Cine, poder y censura cultural al inicio de la Revolución Cubana (II)

1960: comienzan las diferencias

Si los primeros meses sin Batista habían significado un punto y aparte con respecto al pasado y el respaldo popular a las primeras medidas sociales tomadas por la Revolución había sido incuestionable, el plano político había estado salpicado de polémicas con las primeras diferencias internas: José Miró Cardona abandonó el cargo de Primer Ministro a los pocas semanas del triunfo y éste pasó a ser ocupado por Fidel; a mediados de aquel año también el jefe de las Fuerzas Aéreas Revolucionarias se exiliaría alegando «infiltración comunista»; por otro lado, el Presidente de la República, Manuel Urrutia, renunciaba[1] al cargo un día después de que Fidel lo hiciera también como Primer Ministro, y en octubre el Comandante Huber Matos se rebelaba contra los dirigentes políticos, por lo que acabó siendo acusado  por traición y condenado a una pena de veinte años que cumpliría íntegramente[2].

Fotograma de PM. Fuente

Fotograma de PM. Fuente

El plano cultural de 1960, Año de la Reforma Agraria, no fue menos tormentoso. La intervención de la URSS en el contexto de la Guerra Fría llevó a que aquella dicotomía que ya existía entre los países vecinos se volviera aún más radical. Con la firma de acuerdos comerciales con respecto al petróleo, en junio de ese año las refinerías norteamericanas se negaron a procesar el crudo soviético. De manera inevitable se anunció la nacionalización de un buen número de empresas estadounidenses. En cierta forma, no era algo que se saliera de lo previsto, pues ya en 1953 en su alegato La historia me absolverá, Fidel  afirmaba que cumpliría dichas medidas llegado al poder.

Pero mientras en el ICAIC se intentaba construir un nuevo concepto de «identidad cinematográfica»[3], ignorando todo lo que se relacionaba con el pasado, empezó a legitimarse un nuevo credo: el nacionalista. Combinado con la convicción de poseer un gusto estético superior, prohibirán la exhibición de 87 filmes extranjeros por considerarlos de «ínfima calidad técnica y artística, cuyo contenido y tendencia reaccionarios resultan deformantes de la historia y la realidad»[4]. Aunque aún no puede hablarse de enfrentamiento intelectual directo, aunque diferencias reales había, sobre todo entre Alfredo Guevara, Carlos Franqui y Guillermo Cabrera Infante. Una carta de Guevara fechada el primero de julio de 1960 dirigida a Osvaldo Dorticós y a Fidel ofrece una síntesis de la hostilidad que empezaba a emerger entre unos y otros. Acusaba directamente al grupo que se encontraba alrededor del diario Revolución y a su semanario Lunes[5] de ser los responsables de calumniar al ICAIC.

1961: la polémica PM

1961 arranca con uno de los fenómenos más sorprendentes de toda Latinoamérica: Cuba, un país donde la tasa de analfabetismo era muy elevada, similar a otras del Caribe, se declaraba a finales de ese año «territorio libre de analfabetismo». Miles de alfabetizadores (en su mayoría adolescentes) se desplazaron a las zonas rurales del país con el propósito de liquidar ese atraso cultural. Por ese motivo, se le llamó el Año de la Educación.

En el plano político, en esta fecha crecerán las diferencias con el vecino del norte, donde Eisenhower había cedido a Kennedy no sólo la silla presidencial, sino también la problemática con Cuba, llegando las relaciones diplomáticas a un momento muy tenso. Así, el 15 de abril un grupo de cubanos antirrevolucionarios ayudados por la CIA bombardearon los aeropuertos militares de La Habana, Pinar del Río y Santiago de Cuba. Los aviones habían sido camuflados como si fueran cubanos para dar la sensación de que se había producido una sublevación de la Fuerza Aérea Revolucionaria[6]. Un día después, ante un multitudinario público que se había concentrado para despedir a las víctimas del ataque, Fidel anunciaba frente al cementerio de Colón de La Habana algo que sorprendió al mundo entero:

«[…] lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba. Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos! ¡Y que esa Revolución socialista la defendemos con esos fusiles!»[7]

