Cotidiana vitae (II): el matrimonio en la antigua Roma

La definición de matrimonio que nos da la RAE es “unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales”, y no dista mucho en lo que se entendía por matrimonio en la antigua Roma. En este artículo nos vamos a centrar en este aspecto de la vida cotidiana de los romanos, el matrimonio, algo que estaba muy a la orden del día entre los ciudadanos del imperio, ya fueran de clases alta, media o baja.

La palabra matrimonio procede del latín matrimonium y a su vez ésta procede de las palabras mater (madre) y munus (deber), que juntas significan literalmente “deber de la madre”, esto es, que la mujer pasaba automáticamente de ser niña/adolescente a ser una matrona romana, con todas sus consecuencias.

A este compromiso matrimonial se le denominaba en un principio sponsalia, que sobre todo en época arcaica era considerado una ceremonia sagrada, ya que los novios realizaban libaciones a los dioses y sacrificios que contaban con la opinión de los arúspices[1]. Como vemos, no podemos pensar en el significado que actualmente le otorgamos al compromiso, y para aclararlo más aun todavía vamos a conocer el significado de la palabra sponsalia, que deriva de sponsio que a su vez es derivada de la palabra spondere, que significa “prometer”. La sponsio en el derecho romano era un tipo de contrato verbal muy utilizado, y consistía en pedir a la otra parte la promesa de un compromiso concreto, para obtener una respuesta concreta. Y esto se aplica en el caso de un compromiso matrimonial como si fuera un contrato comercial más. Los contratantes eran los padres de los futuros cónyuges, que por supuesto no pedían la opinión de sus hijos, ya que al ser como hemos dicho un contrato comercial, los patrimonios de los padres eran importantes como garantía de la operación en el caso de que ésta no saliera bien. También podía darse el caso de que se pusieran de acuerdo el futuro yerno y el futuro suegro, con lo que siempre se queda fuera de poder opinar al respecto la mujer, ya que figuraba únicamente como mercancía de intercambio entre una familia y otra, y la entrega de dicha mercancía era la que se prometía en virtud de ese contrato. Para llevar a cabo este contrato matrimonial, era necesaria la presencia de testigos para que validaran el acuerdo.

Óleo de Emilio Vasarri (1914) que representa una boda romana idealizada. Fuente

Óleo de Emilio Vasarri (1914) que representa una boda romana idealizada. Fuente

Pero con la llegada de la época imperial se fue perdiendo toda esta solemnidad y formalidad del compromiso matrimonial, dejó de ser necesaria la presencia de testigos, eran innecesarios los acuerdos verbales, ni los documentos escritos, etc., de hecho a menudo se enviaban “embajadores” (familiares o amigos), o cartas pidiendo el consentimiento para este compromiso matrimonial.

Casi siempre los padres comprometían con muchos años de antelación a los novios sin que estos tuviesen conocimiento de ello, y no era necesario informarles, salvo cuando ya los embajadores o las cartas habían llegado a su destino, por lo que imagínense el shock que les producía ese momento a los novios. Y no podían negarse, solo en teoría, en la práctica esa obediencia ciega al pater familias impedía cualquier posibilidad de salvación, salvo y según Ulpiano[2](¿170?-228) una muchacha solamente podía negarse en caso de que el futuro marido fuese deforme o una persona indigna, pero huelga decir que esto ocurría muy pocas veces.

El compromiso no tenía límite de edad, por lo que se comprometían a una edad muy temprana, sobre todo las mujeres[3]. Aunque para una mujer la edad mínima para casarse era de 12 años, a veces estas niñas comprometidas se iban a vivir a casa del futuro marido que por lo general abusaba sexualmente de ellas.

Se sabe que las niñas se prometían a temprana edad porque se han encontrado inscripciones funerarias que como ésta de una matrona romana, nos da a entender, calculando la edad de la mujer y el tiempo que estuvo con su marido, que lo hizo a muy temprana edad:

D(is) M(anibus). / Lucciae Redemptae, vixit / annis XXXXV, / N(umerius) Cassicius Phoebus fecit / coniugi bene merenti, cum qua / vixit ann(is) XXXVIII, et libertis liberta/ busq(ue) suis posterisq(ue) eorum (para más datos de la inscripción, aquí).

Luccia Redemptia murió con 45 años y vivió con su marido 38, por lo que empezó a vivir con él con solo 7 años.

