Cotidiana vitae (III): El rito matrimonial en Roma

Continuando con lo que habíamos visto en el anterior artículo de esta serie sobre vida cotidiana, ahora nos centraremos en el rito matrimonial propiamente dicho, este rito es el que utilizaban las familias pudientes , el que nos han transmitido los diversos autores clásicos. En las clases más bajas posiblemente fuese todo más sencillo.

Actualmente en nuestra sociedad occidental, el día de la boda es un día festivo, de celebración para todos -los novios, los familiares y los amigos-, pero en la Antigua Roma este día por lo general para la novia no era un día especialmente feliz ¿Por qué? pues porque este día sería el último día en el que viviría en su casa.

En primer lugar, el día antes la chica que iba a contraer matrimonio recogía todos sus juguetes (si aun era muy joven) y con ellos hacía una ofrenda a los dioses junto con su bulla y la toga praetexta ya que dejaba de ser puella (muchacha) y pasaba a ser matrona.

Esa noche dormía con una cofia para el pelo de un color amarillo anaranjado y con matices rojos o luteum (el “color de las bodas”) con una túnica muy blanca, la cual se denominaba recta (o también denominada regilla). Esta vestimenta para dormir es la que exigía la tradición: vestida con una túnica nupcial blanca, símbolo de virginidad, la cual tenía que estar confeccionada en un telar vertical y tejida siguiendo el método de  ir desde abajo hacia arriba, trabajando de pie en el telar.

Esta última noche en la que la novia dormía en su casa, también debía llevar un último accesorio, el cingullum, un cinturón de lana que llevaba muy apretado sobre la cintura, con un nudo grande y complejo, el llamado nodus Herculeus. Este nudo era un amuleto contra el mal de ojo y un augurio de fecundidad para los novios, ya que según cuenta la leyenda, Hércules tuvo más de setenta hijos.

El día de la boda, la casa de la novia se engalanaba con festones hechos con ramas de laurel y hiedra, además de guirnaldas de flores. Tras despertar a la novia, se comenzaba a elaborar el peinado nupcial. Dicho peinado era el típico y antiquísimo de las vestales. Estaba formado por seis seni crines, es decir seis trenzas, tres a cada lado de la cabeza, que se unían y se entrelazaban hasta crear un moño en forma de caracola, o bien un cilindro en el que después se fijaría el velo de la novia. Este arreglo se lo hacía la ornatrix (peluquera) y se hacía con la punta de una lanza que anteriormente tenía que haber matado a un enemigo de Roma o a un gladiador. El significado del uso de esta punta de lanza sea posiblemente para quitar la mala suerte del cabello de la novia.

Tras el arreglo del cabello, se le colocaba a la novia una corona de flores que por tradición tenía que haber recogido ella, así como haberla trenzado con ramas sagradas de laurel, olivo y mirto[1]. Entre las flores que se utilizaban estaban la mejorana, la verbena, y a menudo el mirto, el azahar, el romero, la flor del granado, los lirios y las espigas de trigo.

Por último se le colocaba a la novia el velo nupcial o flammeum[2]. Era un velo ligero y transparente, igual de largo que una capa y de color rojo-anaranjado muy vistoso, intenso y luminoso, este era el color del rayo de Zeus. Dicho velo no se lo podría quitar hasta que llegase el momento del matrimonio. Como podemos ver, las novias no iban totalmente de blanco como en la actualidad, solamente llevaban blanca la túnica recta que iba cubierta por el  flammeum, al igual que los zapatos, sin cordones, que son del mismo color que el flammeum. Además, luciría joyas, collares, brazaletes y anillos, sobre todo el de compromiso.

101-ABITO-NUZIALE2

Vestimenta de la novia el día de su boda. Fuente

Ya hemos visto cómo iba la novia vestida el día de su boda, pero ¿y el novio? El novio iba vestido de una manera sencilla, una túnica muy blanca sobre la que se ponía la toga virilis[3] y unas botas[4].

Como ya hemos mencionado, la casa de la novia se encontraba ricamente adornada, entre otras cosas se colocaba un festón de mirto, que según la mitología se utilizó en la boda de Venus, la columnata del atrio de las domus se adornaba con cortinajes del mismo color que el flammeum, las jambas de las puertas así como los umbrales se adornaban con coronas de ramos y cintas de tela muy blancas. En un rincón del atrio se colocan las denominadas imagines maiorum[5].