Dos días después desembarcaban en Playa Girón (Bahía de Cochinos) más de mil quinientos exiliados cubanos apoyados por el gobierno norteamericano con la idea de invadir la isla y así terminar con la Revolución. Tras numerosos combates, 72 horas más tarde se daba por derrotada la invasión. A partir de ese momento, el gobierno toma la idea de que sólo luchando contra el enemigo podrá sobrevivir; y aquel enemigo adquirió el rostro del «imperialismo yanqui». En un contexto claramente bélico, los discursos de Fidel se convirtieron en mensajes intocables y, por lo tanto, en órdenes a cumplir. La mayoría de la población comenzó a identificar a Fidel con la Revolución y a la Revolución con la nación. Criticar —o contradecir a Fidel— significaba atacar la Revolución, significaba atacar Cuba.

En este contexto, en el campo cultural no tardó en sentirse esa tensión del momento, y será precisamente en el ICAIC donde explotará una de las mayores crisis culturales de la década. A mediados de junio de ese año se prohibía la exhibición del corto-documental PM [Pasado Meridiano], dirigido por Sabá Cabrera Infante (hermano menor de Guillermo) y Orlando Jiménez Leal. Para esa fecha, el Instituto era el único órgano encargado de legitimar los proyectos del cine en Cuba y sus directores no podían imaginar que el novedoso trabajo realizado bajo la técnica del free cinema iba a convertirse en el elemento cultural más polémico de toda la década del sesenta[8]. Cine experimental, ese pequeño filme de menos de quince minutos recogía la atmósfera de la vida bohemia y nocturna en los muelles y bares de La Habana. Cine espontáneo que captaba la realidad como era, sin actores, sin iluminación artificial y sin prácticamente guión, pues las escenas iban surgiendo sin que nadie decidiese nada; también era un intento de recoger la música afrocubana mezclada con imágenes y sonidos naturales del ambiente; un documento visual y sonoro único, que recogía espontáneamente la música anónima de los artistas nocturnos de la capital.

En las imágenes se reflejan muy bien aquellos ambientes donde se podía encontrar a ese cubano bebedor y mujeriego; era, en sí misma, una expresión de la vida nocturna «real» que difería en gran medida con la que se mostraba en televisión y en la prensa oficial de aquel momento. De hecho, estrenado ya en televisión, el problema comenzó cuando se solicitó el permiso de proyectarlo también en las salas de cine del ICAIC. Así, tras consultar a Alfredo Guevara sobre su proyección, la cinta no solo fue prohibida sino que su copia fue secuestrada. Un reportero norteamericano, Robert (Bob) Taber, que había estado junto a Fidel durante la lucha en la Sierra Maestra, escribió sobre la polémica:

«[…] debe decirse que todo esto es parte de la realidad, aun cuando sea una parte pequeña de la vida de los trabajadores de La Habana, de hoy como la de ayer. La gente baila, toma cerveza y toca música. ¿Por qué no habría de hacerlo? Ellos también pelean y mueren cuando es necesario. Una película no puede incluir al mundo entero. Esta ha decidido ocuparse del baile y de la música. Yo estaría inclinado a decir: déjenla tranquila.»[9]

Pero para un comentarista del diario Hoy[10] su veredicto difería en cierta medida, pues lo analizaba todo desde un punto de vista más social y utilitario:

«Un documental que en estos momentos no vaya reflejando la lucha heroica del pueblo cubano contra el imperialismo yanqui, su decisión inquebrantable por defender el suelo patrio, cada vez que sea hollado por mercenarios, gusaneras al servicio de los monopolios, etc., etc., no estará cumpliendo su cometido.»[11]

De ser así, ¿para qué hacer una película, a menos que tenga un claro fin propagandístico?; o, ¿para qué escribir un libro, a menos que se trate de un manual de instrucción? Con aquel comentario del diario Hoy se afirmaba la necesidad de suspender cualquier gusto estético o juicio personal, toda fuente de inspiración que no sirviese para contribuir y alimentar el principal objetivo político del momento: defender la Revolución.

Reunión con los intelectuales cubanos. Fuente.