Familia romana con el pater familias al frente. Fuente

Familia romana con el pater familias al frente. Fuente

Otro aspecto importante, los romanos eran muy supersticiosos por lo que todo estaba medido para no tentar a la mala suerte. Ellos dividían los días en días fastos y días nefastos[4], y a la hora de casarse esto influía mucho. Conocemos todos el refrán que dice “En martes, ni te cases ni te embarques”. Pues para los romanos había días así. Según Ovidio -en su obra Fastos- los días a evitar eran las calendas, idus y nonas de cada mes, así como los días religiosos, en los que incluso se suspendían los actos religiosos porque se consideraban de mal augurio, entre ellos encontramos los días dedicados a los antepasados del 13-21 de febrero y a los difuntos 9, 11 y 13 de mayo (los difuntos se denominaban lemures, y se creía que en estos días salían de sus tumbas para visitar las casas donde habían vivido). También se considera infausta la primera mitad de junio, que se dedicaba a la limpieza del templo de Vesta, así como el 18 de julio, aniversario de dos derrotas (la de 390 a.C. cuando los romanos fueron derrotados por los galos y la del 477 a.C. en la que los veyenses derrotaron a los fabios). A estos días hay que sumarle el 24 de agosto, el 15 de octubre y el 18 de noviembre, fechas en las que se abría la cavidad infernal y el mundo de los vivos se ponía en contacto con el mundo subterráneo. Habría que añadir también las festividades que no tenían fecha fija. Por todo esto las familias de los contrayentes recurrían a los sacerdotes para encontrar el día idóneo para realizar el matrimonio, pero podemos deducir que la mejor época para llevarlo a cabo, y era el más demandado por las familias, era la segunda mitad de junio.

Existían dos tipos de matrimonio el cum manu y el sine manu. En el caso del primero, el marido adquiría la totalidad de la “propiedad” sobre su esposa, y en el segundo la mujer seguía estando bajo la tutela del padre, hecho que limitaba mucho al marido en algunas circunstancias, no solamente de herencia sino también ante las infidelidades. Si el marido pillaba a su esposa cometiendo infidelidad y su matrimonio era cum manu, éste podía matarla, como si fuera un crimen de honor, pero si su matrimonio era sine manu el marido no podía ponerle la mano encima, porque la esposa era “propiedad” del padre. A lo largo de la historia de Roma el matrimonio cambió, en un principio era únicamente cum manu para ir pasando poco a poco a sine manu, también conocido como “matrimonio libre”. El matrimonio cum manu se dividía a su vez en tres tipos: confarreatio, coemptio y el usus.

La confarreatio era la forma más antigua de matrimonio, así como las más solemne, la que se practicaba sobre todo entre la aristocracia y la casta sacerdotal, pero con el tiempo caería en desuso. Cum farreo significa “con farro”, ya que en el momento más importante de la ceremonia los contrayentes daban un bocado a una torta de farrum[5], y después ofrendaban el resto del pan en un brasero en honor a Júpiter. Tras esto la mujer se sometía al marido. Este tipo de matrimonio tenía un rito muy complicado, con la presencia de altos sacerdotes, y en el caso de las familias importantes se celebraba incluso en la Curia[6].

La coemptio era practicada por la plebe. Significa literalmente “con venta”. Proviene de las palabras cum (con) y emptio (adquisición), por lo que podemos imaginar que se hacía. Durante la ceremonia se realizaba una especie de venta simbólica de la novia al novio, incluso había una balanza de por medio. Era una recreación de una forma antiquísima de compraventa “mancipatio” donde se colocaba en una balanza la suma necesaria para adquirir un objeto[7]. Se realizaba siempre en presencia de cinco testigos que se situaban enfrente del pesador, pronunciaban una frase y tras esto golpeaban la balanza con un trozo de bronce bruto y se lo entregaba al vendedor, que se cree que era la propia mujer. Por lo tanto el novio había adquirido la propiedad de la mujer que a partir de ese momento, era suya.

Y por último el usus. Posiblemente de estas tres es la forma más antigua de matrimonio. Se basaba en la usucapión, es decir, si una mujer permanecía durante todo un año en casa de un hombre, automáticamente quedaba usucapida, o dicho de otro modo, el hombre adquiría de manera automática su manus, su “propiedad”, y ella se convertía en su esposa. Este tipo de matrimonio tenía otras finalidades más prácticas y más “masculinas”, ya que colocaba a la mujer a la altura de un objeto o un terreno que también podía usucapirse pero pasados dos años, y por otro lado como el matrimonio tenía como finalidad la procreación, en un año el hombre tenía tiempo de comprobar si la mujer era fértil o no, y entonces si no lo era podía abandonarla. En el caso de la mujer, si por algún motivo no hubiera querido seguir viviendo con su futuro marido, solo tenía que ausentarse tres noches seguidas (trinoctium) con lo que se anulaba el proceso de usucapión.

Escena de matrimonio romano. Fuente

Escena de matrimonio romano. Fuente

Este tipo de matrimonio tuvo gran éxito entre las clases humildes hasta la época de César y Augusto, sobre todo porque era muy fácil disolverlo sin que durante ese primer año se viesen afectados los patrimonios de ambas familias. Pero finalmente acabó desapareciendo en el siglo II d.C. por desuso, al igual que las otras formas de matrimonio, dando paso al tipo sine manu.