Recreación de imagines maiorum romanas. Fuente

Recreación de imagines maiorum romanas. Fuente

Los romanos eran muy supersticiosos, y estas ceremonias iban acompañadas de ritos propiciatorios que realizaban antes de las bodas, como era el observar el vuelo de los pájaros así como su canto, para así captar la benevolencia de los dioses para la boda. Ver un halcón, un aegithus más concretamente, era un excelentísimo augurio, pero conforme la sociedad romana fue evolucionando esta tradición se fue perdiendo. Sin embargo contar con la presencia en la boda de augures o auspices, es decir los sacerdotes que realizaban adivinaciones observando el vuelo de los pájaros, siempre siguió siendo importante. También durante la boda se hacían invocaciones a distintos dioses como Tellus, Juno, Ceres o Venus entre otros.

Cuando el novio llegaba, acompañado por sus amigos y familiares, era cuando comenzaba el primer rito matrimonial, que era básicamente burocrático: había que firmar el contrato matrimonial en las llamadas tabulae nuptiales en presencia de diez testigos elegidos entre los amigos y familiares. Era en este momento cuando se fijaban todas las condiciones del matrimonio así como la dote que aportaría la novia al marido y que en caso de divorcio le sería devuelta por éste al suegro. Tras la firma, se degollaba a un carnero delante de todos, era el sacrificio ritual.

Era a continuación del sacrificio cuando se producía el momento más solemne de toda la boda, cuando la pronuba[6] cogía a la novia por el brazo y la llevaba ante un pequeño altar de mármol decorado con guirnaldas de flores y en el que había encendida una pequeña hoguera. Tras dejar a la novia recogía al novio y lo llevaba al mismo sitio. La novia se levantaba el velo y la pronuba cogía la mano derecha a la novia y la ponía sobre la mano derecha del novio, simbolizando de este modo la voluntad de los contrayentes de ser marido y mujer y el deseo de seguir viviendo juntos. Como vemos, aquí no hay intercambio de alianzas, el matrimonio se cierra con la dextrarum iunctio (unión de derechas).

Escena con la dextrarum iunctio. Fuente

Escena con la dextrarum iunctio. Fuente

Con esto último se consumaría el matrimonio, pero aun no acabaría la ceremonia, ya que era después de esto cuando comenzaba el banquete, la denominada cena nuptialis y en la que el padre de la novia se debía gastar una cuantiosa suma de dinero. Este banquete duraría hasta la noche que era cuando se haría definitivamente la separación de la novia de su familia y de su casa. ¿Por qué se producía esa separación definitiva de la novia de su entorno familiar y de su casa? Bien, esto se producía por lo que se conoce como deductio uxoris in domum maritis o el rapto simulado. Éste aspecto del matrimonio es muy sorprendente ya que se trataba de un rapto simbólico, posiblemente para perpetuar el rapto de las sabinas.

Eran los invitados los que raptaban a la novia, y tenían que arrancarla literalmente de los brazos de su madre, que la teníae abrazada. El novio ya se había marchado, y esperaba a su esposa en su futura casa. El cortejo salía de la casa de la novia y conforme iba avanzando por las calles se le iban uniendo más personas -amigos, familiares e incluso gorrones en busca de algún pellizco que pillar-. En el caso de familias muy importantes incluso autoridades públicas formaban parte de dicho cortejo. Dicho cortejo iba encabezado por unas antorchas, así como unas personas que iban tocando flautas. También se iban entonando cánticos, denominados “cantos fescenios”, de contenido obsceno y con alusiones ofensivas al novio (que recordemos no estaba presente en dicho cortejo), se oían cantos en honor a Hymanaeus[7] o gritos invocando a Talasio (puede que haga referencia a Thalassus, el romano que raptó a la más hermosa de las sabinas).

Dios Himeneo. Fuente

Dios Himeneo. Fuente

Mientras tanto la novia caminaba de la mano de dos muchachos, al mismo tiempo que otro iba alumbrándole el camino con una antorcha, son los llamados pueri praetextati, patrimi et matrimi, es decir, los muchachos que llevan la toga praetexta y cuyos padres y madres todavía vivían -a modo de símil con la actualidad, podríamos decir que son los pajes-. La antorcha que llevaba uno de los muchachos estaba hecha con espino albar, una planta que los romanos creían que era capaz de ahuyentar los maleficios, brujerías y maldiciones, aparte de que era un símbolo de fertilidad.