Reunión con los intelectuales cubanos. Fuente.

Ante esta arbitrariedad censora, Lunes redactó un documento de protesta en el que recogía la firma de cerca de doscientos artistas e intelectuales[12]. Era mayo de 1961 y, aunque la crisis por la invasión de Bahía de Cochinos había pasado, aún se respiraba en el aire ese momento de hostilidad. De hecho, la argumentación del Acuerdo del ICAIC prohibiéndola no puede ser menos clara:

«[…] prohibir su exhibición, por ofrecer una pintura parcial de la vida nocturna habanera, que empobrece, desfigura y desvirtúa la actitud que mantiene el pueblo cubano contra los ataques de la contrarrevolución a las órdenes del imperialismo yanqui.»[13]

Ante la insistencia de los realizadores del film, el ICAIC propuso su proyección en la Casa de las Américas[14] para que sean los intelectuales invitados los que discutan la conveniencia o no de su proyección en los cines nacionales. En aquella reunión, las opiniones se dividieron: si por un lado Néstor Almendros la defendía apasionadamente y alertaba de las prácticas «estalinistas» que podían aparecer en el campo cultural cubano, Mirta Aguirre, en cambio, arremetió contra ella y aludió que no debían haber diferencias entre la política y la intelectualidad. Aunque no hubo consenso, el ICAIC ratificó el anterior y la prohibió.

No satisfechos con la decisión, el entonces director del diario Revolución, Carlos Franqui, solicitó a Fidel una reunión personal para discutir las diferencias[15]. En vez del encuentro, el líder de la Revolución organizó una reunión en la Biblioteca Nacional de La Habana con un grupo de artistas, intelectuales y miembros del aparato gubernamental. Fueron un total de tres reuniones organizadas los días 16, 23 y 30 de junio en las que se debatió un gran número de temas que mantenían preocupados a los artistas, tales como la libertad artística o la política cultural que iba a seguir el gobierno revolucionario. Allí se reunieron los máximos exponentes de la política y la cultura nacional. La lectura total de sus intervenciones[16] permite hoy confirmar que todas las tensiones y polémicas culturales habidas hasta entonces se plasmaron en aquellas reuniones y fijaron los límites que habría en lo cultural, al menos durante toda esa década del sesenta. Aunque todos reconocían ser revolucionarios, se vivía una situación muy crítica.

Pero no fue PM lo más importante que se discutió en ese debate. No era la cinta, según Cabrera Infante «una peliculita que no debió tener nunca mayor importancia que su exhibición por  televisión»[17] el tema que se estaba tratando, sino la tendencia o el grupo que representaba la cinta. Ejemplo de ello se encuentra en que a finales de ese año, Lunes de Revolución, único adversario a vencer, desapareció, consolidándose el ICAIC como el centro intelectual cinematográfico de la época.

Por eso creemos que la película representó el momento en el que se estableció el límite entre la inclusión y la exclusión. Fidel, que había señalado que los límites de la libertad creadora no debían sobrepasar a la propia Revolución, defendía también que:

«[…] dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie —por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera—, nadie puede alegar con razón un derecho contra ella. Creo que esto está bien claro. ¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho.»[18]

Con aquel derecho de la revolución a existir, aquel corto —que no pretendía estar «contra» la revolución sino más bien al margen—estableció una exclusión en adelante muy clara: estar fuera o al margen significaría estar en contra. Es decir, con ese desplazamiento gramatical, fuera pasó a convertirse en contra. Para comprender su prohibición hay que tener en cuenta muchos factores de tipo ideológico, pero también personales. Solo su entrelazamiento permitirá entender el porqué de la decisión. De los personales, Guevara afirmó en una entrevista que «no me enfrenté a Lunes, sino a [Carlos] Franqui»[19]. Un astuto Guevara vio que con aquella polémica personal y, gracias a la buena amistad que tenía con Fidel, podría hacer desaparecer de un zarpazo a un grupo cultural y a varias publicaciones periódicas. De esta forma, en los meses siguientes, no sólo consiguió cerrar el programa de televisión cultural donde se exhibió (controlado por Franqui) sino que logró hacer desaparecer meses más tarde Lunes de Revolución (controlado por Cabrera Infante).