El matrimonio sine manu deriva del matrimonio por convivencia, el usus, con una diferencia fundamental, la mujer no se sometía al marido, es decir, que el novio no “adquiría” la propiedad de la novia como hemos visto anteriormente. Ésta seguía estando bajo el dominio de su padre o bien de ella misma en el caso de que hubiese adquirido el estatus de independencia. Es a partir del siglo I d.C. cuando este tipo de matrimonio comienza a ser el más usado. También pierde por completo cualquier carácter jurídico. Estaba basado única y exclusivamente en la voluntad de los dos cónyuges de vivir juntos o affectio maritalis.

Pero ¿cómo podemos constatar jurídicamente que la pareja estaba casada? Los juristas latinos examinaban las formas en las que se manifestaba, como por ejemplo la vivienda donde convivían (domicilium matrimonii), los comportamientos que la pareja tenía en público, que debían ser acordes con los de una pareja casada (honor matrimonii). También la dote, que era fundamental para que una mujer pudiera encontrar marido -sin una dote la mujer corría el riesgo de no ser reconocida como esposa-. Esta dote se recogía en las tabulae dotales y eso suponía una prueba adicional para demostrar que este matrimonio había tenido lugar.

Y finalmente el hombre, con motivo del censo, tenía que jurar solemnemente su estado civil “jura de acuerdo con tu conciencia: ¿tienes esposa?”, la respuesta a esta pregunta aportaba la prueba oficial de que estaba casado. Cicerón (106 a.C.-43.C.) en su De oratore (2, 260) cuenta un divertido episodio entre Catón el Censor (234-149 a.C.) y Lucio Porcio Nasica, en el que el primero le hace la pregunta de rigor, y Nasica responde “Sí tengo esposa, pero por Hércules, ¡no es de mi agrado!”.

Efigie funeraria de Catón el Censor y su esposa Porcia. Fuente

Efigie funeraria de Catón el Censor y su esposa Porcia. Fuente

Como vemos, el matrimonio estaba considerado en sus inicios como un contrato comercial, muy importante para las familias involucradas, ya que unas ganaban en poder y otras en bienes. Pero el matrimonio fue evolucionando hasta llegar a convertirse en un simple trámite que tenían que pasar, nada relacionado con los pesados ritos llevados a cabo con anterioridad. Y también hemos podido comprobar cómo la mujer estaba considerada como moneda de cambio.

Bibliografía.

ANGELA, ALBERTO; “Amor y sexo en la antigua Roma”. La esfera de los libros. Madrid, 2015.

CICERÓN; “De oratore”. Alianza. Madrid, 1991.

DÍAZ BAUTISTA, ANTONIO; “Manual de derecho romano”. DM. Murcia, 1996

OVIDIO; “Fastos”. Gredos. Madrid, 2006


[1] Sacerdotes romanos que preveían el futuro a través de las vísceras de los animales sacrificados, sobre todo a través de la lectura del hígado.
[2] Jurista de la época imperial.
[3] Augusto comprometió a su hija Julia cuando ésta solamente tenía 2 años, con el hijo de Marco Antonio.
[4] Días fastos: marcados en el calendario con una F, eran las jornadas, que gracias a la ley divina, estaban dedicadas a la actividad humana, sobre todo a la actividad jurídica.  Días nefastos: marcados con una N en el calendario, eran los días dedicados a los dioses, y por tanto, toda actividad humana cesaba, a excepción de la religiosa.
[5] El farrum es un tipo de cereal que está muy relacionado con la espelta, la escanda y el trigo.
[6] Normalmente los matrimonios se celebraban en la casa de la novia.
[7] Esta suma consistía en bronce bruto, dado que no existía aun la moneda

Redactor: Daniel Pérez García

Licenciado en Historia con especialidad en Historia Antigua y Arqueología por la Universidad de Murcia. Máster en formación del profesorado de Educación Secundaria Obligatoria por la Universidad Miguel Hernández de Elche.

Comparte este artículo

Trackbacks/Pingbacks

  1. El matrimonio en la antigua Roma - […] El matrimonio en la antigua Roma […]
  2. Cotidiana vitae (IV). Sexo y sexualidad en Roma - temporamagazine.com - […] la serie de vida cotidiana en Roma, en la que ya hemos tratado los temas de cómo ligaban, cómo …
  3. El matrimonio en el Egipto faraónico: desmontando algunos mitos - temporamagazine.com - […] como en los textos literarios donde se hacen muchas referencias a las familias. Al contrario del mundo romano, el …

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current ye@r *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR