aquí una muestra de la conversación, entre Koritto y Metro:

“KORITTO: ¡Bueno! ¿A qué tantas súplicas? Fue Cerdón quien lo hizo.

METRO: ¿Qué Cerdón? Porque hay dos Cerdones; uno el de los ojos verdes, el vecino de Mirtalina la de Cilétide. Pero ése no sería capaz ni de coser una púa a una lira. El otro vive cerca del barrio de Hermodoro, según se sale de la calle ancha. Antes era alguien, pero ahora está ya viejo; con él andaba Pilécide, que en paz descanse. (Aparte) Y que no la olviden sus parientes.

KORITTO: No es ninguno de esos dos que dices, Metró. Es uno ve ido no sé si de Quíos o de Eritrea, calvo y pequeñito. Dirás que es Práxino en persona; se parece como un higo a otro higo. Salvo que cuando se ponga a rajar, es cuando sabrás que es Cerdón y no Práxino. Tiene el taller en casa y vende a escondidas –que hoy en día toda puerta se estremece de miedo ante los recaudadores de impuestos-, pero sus trabajos, ¡qué trabajos! Te dará la impresión de ver en ellos las manos de la mismísima Atenea, no las de Cerdón. Al verlos yo –me trajo dos cuando vino-, Metró, se me salían los ojos de las órbitas. (Recreándose en la contemplación del consolador). A los hombres no se les pone tan tiesa. (En tono de misterio). Es que estamos solas. Y no sólo eso, su suavidad y lisura son de ensueño, y los flecos son de lana y no de cuero. Por mucho que lo busques, no encontrarás un guarnicionero más simpático para una mujer”.

En época romana tenemos otros testimonios como Petronio en su Satiricón en el que llama a dicho objeto fascinum y probablemente este fuese el nombre más utilizado en época romana. Marcial en sus Epigramas concretamente en el LXVII nos habla de una tal Filenis de este modo:

“Sodomiza a los mocitos la tortillera Filenis y, más ardiente que un marido en erección, se cepilla a las muchachas de once en once por día. Juega también al harpasto en sujetador y se pone amarilla de albero y las halteras pesadas para los culturistas las voltea con fácil brazo y, llena del barro de la cenagosa palestra, recibe una paliza con el látigo de un entrenador lleno de aceite. Y no cena ni se pone a la mesa sin antes haber vomitado siete cuartillos de vino puro, a los que cree que tiene el sagrado derecho a volver en el momento en que se ha comido dieciséis bollos para atletas. Después de todo esto, cuando se entrega al placer, no la mama -lo cree poco varonil-, sino que les come a las muchachas la mismísima entrepierna. Que los dioses te concedan la que es tu personalidad, Filenis, que consideras varonil lamer coños”.

Es curioso cómo en un principio dice que “sodomiza a los mocitos” por lo que se podría entender que usa un fascinum para ello.

A modo de conclusión, los romanos siguen teniendo mucho que aportar a nuestra cultura general, y en el caso de la vida privada aún más, ya que cosas que creemos tan modernas como los “consoladores”, eran ya conocidas y ampliamente usadas en época romana. Por lo tanto, y como se suele decir “no hemos inventado nada” y aún nos queda mucho por aprender de la curiosa vida privada de estos habitantes de la antigüedad.

Bibliografía

ÁNGELA, ALBERTO; “Amor y sexo en la Antigua Roma”. La esfera de los libros. Madrid, 2015.

CLARKE, JHON R.; “Sexo en Roma 100 a.C-250 d.C.”, Océano, Barcelona, 2003.

FOUCAULT, MICHEL; “Historia de la sexualidad”, Siglo XXI, Madrid, 1985.

VEYNE, PAUL; “Sexo y poder en Roma”, Paidós Ibérica, Barcelona, 2010.

ARISTÓFANES; “Lisístrata”. Alianza, Madrid, 2011.

HERODAS; “Mimiambos. Fragmentos mímicos. Sufrimientos de amor”. Gredos, Madrid, 1981.

JUVENAL; “Sátiras”. Cátedra, Madrid, 2007.

MARCIAL; “Epigramas completos”. Cátedra, Madrid, 1990.

Redactor: Daniel Pérez García

Licenciado en Historia con especialidad en Historia Antigua y Arqueología por la Universidad de Murcia. Máster en formación del profesorado de Educación Secundaria Obligatoria por la Universidad Miguel Hernández de Elche.

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