En el plano político-ideológico, el caso PM provocó un conflicto que ya enfrentaba a dos posiciones que habían participado en la Revolución y que ambas se consideraban legítimas de llegar al poder (cultural): por un lado, los marxistas encabezados en la figura de Alfredo Guevara y el ICAIC; y, por otro, los liberales agrupados en torno a Lunes de Revolución. Desde su creación, Lunes, creado por Franqui, a pesar de su discurso anticapitalista y antiburgués, no reivindicó ninguna filiación ideológica con el antiguo PSP (Partido Socialista Popular, tradicionalmente de influencia estalinista); de hecho, el semanario Lunes estaba ligado por razones históricas al M-26-7 (Movimiento 26 de Julio), organización político-militar que se dio a conocer asaltando el cuartel Moncada. El ICAIC, por su parte, fundado por Alfredo Guevara, contaba entre sus filas a muchos miembros del Partido Socialista Popular. De esta forma, Guevara entendió que aquella ala liberal agrupada en torno a Franqui y Cabrera Infante tenía que ser derrotada. Y lo consiguió.

A modo de conclusión

Alfredo Guevara - Joven revolucionario - Tomás Gutiérrez Alea - Fausto Canel - Guillermo Cabrera Infante. Fuente.

Alfredo Guevara – Joven revolucionario – Tomás Gutiérrez Alea – Fausto Canel – Guillermo Cabrera Infante. Fuente.

La foto es de principios de abril de 1959. El ICAIC recién se había creado y se registró ese instante amistoso entre miembros de aquel proyecto. En el extremo izquierdo aparece de traje y corbata el que sería presidente del ICAIC durante muchos años, Alfredo Guevara. En el centro, con maleta en mano y bigote, el realizador más sobresaliente de la isla, Tomás Gutiérrez Alea (alias «Titón»). A su lado sonríe un joven con guayabera blanca, Fausto Canel. En el extremo derecho y casi fuera de la imagen, se encuentra con gafas de sol Guillermo Cabrera Infante, entonces vicepresidente del Instituto. Hay incluso un barbudo del Ejército Rebelde que por aquel entonces también trabajaba para el ICAIC. Todos ellos, compañeros de un proyecto común, despedían a Gutiérrez Alea que partía a Hollywood para comprar equipos técnicos. Ninguno se imaginaba que la política llevaría a que años más tarde las piezas de aquellos aparatos nunca pudieran ser repuestas.

Como dice García Borrero[20], «todo es armónico en esa foto. O lo parece». No existe nadie que desentone porque en aquel entonces arte y política trabajaban bajo el mismo techo. Protagonistas de este ensayo, esta primera generación de intelectuales poseyó una cierta experiencia compartida entre el cine y la lucha revolucionaria que, por diversos motivos, acabó distanciándolos definitivamente. Todos, salvo aquel joven Fausto Canel, han fallecido ya. Algunos, como Cabrera Infante y Carlos Franqui se marcharon al exilio en aquella década del sesenta y nunca más volvieron. Alfredo Guevara siguió siendo Presidente del ICAIC en dos etapas hasta 1983. A partir de ahí, dejará el cargo y fundará el Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, que dirigirá hasta su muerte. Tomás Gutiérrez Alea se separó definitivamente de la dirección del ICAIC y se dedicó enteramente a la realización, convirtiéndose en el mejor exponente del cine cubano.

Y es que desde 1959 las palabras cine y revolución se relacionaron estrechamente, tanto es así que a veces parecieron mezclarse. En ese año, no sólo se acabó con la dictadura de Batista, también se creó el ICAIC, y con él, se inauguró la primera experiencia de hacer cine latinoamericano en un país revolucionario. Por eso, el objetivo de este trabajo no solo ha sido el de rescatar ciertos momentos de la cinematografía cubana que fueron polémicos —y casi olvidados— de aquel período de gran tensión [inter]nacional; también ha significado el intento de dar respuesta al siguiente interrogante: ¿qué fue de aquellos compañeros, de aquellos intelectuales que vivieron uno de los fenómenos históricos más trascendentales de Latinoamérica y que habitaron la llamada «década prodigiosa» del cine cubano?