Cuando el cortejo llegaba a la casa del novio, éste debía asomarse al umbral de su casa, y a continuación los muchachos le pedían al novio que les tirara unas nueces, lo que hace que se desencadene un tumulto de niños compitiendo por ver quién cogía más nueces. Esto se debe a que el novio abandonaba sus juegos de niño (a menudo las nueces eran usadas como las actuales canicas) para asumir sus nuevas responsabilidades. Al mismo tiempo la novia ungía las jambas de la puerta de entrada de la casa delante de todo el mundo, para así ahuyentar a los malos espíritus. Una vez concluía la unción, la novia las adornaba con tiras de lana indicando así que se iba a dedicar al arte de tejer, como tenía que hacer toda mujer romana según la tradición.

Tras estos ritos, llegaba el momento crucial. Los dos contrayentes se hacían una pregunta y se daban una respuesta, la fórmula de la pregunta nos es desconocida, pero se cree que podría ser “Quaenam vocaretur?” o “Quae vocare” o “Qui es?”, es decir, “¿Cómo te llamas?” A lo que la novia respondía “Ubi Gaius, ego Gaia” (“Donde tú seas Gayo, yo seré Gaya”), lo que significa que la mujer asumía el praenomen de su marido pero en femenino, por lo que aceptaba someterse al poder (manus) de su esposo.

Y finalmente la novia entraba en la casa, pero para ello tenía que traspasar el umbral de la puerta, cualquier tropiezo o simplemente pisar dicho umbral, era un signo de mala suerte, por lo que los tres pueri que la habían acompañado la levantaban a pulso, como pasa en la actualidad que muchas veces el novio coge en brazos a la novia, y entraban en su nueva casa de este modo. Una vez cruzado el umbral, el rapto se daba por finalizado.

Es curioso el rito matrimonial que utilizaban los antiguos romanos no solo por el hecho de que los rituales que se hacían eran cuanto menos llamativos, sino porque algunos de esos rituales, se adaptaron con la llegada del cristianismo y han perdurado hasta nuestros días.

Bibliografía
ÁNGELA, ALBERTO; “Amor y sexo en la Antigua Roma”. La esfera de los libros. Madrid, 2015.
MARCOS CASQUERO, MANUEL A. “Peculiaridades nupciales romanas y su proyección medievalMinerva. Revista de Filología Clásica. Valladolid. Universidad de Valladolid, 2006.
LÁZARO, RAFAEL;  “Talassio” Cuadernos de Filología Clásica. Estudios latinos. Madrid. Universidad Complutense de Madrid, 2006.
PLUTARCO; “Sobre el amor”. Espasa-Calpe. Madrid, 1990.
PLAUTO; “El sorteo de Cásina”. Ediciones Clásicas. Madrid, 1995.

[1] Estos árboles eran sagrados por lo que la corona tenía la finalidad de ahuyentar a los daimones malignos.

[2] Significa literalmente “llameante”.

[3] La toga virilis era blanca, sin adornos ni tintura y podía ser usada por cualquier ciudadano romano en edad adulta, esta toga era la que se le entregaba a un niño cuando pasaba de la niñez a la adolescencia.

[4] El calzado era rojo para los magistrados y negro para los senadores.

[5] Las imagines maiorum son las máscaras realizadas en cera a los antepasados fallecidos, normalmente se guardaban en un armario en el atrio, dichas máscaras se hacían para mostrar la gloria de los orígenes del núcleo familiar.

[6] Mujer anciana, solamente casada una vez para que sea un buen augurio para que el matrimonio dure.

[7] Himeneo era el dios de las ceremonias matrimoniales, inspirador de las fiestas y las canciones.

Redactor: Daniel Pérez García

Licenciado en Historia con especialidad en Historia Antigua y Arqueología por la Universidad de Murcia. Máster en formación del profesorado de Educación Secundaria Obligatoria por la Universidad Miguel Hernández de Elche.

Comparte este artículo

2 Comments

  1. Entiendo que la foto de la unión matrimonial está invertida; sería entonces una “sinistrarum” iunctio, si se me permite el latinajo.

    Post a Reply
    • Sí, me he dado cuenta por tu comentario, la foto está invertida, aquí tienes la misma imagen pero en su posición correcta http://www2.cnr.edu/Home/araia/marriage.html.

      Un saludo y gracias por tu apreciación y lectura del artículo

      Post a Reply

Trackbacks/Pingbacks

  1. Cotidiana vitae (IV). Sexo y sexualidad en Roma - temporamagazine.com - […] cotidiana en Roma, en la que ya hemos tratado los temas de cómo ligaban, cómo era el matrimonio y cómo …

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current ye@r *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR