Ciudades islámicas: la Sevilla almohade

La gran expansión islámica se traduce en una intensa actividad de fundación de ciudades, reestructuración de los ejes políticos y organización del terreno. Suelen trasladar el centro político a ciudades del interior, alejadas de la costa: en Egipto se trasladará de Alejandría a Fustat (actual El Cairo), en Túnez pasa de Cartago a Kairuán… En  la Península Ibérica la capital pasa de Toledo a Córdoba, y la mayoría de las ciudades de tradición romano-visigoda irán sufriendo modificaciones hasta llegar al siglo XII, momento en que esas variaciones urbanísticas llegarán a su máxima expresión.

Los musulmanes se encontrarán con dos tipos de ciudades: heredadas y de nueva fundación. En las primeras se alterarán las líneas regulares romano-visigóticas fruto de la adecuación de los espacios a las nuevas funcionalidades, siendo estas un reflejo del derecho islámico. Mientras las de nueva creación son directamente proyectadas por el poder político. Se planifican ciudades ortogonales y regulares, aunque a medida que se va construyendo se pierde el orden, creándose un viario intrincado que lleva muchas veces a la ocupación de parte del espacio público por los edificios.

Torre del Oro. Fuente.

Torre del Oro. Fuente.

Es importante señalar la conciencia que existe en el mundo islámico sobre qué es el mundo urbano y lo que lo diferencia del mundo rural. Este último siempre necesita al primero, superior en tanto que funciona como centro político-económico. Es en el mundo urbano donde se producen los flujos económicos y donde residen los terratenientes y familias más influyentes.

Isbiliya será una de las ciudades más importantes desde el momento de su conquista. Se trata de un territorio enclavado en una zona estratégica, con varios siglos de vida y asentada en la orilla de lo que ellos llamaban el ‹‹gran río››, el Guadalquivir, cuyo cauce condicionará la topografía de la ciudad. En el siglo V se producirá una reactivación aluvial que durará hasta el siglo XII, momento en que la ciudad irá ganando terreno en dirección este-oeste, siempre dando importancia al río, ya que la ribera y la zona del puerto eran el punto neurálgico y vital de la ciudad, de tránsito comercial.

Existe una amplia ambigüedad en las fuentes documentales sobre su urbanismo, así como grandes carencias en los registros arqueológicos anteriores al siglo XII. Será en este último siglo cuando se lleve a cabo el gran impulso urbanístico (coincidiendo con la retirada del Guadalquivir) con la construcción de grandes obras cuyas huellas se han conservado hasta nuestros días y que veremos a continuación.

Las construcciones realizadas por los califas almohades aparecen ampliamente relatadas en las crónicas de la época, destacando las obras religiosas y los centros de poder. Con ello se pretendía doblar el efecto que la realidad constructiva producía y se consolidaba su propaganda alrededor de los ejes urbanísticos esenciales. Sin embargo, estas obras no sólo evidencian el deseo por engrandecer a los soberanos, sino también un interés por mostrarse fuerte ante el enemigo cristiano, cuyo avance tenía atemorizada a la población islámica.

Imperio almohade en la Península Ibérica. Fuente.

Imperio almohade en la Península Ibérica. Fuente.

Las primeras obras tienen como fin reforzar el poder almohade en una ciudad que tuvo que ser conquistada dos veces (1147 y 1150), lo que demuestra la separación entre las dos poblaciones: las autoridades magrebíes y la población de Sevilla. Tras la segunda conquista se realizaron una serie de obras fortificadas para albergar el poder militar y administrativo. Con tal fin se construyen en 1150 una alcazaba amurallada y algunas zonas palatinas, después de expropiar a los sevillanos que habitaban en la zona. En 1169 se procede a la construcción de las murallas de las alcazabas interior y exterior, así como la demolición de las casas situadas a las puertas del Alcázar.

En 1172 comenzaron las obras de la mezquita aljama, construida por la colmatación que habían sufrido tanto el pequeño oratorio que había en la alcazaba como la hasta entonces mezquita aljama de Sevilla, la mezquita de Ibn ‘Adabbas; o eso creían los sevillanos, ya que el monopolio de los gobernantes sobre esta nueva mezquita queda evidenciado por el levantamiento en el año 1184, bajo la orden de Yusuf Abu Ya’qub, de un muro que la encerraba dentro del recinto de la alcazaba almohade. En su entorno se iniciaron las labores de explanación y erección de murallas militares, trabajos que hicieron que treinta años después se hubiera modificado por completo el urbanismo anterior en esta parte de la ciudad.