[1] Presidente de la República tras el Triunfo de la Revolución, Manuel Urrutia (1908-1981) se exilió  a los Estados Unidos tras discrepancias con Fidel. Fue sustituido por Osvaldo Dorticós Torrado.

[2] GARCÍA BORRERO, J.A., “Cine cubano…” p. 51.

[3] GARCÍA BORRERO, J.A., “Cine cubano…” p. 62.

[4] DOUGLAS, M.A. “La tienda negra el cine en Cuba (1897-1990)”, La Habana: Cinemateca de Cuba, 1996, p. 153.

[5] GUEVARA, Alfredo: “Tiempo de fundación”, Madrid: Editorial Iberautor, 2003, p. 67.

[6] GOTT, Richard: “Cuba: una nueva historia”, Madrid: Akal, 2007.

[7] Las cursivas son nuestras. Es la primera vez que Fidel anuncia el carácter socialista de la Revolución.  Discurso por el entierro de las víctimas del bombardeo, Fidel Castro frente al Cementerio de Colón de La Habana, 16 de abril de 1961. [en línea] http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1961/esp/f160461e.html [Consultado: 21 de diciembre de 2015].

[8] GARCÍA BORRERO, J.A., “Cine cubano…” p. 69.

[9] JIMÉNEZ LEAL,O., ZAYAS, M., “El caso PM…” p. 14.

[10] Órgano informativo del Partido Socialista Popular [antecedente del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (que en 1965 se auto nombrará Partido Comunista de Cuba)].

[11] JIMÉNEZ LEAL, O., ZAYAS, M., “El caso PM…” p. 14.

[12] LUIS, W., “Lunes de Revolución…” p. 150.

[13] LUIS, William, “Lunes de Revolución…” p. 223.

[14] Institución cultural perteneciente al Ministerio de Cultura (ex consejo Nacional de Cultura). Fue fundada por Haydee Santamaría a inicios de la Revolución y se la considera hoy día una de las instituciones culturales más sobresalientes de Latinoamérica.

[15] LUIS, William, “Lunes de Revolución…” p. 151.

[16] Las transcripciones se encuentran recogidas íntegramente en JIMÉNEZ LEAL, O., ZAYAS, M., “El caso PM… “pp. 163-254.

[17] LUIS, W., “Lunes de Revolución…” p. 149.

[18] Palabras a los intelectuales, discurso de Fidel Castro en la Biblioteca Nacional, 16, 23 y 30 de junio de 1961. [en línea] http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1961/esp/f300661e.html [Consultado: 21 de diciembre de 2015].

[19] JIMÉNEZ LEAL, O., ZAYAS, M., “El caso PM…” p. 29.

[20] GARCÍA BORRERO, J.A., “Cine cubano…” pp. 11-12.


Bibliografía|

DOUGLAS, María Eulalia, “La tienda negra: el cine en Cuba (1897-1990)”, La Habana: Cinemateca de Cuba, 1996.

GARCÍA BORRERO, Juan Antonio: “Cine cubano de los sesenta: mito y realidad”, Madrid: Ocho y medio, 2007.

GOTT, Richard: “Cuba: una nueva historia”, Madrid: Akal, 2007.

GUEVARA, Alfredo: “Tiempo de fundación”, Madrid: Editorial Iberautor, 2003.

JIMÉNEZ LEAL, O., ZAYAS, M., “El caso PM: cine, poder y censura”, Madrid: Colibrí, 2012.

LUIS, William: “Lunes de Revolución: Literatura y cultura en los primeros años de la Revolución Cubana”, Sevilla: Editorial Verbum, 2003.

Filmografía

JIMÉNEZ LEAL, Orlando, CABRERA INFANTE, Sabá (1961): “PM [Pasado Meridiano]“. [en línea] https://www.youtube.com/watch?v=XupwIWqsxxU [Consultado: 21 de diciembre de 2015].

Redactor: Mario Linares Díaz

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