Al lado de la mezquita se sitúa siempre el zoco, pagando una renta a la primera. Con la construcción de la nueva mezquita aljama se trasladó a ella el mercado, que había estado en torno a la mezquita de Ibn Adabbas. Así, en los XII y XIII se concentraban en lo que hoy es la catedral y las calles en dirección al Salvador. Son muchos los textos que nos han llegado sobre su actividad, cómo se reprendía a los comerciantes por ensuciar y molestar a los que iban a rezar, o las peticiones de los comerciantes para que redujeran el precio de alquiler de los locales.

La demostración de supremacía por parte de los almohades no se limita a las construcciones políticas o religiosas. A menudo intentan relacionarse con el mundo romano, asimilándose así a un gran imperio. En este sentido, destaca la restauración de los Caños de Carmona, construcción que abastecía de agua a la ciudad en época romana, a la que los almohades vuelven a poner en valor. Con ello proporcionaban a los sevillanos agua potable a través de un gran aljibe alimentado por las aguas conducidas desde Alcalá del Río mediante un sistema de acueductos y canales subterráneos.

Esto tiene mucho que ver con el saneamiento de la ciudad, ya que la ciudad musulmana era también heredera del mundo romano en este aspecto. Así, disponían de una red de alcantarillas y desagües que corrían por debajo de los suelos y patios. El agua también abastecía los baños (hamman) situados cerca de la mezquita por su carácter de purificación y ritual. Estos también se remontan a época clásica, pero los musulmanes los dotan de un significado religioso: eran baños para purificar antes de la oración, por lo que a menudo los hamman se colocaban cercanos a las mezquitas.

Relacionadas también con el agua son las obras en la periferia de la ciudad, entre las que destacan la construcción de puentes que atravesaban el río Guadalquivir (como el puente de Barcas) y el río Tagarete, así como calzadas a ambos lados del Guadalquivir. También se levantaron residencias en las afueras de la ciudad, como por ejemplo la Buhayra o la fortaleza de Hisn al Faray, levantada esta última entre 1197 y 1198.

Uno de los temas más polémicos de la construcción almohade en Sevilla lo constituye la cerca urbana, de la que se conservan varias partes fragmentadas, dispuestas de forma emergente o embutidas en el caserío actual. Parece pertenecer a época almohade, aunque Ibn Sahib al-Salat sólo menciona la parte situada al lado del río, el muro de la puerta de Djahwar, y las ‹‹alcazabas››. Sin embargo, si comparamos estos fragmentos con los del resto de la ciudad, podemos observar que son idénticos. Aún así, existe la posibilidad de que parte del trabajo lo hubieran realizado los almorávides anteriormente.

En cualquier caso, sabemos que ya en los últimos años del dominio almohade, tras el mandato de Ya’qub (máximo emprendedor de construcciones en Isbiliya) y poco antes de la conquista de la ciudad a manos de Fernando III, se realizaron las últimas obras públicas, entre las que estarían la creación del antemuro y ampliación de la murallas, el foso y la Torre del Oro para que sirviera de atalaya y, a la vez, de defensa contra posibles ataques cristianos desde el otro lado del río.

Sección de la Mezquita Aljama de Sevilla. Fuente.

Sección de la Mezquita Aljama de Sevilla. Fuente.

Bibliografía|

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JALDÚN, IBN, “Introducción a la Historia Universal (Al Muqaddimah)”, Estudio preliminar, revisión y notas de Elías Trabulse, trad. Juan Feres, México: F.C.E., 1997.

RAMÍREZ DEL RÍO, JOSÉ, “Notas acerca de las reformas urbanísticas en la Sevilla almohade”, en VALOR PIECHOTTA, “Los almohades: su patrimonio arquitectónico y arqueológico en el sur de Al-Andalus”, Sevilla: Consejería de Relaciones Institucionales, Junta de Andalucía, 2004.

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VALOR PIECHOTTA, MAGDALENA, “Sevilla almohade”, Málaga: Sarriá S. L, 2008.

Redactor: Mercedes Herrera Jiménez

Licenciada en Historia por la Universidad de Sevilla. Actualmente cursando el máster de Arqueología de Sevilla. He sido alumna interna en el departamento de Historia Medieval de la US y he realizado prácticas de antropología física, prospecciones en Sanlúcar la Mayor y excavaciones en Coria del Río y en el Patio de Banderas del Alcázar de Sevilla.

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1 Comentario

  1. Muy interesante, pero una pequeña corrección. El acueducto de los Caños de Carmona, no venía de Alcalá del Río, sino de Alcalá de Guadaira, donde estaba el manantial de Santa Lucía. Supongo que ha sido un error tipográfico.
    Saludos

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